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Dossier Especial: La guerra tecnológica y del 5G/6G: Estados Unidos-China y la Unión Europea, y la nueva Revolución Industrial

Empezaremos por enumerar de forma sucinta las etapas recorridas por las redes: la primera generación de sistema de telefonía móvil (1G) se benefició de dos inventos técnicos de la década de 1970, el microprocesador y el transporte digital de datos entre el teléfono móvil y la estación base. Con el 2G llegaron los primeros intercambios SMS (Short Message System), en 1991. La aparición de 3G en 2001 con la web móvil permitió servicios de comunicación más rápidos, especialmente para voz, fax, Internet, en cualquier lugar y en cualquier momento. Fue en 2010 cuando fue posible la comunicación entre objetos, datos y vídeo HD, a través de 4G. Finalmente, y este es el meollo del asunto, el campo de posibilidades parece no tener límites gracias a 5G (10 Gbit/S), que es de 10 a 100 veces más rápido que 4G. En particular, introduce vídeos en 3D y habilita un millón de objetos conectados por kilómetro cuadrado. Las características del 5G son simplemente extraordinarias: 1 o 2 milisegundos de latencia, 1.000 veces más ancho de banda, 100 veces más dispositivos conectados, 90% menos de consumo de energía, 99, 999% de disponibilidad, 100% de cobertura, vida útil de 10 años para las baterías de los objetos conectados de bajo consumo.

La geopolítica del mundo digitalizado se caracteriza por tres tendencias principales: una erosión del poder estadounidense, un aumento del poder de China y una competencia entre estas dos entidades por la colonización cibernética del resto del mundo.

Empieza a percibirse una toma de conciencia por parte del sector tecnológico occidental de que se necesita que el sector público financie y regule la infraestructura de la economía moderna que se supone deben promover – como demostró el fracaso del 5G, dejándoles seriamente atrás frente a China, tal y como se reconoce en este documento de la Comisión Europea, por ejemplo.

Hay que subrayar un hecho muy remarcable, uno de los elementos claves en el debilitamiento de los Estados y que impulsan hacia un mundo global se halla detrás de las siglas que se corresponden a GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), las llamadas Big Five o FAAMG, que están quedándose ya claramente detrás de la contraparte China, que se oculta tras el acrónimo BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi), llamadas The Four Biggest. al respecto de las cuales recomiendo repasar las posiciones establecidas en este enlace. La clave es que las compañías chinas, a la que habría que añadir la «némesis» de Apple, que sería Huawei, se benefician de las inversiones en infraestructura, y el 5G es tan sólo una, cosa que explica los retrasos en la puesta en marcha en Occidente.

No obstante, hay que tener muy presente que la estrategia de ambos, norteamericanos y chinos, es clara:

1/ Los datos valen dinero… y son parte intrínseca del nuevo dinero digital

2/ La economía de las ciudades o clústeres de ciudades generan datos y concentrarán la actividad industrial especializada

3/ La Inteligencia Artificial es la tercera parte y elemento conector e impulsor junto al 5G, en este momento, en un contexto de una nueva y disruptiva Revolución Industrial

Quien domina las tres partes, domina el mundo.

Debemos recordar que el 80% de los datos generados pasa por Estados Unidos, y cuenta con un pequeño espejo en Reino Unido, retomando la importancia mencionada por las grandes compañías tecnológicas norteamericanas cabe apuntar un hecho relevante, y que las GAFAM se comportan como un Estado, y así las trató Dinamarca, que les envió un embajador en 2017, y su negocio fundamental es el control de datos, y se mueve en el plano ideológico entre el libertarismo de izquierda conjugado con el determinismo tecnológico de la derecha. Su financiación parte de los fondos de inversión y sabemos que GAFAM como bloque gastó alrededor de 58.000 millones de dólares en I + D.

El monopolio de GAFAM se materializa en la explotación de los mejores cerebros de India y de China en Silicon Valley (veamos la presencia de directivos de esas nacionalidades o de esa ascendencia). No obstante, el primer desafío real para GAFAM es el de China, sin descartarse que un día India siga el mismo camino, pero mientras India necesite de Occidente para equilibrar a China, el quid pro quo establece, seguramente, uno de estos requisitos. China representa el primer desafío mediante su competencia de BATX, cosa que los lleva a una situación de bloqueo, que podría ser similar al que vivió Estados Unidos con la Unión Soviética en las esferas nuclear y espacial. Y a ello se suma Huawei.

No obstante, hablemos algo más de Huawei y de la guerra abierta entre China y Estados Unidos partiendo de esta compañía.

Huawei

Huawei Technologies Co., Ltd es una empresa china de alta tecnología, que se centra especialmente en el campo de la investigación y el desarrollo, la producción electrónica y el marketing de equipamientos de comunicaciones, entre otros aspectos. Fue fundada por Ren Zhengfei en 1987 en Shenzhen, aprovechando la Zona Económica Especial (ZEE), creada por el gobierno chino en 1980 para la región.

Partiendo de su posición como oficina de representación para la importación de centrales telefónicas a China desde Hong Kong, Huawei se convirtió en 2013 en uno de los líderes mundiales en tecnologías de la información y la comunicación (TIC), además de consolidarse como uno de los dos principales fabricantes de equipos de telecomunicaciones del mundo, el proveedor de la mayoría de los principales operadores mundiales (British Telecom, Deutsche Telekom, Orange, Telefónica y Vodafone) con tres actividades principales: equipamiento para operadores de telefonía, redes telefónicas de empresas y, desde 2009, venta de teléfonos móviles y tabletas a consumidores finales, en competencia frontal con los líderes Apple y Samsung.

Huawei tardó menos de 10 años a partir de su fundación en 1987 en diversificar su modelo de negocio, primero en el mercado chino y luego en el internacional. Por ejemplo, en 2018, la facturación de Huawei superaba los 92,2 mil millones de euros, de los cuales el 48,4% provenían a nivel internacional y en particular Europa-Oriente Medio-África (28,4%), Asia-Pacífico (11,4%) y América (6,6%). 

Al respecto ha sido clave la visión pragmática del fundador Ren Zhengfei, una visión centrada en las necesidades del mercado, el papel de la innovación y la competencia internacional. Ren, que tenía 43 años en 1987, atravesó importantes transformaciones políticas, económicas y sociales en China antes y después de la apertura del país, y también participó en el espectacular desarrollo de Shenzhen. Con formación en la Universidad de Chongqing, Ren Zhengfei pasó a formar parte del Instituto de Investigaciones Militares, destacándose en su campo, la tecnología, dentro del ejército de dónde tuvo que salir por la reducción de efectivos emprendida en 1982. Ren Zhengfei tiene tres hijos: Meng Wanzhou, un hijo llamado Meng Ping que también trabaja en Huawei, y Yao Ling, la menor, de 23 años, que estudia ciencias informáticas en Harvard.

