Asia

«Ganar corazones y mentes» en el siglo XXI. La batalla por el relato en los «mass media» y el ejercicio del poder blando dentro del mundo musulmán en la región MENA y Asia Central

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La producción audiovisual turca ha sido especialmente intensa en los últimos años. Su impacto en la región MENA y en otras partes ha acompañado los esfuerzos de la geopolítica con la llegada de Erdoğan al poder y la política exterior en tiempos del ministro de exteriores, Davutoğlu.

Este furor por lo otomano, que en un principio, en los primeros años de Erdoğan, se centraba sobre todo en aspectos anecdóticos como camisetas, diseños textiles, películas de la época… ha acabado por ser una fiebre manifestada en libros, películas, documentales, series de televisión de gran presupuesto, además de artículos glosando un pasado idílico y fantasioso y alabando la supuestamente modélica libertad religiosa del Imperio. Se revertía el proceso iniciado con Atatürk del laicismo y de centrarse en el pasado preislámico de los turcos, y que alcanzó a un cambio de alfabeto, expresiones y palabras que se distanciara del pasado otomano, llegando bajo Erdoğan a la recuperación de palabras, expresiones e incluso deportes.

Cada vez han sido más los simposios y conferencias, respecto a la edad de oro del Imperio, y particularmente los dedicados a la figura del último gran sultán, Abdülhamid II (1876-1909). Sus méritos son haber abolido el primer intento de monarquía constitucional y su rechazo a las reformas liberales que aprobaron sus predecesores; además de por su tendencia a la paranoia y el manejo de la extensa red de policía secreta, y por la matanza de decenas de miles de armenios, antes de lo sucedido en el contexto de la I Guerra Mundial. Lo relevante para la maquinaria propagandística de Erdoğan y sus partidarios estriba en el hecho de que Abdülhamid II era un partidario del panislamismo, y eso es lo que lo convierte en un modelo, además de ser una suerte de último héroe que luchó contra las conspiraciones de los pérfidos occidentales empeñados en dividir y destruir el imperio, un tema recurrente en Turquía con una población ignorante y muy dada a creerse teorías de la conspiración.

En definitiva, el neootomanismo ha acabado contagiando todas las esferas de la política, también la exterior. Una Turquía cada vez más poderosa y segura de sí misma, aupada por una creciente industria armamentística, que busca su lugar en el mundo y es capaz de reclamar aquello que perdió. El propio Erdoğan ha llegado a pedir en público, pero no hasta ahora oficialmente, la revisión de los términos del Tratado de Lausana, que fijó las fronteras de la moderna Turquía. Ha insinuado ciertos derechos sobre las ciudades petrolíferas iraquíes de Mosul y Kirkuk, que se manifiestan en las operaciones garras del águila y garras del tigre que está desarrollando últimamente, además de su ocupación de Idlib en el norte de Siria y de pretender influir en Rojava, e incluso apropiarse algunas islas griegas.

En los último años se observa una pugna constante entre un bloque encabezado por Turquía, con la alianza de Qatar, y que gira, grosso modo, alrededor del grupo religioso llamado «los Hermanos Musulmanes» (جميعة الإخوان المسلمين, es decir, Sociedad de los Hermanos Musulmanes, الإخوان المسلمون, Hermanos musulmanes, o الإخوان Los Hermanos); y, por otro lado, alrededor de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Es decir, que estamos ante una manifestación de poder blando, tal y como lo definió Joseph Nye en dos de sus libros: Bound to Lead: The Changing Nature of American Power (1990), donde lo esboza, para luego desarrollar la idea en Soft Power: The Means to Success in World Politics (2004). Y para explicarlo de una manera sencilla nada mejor que usar las propias palabras de Nye:

«cuando un país consigue que otros países quieran lo que él quiere, podría llamarse poder cooperativo o blando en contraste con el poder duro o de mando, de ordenar a otros que hagan lo que se quiere de ellos«.

Esta influencia puede ir hacia otro país, o hacia partes de otro país. Precisamente, «gagner les coeurs et les esprits», parafraseando al general francés Hubert Lyautey, es uno de los medios de proyectar poder sobre espacios o personas.

Al respecto podríamos señalar las series de televisión turcas y árabes, que de hecho han sido el relato y la réplica, respectivamente, de dos modelos que pretenden usar la historia y una buena narración pensada para un público concreto como herramientas para influir y apuntalar otras políticas en el Oriente Medio e, incluso, el Norte de África.

Estas series históricas de las que vamos a hablar son relatos que giran alrededor de ideas de patriotismo, con mensajes políticos para la situación geopolítica actual de la región MENA, proyectándose en espacios donde compiten ambos poderes: Turquía-Qatar vs. Arabia Saudita-Emiratos Árabes Unidos, y que ha señalado un campo interesante de acción en el Norte de África y en toda la región MENA donde los Hermanos Musulmanes cuentan con gran influencia y fueron uno de los grupos que estuvieron presentes en las «Primaveras árabes» de la región. Evidentemente, los hechos históricos de base son presentados como elementos que refuerzan los intereses vitales y de expansión de ambos ejes. Para ello cuentan con grandes grupos de medios, con excelente financiación para sus productos televisivos y un apoyo decidido de los poderes fácticos respectivos.

Pasemos al análisis de las siguientes tres series. Dos de ellas son turcas, y de hecho, una es la continuación natural de la primera; la tercera serie es árabe y es la réplica al relato turco.

  1. Diriliş: Ertuğrul (Resurrección: Ertuğrul) – Turquía.
  2. Kuruluş: Osman (Fundación: Osman) – Turquía.
  3. ممالك النار‎, (Mamalik Al-Nar, «Reinos de Fuego») – Túnez, Emiratos Árabes Unidos e Italia.

Este tipo de productos culturales, tanto turcos como árabes, hallan el soporte de grandes grupos de medios de comunicación detrás de los cuales se mueven los auténticos poderes que contienden por «las mentes y los corazones» de las persona de la región MENA o que participan de dicha cultura, y a los que se quiere convencer de la bondad de un proyecto geopolítico en curso en estos momentos, o de las taimadas intenciones de un rival regional, caso del mundo árabe hacia Turquía.

