Historia

Las Reformas de Cayo Mario ¿Hacia el primer ejército nacional del mundo?

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El siguiente artículo pretende realizar una pequeña introducción sobre las llamadas “reformas de las legiones” de Cayo Mario y entorno a ella el desarrollo de una serie de planteamientos sobre si podríamos estar hablando de la constitución del primer, si no uno de los primeros ejércitos nacionales del mundo, esto es: permanente, formado por nacionales y profesional.

Si bien es cierto que hablar de algunos términos como el de “nacionales” para esta época de nuestro pasado, la Baja República Romana y el siglo II o I a.C.  puede llevar a errores, ya que el concepto de nacionalidad con el que jugamos en nuestra contemporaneidad no tiene nada que ver con el concepto clásico del mismo, en cuyo caso y por entonces básicamente era una referencia geográfica de procedencia del individuo y no venía cargado de deberes, derechos, cargas cultures y otros conceptos de nuestro tiempo. Es por ello que dejaremos este tema más para el final y nos centraremos para empezar en el concepto de “Ejército Permanente” y “Ejército Profesional”. No dejaremos por eso de pincelar tampoco el debate entorno el concepto de ciudadanía romano, que nos servirá para hilar más fino cuando nos refiramos al “Ejército nacional”.

Ahora bien ¿Quién fue Cayo Mario, el llamado “Reformador de las legiones”? Bien, sabemos que nació en el 157 a.C en Arpino y que murió de forma bastante exacta un 13 de enero del 86 a.C a la edad de 71 años en la capital, Roma. A su vez, tuvo matrimonio con Julia, una de las tías de quien llegaría a ser Dictador a perpetuidad de Roma, Julio César y sin duda alguna la figura de Mario impactó en aquel joven de quien se decía que tenía en gran aprecio la figura de su tío. Elegido Tribuno de la Plebe en el 120 a.C y cónsul hasta un total de 7 veces  (5 de ellas seguidas) a partir del 107 a.C, marcó un gran hito en la historia política de la roma republicana. Sin embargo su importancia para el texto que estamos tratando se basa en las reformas que propuso a la organización militar romana y su máximo exponente, las llamadas cohortes a partir de su primer consulado.

El contexto en el que dichas reformas se llevaron a cabo fue en un enfrentamiento con un antiguo aliado contra los cartagineses. Dicho enemigo, el númida Yugurta había pasado de tener una colaboración estrecha con los romanos, a enfrentarse y asesinar a comerciantes de aliados itálicos o directamente romanos en la región, sobornar a miembros del senado romano y en definitiva a poner en jaque el poder romano establecido en aquella región del norte de África que hoy situaríamos entre Argelia y Túnez.

Así pues, el Senado envió una expedición militar a mando de Quinto Cecilio Metelo en el año 109 a.C. pero los reveses militares sufridos contra Yugurta, que aplicaba una guerra de guerrillas y se conocía el terreno al dedillo junto con las conspiraciones del propio Mario para hacerse con el consulado (y esto era el mando militar de la expedición contra Yugurta) criticando precisamente la estrategia bélica seguida por el primero, como lenta y de desgaste, provocó que sendos comerciantes y miembros destacados de las tropas presionaran a favor de Mario que prometía una victoria rápida y segura. Metelo, llamado a partir de entonces Quinto Cecilio Metelo Numídico, este último un título otorgado como contraprestación por el propio Senado que venía a decir “Conquistador de Numidia”, hicieron pues que tuviera que ceder el consulado finalmente a Cayo Mario en el 107 a.C.

La guerra sin embargo no fue tan rápida como se esperaba y no acabaría hasta el 104 a.C. con una estrategia que no en mucho difería de la utilizada por Metelo. Aun y eso, Cayo Mario celebró el triunfo en Roma y Yugurta fue ejecutado en la misma ceremonia que dio inicio al segundo consulado de Mario. Un segundo consulado marcado por una nueva guerra, esta vez la amenaza venía del norte por parte de los Cimbrios, Teutones y la dolorosa derrota romana en la Batalla de Arausio (actual Orange) pero hablar de eso ahora sería irse del tema.