Shenzhen es a día de hoy, 40 años más tarde, uno de los símbolos más destacados de la política de reforma, apertura al exterior y transición a una economía de mercado de Deng Xiaoping. Es un centro de innovación muy poderoso, tanto para empresas chinas como extranjeras y centros de investigación universitarios, con un mercado financiero muy activo y presencia de inversores de capital riesgo. La capacidad de acumular recursos y conocimientos allí, además de atraer talento, es uno de los elementos que han contribuido al auge de Huawei y ZTE, uno de los principales competidores chinos de Huawei y además una de sus competencias e nivel internacional.

La expansión de Huawei

Hasta 1997 el principal objetivo de la compañía estaba en focalizarse en las necesidades que presentaba el mercado interno chino, centrándose en operadores telefónicos locales, con la finalidad de recuperar una participación de mercado en manos de empresas extranjeras. Podemos decir que, entre las primeras víctimas de Huawei estuvo Alcatel, que desde 1983 había invertido fuertemente en China, donde recordemos que el pacto de transferencia de transferencia fijado en 1978 propició precisamente la muerte de colosos como Alcatel primeramente en China, y después en los mercados globales.

Para 1997 Huawei empieza la exportación tanto a Hong Kong como a Tailandia. En este sentido, el traslado de Shenzhen a Hong Kong es el elemento simbólico que marca con claridad un cambio de posición desde que empezase la compañía una década atrás: ahora ya es Huawei quien tiene el papel de exportador. Este elemento marca la piedra angular de lo que podríamos llamar la segunda década de Huawei (1997-2007), que fijará la internacionalización de la compañía en una doble dirección, orientando sus esfuerzos así como hacia países emergentes como hacia países ricos: Europa, Norteamérica, Japón, Australia y Nueva Zelanda. Huawei tenía la fortaleza, y la inteligencia estratégica de no dar prioridad al dominio del mercado interno sobre la conquista de los mercados internacionales, más bien al contrario, pues se mostró con igual celo en la conquista de los mercados internacionales, también los más difíciles y los más lejanos desde cualquier parangón.

Aunque más abajo hablaré de las fortalezas políticas y estratégicas en este plano que permitieron ya no sólo a Huawei, también a una pléyade de compañías de los sectores más estratégicos globales, sí que hay que señalar un aspecto fundamental, y es el papel determinante de las inversiones masivas en innovación para alcanzar y luego superar a los competidores internacionales con cada nueva generación de tecnología de la comunicación. Sólo de esta manera en un tiempo menor a una década Huawei pasó de la etapa de imitador tecnológico preciso a la etapa de líder tecnológico demostrando una capacidad de absorción de conocimiento tecnológico internacional fuera de toda duda. A medida que se desarrolla su capacidad de venta de sus productos y servicios lo hace en la misma proporción la creación de centros de investigación y desarrollo (I + D) en China y en todo el mundo, en particular en Europa, Rusia e India, un país doblemente atractivo para Huawei: pues resulta ser el más gran mercado emergente después de China, con una capacidad demográfica capaz de consolidarlo muy por delante de China en las décadas venideras, pero también resulta en una ubicación perfecta en términos de recursos humanos para el desarrollo de tecnologías, aspecto este del que hablaré más abajo, pero baste avanzar que desde 1998 Huawei ha podido explotar los recursos humanos indios en lo que a Software y el campo de las TIC se refiere, contratando a cientos de ingenieros y especialistas en el mercado indio de Shenzhen; algo que también hace Estados Unidos. De hecho, Bangalore resulta ser su centro de I + D más grande del mundo fuera de China, ha crecido de 500 personas en 2008 a 4.000 en 2019, y está desarrollando Software y servicio al cliente en India y en todo el mundo.

De hecho, el campo de la investigación y la innovación es el secreto de la ventaja competitiva de Huawei, ya que más de 80.000 personas trabajan en ello, además de presentar una política de un marcado carácter sistemático en lo que a presentación de patentes para proteger sus innovaciones se refiere, ya sea en China como en el extranjero. En Europa, Huawei tiene centros de I + D en Alemania, Gran Bretaña, Finlandia, Suecia, Bélgica, Francia e Italia. Pero la fuerza de trabajo de estos centros europeos de I + D está muy por debajo de las cifras que presentan los equipos de I + D de Shenzhen. De ello se desprende que entre sus principales funciones están las de comprender plenamente las necesidades de los clientes locales, el entorno regulatorio y competitivo local, además de adaptarse de esta manera al país en lo que a desarrollos llevados a cabo principalmente en Shenzhen se refiere y, por último, ofrecer servicio a los clientes locales.

Huawei en los mercados globales y su búsqueda de talento

Huawei no ha seguido el proceso habitual de internacionalización que concede una mayor atención y privilegios en los esfuerzos de la compañía a los países objetivo cercanos al mercado nacional en términos de nivel de desarrollo, cultura, sistema político, económico y social. Huawei utilizó parte de los recursos generados en el mercado chino para enfocar sus esfuerzos en los mercados externos, construir de esta manera una fuerte presencia comercial, pero también una organización muy estructurada y flexible para adaptarse a las circunstancias sobre el terreno. Los éxitos iniciales estuvieron inicialmente ligados a la ventaja de costes de Huawei, que ofrecía un muy buen servicio a un precio inferior al de los históricos campeones europeos. Pero hay más que eso: un vínculo notable entre el centro de Shenzhen y sus departamentos especializados de marketing, finanzas, fabricación,

Ya en 1995, Ren anticipó la internacionalización y el desarrollo de equipos de gestión internacionales. La estrategia internacional no se concibe separadamente de la estrategia nacional y las dos estrategias van de la mano. La política de recursos humanos está diseñada para atraer a los mejores talentos y motivarlos en sus funciones, forjando así la imagen de una empresa muy innovadora tanto en tecnología como en recursos humanos. Los jóvenes ingenieros proceden de las mejores universidades chinas con puestos de trabajo muy atractivos en cuanto a función, remuneración, responsabilidades, perspectivas de carrera y misiones en el extranjero, una alternativa muy seria a un trabajo en una multinacional extranjera o conjunta. aventurarse en China, a veces menos prometedora.

El otro objetivo de Huawei es pasar de una empresa internacional a una empresa global y tener una fuerte presencia en términos de personal en los mercados extranjeros. Huawei ha estado contratando desde finales de la década de 2000 tanto a ejecutivos como a ingenieros en el extranjero, dando prioridad a la localización, pero también a extranjeros en Shenzhen, un fenómeno nuevo. Este paso clave en la cultura de Huawei es una prueba de su deseo de apertura y su necesidad de evolucionar con habilidades multiculturales.

Los hechos que abrieron formalmente las hostilidades con Huawei

Meng Wanzhou (1972), hija de Ren Zhengfei, también conocida como Sabrina Meng, que no Ren, pues tomó el apellido materno, Meng Jun, al divorciarse sus padres cuando ella contaba con 16 años, se la detuvo en Canadá a petición de Estados Unidos, en concreto de un juzgado de Nueva York que emitió una orden de extradición contra la señora Meng, con el conocimiento, según John Bolton, entonces Asesor de Seguridad Nacional, de la Administración Trump. Según un portavoz del Departamento de Justicia de Canadá, Meng Wanzhou fue detenida el sábado 1 de diciembre de 2018 en el aeropuerto de Vancouver mientras realizaba una escala de Hong Kong a México, fecha en la que Donald Trump y Xi Jinping estaban cenando juntos durante la celebración de la cumbre del G-20 en Buenos Aires para, supuestamente, rebajar la tensión de la guerra comercial entre ambas superpotencias.