Diriliş: Ertuğrul (Resurrección: Ertuğrul) y Kuruluş: Osman (Fundación: Osman)

Diriliş: Ertuğrul es una serie en cinco temporadas, emitida desde el 10 de diciembre de 2014 al 29 de mayo de 2019, con un total de 150 capítulos, escritos por Mehmet Bozdağ, un guionista, productor y director turco de 37 años. Sus productos culturales están muy enfocados hacia la historia de la dinastía osmanlí. El director de la serie ha sido Metin Günay, cuyos mayores éxitos han sido, precisamente Diriliş: Ertuğrul y Kuruluş: Osman, enfocadas en la temática otomana; y, Deli Yürek (Corazón loco), la primera de las series turcas relacionadas con el mundo del crimen. La serie está disponible en el canal de YouTube de TRT İzle, la Corporación Turca de Radio y Televisión, donde están los 150 capítulos. La serie ha sido un éxito espectacular en Turquía, donde ha ganado 9 premios de un total de 33 nominaciones, pero también en el público de lengua árabe, con repercusión en las redes sociales. Además, hay una página de Facebook en Urdu y otra en Hindi, en ésta última con marcada propaganda a favor del presidente de Turquía, Erdoğan.

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Entre los diferentes factores que han contribuido al éxito de la serie está el actor Engin Düzyatan, que interpretó a Ertuğrul, el padre del fundador de la dinastía osmanlí. El siguiente factor fundamental tuvo que ver con el doblaje al árabe de la serie y la profusión de plataformas y soportes que podrían dar a conocer la serie y fidelizar a la audiencia de Oriente Medio. Para el doblaje al árabe se escoge la influencia dialectal del árabe levantino, muy agradable de escuchar, con voces de actores sirios, como Rachid Assaf y Mona Wassif.

El despliegue de medios ha sido considerable. Se contó con 25 caballos con unos establos y veterinario en Riva, además de corrales y granjas para ovejas, cabras, ruiseñores y perdices, que son los animales que aparecen en la serie. Las coreografías de batallas entre hombres y con animales la preparó el grupo internacional de especialistas afincado en Kazajstán, Nomad, que se ha encargado de producciones como The Expendables 2, Conan el Bárbaro y 47 Ronin.

Uno de los puntos fuerte de la serie ha sido su difusión a través de Internet. El site web de Alnoor TV, ahora NOOR PLAY, una serie de plataformas que proporcionan un servicio de visionado a la carta de producciones turcas y que se enfoca al mundo araboparlante, pero también en inglés, proporcionó los subtítulos en árabe para YouTube; y, otras plataformas y cuentas, posteriormente, lo retransmitieron en la red. El impacto sobre el conjunto fue una audiencia tan solo online de unos 200 millones de personas desde 2017, con Arabia Saudita como principal consumidor con más de 600.000 espectadores, de acuerdo con la Radio y Televisión Turca (TRT), pero también ha sido muy destacada en Kuwait y Qatar. En cuanto al espacio de Asia Central cabe destacar la audiencia cosechada en Pakistán, Bangladesh e India, particularmente Kerala y Cachemira. Más aún, en el continente africano se ha pasado la serie en Somalia y en Sudáfrica, donde ha sido todo un acontecimiento mediático, entre otros lugares. De hecho, a través de Netflix la serie puede verse en Brasil, Sudáfrica, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Y en el mundo hispanohablante se puede ver en Chile (Televisión Nacional de Chile) y en Venezuela (Venezolana de Televisión y TVes), mientras que en Europa se ha emitido, y esto no es casualidad, en Bosnia y Herzegovina a través del canal Hayat TV.

Así mismo, la serie sobre Ertuğrul fue un éxito en Oriente Medio al proporcionar una «receta» equilibrada de los gustos de los habitantes de la región, mezclando historia, heroísmo, ciertas dosis de romanticismo y pedagogía de la política y la cultura islámico-otomana. La idea fuerza que quedó en las mentes de la audiencia ha sido la necesidad de la unión de todos los musulmanes alrededor de un líder carismático, superando con ello las diferencias étnicas y lingüísticas que los fragmentan. Y, claro, esa figura podría ser, por ejemplo, el presidente de Turquía, Erdoğan, que sería una suerte de heredero legítimo del Califato de los otomanos.

Recordemos que en la formulación de la «Tercera Roma», cuando llega la caída de Constantinopla de 1453 a manos de Mehemed II, quien, cuando tomó la ciudad, se intituló a sí mismo como Kayser-i Rum, literalmente “César de los romanos”. A partir de este momento empieza la disputa por quién tiene derecho a ser la “Tercera Roma”. La primera es el Imperio romano que se transforma en un imperio cristiano a partir de Constantino, con la excepción del gobierno de Juliano el Apóstata y su intento de revitalizar un sincretismo de las religiones y pensamientos filosóficos paganos, para crear esa religión universal o católica, pues eso quiere decir católico: universal. La segunda Roma, viene cuando el Imperio de oriente continua como realidad política, social y económica conocida muy posteriormente como Imperio bizantino. Un imperio cristiano ortodoxo que parte de la “Nueva Roma” que fundó Constantino sobre la antigua Bizancio. Una ciudad entre Europa y Asia. Con la caída surgen tres pretendientes a ocupar el lugar de una “Tercera Roma”. Los tres pretendientes serán:

  • El titular del Imperio otomano,
  • El Gran Principado de Moscú que se convertirá en Zarato ruso y luego Imperio ruso,
  • En Occidente Carlos V y su pugna con la casa Valois, por ver cuál de las dos dinastías del corazón de Europa lograba construir esa Tercera Roma. Pero también el enfrentamiento con los príncipes protestantes, el Imperio otomano, y el papel de alternancia de alianzas de Inglaterra. Temerosos todos de que Carlos V concentrase un poder que no dejase más opción que el de rendirse ante él. A ellos se añadió en algunas ocasiones los Estados Pontificios. El papel de España para sostener ese esfuerzo y mantener la centralidad de Europa bajo control de los Habsburgo fue vital, sin la cual no se hubiera podido lograr, por no hablar de Italia.