LA REFORMA DE LA LEVA

“Non more maiorum neque ex classibus, sed uti quoiusque lubido erat, capite censos plerosque” con esta frase que Salustio pone en boca del propio Cayo Mario se puede resumir uno de los puntos importantes de la reforma. Para ello primero hay que tener en cuenta que el ejército romano hasta aquel entonces estaba formado, a parte de los “auxiliarii” de reinos tributarios a los que se recurría con bastante asiduidad, por los ciudadanos que tenían cierto nivel de renta, esto es propiedad y riqueza. Así pues, los romanos tenían que realizar el servicio militar como parte de su concepto de ciudadanía y encima aportar las armas y armaduras para el servicio (“privato sumptu”). Dependiendo pues de tu nivel de riqueza debías ejercitar el servicio militar o estabas exento, y aun así dependiendo de tus riquezas el servicio militar lo ejercías de una forma u otra.

Cayo Mario elimina el criterio de riqueza para poder servir en las legiones romanas haciendo pues que los “proletarii” pudieran servir sin restricción de riqueza alguna. Si bien es cierto que en la historia romana habían habido excepciones como esta sobretodo en los llamados tiempos de “tumultus”. La importancia pues no debe buscarse tanto en la medida, que otras veces se había realizado y no era desconocida para los coetáneos, sino en la búsqueda de perpetuidad de la misma y las posteriores implicaciones políticas que tendría.  Sobretodo por que para la campaña africana de Mario se les prometió a aquellos que se alistaran a las legiones nada más ni nada menos que 100 “iugera” de tierras. 1 “iugera” o yugada en castellano equivalía aproximadamente a 0,25 hectáreas, por lo que estaríamos hablando de unas 25 hectáreas de tierras de conreo para cada veterano. Esto no haría sino enturbiar la situación que llevaría a las inevitables guerras sociales del siglo I a.C.

La promesa de tierras se vería por parte de los patricios y los “optimate” en general como un ataque más y otra afrenta a sumar al alistamiento masivo de los “proletarii” (con su consecuente pérdida de poder real) ya que esto significaba una búsqueda y una redistribución de tierras que habían conseguido, con métodos más legales unas veces y menos legales la mayoría, de amasar en forma de latifundios a través de toda Italia y las posesiones romanas. A su vez, el reparto de tierras era adjudicado al General de las legiones, por lo que sin darse cuenta se dio un poder inmenso a los generales militares con legiones a su mando (cónsules) que sería la semilla de los enfrentamientos del siglo I a.C las guerras sociales y las guerras civiles y el fin mismo de la República ya que la lealtad se deslizaba del SPQR (El Senado y el Pueblo de Roma) a los caudillos militares, que se supone estaban bajo mando del Senado.

El otro problema que surgía inmediatamente era que si anteriormente los ciudadanos que ejercían el servicio militar debían pertrecharse con las herramientas necesarias, estos “proletarii”, pobres y sin propiedades en esencia, no podían ir sin más a la guerra. Encontramos pues aquí un punto interesante conforme es la propia República quien se encarga de pertrecharles correctamente para el ejercicio bélico. A su vez, como era gente sin riquezas ni propiedades, el ejército se les abrió como la oportunidad de precisamente obtenerlas, o si más no, no morirse de hambre o trabajar sin descanso en alguna de las grandes propiedades agrícolas a cambio de un salario miserable. El ejército se convirtió pues de un servicio temporal a una profesión para muchos de estos “proletarii”. Abriéndose pues la puerta a un ejército profesional y permanente; Esta “proletarización” y profesionalización de la milicia romana cambiaría la historia de la propia Roma hasta puntos que seguramante sus protagonistas, empezando por Cayo Mario y muchos de los “Optimates” del momento, no fueron capaces de prever y sería la creación de uno de los mejores ejércitos de la antigüedad.

LA ORGANIZACIÓN DE LAS LEGIONES – LA COHORTE.