Meng Wanzhou finalizó sus estudios universitarios en 1992, pasando a trabajar para el Banco de la Construcción de China, para unirse posteriormente a Huawei, ejerciendo puestos como secretaria, contable o telefonista. Tras cursar el Máster en Ciencia y Tecnología de la Universidad de Huazhong en 1997 se volvió a incorporar al departamento de contabilidad de Huawei, ascendiendo en 2018 a una de las cuatro vicepresidencias de la compañía que controla un consejo de administración con presidentes rotatorios.

Según parece, y así informaban varios medios, Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei, tenía orden de detención de Estados Unidos por haber intentado violar el embargo impuesto por las sanciones contra Irán, sobre lo que la multinacional china se manifiesta negándolo en forma de comunicado, donde afirmaban: «Huawei cumple con todas las leyes y normas aplicables allá donde opera, incluyendo el control sobre las exportaciones y las sanciones de la ONU, EE.UU. y la UE  (…) Recientemente, nuestra directora financiera, Meng Wanzhou, fue detenida provisionalmente por las autoridades canadienses en nombre de EE.UU., que busca su extradición para enfrentarse a cargos sin especificar en el Distrito Este de Nueva York». Al respecto Meng Wanzhou, que está casada y tiene dos hijos, uno de ellos estudia en Estados Unidos, no había vuelto a entrar en el país norteamericano desde marzo de 2017. No obstante, Huawei viene presentando investigaciones públicas en Estados Unidos desde 2012.

Ya el 25 abril de 2018 The Wall Street Journal publicaba que el Departamento de Justicia estaba investigando a la multinacional china bajo sospecha de haber violado las sanciones impuestas por Estados Unidos contra Irán. Estos hechos habrían sucedido hace una década, cuando usando a la compañía Skycom, los norteamericanos sostienen que Meng Wanzhou intentó vender material de Hewlett Packard por valor de un millón de euros a la principal operadora telefónica iraní aprovechando su cargo en la junta directiva de Skycom entre los años 2008 y 2009. En el mes de agosto de 2018, un juzgado de Nueva York solicitó la detención de Meng Wanzhou acusada de mentir a las autoridades de Estados Unidos sobre la naturaleza de la relación entre Huawei y Skycom, además de exponer a sanciones a bancos que empleó para ello, entre los que se encuentra el británico vinculado a China, HSBC.

Lo relevante, según se reconoce en la propia documentación judicial es que TAL TRANSACCIÓN NO SE PRODUJO EN NINGÚN MOMENTO. Por tales motivos, la Embajada china en Ottawa emitió el siguiente comunicado: «A petición de EE.UU., Canadá ha arrestado a una ciudadana china que no ha violado ninguna ley americana ni canadiense. China se opone firmemente y protesta con fuerza contra este tipo de acciones que dañan gravemente los derechos humanos de la víctima«. Por cada cargo de la que se acusa a Meng Wanzhou supondría una pena máxima de prisión de hasta 30 años.

La fiscalía norteamericana disponía de un plazo de 60 días para ofrecer a la Corte Suprema de Columbia Británica en Canadá las pruebas de las que supuestamente dispone sobre los supuestos delitos y en base a la validez que el tribunal otorgue a tales hechos y pruebas concederá o rechazará la petición de extradición. La audiencia comenzó el viernes 7 de diciembre de 2018, y por más de seis horas de audiencia la justicia aún no ha tomado una decisión, con lo que la comparecencia continuó a partir del lunes 10 de diciembre de 2018.

Desde el Capitolio se han venido pidiendo sanciones, y no se ha dudado en acusar a Huawei de espionaje industrial y de servir los intereses del Gobierno y Ejército de China, caso del senador demócrata por Virginia Mark Warner, quien afirmaba en diciembre de 2018 que «hace tiempo que está claro que las empresas chinas Huawei y ZTE son una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.» En el mismo sentido se pronunciaba el entonces Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, afirmando que las compañías chinas están robando tecnología de Estados Unidos y de sus empresas de referencia en sectores estratégicos. Otro senador, en este caso del partido republicano por Arkansas, Tom Cotton, afirmaba en Twitter que: «La detención de una ejecutiva de Huawei debería ser el primero de muchos pasos del mundo libre contra Huawei; un brazo del Partido Comunista de China«.

La pugna previa

De hecho, para comprender la cuestión haríamos bien en remontarnos, por lo menos, hasta 2009, momento desde el cual se vive una conflicto cibernético entre la NSA y Huawei, ya que se percibían indicios que llamaron la atención de los norteamericanos. Así, según Brian Shields, ex asesor senior de seguridad de redes de la compañía de telecomunicaciones canadiense Nortel, la compañía había sido víctima de un espionaje industrial a gran escala por parte del emergente gigante chino de telecomunicaciones Huawei, que con el tiempo había acabado con la ventaja competitiva de Nortel (aunque Shields se vio obligado a admitir que no tenía evidencia directa de la culpabilidad de Huawei), de acuerdo con esta noticia de la CBC News, del 11 de octubre de 2012.

Esta noticia de 2012 se encuadra en la influencia de los servicios de inteligencia estadounidenses en los medios informativos, pues China y Estados Unidos sospechan ya entonces de forma mutua que ambos cometen importantes ciberataques contra sus redes nacionales. En realidad, muchos de estos ataques pueden provenir de piratas informáticos de terceros países que hacen uso de las direcciones IP para China y Estados Unidos con la finalidad de cometer más ataques. Ante tales ataques de terceros, ambas partes emiten juicios que podrían comprometer los intereses de la otra debido a la falta de confianza mutua y mecanismos de comunicación. Parece que las preocupaciones de Estados Unidos sobre la amenaza de China a la ciberseguridad estadounidense están en su punto más alto hasta el momento, pues un informe de 2011 de la Oficina del Ejecutivo Nacional de Contrainteligencia declaró que China es el perpetrador «más activo y persistente» de ataques cibernéticos contra Estados Unidos. En su informe «Estrategia para operar en el ciberespacio», el Departamento de Defensa de Estados Unidos también nombró a China como fuente de las amenazas a la seguridad de las redes, aunque sin detallar evidencia específica.Este tipo de desconfianza en el campo de la ciberseguridad se ha extendido incluso al comercio internacional.