Este producto cultural, orientado hacia la región MENA, pero también hacia Pakistán y los musulmanes de India, en su vertiente exterior, también es un producto nacionalista que apoya al presidente Erdoğan en el país, y así ha querido aprovechar el impacto mediático de la serie tanto dentro como fuera de las fronteras de Turquía.

Argumento de Diriliş: Ertuğrul

La existencia de Ertuğrul está demostrada por las monedas que acuñará su hijo, Osmán I, en que se identifica con el nombre de su padre, siendo realmente incierta cualquier noticia sobre su vida por fuentes históricas, por lo que para contar esta serie se mezcla la tradición otomana, las pretensiones de dominio turcas sobre la gran región hoy día y algún hecho histórico que sucedió en la vida de Ertuğrul.

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عثمان بن ارطغرل بن گندوزآلپ

[Osman bin Ertuğrul bin Gündüz Alp, Osmán hijo de Ertuğrul hijo de Gündüz Alp]

La serie empieza siguiendo la tradición otomana, con las invasiones de los mongoles que presionan a las tribus túrquicas de Asia Central, entre ellas, la tribu Kayi, de los turcos Oghuz. Estos acaban por asentarse en Anatolia con más de dos mil yurtas, tiendas grandes de los pueblos nómadas de Asia Central. La serie se centra en Suleyman Shah, el líder o bey de la tribu Kayi y en sus cuatro hijos. Sucede un percance que supone que Ertuğrul, uno de sus cuatro hijos, y tres amigos suyos viajen a Alepo, en la actual Siria para alcanzar un acuerdo con el Sultán Kaikubad I, soberano de los Selyúcidas de Rüm, también túrquicos. Una vez al servicio de los Selyúcidas de Rüm, y habiendo heredado el título de beylik (la jefatura) de la tribu Kayi de los turcos Oghuz al morir su padre el bey Suleyman Shah al cruzar el Éufrates cuando los persiguen los mongoles a través del actual este de Irán, cuando antes habían estado dentro de la oleada mongol de Gengis Kan que atacó el Imperio corasmio (1219-1221).

Los líderes de la tribu de Ertuğrul se inspiran, de acuerdo con la tradición otomana, en el tradicional celo de los ghāzī, un campeón heroico del islam, en el espíritu de la Yihad contra los cristianos. Su tribu, en su deambular por Asia Menor, habría llegado a una llanura donde se estaba entablando una batalla entre un ejército bizantino y el ejército selyúcida de Rüm. Ertuğrul entró en combate apoyando el bando de la fe, como buen ghāzī, mismo nombre que tomaría su heredero Osman Ghāzī para justificar sus campañas contra el Imperio bizantino. Bien, pues Ertuğrul entró a favor de un débil ejército selyúcida, y su ayuda resulta decisiva, y como consecuencia, Kaikubad I, sultán selyúcida de Rüm (1220-1237) le concedió a Ertuğrul las tierras de Karaja Dağ, una montaña cerca de Ankara. El relato indica que la justificación del líder selyúcida para otorgar estas tierras a Ertuğrul fue para repeler cualquier incursión hostil de los bizantinos u otro adversario.

Ertuğrul recibe como recompensa por sus servicios el domino de la población de Söğüt (antes Thebasion), por haber capturado la ciudad en 1231, fijando la frontera con tres tribus turcas mayores: Eskenderum, al norte; Eskişehir, al este; y, Konyali al sur; y, por el Imperio bizantino al oeste.

Ertuğrul, como bey de la tribu Kayi, contuvo a todos los enemigos para que su hijo, Osmán, los conquiste en su reinado (1299-1324), dando lugar al nacimiento del Imperio otomano.

La narración de la tradición otomana de Ertuğrul Ben Suleyman Shah, el padre de Osman Ghāzī, no se detiene pues la serie creó el spin-off histórico al preparar a la muerte de Ertuğrul, la continuación del fundador de la dinastía osmanlí, Kuruluş: Osman (Fundación: Osman), que se empezó a emitir a partir del 20 de noviembre de 2019.

Transmitida por el canal ATV (Aktüel Televizyonu, Actual Televisión), la serie narra el ascenso político de quien fue proclamado primer sultán otomano en 1281 bajo el nombre de Osmán I Ghāzī, y para ello sigue las luchas contra los griegos de Bizancio y los mongoles, con la finalidad de mantener la independencia del Sultanato de Rüm, para lo que el apelativo de campeón heroico del Islam le viene a Osmán estupendamente para justificar su poder contra griegos y mongoles, por un lado, y contra los túrquicos selyúcidas, al pretender con ello ser el único poder de entre los turcos.

El impacto de Diriliş: Ertuğrul en el mundo árabe

Lo cierto es que la serie recoge la influencia lograda por las producciones turcas en el mundo árabe, donde han contado desde hace más de una década de un público fiel con el que han sabido sintonizar. A los árabes les gustan las ficciones románticas, casi por encima de muchas otras cosas, y ello lo entendieron los turcos perfectamente, cuando en 2007 se convirtió en un éxito, el primero, la auténtica punta de lanza del poder blando turco sobre el mundo árabe, la serie en tres temporadas llamada en turco Gümüs [Plata, como nombre propio], que en árabe tradujeron como نُور [Noor, Luz]. Esta serie difundió modelos de modernidad en Turquía respecto a términos de formas de vida y relaciones de género, despertando una inmensa atracción en las sociedades árabes más conservadoras, particularmente las monarquías del Golfo Pérsico, donde se percibió una fuerte tensión dentro de la sociedad de, por ejemplo, Arabia Saudita, a partir del verano de 2008. De hecho, los medios de noticias árabes culparon a la serie, y en particular el comportamiento romántico de su personaje masculino principal, Mehmet Şadoğlu, interpretado por Kıvanç Tatlıtuğ, de una ola de violencia doméstica y divorcios.

Por consiguiente, la respuesta por parte de los que se sienten cuestionados (Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos) o amenazados (Egipto), por parte de la ficción turca acerca de Ertuğrul y de Osmán I Ghāzī, tardó en materializarse, pero llegó.