Este nuevo tipo de leva, que seguramente se empezó a utilizar en algún momento de la Primera Guerra Púnica , seguía basándose entonces en el concepto romano de la “Tribu” con el requisito que los soldados debían ser “ex classibus”. Esto inicialmente tenía sentido para poder diferenciar a soldados “hoplitas”, o de armaduras pesadas, de aquellos con armaduras ligeras (de Cuarta y Tercera clases). Sin embargo, estas diferencias se fueron haciendo cada vez más insignificantes durante el siglo II a.C. donde ya sólo algunos detalles diferenciaban a los pertenecientes a Primera Clase del resto. Podemos decir que para entonces, la definición “ex classibus” era ya una rémora del pasado romano que todavía pervivía por fuerza de la tradición.

La necesidad de ampliar la leva venía seguramente motivada por varias razones. Primero de todo, el repartir el esfuerzo bélico cada vez más exigente que la construcción del Imperio y las constantes anexiones de nuevas tierras suponía para la República. Si se mantenía un ejército elitista y reducido sólo a algunos sectores pudientes de la sociedad, pronto acabarían sin efectivos suficientes para la situación que empezaba a jugar Roma en el mundo del momento, así que tenemos una visión eminentemente pragmática ante una situación dada. Esta expansión coincidía también con la otorgación del grado de ciudadano a muchos de los antiguos aliados itálicos que habían hecho de una forma o otra, por alianzas o incluso por conquista directa de la ciudad, a Roma como la potencia itálica indiscutible del momento. Así pues ayudaba a resolver dos problemas acuciantes del momento: la falta de leva para el servicio militar y el agraciamiento político de importantes núcleos de población que ya yacían bajo control romano pero que no disfrutaban de los mismos deberes y derechos  que los romanos, volviéndolos romanos de iure , ya que muchas veces ya lo eran de facto.

Veníamos de la “comitia centuriata” desde mediados del siglo III a.C. una especie de conexión entre la “tribu” y la “centuria” posterior. Pero nada de esto tenía en mente los cambios tan substanciales que sobrellevaría la República con la gran expansión de los siguientes dos siglos. Ya la Segunda Guerra Púnica provocó una reducción necesaria de 11.000 a 4.000 ases (una moneda romana) para poder formar parte de la Quinta Clase de soldados, provocando que muchos “proletarii” pudieran formar parte del ejército romano. Pero para finales del siglo II a.C. esos mismos requisitos para acceder a la Quinta Clase se rebajaron aun más, de 4000 a 1500 ases.

Estos requisitos a la baja evidenciaban una realidad, la necesidad de soldados y ya no sólo para cubrir las bajas provocadas por las constantes guerras de expansión del periodo, sino por que estas a su vez eran por norma general más largas y no meras “expediciones punitivas” que duraban a lo sumo unas pocas estaciones marcando la vía de la necesidad práctica de un ejército permanente Así pues, las milicias ciudadanas fueron cobrando cada vez menos sentido y se reforzó el papel de los llamado “adsidui” (pequeños propietarios que componían de hecho el corazón del ejército romano en aquel momento y muy sujetos a cierta proletarización por sus condiciones materiales).

Las necesidades bélicas fueron augmentando y cuando llegamos al periodo de la guerra contra Yugurta, el principio de alistamiento a través de la “tribu” es eliminado y se introduce el “ejercicio voluntario” abriendo las puertas de forma definitiva a los “proletarii” a formar parte del ejército. Aunque cabe señalar que con las reducciones de ases realizadas en el siglo anterior, el ejército ya estaba de facto “proletarizado”.

En todo caso, el ejército Republicano hasta este momento estaba formado básicamente con la siguiente estructura: “Equites” (Caballería), “Vélites” (Infantería ligera), “Hastati”, “Princeps” “Triarii” (infantería pesada o de línea: novatos, experimentados y veteranos). Cada una de estas unidades estaba subdivida en manípulos, la base del ejército que estaba hecha por dos centurias que a su vez estaban comandadas por un centurión.  Cada centuria estaba compuesta por aproximadamente 60 soldados aunque los Triarii estaban formadas solamente por 30.