En 2008, Huawei intentó comprar la empresa estadounidense de telecomunicaciones 3Com, pero desistió debido a las preocupaciones de «seguridad nacional» alegadas por parte del gobierno estadounidense. En agosto de 2010, ocho senadores estadounidenses, todos ellos republicanos, escribieron al presidente Barack Obama pidiéndole que investigara la venta de equipos de Huawei a un operador de telecomunicaciones estadounidense, Sprint Nextel, para evaluar una posible amenaza a la seguridad nacional. Ese mismo año, Huawei volvió a intentar comprar algunas empresas de telecomunicaciones estadounidenses como 3Com y el departamento de equipos de red de Motorola, entonces avanzado en la investigación del 5G, pero se vio obstaculizado por preocupaciones de seguridad similares, tal y como recogía la prensa china.

En julio de 2010, Motorola presentó una demanda enmendada que nombraba a Huawei como coacusado en su caso contra Lemko por presunto robo de secretos comerciales, tal y como recogían Reuters y The Wall Street Journal.

El 8 de octubre de 2012, el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes de EE. UU. Huawei y ZTE por sus supuestos vínculos con el ejército chino, que, según ellos, podrían haber amenazado la seguridad nacional de Estados Unidos.

A su vez, China nombra a Estados Unidos como fuente de su ciberseguridad debido a los ciberataques que se originan en Estados Unidos, tal y como se recoge en el trigésimo informe estadístico sobre el desarrollo de Internet en China. También en ese momento China se siente insegura sobre el dominio de Estados Unidos en el campo de la infraestructura de red global y su influencia en la ciencia y tecnología de redes. Por ejemplo, Internet depende de trece servidores raíz, la mayoría de los cuales son administrados por entidades en Estados Unidos. Y hay que sumar la revelación de Edward Snowden sobre el ciberespionaje de la NSA y el FBI en China, que es una preocupación muy seria. El gobierno de China también está seriamente preocupado por la influencia de empresas como Microsoft y Oracle y está considerando restringir su uso para aplicaciones gubernamentales.

Según documentos proporcionados por Snowden y ampliamente divulgados en la prensa, Estados Unidos estaba pirateando activamente las empresas de telecomunicaciones chinas, propietaria de la red de cable submarino de fibra óptica más extensa de China, y la Universidad de Beijing, hasta el punto de que Newsweek reflexionaba el 1 de noviembre de 2013 sobre la forma en que sus revelaciones contribuyeron a escalar la ciberguerra con China.

Cabe señalar que un objetivo muy señalado para los estadounidenses, según documentos revisados por The New York Times, era el gigante de las telecomunicaciones Huawei. La NSA instaló puertas traseras en las redes operadas por Huawei, que supuestamente sirven a un tercio de la población mundial, no solo para recopilar información de los chinos, sino para vigilar a los usuarios en otros países que utilizan las redes de Huawei y para realizar operaciones cibernéticas ofensivas.

En palabras de Jack Goldsmith, ex fiscal general adjunto y fiscal especial del Departamento de Defensa durante la administración de George W. Bush, “las revelaciones de Huawei son refutaciones devastadoras a las quejas hipócritas de Estados Unidos sobre la penetración china en las redes estadounidenses, y también hace que las protestas del gobierno de Estados Unidos sobre no robar propiedad intelectual para ayudar a que la competitividad de las empresas estadounidenses parezca tan egoísta como es».

También resulta bastante evidente que los funcionarios chinos (y no sólo ellos) no siempre ven la clara división que Estados Unidos afirma que existe entre la seguridad nacional y el espionaje industrial. Peter Singer, de Brookings Institution, concluye que «para los chinos, obtener ventajas económicas es parte de la seguridad nacional«. Además, la campaña estadounidense contra Huawei no solo prohíbe a la empresa operar en Estados Unidos, sino que al presionar comprar equipos de Huawei y presionar a otros países para que excluyan a la empresa de los mercados extranjeros tiene claros efectos competitivos y económicos, esté o no motivado por preocupaciones de seguridad nacional.

Por si fuera poco, Edward Snowden ha alegado que la NSA intervino las comunicaciones chinas a través de la columna vertebral de una universidad civil y penetró a fondo la sede del conglomerado de telecomunicaciones Huawei, como se puede repasar aquí y aquí.

De modo que lo sucedido es fruto de una suerte de «guerra fría cibernética», jugada años antes de las sanciones, entre China y Estados Unidos, y que ahora adquiere una dimensión cada vez más determinante. Realmente, Donald Trump no ha declarado ninguna guerra, como es normal en el equilibrio de poderes propio del sistema federal norteamericano, simplemente la ha continuado. Como el mismo presidente Trump escribía manifestando su punto de vista, «No estamos en una guerra comercial con China, esa guerra se perdió hace muchos años«, más bien estamos ante una fase distinta.

La guerra comercial es en verdad tecnológica

Ya durante el verano de 2018, la empresa tecnológica china ZTE casi se ve obligada a cerrar cuando el Departamento de Comercio prohibió a las compañías estadounidenses venderle microchips y otros componentes con el mismo pretexto aproximadamente que con Huawei: haberse saltado las sanciones contra Irán y Corea del Norte, iniciándose realmente aquí la «guerra comercial» con los aranceles multimillonarios entre superpotencias. Fue el presidente Trump quien al final usó su prerrogativa y levantó el veto ante las advertencias de China.

Lo cierto es que Huawei ya era en ese momento el mayor fabricante de material para telecomunicaciones del mundo y aspiraba a liderar la implantación de la tecnología móvil 5G en todo el mundo. Más aún, Huawei se ha convertido en una de las compañías de telecomunicaciones más grandes del mundo y se ha establecido como un fabricante líder de teléfonos inteligentes, que incluso a comienzos del 2018, estuvo a un paso de anunciar una alianza con AT&T para distribuir teléfonos inteligentes en Estados Unidos, pero abruptamente se canceló el potencial acuerdo.

De hecho, Estados Unidos movió los engranajes en su propio país más allá de frustrar la alianza entre AT&T y Huawei, llegando a legislar: una ley federal aprobada a finales de 2018 prohíbe al Ejército y al gobierno utilizar equipos o servicios tanto de Huawei como de ZTE alegando razones de seguridad; a lo que se sumaba que organismos de Estados Unidos preparaban una ofensiva legal que impediría de facto a Huawei desarrollar redes de 5G en el territorio norteamericano. Un informe indicó precisamente este año 2018 que las compañías chinas han insertado «chips espías» en artículos tecnológicos de Estados Unidos garantizando con ello las opciones de captación de inteligencia de China; por cierto, las empresas norteamericanas afectadas y mencionadas en dicho informe negaron rotundamente lo indicado en dicho documento.

Pero no hay ofensiva que no cuente con el asesoramiento y predicción definitiva de un experto. En efecto, James Lewis, experto en tecnologías afirmaba categóricamente: «Huawei actúa como un brazo de la inteligencia china. Es apoyada por el gobierno chino por razones de inteligencia», algo que por ejemplo, Estados Unidos también ha hecho. Pero a renglón seguido, el especialista en tecnología James Lewis vaticinó que China saldrá perjudicada porque su sistema 5G depende de chips y de tecnologías de compañías del Silicon Valley, con lo que no podrán desarrollar tecnología 5G sin Intel y otros fabricantes estadounidenses de chips. Será el propio The New York Times, el 25 de noviembre de este año el que refuta estos argumentos con otros más sólidos: «Occidente, particularmente se refiere con ello a Estados Unidos, estaba seguro de que el enfoque chino no funcionaría. De que sólo tenía que esperar.‎ Y todavía está esperando. China está proyectando una gran red global de ‎comercio, inversiones e infraestructuras que van a reconfigurar los vínculos financieros y ‎geopolíticos.»

