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Un elemento presente en el Brexit. La pugna por la transición energética, ¿otro potencial pulso entre la UE y el Reino Unido?

La organización de la vigesimosexta Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 se celebrará en Glasgow (Escocia), está programada para las fechas 1 al 12 de noviembre, y se hará en asociación con Italia. Ambas naciones son miembros de la Powering Past Coal Alliance y se han comprometido para eliminar gradualmente la energía del carbón en 2025. Además de que ambos países se comprometen para alcanzar la meta de cero emisiones netas para 2050, como parte de su pertenencia a la High Ambition Coalition, en asociación con otros países progresistas en estas políticas. También se han comprometido ambos países a acelerar la transición a vehículos de bajas emisiones en colaboración con el G7 y el G20 con la finalidad de promover la lucha contra el cambio climático, crear resiliencia y de desbloquear el crecimiento sostenible, incluidos los países más vulnerables al cambio climático en el mundo.

Es interesante este aspecto, porque entre otros prismas para tener en cuenta de esta asociación estratégica, Reino Unido ocupará la presidencia del G7 mientras que Italia hará lo propio respecto al G20. Estaba prevista que se celebrase este año, pero las circunstancias sobrevenidas de la pandemia la han retrasado. No obstante, el primer ministro pretendía dar a conocer su estrategia para descarbonizar el sector del automóvil centrándose en adelantar la fecha de prohibición de los vehículos con motores de combustión del 2040 al 2035. Boris Johnson había designado a Mark Carney para el puesto de asesor orientado a las finanzas.

Mark Carney. Imagen obtenida del Bank of England

El gobernador del Banco de Inglaterra dejó su cargo en el mes de marzo pasado y cuenta con una valiosa experiencia como investigación y reflexión sobre la lucha contra el cambio climático. En diciembre del año pasado fue nombrado enviado especial de Naciones Unidas para la acción climática en sustitución del neoyorquino Michael Bloomberg, en aquel momento centrándose para las primarias del partido demócrata. Mark Carney conminó al sector privado a que acelere su trabajo para alcanzar una economía baja en carbono, pues a su juicio están actuando con demasiada lentitud.

Así mismo, en diciembre pasado anunció que el Banco de Inglaterra haría las primeras pruebas de estrés del sector financiero ante los efectos del cambio climático. Después de un primer estudio realizado en marzo de 2020 sobre su viabilidad, durante el segundo semestre del año se realizarán las pruebas teniendo en cuenta varios escenarios de cambio climático. La idea es que haya una publicación de los resultados en 2021.

La COP26

El nombramiento del antiguo Gobernador del Banco de Inglaterra estuvo precedido por la destitución fulminante de la presidenta de la COP26, la exministra de Energía Claire O’Neill, el pasado 31 de enero. Se le ofreció el cargo a David Cameron y a William Hague, quienes rechazaron la oferta de Boris Johnson. Para algunos, su cierta distancia con la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, así como su papel discreto y de bajo perfil durante El foro de Davos y una reciente visita a la India donde afirmó que el Acuerdo de París estaba «muerto» fueron suficientes para perder la presidencia de la COP26.

Los respectivos primeros ministros de Italia, Giuseppe Conte, a la izquierda, y del Reino Unido, Boris Johnson, a la derecha de la imagen. Imagen con  Copyright, el uso de la misma se hace sin fines de lucro por parte de la Revista digital de Ediciones Páralo  CHRIS J RATCLIFFE/AFP

Al final, el elegido fue Alok Sharma, nombrado el pasado 13 de febrero. Sharma que fue diputado por el distrito de Reading Oeste desde 2010, Secretario de Estado para Desarrollo Internacional, encabeza también el Departamento de Negocios, Energía y Estrategia Industrial o BEIS, en sustitución de Andrea Leadsom. Ejerció de Ministro de Empleo y Viviendo bajo el liderazgo como primera ministra de Theresa May. Ha sido vicepresidente del Partido Conservador entre 2012-2015.