La primera reacción fue de Egipto, tras el golpe de Estado del 3 julio de 2013 que encabezó el actual presidente, Abdelfatah Al-Sisi que derribó a los Hermanos Musulmanes del poder, el 18 de agosto de 2013 diferentes cadenas de televisión progubernamentales egipcias decidieron no retransmitir series de televisión hechas en Turquía, como respuesta al apoyo manifiesto del presidente turco, Erdoğan, al derrocado presidente de la República Árabe de Egipto, Mohamed Mohamed Mursi Isa al-Ayyat, proveniente de los Hermanos Musulmanes a través de su partido político, Partido Libertad y Justicia (حزب الحرية والعدالة) fundado ex profeso el 30 de abril de 2011, tras la revolución egipcia de 2011 que derrocó a Hosni Mubarak, dentro de los acontecimientos de las primaveras árabes, y apoyado, por lo tanto, por Turquía y Qatar, donde la televisión qatarí Al-Jazeera, que cubrió, no sólo los acontecimientos de la plaza Tharir o de la Liberación, también jugó un papel clave en impulsar mediante la cobertura informativa las «Primaveras árabes» de Egipto, Túnez, Libia y Siria, y que llevó a la clausura de las oficinas en plena revuelta de enero de 2011 en El Cairo.

Es interesante que aquella prohibición iba en verdad destinada, por un lado, al impacto de los Hermanos Musulmanes en la caída del presidente Mubarak, que en parte el ejército permitió al pretender establecer una «dinastía Mubarak» apoyándose en el prestigio aristocrático de Suzanne Zabet, su mujer, mediante su hijo, Gamal (Suzanne Zabet, y sus hijos, Gamal y Alaa acaparaban la parte más jugosa de la privatización de diferentes sectores de la economía egipcia heredada de Nasser y Al-Sadat, mientras más de un tercio de la población se veía envuelta en la miseria, prestando oídos a las políticas de la Hermandad Musulmana movida por el eje Turquía-Qatar); y, por el otro lado, iba dirigida contra el primer fenómeno «otomanista» del poder blando turco, la serie Muhteşem Yüzyıl (El siglo magnífico), que se emitió entre 2011 y 2014, y que está basada en la vida y ascenso al poder de Solimán el Magnífico (1520-1566), el sultán que estuvo más tiempo en el poder de la historia, y de su harén, y que recibió 5 premios de 9 nominaciones.

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Era, hasta la exhibición de medios de Diriliş: Ertuğrul y de Kuruluş: Osman, el proyecto más costoso de la historia de la televisión turca, con un costo aproximado de 500.000 dólares por cada episodio. Tan sólo su preproducción tuvo un presupuesto de 4,7 millones de dólares, de los cuales 2,2 millones se destinaron a escenografía y vestuarios. La serie tuvo una audiencia que sobrepasó los 214 millones de espectadores y se emitió en 45 países. Esta serie era el primer intento, bastante bien enfocado, para desplazar del eje de Arabia Saudita a Egipto, alineado con las monarquías del Golfo contra Irán a partir de 1979, como consecuencia del apoyo de Estados Unidos a Arabia Saudita en esta particular «Guerra Fría» entre Arabia Saudita e Irán, al situarse Al-Sadat, y Mubarak como su heredero, a favor de Estados Unidos tras la guerra del Yom Kippur, abandonando la influencia de la URSS, que decidió apoyar entonces a la Siria de los Al-Asad. Como tal, esta política se puede inaugurar con los acuerdos de Camp David (1978), y el mantenimiento de la influencia egipcia en Israel-Palestina a través ahora de, por ejemplo, los Acuerdos de Oslo de 1993, que permitieron el nacimiento de la Autoridad Palestina.

A este desplazamiento del eje político de Egipto desde Arabia Saudita-Emiratos Árabes Unidos hacia el de Turquía-Qatar a través de los Hermanos Musulmanes respondió Arabia Saudita-Emiratos Árabes Unidos con la creación de dos canales de televisión enfocados precisamente para Egipto y su población: MBC Egipto (2012) y MBC Egipto 2 (2014). MBC Masr (إم بي سي مصر‎), fue presentado en El Cairo el 16 de octubre y empezó sus emisiones el 9 de noviembre de 2012. Su programación se ha centrado en series árabes, como Masrah Masr (مسرح مصر «Teatro Egipcio», una particular visión de las diferentes culturas y familias que viven en Egipto).

El 2 de octubre de 2014 se lanzó MBC Masr 2 (MBC مصر2  Egipto 2). El canal se ha orientado hacia una plataforma de retransmisión de deportes variados, competiciones deportivas y artísticas. Además, retransmite en directo los partidos de la Premier League de Egipto (الدوري المصري الممتاز), la 17ª liga más potente del planeta, de acuerdo al ranking elaborado por la IFFHS. De hecho, con respecto al fútbol también se ha vivido una serie de presiones orientadas en la zona del Golfo en cuanto al juego geopolítico entre Arabia Saudita-Emiratos Árabes Unidos contra Qatar, particularmente con la Copa del Golfo. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto le impusieron un embargo, de carácter político y económico a Qatar, al que acusaban de ser un instrumento de desestabilización de la región del Oriente Medio al apoyar grupos terroristas transfronterizos, y que empezó el 5 junio de 2017. Se trata de la llamada Guerra subsidiaria qatarí-saudita, o también llamada Segunda Guerra Fría Árabe. En junio de 2017, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Egipto, Maldivas, Mauritania, Sudán, Senegal, Yibuti, Comoras, Jordania, el gobierno libio con base en Tobruk (Ejército Nacional Libio) y el gobierno yemení dirigido por Abdrabbuh Mansur Hadi cortaron las relaciones diplomáticas con Qatar.