Eso es lo que está sucediendo principalmente, por ejemplo a lo largo de la Nueva Ruta de ‎la Seda que China está implementando a través de 70 países de Asia, Europa y África. ‎

En el artículo enlazado anteriormente de The New York Times se analizan 600 proyectos realizados por China en 112 países (41 oleoductos y ‎gasoductos; 199 centrales de generación eléctrica, ante todo hidroeléctricas, entre ellas ‎‎7 presas en Camboya, que garantizan el 50% de la electricidad que necesita dicho país; 203 ‎puentes, carreteras y vías férreas; y varios grandes puertos en Pakistán, Sri Lanka, Malasia, entre otros países.

La estadounidense Apple se ha visto relegada al tercer lugar superada ‎en ventas por Huawei (que pertenece a sus más de 180.000 trabajadores, quienes ‎son a la vez accionistas), que se ha situado en segundo lugar en ventas, detrás de la ‎surcoreana Samsung, líder mundial del sector y dando otro motivo más de preocupación para Estados Unidos. Pero, además de las razones comerciales, hay también razones de orden estratégico. Bajo la ‎presión del Pentágono y de las agencias de inteligencia, Estados Unidos ha prohibido los ‎teléfonos inteligentes y los equipos de telecomunicaciones de la empresa china Huawei, afirmando que ‎pueden ser utilizados para espiar a los usuarios, y presionó a sus aliados para que también ‎los prohibieran. ‎Efectivamente, el avance de Huawei no ha sido hasta el momento frenado por la vía que esperaba James Lewis.

Washington ve todo eso como «una agresión a nuestros intereses vitales», como subraya el ‎Pentágono en la Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos de América 2018. ‎El Pentágono define a China como un «competidor estratégico que utiliza una economía ‎depredadora para intimidar a sus vecinos». ‎El Pentágono acusa a China de «querer imponer a corto plazo su hegemonía en la región indo-‎pacífica y de querer tomar desprevenido a Estados Unidos para apoderarse en el futuro del predominio global», lo cual estaría haciendo en complicidad con Rusia, acusada a su vez de ‎querer «destruir la OTAN» y «subvertir los procesos democráticos en Crimea y en el este de ‎Ucrania». La «competición estratégica a largo plazo con China y Rusia» es vista por el Pentágono como una ‎‎«prioridad principal». Por eso, el Pentágono «modernizará sus fuerzas nucleares y fortalecerá la ‎alianza transatlántica de la OTAN». ‎

De modo que la expansión, de diferentes formas de la OTAN en el continente Americano y en las propuestas que hay para hacerlo de facto en la región del Indo-Pacífico, sin descuidar la región MENA, son una evidencia. Así como, tal y como se señalaba en este documento, fortalecer «la alianza (pero también el vínculo, me permito añadir) transatlántica», evidentemente, más allá de la misma OTAN.

En mayo de 2019, Donald Trump anunció la prohibición de que Huawei vendiera equipos de red en los Estados Unidos y luego la prohibición de que los grupos estadounidenses comerciaran con HuaweiGoogle, en particular, ha suspendido las relaciones con Huawei, que utiliza su sistema Android.

A ello hay que sumar la votación por parte del Congreso estadounidense de una ley que prohíbe el uso por las distintas administraciones estadounidenses de equipos de los dos líderes chinos de telecomunicaciones, Huawei y ZTE, así como de otras firmas chinas de alta tecnología. El texto se presentó en el Senado de los Estados Unidos el 15/07/2019: “Defender la futura ley 5G de Estados Unidos”, Proyecto de ley S.2118, presentada por el senador de Arkansas del partido republicano, el senador Tom Cotton, anteriormente mencionado.

También en mayo de 2019 se incluía a Huawei a la lista de empresas con las que está prohibido hacer negocios, con lo que una serie de empresas estadounidenses, tales como Intel, Qualcomm o Broadcom, declararon que habían dejado de prestar sus servicios a Huawei. Aunque se han alegado motivos tales como la introducción de puertas traseras o back doors, para recuperar información y datos a través de diversos dispositivos, lo cierto es que la amenaza de ciberespionaje no es la única explicación de las tensiones. No olvidemos que un fabricante de equipos que ocupe una posición dominante en una red también tiene la capacidad de intervenir en esta última para posiblemente interrumpirla en un momento dado y perjudicar su estabilidad. Es por este motivo por el que, mientras los operadores están en el proceso de elegir entre los distintos fabricantes de equipos para el despliegue de su red 5G, este tema está en el meollo de las tensiones internacionales y geopolíticas.

Dado el liderazgo ejercido por Huawei, y mientras Ericsson y Nokia tratan de recortar distancias por Europa, mientras que en Asia, Corea del Sur sí que cuenta con una posición avanzada, resulta pues algo complicado prescindir de Huawei si lo que se quiere es marcar una agenda que permita actuar con cierta celeridad en el despliegue del 5G. Hace un par de años, en enero de 2019, Deutsche Telekom estimaba en un retraso de un par de años el despliegue de la tecnología en caso de bloquearse la implantación del 5G.

El argumento último por parte de Estados Unidos es que proponen que la legislación china, ante la ausencia de pruebas irrefutables de espionaje, obliga a las empresas chinas a colaborar con las autoridades, y de una manera más general se habla de la ausencia de un verdadero Estado de derecho en China, con lo que la redacción de la legislación china parece sugerir que la policía puede tener acceso a determinados datos. El objetivo realmente por parte de Estados Unidos es lastrar el desarrollo de China y la cooperación estratégica en determinados puntos entre China y la UE, cosa que no ha podido evitar Estados Unidos, así que ahora tratará de hacerlo descarrilar, a través de la estrategia Trimarium, provocando un cambio de gobierno en Italia afín a sus intereses, y por ende, presidido por Salvini o Meloni, o que Alemania vea al CDU demasiado influido por AfD, o incluso que AfD entre en el gobierno y se posicionen en ese momento, realmente, en posiciones favorables a Estados Unidos. Son, entre varios escenarios, elementos que podrían favorecer a Estados Unidos y detener la cooperación entre China y la Unión Europea.

Las sanciones contra Huawei llegaron en un momento y dentro de un contexto que cabe enmarcar en el conflicto comercial entre China y Estados Unidos, relacionado por consiguiente con el desequilibrio comercial, la rivalidad política y militar creciente, incluida la guerra robótica, y con la definición de la doctrina, a la que dedicaremos un monográfico especial, definida durante la Administración Trump, de la región del Indo-Pacífico. Quien actualmente va en cabeza de la tecnología 5G y avanza hacia la 6G, con el presidente Xi Jinping aprovechando un satélite 6G para felicitar a Joe Biden, y de paso, para mostrar al mundo su hegemonía indiscutible con dicha tecnología.