Cayo Mario modernizó esta estructura del ejército republicano primero de todo procurando cierta estandarización del equipamiento y material de las legiones. Las necesidades bélicas estaban estableciendo de facto un ejército permanente por lo que miró también que las tropas no estuvieran ociosas y preparó una formación continuada de las mismas. De la estructura anterior eliminó las subdivisiones de infantería pesada y la homogeneizó en un sólo cuerpo. Se establecería el número de hombres por legión en unos 6000/5000 de los cuales eran los soldados propiamente dichos y el resto personal auxiliar para las diversas tareas (cocina, suministros, etc…). Internamente cada legión pasó a tener de 6 a 10 cohortes de 6 centurias cada una de ellas. Cada una de las centurias estaba compuesta por aproximadamente 80 soldados apoyados por 20 de personal auxiliar (de un total de 100, 80 combatientes) dirigidos por un centurión que surgía de las propias filas de soldados rasos de la centuria. Esta centuria a su vez se dividía en una serie de “contubernium” o contubernios: grupos de 8 hombres que compartían una tienda y eran los encargados de acarrear las armas, provisiones y demás materiales provocando un aumento de la agilidad a la hora del despliegue y movimientos legionarios. Luego dependía, un ejército como tal podía estar formado por hasta 6 legiones o simplemente 2 de ellas.

La cohorte substituiría a la manípula como unidad base del ejército y la Legión estaría compuesta de 6 a 10 de estas. La cohorte a su vez está compuesta por 6 centurias lideradas por un centurión y un “optio” (que hacía las labores de escriba y lector, una especie de adjunto). El Centurión Mayor es llamado “Primus Pilus”, soldado profesional y asesor del legado a la legión que a su vez rendía a un tribuno militar que dirigía dos cohortes de la legión.

Organigrama Reforma Cauo Mario
Organigrama de la Reforma del Ejército Republicano Romano de Cayo Mario. Autor: Jorge Torres.

¿Con todas estas reformas podría ser pues que estuviéramos hablando de un Ejército nacional? Para ello tendríamos que mirar de definir el concepto de qué podría ser “nación” y que “estado” en la antigüedad de la República Romana.

Respecto el concepto “nación”, ya hemos comentado al inicio del artículo que es algo ambiguo para el tema que tratamos, ya que en realidad estaríamos haciendo un salto temporal de prácticamente 2000 años. Pero podríamos hablar de uno de los pilares de nuestro concepto nacional que se desarrolló fuertemente en aquellos años y que obviamente nuestra civilización ha heredado en parte de la romana; esto es el concepto de “ciudadanía” (“Civitas”) y sus conceptos vinculados a deberes  y derechos  . Para realizar un resumen rápido la sociedad romana se estructuraba en ciudadanos libres, y esclavos. Dentro de los libres y de las clases sociales que lo componían los ciudadanos o “Cives”: “Patricii” y “Plebeii” frente los “Non Cives” o no ciudadanos: “Liberti” y “Servi”. Los “Cives” pues de una forma u otra, eran aquellos que disfrutaban de una serie de deberes (mvnera: census y militia) y derechos (ivra pvblica, privata) hacia la república romana y podían participar en los procesos internos de la misma. Si bien no de una forma igualitaria ni mucho menos. Tengamos en cuenta que el “ciudadano” o “civitas” fue un estatus que inicialmente era muy reducido pero que a partir de las reformas de Tiberio Graco (nieto de Escipión el Africano y héroe de guerra contra Cartago) como tribuno de la plebe en el 133 a.C o de  Cayo Sempronio Graco a partir del 123-122 a.C iría ampliándose, pasando de un régimen fuertemente oligárquico a incluso bordear conceptos democráticos (de la antigua Grecia) para acabar con un modelo imperial. Fue un proceso que no de forma casual fue coincidiendo con la expansión territorial que acompañó a la Baja República (desde, pongamos la derrota de Cartago y el fin de la II y III Guerra Púnica)  y al Imperio hasta el siglo III d.C, justo hasta el inicio de la crisis que llevaría al colapso y desaparición del Imperio Romano de Occidente, con la extensión “universal” de la ciudadanía otorgada por el Emperador Caracalla en el famoso Edicto de Caracalla del año 212 d.C. demostrando en parte como había llegado a perder sentido el concepto de “civitatis” romano en el proceso de cambio de la baja república al principado y el asentamiento del Imperio. Teniendo en cuenta que según datos, en el año 70 a.C. el censo de “ciudadanos” de la República de Roma era de cerca de 1.000.000 frente una población total estimada de unos 4 o 5 millones frente los 800.000 o el millón que se estima tenía la República de Roma entorno el siglo III-II a.C. Para el período del que hablamos el acceso a la ciudadanía , base del sistema romano, era pues limitada y gran foco de tensiones.