La justificación de estas acciones contra Qatar por parte de la alianza controlada por Riad y Abu Dabi estaba en:

  1. Al Jazeera, de la que a lo largo de este dossier hemos hablado.
  2. El apoyo de Qatar a los Hermanos Musulmanes.
  3. Una relación estrecha con los Talibán (recordemos que los Talibán, en su conjunto, ven a Doha como un lugar neutral y confiable, razón por la cual Estados Unidos y los Talibán firmaron el Acuerdo de Doha tras 18 años desde la invasión estadounidense).
  4. Apoyo al movimiento Hamás. El 4 de marzo de 2014, el subsecretario del Tesoro de Estados Unidos para el terrorismo y la inteligencia financiera, David Cohen, especificó, literalmente: «Qatar, un aliado de Estados Unidos desde hace mucho tiempo, ha financiado abiertamente durante muchos años a Hamás, un grupo que continúa socavando la estabilidad de la región. Los informes de prensa indican que el gobierno de Qatar también está apoyando a grupos extremistas que están operando (en 2014) en Siria.» También resaltó el ambiente que juzga, de forma literal, como «permisivo» por parte de Qatar a la hora de permitir a captadores de fondos solicitar donaciones para diferentes grupos, como Al-Qaeda y el ISIS. Estas acciones afectaron a Gaza y a la Autoridad Palestina, ya que proyectos como Gaza’s Sheikh Hamad City, promovida por el Qatar Fund For Development, iniciado en 2012, supuso la construcción de viviendas para familias con bajos recursos para 2.000 palestinos, además de escuela, tiendas y una impresionante mezquita, y el Hospital Hamad, dotado de 100 camas y enfocado en la asistencia a personas que han perdido extremidades en un conflicto. Todo ello se estructura dentro del Comité de Qatar para la Reconstrucción de Gaza, que preside Mohammed al-Emadi, y que es responsable de la inversión de 150 y 100 millones de dólares para diferentes causas, como lucha contra la pobreza o el coronavirus, al que han sumado la ayuda de 100 médicos. De todas maneras, la presión de esa época se manifestó en que el 23 de febrero de 2018 Qatar se muestra dispuesto a ayudar a Israel el estallido de una nueva guerra en Gaza y niega su apoyo a Hamás. Una de las claves ha sido después de la guerra de Gaza de 2014 y la destrucción causada al enclave, momento en que se tuvo que hacer un esfuerzo de rehabilitación masiva, pero muchos de los países árabes, incluidos Egipto y Arabia Saudita, evitaron ayudar a Hamás y centraron su atención en los desafíos internos. Esto despejó el camino para Qatar, que vio una brecha en la situación de Arabia Saudita y Egipto, con el petróleo marcando mínimos, anuncio de cancelaciones de venta de carros de combate Leopard por parte de Alemania, y el coronavirus MERS-CoV que se centró el brote epidémico en la zona, particularmente Arabia Saudí. Fue, precisamente en este contexto, con Egipto consolidándose el giro de nuevo hacia la esfera saudí-emiratí, tras el golpe de Estado de Al-Sisi, con un marcado empobrecimiento, unas elecciones y una nueva constitución, además ese 2014 Egipto registró un déficit en su Balanza comercial de 30.058,7 millones de euros, un 12,25% de su PIB, superior al registrado en 2013, que fue de 27.981,3 millones de euros, el 14,41% del PIB, disparándose desde 2007 en 4.623,6 millones de euros y dando un salto en 2012 de 10586,2 millones de euros. La ofensiva qatarí se concentró en ofrecer más de 1.000 millones de dólares en concepto de ayuda para Gaza, y con eso ganaban varias capacidades: 1) mantener lazos con Egipto por la cuestión de Gaza, 2) equilibrar a Arabia Saudita en una zona de «prestigio» para el mundo árabe, 3) ganaban un papel mediador con una capacidad enorme entre Israel y Hamás, 4) gracias a todo ello, un fortalecimiento definitivo de los lazos con Estados Unidos. La primera reacción de Israel fue la de mostrarse reacia, pero pronto empezó una cooperación que ha ido in crescendo con Qatar, con la finalidad de evitar que Irán estrechase más su capacidad de influencia en a través de diferentes facciones en Gaza, directamente, o a través de Siria y Líbano. Esta acción fue preparada con tiempo y con una muy buena observación y anticipación geopolítica por parte de Qatar, quien en 2012 abrió el «candado», al visitar el entonces emir de Qatar, Hamad bin Khalifa Al Thani Gaza, siendo el primer jefe de Estado que lo hacía desde que Hamás controla el poder en la zona, tras la dura pugna mantenida en 2007 contra Fatah. El primer ministro de Hamás, Ismail Haniyeh se postuló personalmente como «Cicerone» del emir Hamad, quien prometió 400 millones de dólares de ayuda para la franja. Dicha política fue continuada por su hijo y heredero, Tamim bin Hamad Al Thani, producto de la educación británica (Sherborne SchoolInternational College– en Doset, y en Harrow School, logrando varios A Levels, y graduado en la Royal Military Academy Sandhurst
  5. Tener buenas relaciones con Irán, con la que Arabia Saudita mantiene una suerte de «Guerra Fría» desde 1979, a pesar del apoyo de las fuerzas armadas qataríes al frente saudita-emiratí en Yemen, pero los sauditas y emiratíes denuncian que Al Jazeera ha estado siguiendo una línea editorial favorable a los hutíes, apoyados por Irán;
  6. Haber apoyado durante un tiempo a algunos de los llamados rebeldes contra Bashar al-Asad en Siria, junto a los otros grupos que han sido financiados por el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo. Sin embargo, Qatar ha insistido que no tiene vínculos con la alianza de Al Qaeda en Siria, Hayat Tahrir al-Sham (هيئة تحرير الشام‎), es decir «Organización para la Liberación del Levante», un grupo yihadista salfista y wahhabita, encuadrado dentro del «Gobierno de Salvación de Siria». En concreto, Arabia Saudita hizo referencia al apoyo de Qatar al terrorismo, insistiendo en que Qatar había roto el acuerdo de 2014 con los demás miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, cuando ya entonces las relaciones diplomáticas se cortaron durante nueve meses por esa cuestión.

El de 2016, el sustituto de David Cohen como subsecretario del Tesoro de Estados Unidos para el terrorismo y la inteligencia financiera, Adam Szubin, precisó que Qatar tenía un «camino por recorrer» y que no tenía «la voluntad política y la capacidad necesarias para hacer cumplir de una manera efectiva su legislación financiera respecto al contraterrorismo contra todas las amenazas de financiación terrorista». De hecho, Estados Unidos ha llegado a sancionar a varios ciudadanos particulares de Qatar por financiar el terrorismo.