En abril de 2019 Huawei creó una nueva división de investigación básica llamada Instituto de Investigación Estratégica, cuyo presidente de este instituto y director de la junta directiva de Huawei es Xu Wenwei, el cual ha defendido que la compañía empezaría una nueva era llamada «Innovación 2.0».

Así como la Innovación 1.0 se centró en crear buenos productos de consumo, la 2.0 buscará avances de investigación básica en tecnologías de la información y comunicación. Como parte de este enfoque, el gigante invertirá 265 millones de euros anuales en laboratorios universitarios en todo el mundo durante los próximos cinco a 10 años. Estas inversiones se centrarán en áreas como la computación óptica, mejores algoritmos y bases de datos más eficientes. Al final, esos avances se implementarían en los productos de Huawei, lo que podría convertir sus teléfonos inteligentes en dispositivos inteligentes para monitorizar y procesar datos biométricos de salud. La estrategia también le ayudará a fortalecer lazos con otras regiones del mundo y reducir su dependencia frente a Estados Unidos.

Casi la mitad de los ingresos de Huawei proviene de fuera de China; de los cuales cerca del 60 % corresponden a Europa, donde muchos países están estrechamente aliados con Estados Unidos, y éste ha tratado de favorecer a Ericsson y Nokia, al menos un tiempo, para desplazar a Huawei. Al inyectar más dinero en los laboratorios de investigación universitarios en el extranjero, la compañía espera reforzar su reputación internacional y contrarrestar cualquier impacto financiero negativo a largo plazo mientras acelera su alejamiento de las tecnologías estadounidenses.

El nuevo modelo de inversión de Huawei también parece estar diseñado para recuperar a amigos y aliados en investigación frente a la presión estadounidense. La compañía no solicitará retornos ni la propiedad intelectual de los laboratorios que acepten su financiación, según Xu, una propuesta inusual y atractiva. La compañía espera que el dinero ayude a los científicos a realizar investigación básica y publicar estudios para compartir conocimientos con el resto de la industria. El retorno para Huawei vendría en que al publicar los trabajos Huawei percibirá la dirección más avanzado en el sector y entonces aplicará innovaciones en ingeniería para trasladar el valor de tales conocimientos en productos.

¿Cual es la respuesta de Estados Unidos para liderar las redes inalámbricas del 5G/6G en adelante?

La idea es aplicar la Inteligencia Artificial y las cadenas de bloques o blockchain para lograr un 5G más eficiente y potente, o esa es la idea de la comisionada de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos o FCC, por sus siglas en inglés, Jessica Rosenworcel, como se recoge en documento del mismo FCC.

En la conferencia Business of Blockchain, organizada por la Iniciativa de Dinero Digital del MIT Media Lab y MIT Technology Review, Rosenworcel aseguró que la IA y blockchain permitirían que los dispositivos inalámbricos usen las diferentes frecuencias del espectro inalámbrico de manera más dinámica y flexible, lo que posibilitaría que miles de millones de dispositivos se conectaran a la vez a las redes 5G.

La responsable afirmó que el aprendizaje automático ayudará a que los dispositivos inalámbricos y las redes compartan y negocien el espectro, mientras que los registros criptográficos protegidos y distribuidos ayudarán a controlar quién tiene acceso a qué. Actualmente, el espectro inalámbrico se divide para diferentes usos con el fin de evitar las interferencias, pero no es algo muy eficiente.

Con una mayor capacidad de red, el 5G también debería permitir que muchos más dispositivos se conecten a internet, desde los dispositivos portátiles hasta lavadoras.

Rosenworcel destacó que será necesario diseñar mejores formas de asignar el espectro: «Si pensamos en el internet de las cosas, con 50.000 millones de dispositivos, y en el acceso inalámbrico para todos ellos, deberíamos encontrar un mercado en tiempo real para el espectro inalámbrico«.

La comisionada señaló una competición organizada por DARPA para idear nuevas formas de negociar el espectro mediante IA. Afirmó que la FCC recientemente había comenzado a investigar si la tecnología de cadena de bloques también podría ayudar. «Si se incorpora a una cadena de bloques pública, tendríamos un registro público de demanda y podríamos diseñar sistemas de manera diferente», aseguró Rosenworcel.

No obstante, la docente de ingeniería eléctrica en el MIT Muriel Médard cree que hace falta algo más que nuevas formas de gestionar el espectro con IA o blockchain. Opina que se requieren esquemas de «codificación», que determinen cómo se envían los paquetes de datos. «El otro trabajo es fundamentalmente valioso, pero también hace falta más tecnología», concluye. Para ampliar, ver esta publicación.

De todas maneras surge la siguiente cuestión, en caso de que sea así, ¿acaso China no cuenta con una excelente Inteligencia Artificial y con una posición más que sólida en blockchain? De hecho, China tiene la hegemonía en Inteligencia Artificial.

Al respecto, Estados Unidos quiere competir y tomar la delantera a China, y para ello a principios de marzo de 2019, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) presentó una serie de proyectos que darán forma a un nuevo plan a cinco años, dotado con un presupuesto de unos 1.800 millones de euros y que recibe el nombre de AI Next. El objetivo de dicho plan es fomentar la próxima ola de ideas innovadoras para los nuevos avances en la Inteligencia Artificial. Dichos proyectos incluyen los trabajos que intentan dar sentido común a las máquinas con la finalidad de que puedan aprender más rápido con menos datos, además de iniciativas para crear chips autorreconfigurables que permitan descubrir algunas nuevas capacidades de IA.

El asistente adjunto de Política Tecnológica de la presidencia de EE.UU., Michael Kratsios, aseguraba que estos esfuerzos representan una parte clave del plan del Gobierno para mantenerse en la vanguardia de la IA. «Esta administración apoya el compromiso de DARPA y comparte su gran interés en desarrollar y aplicar la inteligencia artificial». Además, el anterior presidente, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva también a principios de 2019  para lanzar la estrategia de IA de su Gobierno, denominada Iniciativa Estadounidense sobre la IA, que se puede consultar en este enlace. Kratsios, quien también era subdirector de Tecnología del Gobierno, fue el impulsor de la estrategia de la Casa Blanca en torno a la IA. La Iniciativa pide más fondos para poner los datos y los recursos informáticos a disposición de los investigadores de IA. El responsable detalla: «DARPA tiene una larga trayectoria de primeras inversiones en investigación base con increíbles beneficios.  [DARPA] está desarrollando la investigación en inteligencia artificial sobre la base de este éxito».

Desde su inicio en 1957, el historial de éxitos de DARPA puede describirse como desigual, ya que muchos de sus proyectos no han generado avances significativos. Pero al mismo tiempo, en la década de 1960, desarrolló una tecnología de redes que daría lugar al internet que conocemos ahora. Más recientemente, financió un proyecto de asistente personal que acabó en Siri, el ayudante de inteligencia artificial adquirido por Apple en 2011.