Las reacciones a su nombramiento han sido diversas, desde Mohamed Adow, que es director del think tank Power Shift Africa que la daba la bienvenida o Kat Kramer de la oenegé Christian Aid, que hacía lo propio. Por parte de los laboristas Clive Lewis, que representa al distrito de Norwich Sur se posicionaba de una manera más distante, afirmando en Twitter que “Alok Sharma tiene un registro abismal en cuanto a votaciones sobre temas climáticos. Es irritante la descarada indiferencia con la que este Gobierno trata el mayor problema de nuestro tiempo”. La cesada Claire O’Neill se mostró más positiva al respecto.

Sobre cuestiones como donaciones y votaciones, sus relaciones con diferentes grupos, como un think tank llamado Grupo Bow, los puntos en común con Campbell Bannerman, John Redwood, sus relaciones con el Kremlin o la expansión del aeropuerto de Heathrow recomiendo leer el artículo del medio DESMOGUK.

A pesar de todo lo sucedido para la designación de una nueva presidencia para la COP26, y de las palabras de la cesada Claire O’Neill donde cargaba contra el primer ministro afirmando que él “no sufre el cambio climático”, lo cierto es que Boris Johnson deseaba que el lanzamiento del “año del clima” fuera el verdadero comienzo de la preparación para la COP26, una reunión que se antoja decisiva porque el acuerdo de París 2015 está muy cuestionado por más y más líderes, y que la COP25 de Madrid acabó en un rotundo fracaso.

Sea como fuere, la COP26 representa una ocasión para resolver otros de los enigmas que se plantean con el Brexit, ¿será capaz el Reino Unido de conservar una posición de liderazgo en lo que a la transición energética se refiere tras la salida de la Unión Europea? ¿Tiene mucho que perder la Unión Europea que perder con la salida de Reino Unido en este ámbito? Recordemos que, precisamente, uno de los ejes del programa de Ursula von der Leyen es precisamente la economía verde. No deja de ser relevante que el choque entre Reino Unido y Alemania también se da en este campo, ya que ambos países son pioneros en lo que a la lucha contra el cambio climático y la transición energética baja en carbono se refiere. Y de nuevo, las líneas de la acción diplomática y estratégica empujan a Reino Unido y a Italia a buscar una suerte de equilibrio con respecto a Alemania.

El IPCC: sus fundamentos en el neoliberalismo de Thatcher

Tenemos que remontarnos a la época de Margaret Thatcher como primera ministra del Reino Unido para ver que fue, junto a Ronald Reagan, la dupla que impulsó de una manera destacada el ahora ineludible IPCC o Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o también, Panel Intergubernamental del Cambio Climático, fundado en 1988 y con sede central en Ginebra. Hay que tener muy presente el discurso de Margaret Thatcher del 9 noviembre de 1989 en sede de Naciones Unidas, y que aconsejo repasar. Lo relevante, precisamente, es lo que han señalado con mucho acierto muchos activistas, y es que su política de desregulación causó un enorme impacto medioambiental, por mucho que hablase de calentamiento global, lluvia ácida y contaminación ambiental.

No obstante, el legado de Thatcher fue continuado por John Major cuando alcanzó el puesto de primer ministro, al adoptar en 1994 la estrategia de desarrollo sostenible que tenía que ir dirigida hacia el respeto de los compromisos de la Cumbre de Río de Janeiro de 1992. A pesar de todo, la fractura interna en el seno del partido conservador acabó por dañar tales ambiciones. Los gobiernos laboristas trabajaron por permitir la adopción del primer mercado europeo del carbono para 2005 y respetaron el Protocolo de Kioto, aunque Tony Blair admite al poco de dejar el 10 de Downing Street que personalmente podría haber hecho bastante más como primer ministro para tratar de reducir la exposición a la amenaza del cambio climático.