Ante las denuncias de haber apoyado a militantes vinculados a Al Qaeda o al ISIS, Qatar las rechaza de plano. La réplica de los aliados de Arabia Saudita, con los Saud y Emiratos Árabes Unidos al frente, es apoyarse en un informe que reporta que Qatar había proporcionado un rescate en abril de 2017 de 1.000 millones de dólares a un antiguo militante de Al-Qaeda en Siria y miembro de la ya mencionada Hayat Tahrir al-Sham, para abonar el rescate que les demandaban las milicias chiítas de Irak respaldadas por Irán, con la gestión de funcionarios de seguridad de Irán, para liberar 26 miembros de la familia real de Emiratos Árabes Unidos que permanecían secuestrados en Irak, además de docenas de combatientes chiítas que habían sido capturados por yihadistas en Siria y que esperaban negociar un rescate para continuar financiando sus operaciones.

En este asunto, NBC News, citando a funcionarios de inteligencia de Estados Unidos, informaba que se habían pagado 345 millones de dólares al gobierno de Irak, que había estado en contacto con los secuestradores y que posteriormente ese dinero se confiscó. Sobre este punto, Qatar dijo que el dinero «era para apoyar a las autoridades» en Irak para poder alcanzar la liberación de los secuestrados. Por cierto, al respecto, el grupo saudí panárabe MBC Group, empezó a emitir un nuevo canal de televisión el 17 de febrero de 2019 llamado MBC Iraq, إم بي سي العراق, cuya programación va orientada hacia la realidad cotidiana del país, y afirma pretender dar voz al conjunto de la población iraquí y al mosaico tan complejo de su realidad social, étnica, religiosa, etcétera.

El fútbol como proyección geopolítica de poder blando: Qatar vs Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos

Hoy Qatar, que ronda los 2,5 millones de habitantes, es el sexto país del globo en PIB per cápita (54.000 euros) y el mayor inversor por habitante en la industria del fútbol, con dos abanderados: el Mundial de 2022 y el Paris Saint-Germain. El Mundial dejará un flamante aeropuerto internacional, una red de trenes y autovías, una planta de electricidad, una línea de metro y 12 estadios, entre otras cosas. En total se estima que el gasto de todas las infraestructuras se elevará a los 200.000 millones de euros.

En su empeño de lograr que el emirato se convierte en un nudo conector entre el Mundo Árabe y Occidente, como referencia de la cultura, la educación y el aperturismo en el Golfo Pérsico, los Al-Thani utilizan el fútbol como herramienta de construcción económica y social.

El jeque Jasim, quien debería haber sucedido a su padre Hamad, renunció a su derecho en favor de su hermano Tamim en 2013, momento en que se convierte de facto por medio del fondo soberano de inversiones en una suerte de ministro de deportes e impulsor del poder blando qatarí por esta vía. Su primera acción fue comprar el PSG en 2011 por unos 100 millones de euros a los que se sumaron más de 1.000 millones en fichajes. Siguieron la campaña para lograr la organización del Mundial, la fundación del canal de televisión BeIn Sports y las adquisiciones de derechos televisivos de la Champions y la Liga. Por el fútbol español pagaron una cifra récord: 1.900 millones de euros para las tres temporadas que van de 2015 y 2019.

También llegó el patrocinio de la camiseta del F.C. Barcelona mediante la Qatar Foundation, y como la ofensiva es de Qatar y de Turquía, también llegó al Barcelona el patrocinio de Turkish Airlines, que se acabó por romper y el gigante de los electrodomésticos turco Beko, que a su vez se amplió en 2018. La réplica llegó a través de Emiratos Árabes Unidos y el Real Madrid, que firmaron un acuerdo millonario por el patrocinio del rival del F.C. Barcelona… y de la geopolítica árabo-musulmana.

Hay que contar que Qatar es un punto estratégico clave para la geopolítica y la influencia de Estados Unidos en la región. En concreto, la base aérea Al Udeid. Aunque la titularidad de la base es qatarí, la comparten la Qatar Emiri Air Force, la United States Air Force y la Royal Air Force. Es la sede del Cuartel General Avanzado del Mando Central de Estados Unidos, el Cuartel General de las Fuerzas Aéreas del Mando mencionado, del 379th Air Expeditionary Wing de la USAF, del 83 Expeditionary Air Group de la Royal Air Force y de la Transport Wing y 3rd Rotary Wing de la Qatar Emiri Air Force. Qatar alberga la mayor base aérea militar norteamericana en Oriente Medio, donde se hallan desplegadas, por lo menos desde 2017 más de 11.000 efectivos y operan más de 100 aviones de todo tipo, según informaba la propia Al Jazeera. Además, Qatar representa la tercera mayor reserva mundial de gas natural al contar una extensión de 11.586 kilómetros cuadrados.
Es precisamente por eso que la Agencia de Cooperación para la Seguridad y la Defensa (DSCA) emitió en 2019 la correspondiente certificación para el Congreso que permite la exportación (incluye equipamiento de visión, alerta, comunicaciones, logística asociada, formación de pilotos y mecánicos; y, armamento integrado consistente en el cañón Alliant Techsystems M230 de 30 mm., 2.500 misiles contracarro AGM-114R Hellfire II, y todo ello acompañado de la venta de 24 helicópteros de ataque AH-64E Apache Longbow por un montante de 3.000 millones de dólares. El AH-64E es la versión más actualizada de ese tipo de helicóptero de combate y ataque, que incluye el sistema de disparo del caño M230 con guiado por radar, motores de mayor potencia del tipo General Electric T700-GE-701D, mejora de la transmisión y de las palas de los rotores con materiales compuestos, capaces de resistir impacto de munición de 23 mm.).