Varios de los algoritmos que ahora se consideran  IA fueron desarrollados hace muchos años, lo que los hace bastante limitados. El subdirector de la Oficina de Innovación de la Información de DARPA, John Everett, comenta: «Ahora estamos cosechando los frutos de una semilla que se plantó hace décadas. Los retos que tenemos por delante son a largo plazo, son desafíos que podrían no dar frutos hasta dentro de una década«.

A través de su programa AI Next, DARPA ha lanzado nueve grandes proyectos de investigación destinados a abordar esas limitaciones. Las iniciativas incluyen un gran esfuerzo para enseñar sentido común a los programas de inteligencia artificial, una debilidad que suele provocar fallos en los sistemas actuales. Si la IA consigue una comprensión más amplia del mundo, podría lograr que la conversación con los asistentes personales sea más útil y fácil, y ayudar a los robots a navegar por entornos desconocidos.

Otro de los proyectos aspira a desarrollar programas de inteligencia artificial que requieran con menos datos de entrenamiento, que son el elemento crucial del aprendizaje automático. Los algoritmos capaces de aprender más pueden adelantarse a la competencia, por lo que un sistema con esta habilidad podría anular la ventaja clave  de las empresas tecnológicas que operan en China y que poseen gracias a su acceso a una gran cantidad de datos. Otros proyectos financiados se centran en el diseño de chips de IA más eficientes; en las formas de explicar la toma de decisiones de las herramientas opacas de aprendizaje automático (el famoso problema de la caja negra); y hacer que los programas de inteligencia artificial sean más seguros.

Hasta cierto punto, la iniciativa AI Next muestra lo difícil que resulta medir el progreso y la destreza de la IA. Los esfuerzos de China han tenido grandes resultados, y su Gobierno ha lanzado un ambicioso plan para «dominar» cada aspecto de la tecnologíaOtros países también han anunciado planes en torno a la inteligencia artificial en los que están invirtiendo miles de millones. Pero Estados Unidos todavía ha destinado más fondos que cualquier otra nación  en investigación y desarrollo tecnológico.

Pero, aunque la inversión total importa, solo es una parte de la ecuación. El apoyo a largo plazo a las investigaciones emergentes es el que influye finalmente en el campo tecnológico, aunque los resultados no resulten evidentes al principio. Para todo lo relacionado con IA Next y la forma en que Estados Unidos quiere recortarle la ventaja a China en la Inteligencia Artificial, repasar este texto, del que he citado partes.

Lo que los Cinco Ojos no ven: Huawei y su sistema de encriptación

Pero uno de los factores de mayor peso proviene de las grandes dificultades que enfrenta la NSA para poder vulnerar el sistema de encriptación de Huawei. Hasta el punto que fuera de los países que Washington domina y amedrenta, los gobiernos y servicios secretos han empezado a equiparse con material de telecomunicaciones de la firma china, pues garantizan un alto grado de confidencialidad en sus comunicaciones. ‎

Según informan varias fuentes, entre 2016 y 2018 Huawei eludió las sanciones impuestas a Corea del Norte e Irán, proporcionando a los países equipos de telecomunicaciones que pueden utilizarse para espiar extensamente a poblaciones, las llamadas tecnologías de doble uso.

Los países miembros del sistema de espionaje anglosajón conocido como los “Cinco Ojos” –‎Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Reino Unido–, grandes consumidores de ‎equipos de telecomunicación que utilizan precisamente para espiar las telecomunicaciones ‎mundiales, han comenzado a excluir a Huawei de sus licitaciones. ‎Además, Estados Unidos se muestra totalmente decidido a impedir como sea que sus aliados utilicen la tecnología Huawei para gestionar y proteger sus infraestructuras críticas.

Tampoco se debe olvidar una nueva carrera por los chips de silicio u otros materiales, para lo cual contar con la asistencia de la Inteligencia Artificial creo que se hace muy necesario, además del control de los minerales y compuestos necesarios para producirlos en serie de manera masiva.

¿Hacia el fin de la conectividad global? 

En septiembre de 2018 Eric Schmidt, ex director ejecutivo y presidente de Google (Alphabet), afirmó que en los próximos 10 o 15 años no parecía considerarse la posibilidad de que Internet sea global y que lo más probable es que se divida, en principio en dos: uno que lideraría Estados Unidos y el otro, por China. Sin embargo, bien podrían llegar a ser hasta tres las divisiones, dependiendo de si el polo de poder «Europa» se llega a formar, donde ya se han dado muestras por parte de la Unión Europea con la excusa de la regulación cada vez mayor de las plataformas tecnológicas. Al respecto, no dejan de ser significativos unos elementos que podrían no ser simplemente anecdóticos con el paso del tiempo, pues para sintetizar al final la misma Unión Europea critica la censura del Twitter de presidente Trump, sin resolución judicial de ningún tipo, y teme que siente precedente. En el mismo sentido se manifestó Angela Merkel, entre otros, tal y como reflexiona Euractiv.

Es esencial entender que la regulación exhaustiva de la Unión Europea en algún momento ha de conducir a un tipo concreto de aplicaciones, colosos de Internet, modelo de impacto social concreto y específico para Europa, y lo deseable es que la Unión Europea estableciese un programa ambicioso al respecto. Muy sencillo, ¿saben eso de que si quieres que algo se haga muy bien, lo debes organizar muy bien y ejecutar tú mismo?

Con muy buen criterio, Bruno Maçães reflexionaba en su Twitter lo siguiente:

De lo que ya podemos estar seguros es de estar prácticamente ya en un mundo con dos Internet, ya que en 2010 Google cerró las operaciones en China tras desvelarse que el gobierno chino había pirateado las cuentas de Gmail de disidentes y de estar vigilándolos mediante el motor de búsqueda. Para finales de 2018 Google anunciaba el fin de un proyecto tras una discusión interna. El gigante norteamericano estaba dispuesto para crear un motor de búsqueda al que se llamar «Dragonfly» y que respetaba los requisitos exigidos por el gobierno de la República Popular de China, cuya finalidad era competir para hacerse con un hueco con Baidu, motor de búsqueda chino muy arraigado y con gran respaldo por parte del gobierno chino. Según parece, unos meses más tarde, en marzo de 2019, se informaba que Google seguía trabajando en secreto en Dragonfly, para que en julio del año pasado, la BBC informase de que, efectivamente, Dragonfly quedaba definitivamente cancelado.