Para el caso del que hablamos, habría un “Estado”, que siguiendo la definición de Max Weber sería aquel “agente que detenta el monopolio de la violencia legítima dentro de la sociedad” si bien algo podemos decir de esa época y más en la república romana y a las puertas de los grandes conflictos civiles que vivió Roma a partir de las reformas de los Graco hasta la llegada de Augusto es que el Estado no era quien detentaba el monopolio de la violencia legítima dentro de la sociedad ya que esta venía dada por muchos actores y factores, por no hablar del periodo de guerra civil más abierta o encubierta que vivió y provocó el propio fin de la república romana. Difícilmente podríamos hablar de Estado como organización garante del orden a través de dicho monopolio inexistente de la violencia. Pero precisamente como también hemos indicado, la reforma de Mario del ejército republicano llevaría al control del poder militar en manos de generales de la talla de Sila, César, Pompeyo … hasta llegar al mismo Augusto y a través de ese control del ejército, la garantía de cierto “monopolio de la violencia legítima”. Sólo la posterior identificación de las legiones con el Emperador en la medida en que el “prínceps” se identificó con el Estado Romano y este con él, podríamos hablar de dicho ejercito como “nacional” y de momento, aunque una fuerza temible y muy considerable no dejaron ser las tropas regulares en manos de generales con más o menos ambición.

No hay duda pues, que este ejército bajo republicano y con las reformas de Mario ya cumplía requisitos de lo que hoy llamaríamos un ejército nacional y moderno. Aunque claro, hay cosas que debemos tratarlas con cuidado y procurar no trasladar a nuestras condiciones del hoy. Disponía de un entrenamiento habitual, mandos y tropa de carrera y con formación , armamento e instalaciones suministradas por el “Estado” (Senado) romano y las constantes ampliaciones vividas entre el siglo III y I a.C de la ciudadanía, así como el tipo de ciudadano que podía servir o no en las legiones da a entender un sentimiento de pertenencia o al menos identificación política de la población y a la vez fue incluso uno de los medios, como era el servicio militar a través de las los cuerpos auxiliares, de obtener la ciudadanía romana. Fue el gran triunfo de la propia República para sobrevivir, pero a la vez, fue un importante clavo en el ataúd del régimen político que llevaba existiendo en Roma hasta entonces y la base sobre la que se sustentarían  nuevas cotas de éxito pero ya bajo otro régimen y formas políticas.

Bibliografía:

Emilio Gabba “Republican Rome, The Army and the Allies” University Califormia Press, Berkeley and Los Angeles, 1976.

Arthur Rosenberg “Historia de la República Romana”. El Viejo Topo, Barcelona. 2018

Ernest Gellner “Naciones y Nacionalismos” Alianza Editorial, Madrid, 1988.

Mary Beard “SPQR: Una historia de la antigua Roma”. Crítica. Barcelona, 2016.

Josiah Osgood “Roma, la creación del Estado Mundo” Desperta Ferro Ediciones, Madrid, 2019.

Isaac Asimov “La República Romana” Alianza Editorial, Madrid, 1981.

Andrea Thompson “Ancient Rome’s Real Population Revealed” Livesciencie.com October 5th 2009.

Fotografia de portada: Busto de Cayo Mario. Museos Vaticanos, Roma. Autor desconocido.

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