La DSCA insiste en que los 24 helicópteros de ataque AH-64E Apache Longbow son clave para “apoyar la política exterior y de seguridad nacional de Estados Unidos al ayudar a mejorar la seguridad de un país amigo que sigue siendo una fuerza importante para el progreso político y económico en el Medio Oriente”. Estos helicópteros permitirán operar en misiones contracarro, apoyo aéreo cercano y reconocimiento armado, además de integrar dichas unidades qataríes con las del US Army en ejercicios de entrenamiento cuya finalidad no es otra que la que se afirma en el documento de la DSCA, “contribuirá a la seguridad regional y a la interoperabilidad” Se puede consultar el documento completo en el siguiente enlace. El lector interesado puede consultar el documento del Congressional Research Service, Qatar: Background and U.S. Relations, de Christopher M. Blanchard, fechado el 4 de noviembre de 2014). Para entender lo estratégico de Qatar, baste con señalar que la operación eliminó al Mayor General Soleimani se siguió desde la base aérea de Al Udeid (Aeropuerto Abu Nakhlah), situada al suroeste de Doha (Qatar), más específicamente desde donde se ubica el Cuartel General Avanzado del Mando Central de Estados Unidos.

Egipto continúa su ofensiva

El siguiente paso de Egipto, bajo el raïs El-Sisi fue doble: por un lado, declarar organización terrorista a los Hermanos Musulmanes; y, dirigir la acción de la Justicia egipcia contra el imperio mediático más influyente de Oriente Medio, quien ya durante el golpe de Estado del 3 de julio de 2013, mientras los tanques se posicionaban ante las instituciones más importantes del Estado, las fuerzas y cuerpos de seguridad de Egipto procedieron a hacer una redada contra las oficinas de Al Jazeera. Si la I Guerra del Golfo (2 de agosto de 1990 – 28 de febrero de 1991) consagró a la CNN como referencia no sólo en la región, también en el panorama internacional, la II Guerra del Golfo («Operación Libertad Iraquí» para Estados Unidos, «Operación Telic» para Reino Unido), que se libraría entre el 20 de marzo de 2003 y el 18 de diciembre de 2011, consagró a Al Jazeera como medio de referencia en la región, y que las diferentes «Primaveras árabes» de 2011 confirmaron su estatus, siendo la vertiente informativa de la política del emir de Qatar a favor de los Hermanos Musulmanes, mientras Turquía juega el papel de poder blando cultural, justificación de auténtico califato, y potencia regional con capacidad militar, puesta también a favor de los Hermanos Musulmanes para ganar influencia en la región y desplazar al eje Arabia Saudita-Emiratos Árabes Unidos, que han estado impulsando el salafismo, con los ojos de todos ellos puestos en Jerusalén. El Gobierno egipcio de El-Sisi acusó a Al Jazeera de manipular la información, difundir noticias falsas y estar al servicio de la política exterior del emir de Qatar, que era el sostén, junto a Turquía, de la administración Morsi.

De hecho, tras estas acciones, llegó el siguiente paso, la Justicia disolvió el partido político de los Hermanos Musulmanes, alegando que la formación política había violado la Ley de Partidos egipcia, que prohíbe que existan partidos religiosos, con lo que se expropiaron sus bienes.

En lo que respecta a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, la respuesta se demoró hasta el 6 de marzo de 2018, cuando el gigantesco grupo audiovisual MBC Group (Middle East Boadcasting Center), dejaron de emitir cualquier producción turca. Esto no es un asunto baladí, ya que MBC Group representa el máximo poder del sector panárabe, particularmente desde la década de los años 90 del pasado siglo XX (la compañía se funda en 1991 en Londres). MBC Group es en verdad la columna vertebral del imperio mediático de los Al-Saud, ya que el principal accionista es el empresario saudita Waleed Bin Ibrahim Al-Ibrahim, fundador y presidente de MBC Group. Para reforzar esa posición y equilibrar la posición personal de Waleed Bin Ibrahim Al-Ibrahim como propietario de primer canal de televisión comercial de todo el Oriente Medio, el gobierno de Arabia Saudita adquirió el 60% del capital de MBC Group, dejando en manos de Waleed Bin Ibrahim Al-Ibrahim el 40% restante, con el pretexto de una reunión del grupo mediático panárabe, celebrada en Emiratos Árabes Unidos, donde se habían revisado las perspectivas de crecimiento del grupo.

Waleed Bin Ibrahim Al-Ibrahim podría jugar un papel en la sucesión que complicase el acceso definitivo al trono de MBS (Mohammed bin Salman bin Abdulaziz al-Saud), ya que Waleed Bin Ibrahim Al-Ibrahim es yerno del antiguo soberano de Arabia Saudí, el rey Fahd bin Abdulaziz Al Saud. En este sentido, jugar un papel destacado en MBC Group es un trampolín hacia el poder político y la influencia mediática o poder blando saudita, sirva de ejemplo

Reinos de Fuego, o cómo los árabes responden a la ofensiva turca apoyada por Qatar

La respuesta definitiva llegaría por parte de ciertos gobiernos árabes a través de las mismas armas usada por los turcos: sector audiovisual panárabe, donde el capital saudí tiene una fuerza decisiva desde la década de 1990, tal y como hemos visto.

La primera medida la aportó Arabia Saudita siguiendo el ejemplo de Egipto, ya que en marzo de 2018 los canales del Middle East Broadcasting Center (MBC) dejaron de transmitir la serie turca.

Pero con esto no es suficiente: los gobiernos árabes también han entendido que debían apostar fuerte por la producción de series históricas de televisión que sirvan para sustentar sus directrices geopolíticas contrarias a los Hermanos Musulmanes y a la dupla Turquía-Qatar. Para ello se planeó con sumo interés y cuidado el éxito de la televisión emiratí Mamalik Al-Nar, o Kingdoms of Fire, que partió con un presupuesto de 40 millones de dólares (36 millones de euros). La serie está coescrita por los egipcios Mohamed Abd Al-Malik y Ahmad Nada y producida por el británico Peter Webber y el peruano Alejandro Toledo, con la asistencia de un equipo de técnicos internacionales.

Se filmó en localizaciones en Túnez y ha sido interpretada por un elenco árabe de actores del más alto nivel, se transmitió entre el 17 de noviembre y el 9 de diciembre de 2019 en los canales MBC Masr (MBC Egipto), MBC1 y MBC MASR 2. La producción narra con detenimiento la vida y los hechos del último sultán mameluco de Egipto Al-Ashraf Tuman Bay que se enfrentó al sultán otomano Selim I.