Hoy en día el Reino Unido hace en términos generales una buena política climática y energética. Es, como decimos, uno de los grandes caballos de batalla planteados para lo que nos falta para el primer tercio, aproximadamente, del siglo XXI. Entre 1990 y 2018 el país ha reducido las emisiones de gases de efecto invernadero en alrededor del 44% gracias a una estrategia de eliminación rápida del carbón. Al respecto, aconsejo el estudio del documento del Comité sobre el Cambio Climático que aborda el progreso del Reino Unido para 2020, con fecha de 25 de junio de este año.

Estos datos aportados por el Reino Unido arrojan una meritoria participación de la energía nuclear en el origen energético de la potencia dada por el país, y merece destacarse su liderazgo industrial en tecnologías eólicas marinas. Creo que merece la pena recordar cómo España perdió el liderazgo industrial en lo que se refería a la generación fotovoltaica, sirva ello de motivo de reflexión sobre la forma en que se cometen “errores” y las dependencias energéticas que nos obligan a asumir, además de los contratos que perdemos como país. Retomando la cuestión, diremos que el Reino Unido fue el primer país en apuntarse a la neutralidad de carbono en una fecha como el 2050. No obstante, en lo que se refiere al desarrollo de energías renovables y eficiencia energética es muy poco probable que el Reino Unido pueda alcanzar sus objetivos de eficiencia energética, ya que el objetivo de consumo de energía primaria seguramente se podrá alcanzar según sus previsiones, no así el objetivo de consumo final (ver, al respecto, documento de la Comisión Europea donde se especifica). En lo que se refiere a energías renovables estas se han situado en el 11% de la producción nacional de 2018, pero con un objetivo fijado para este año de 2020 del 15%, al respecto aconsejo repasar el documento de eurostat sobre estadísticas de energía renovable.

El pulso Bruselas-Londres

Es evidente, por todo ello, que Bruselas tiene en Londres un temible competidor en la materia de energía y clima, y que ya se manifestó, por ejemplo, durante 2014, con David Cameron de primer ministro, en el contexto de la revisión del paquete europeo de energía y clima, con su presión constante para que la Comisión Europea abandonase el carácter vinculante de los objetivos de desarrollo de energías renovables y eficiencia energética orientados a los Estados miembros (Turmes, 2017).

Queda por definir en esta materia la probable actitud del Reino Unido hacia la política energética y climática de la UE, pero al respecto la forma cómo se resuelvan las negociaciones entre la UE y el Reino Unido nos podrá avanzar algún modelo. No obstante, hay que contar un espíritu, al menos, de competencia y de superar al rival, pues ya hemos mencionado que tanto el Reino Unido como Alemania son competidores, y Ursula von der Leyen ya lo ha fijado como objetivo de su Comisión. De acuerdo con el Centro de Energía Global del Atlantic Council, si la relación es de cooperación y de fortaleza entre ambos lados del Canal de la Mancha, menos cambiarán las cosas. Recomiendo encarecidamente la lectura del documento de dicho organismo para profundizar sobre el particular, titulado: ¿Qué significará el Brexit para los mercados energéticos?[

Hay que mencionar también el artículo de Frédéric Simon, publicado en Euractiv, titulado “La elección del Brexit del Reino Unido explicada: Habrá un voto menos a favor del clima en la UE”. El argumento seguido por Simon es que el Reino Unido es un socio de gran importancia y peso en lo que se refiere a la cuestión del clima y, cuando le ha convenido, ha ejercido su influencia en determinadas zonas de Europa oriental para alcanzar acuerdos con la Europa occidental. No obstante, es preciso señalar que ciertos eurodiputados se muestran partidarios de la imposición de un puesto al carbono para el Reino Unido en la frontera del mercado único, si se produjera un incumplimiento de las normas del sistema de comercio de derechos de emisión de la UE tras el periodo de transición.

Bibliografía

Turmes, Claude, Transition énergétique: Une chance pour l’Europe, Les Petits Matins, Paris, 2017

FOTO DE PORTADA. Montaje fotográfico cuya fuente es «El periódico de la energía«. El uso de esta imagen no persigue comerciales ni de lucro, se usa para ilustrar el contenido del artículo de la revista digital Ediciones Páralo.

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