Uno de los aspectos clave de la producción viene dado y resaltado muy inteligentemente en los créditos de la productora Genomedia Studios, cuando afirma:

«Una ley sanguinaria que gobernaba un imperio, se convirtió en una maldición que había acompañado [a los otomanos]».

El trailer finaliza oyéndose la voz de la gran estrella egipcia Khalid Al-Nabawi en el papel de Tuman Bay, que resultó derrotado en la Batalla de Ridaniya, y después fue capturado y colgado en 1517 por los otomanos, que afirma con dramatismo y convicción: «¡Oh gente de Egipto, tu resistencia es una victoria!». Pueden ver el trailer a continuación, merece la pena.

A lo largo de catorce episodios se abordan todos los acontecimientos y factores que llevaron a la caída del poder de los mamelucos, sí que hay una idea que es muy fácilmente identificable, pero está hecho de una manera inteligente, y es en el motivo de insistir a través de escenas, planos, localizaciones y, evidentemente, diálogos, acerca de la sumisión de Egipto a la «ocupación» de una fuerza extranjera brutal.

Es interesante subrayar la forma en que se narra la entrada del victorioso ejército otomano en Egipto está lejos de calificarse de una «fath» islámica. La fath es un término coránico que aparece en la Sura 48 del mismo nombre, que cuenta con 29 versos o ayat. Quiere decir «Victoria», y se utiliza para destacar la rotunda victoria de los ejércitos musulmanes en territorios extranjeros. Fue recuperado históricamente en cuanto a las relaciones árabe-turcas para celebrar y legitimar así la entrada triunfal de los otomanos como un poder islámico en Egipto y su pretensión de alcanzar el resto del mundo árabe y musulmán para poder proclamar al fin el «Califato».

La respuesta de Ankara no podía hacerse esperar, pues esto es un misil en su línea de flotación propagandística y en sus aspiraciones geopolíticas, y para ello se utiliza una columna publicada el 28 de noviembre de 2019 en el diario Yeni Şafak, por parte, además del asesor del presidente turco, Yasin Aktay, que repitió el discurso propagandístico de Turquía haciendo una exaltación del poder otomano, y como protector de todos los árabes:

«[Fire Kingdoms] es parte de una campaña antagónica que tiene como objetivo reducir la influencia de la serie turca en vista de sus espectaculares éxitos en el mundo árabe […] De hecho, [la serie] apunta directamente al estado otomano, pero también la República de Turquía contemporánea que lo representa«.

Precisamente, esto nos lleva a otra decisión relevante para fortalecer el discurso y promover el poder blando de los árabes. El 22 de agosto de 2019 el gobierno de Arabia Saudí hizo una revisión de los libros de texto de historia. El Imperio otomano ya no es el Califato de los musulmanes, pasa a ser una ocupación de la Península Arábiga en general, y en los territorios de lo que se convirtió en el reino de Al-Saud en particular.

Qué representa el «otomanismo» de Erdoğan

La interferencia del poder turco en los asuntos árabes, que resulta cada vez más evidente y patente, resulta en tensiones que van en aumento, sobre todo con Egipto y Arabia Saudí-Emiratos Árabes Unidos, respecto a cuestiones regionales que abarcan lo obvio, desde la guerra en Siria hasta la crisis en el bloqueo de Qatar, donde las tropas turcas se han establecido desde el acuerdo de cooperación turco-qatarí de 2014, a través del apoyo de Erdoğan a la Hermandad Musulmana.

El escenario de Libia, siendo la región MENA una zona que el Imperio otomano tuteló, también pone en evidencia esta cuestión, que se retroalimenta mediante la hostilidad creciente en el Mediterráneo oriental donde la rivalidad por la explotación de su riqueza de gas va en paralelo con la carrera por el liderazgo regional. Los memorandos de entendimiento firmados el 27 de noviembre de 2019 por el presidente Erdoğan y Fayez Al-Sarraj se refieren a la seguridad y la cooperación militar entre Ankara y Trípoli, reforzada por la pretensión de abrir dos bases turcas en el país, así como a la delimitación de las zonas de jurisdicción marítima disputados por el vecino egipcio y sus aliados Khaliji. Dichos memorandos suponen el impulso y el afianzamiento de la política turca del poder en la región MENA, y hasta más allá con escenarios de intento de penetración como puede ser Pakistán o con la cuestión de los uigures y China, en detrimento de los intereses nacionales árabes y chinos en esta región.

Al respecto, la serie señala a los romanos de oriente o bizantinos y a los mongoles como dos elementos hostiles a los turcos. Es interesante subrayar la fuerza del otomanismo que justifica las acciones contra los grecochipriotas y los griegos en el Egeo, por un lado, pero también los sitúa como protectores de Siria (no olvidemos la ocupación de facto de Idlib por parte de Turquía), las operaciones en el norte de Irak, las reminiscencias usadas por Erdoğan de hablar como protector de los territorios ocupados por el Imperio otomano, lo que incluye a los Balcanes. Más aún, su propuesta es la retomar la influencia económica, política y la tutela geopolítica mediante venta de armamento, expansión de sus fronteras y de su influencia geopolítica por todos los espacios posibles, mientras se afianza cada vez más en una visión del Islam político que lo sintoniza con Irán. La referencia de los mongoles hace referencia a la ocupación y abusos que practicarían los chinos sobre los uigures, pueblo túrquico, con lo que, de varias maneras, quiere Erdoğan presentarse como útil y necesario para Estados Unidos, pero también para negociar según qué aspectos con la Unión Europea, y más allá contemporizar mediante acuerdos con Rusia e Irán respecto a zonas comunes donde espera obtener su ventaja.

Tampoco podemos dejar de mencionar que la apuesta de pasar por televisión la serie sobre Ertuğrul en Somalia apuntala la presencia e intereses turcos en el Cuerno de África, donde la hegemonía corresponde a la dupla Arabia Saudí-Emiratos Árabes Unidos.