El ascenso y el choque: Huawei y su proyección de poder

En general, la fulgurante internacionalización de las empresas chinas es el resultado de dos estrategias políticas conjugadas desde Beijing, que han sido claves a la hora de alcanzar el éxito económico. La primera de ellas parte de la política de apertura, fechada a partir de 1978, que permitía a las empresas extranjeras entrar en el mercado chino, a cambio de transferencias e intercambio de tecnología. A ello se sumaría la política llamada «Go Global», la cual empieza a aplicarse a partir de 1999, y que consiste en el apoyo más que decidido del gobierno chino de sus empresas en el exterior. El objetivo de ambas persigue abrir y conquistar nuevos mercados, asegurar la energía y los recursos naturales que sirvan a la economía del país y adquirir tanto conocimientos como las tecnologías necesarias para competir con los rivales extranjeros, y vencerles. Hoy día los esfuerzos chinos van en la dirección de alcanzar nuevas cotas de calidad y desarrollar capacidades independientes de innovación. Para lograrlo, se han lanzado a conseguir asociaciones, adquisiciones etcétera de empresas de alto valor, por ejemplo, del fragmentado espacio político y económico de la Unión Europea. Se trata de cooptar tecnología, conocimientos, etcétera de empresas como Pirelli en su día, o bien diversas empresas de sectores estratégicos, donde consiguen lo que persiguen a bajo coste, son pequeñas y por ende, baratas, y punteras. Si no se pueden comprar, alcanzar acuerdos como los que alcanzó en su día Huawei con Microsoft en África, como luego hablaré, para luego, echar al rival occidental y copar el sector en la región en disputa, en este caso, Europa.

En el caso de Europa, China persigue tanto la marca, como la red de distribución, pero también la tecnología o los conocimientos diversos y de alto valor que pueda tener la firma que codicien. Las inversiones chinas se dirigieron en particular hacia tres países: Reino Unido, Alemania y Francia, y que ya en 2017 llegaron a alcanzar el 45% de la inversión china en Europa, y todos en sectores muy diferentes, apreciándose un cambio de paradigma, particularmente a partir de 2017, momento del referéndum del Brexit. Si ampliamos el rango, el porcentaje sobre el cómputo total de la inversión china para 2018 era el siguiente, los llamados «Big 3», Reino Unido (24%), Alemania (12%) y Francia (9%); a continuación la siguiente inversión se la reparten los países del Norte de Europa, donde se reparten el 26%, y donde se halla, por cierto, la competencia tecnológica del 5G y 6G de China, caso de la finlandesa Nokia y la sueca Ericsson, en la región en total, donde también cuenta Noruega. Es de esperar que China aumente su peso y presión específica mediante inversiones y otras acciones que le lleve a repetir la operación que le hizo con el control en julio de 2016 de Opera, en concreto, por parte del grupo chino JV nHorizon por unos 560 millones de euros después de un periodo de negociaciones. Para ser más precisos, el grupo chino controla los apartados dedicados al navegador móvil y de ordenador, las aplicaciones de privacidad y de rendimiento, un 29% de las acciones del grupo, y algunas marcas menores, aunque no incluye el acuerdo Opera TV, Opera AppsOpera Games (con Bemobi) y Opera Mediaworks. El siguiente de inversión en importancia está compuesto por los países del BENELUX, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo, con un 14%. A continuación el Sur de Europa agrupa el 13% y el Este de Europa el 2%.

Imagen obtenida de MERICS, fuente.

Desglosemos, a título de ejemplo, la información a la que hace referencia este cuadro de MERICS.

El Reino Unido fue el principal receptor, como se puede comprobar a partir de la votación del referéndum, con 4.200 millones de euros de transacciones completadas, impulsadas por la inversión del consorcio chino Strategic IDC en Global Switch y la adquisición de Sinclair Pharma por parte de Huadong Medicine. Alemania ocupó el tercer lugar, con un total de 2.100 millones de euros de inversión, con la adquisición de Biotest por parte de Kerui Tiancheng y la adquisición de Grammer por Ningbo Jifeng, y Francia el quinto, con cerca de 1.600 millones de euros de inversión china que sirvió para la adquisición de St Hubert por parte de Beijing Sanyuan Foods, y la adquisición por parte de CITIC de Axilone Plastique.

Suecia fue el segundo destino preferido de los inversores chinos en 2018 con 3.400 millones de euros de inversión total, con el peso determinante de la inversión de 3.000 millones de euros de Zhejiang Geely en Volvo AB, y haríamos bien en no olvidar a Ericsson y el 5G y 6G aplicados a vehículos, donde la preferencia, a la corta o a la larga, será Huawei, o bien la observación por parte de China del funcionamiento de Ericsson y Volvo como competencia del segmento del vehículo eléctrico en China para copiar y mejorar al chino, para luego asaltar el mercado europeo al completo. Por otro lado, Luxemburgo ocupó el cuarto lugar, con 1.600 millones de euros, que se deben a la adquisición de Legend del Banque Internationale à Luxembourg.

El Sur de Europa representó alrededor del 13 por ciento de la inversión de China el año 2018, muy por debajo de los años de auge de 2012 a 2015. La mayor parte se atribuyó a algunas grandes transacciones de fusiones y adquisiciones: la adquisición de Orient Securities de una participación en Imagina Media (España), la adquisición de SARI de NMS Group (Italia), y la adquisición de Esaote (Italia) por un grupo inversor chino. Un acuerdo que habría impulsado la posición del sur de Europa en el ranking es la adquisición por 9.000 millones de euros de China Three Gorges de la empresa portuguesa Energias de Portugal SA (EDP), pero las complicaciones regulatorias ralentizaron el proceso; no obstante, el 5 de agosto de este año se nos informaba que la compañía estatal China Three Gorges pagaba 220 millones de euros para mantener su posición del 21,47% del capital de Energias de Portugal SA (EDP). En términos comerciales hay que señalar que la pandemia de COVID-19 ha significado el ascenso de China como principal país vendedor en España, desplazando a Alemania de esta posición, tal y como puede comprobarse aquí.

Al respecto, China ha pretendido repetir la estrategia de negociación que siguió con Grecia en Italia. Así, desde 2009 la naviera china China Ocean Shipping Company (COSCO) invirtió en infraestructura portuaria, con el objetivo de convertir el puerto del Pireo en el principal centro de tránsito de mercancías al mercado europeo. Hoy en día, está dominado en gran medida por la presencia de COSCO, que controla todas las terminales allí, y para lograrlo se valió de la debilidad del país a partir de 2008 para negociar a la baja. En el caso de Italia

Finalmente, la inversión china en los estados miembros de Europa del Este disminuyó el año 2018. La región todavía no lograba atraer ninguna actividad significativa de fusiones y adquisiciones de los inversores chinos y representaba solo el 1,5% de toda la inversión china en la UE. Sin embargo, el año 2018 sí mostró algunos focos de crecimiento en términos de inversión china totalmente nueva, en particular en manufactura, investigación y desarrollo (I + D) y proyectos de energía renovable. Los ejemplos incluyen la granja solar de Unisun en Hungría, el centro de I + D de Great Wall Motor en Austria y la planta de Nuctech en Polonia.

Para más información al respecto, aconsejo al lector interesado la lectura del informe de MERICS para el año 2018, que puede consultar haciendo click aquí.

No obstante, las inversiones chinas en Europa son mucho más bajas que las inversiones europeas en China, y la preocupación de los europeos no está relacionada con el volumen de inversiones, sino con el objetivo de invertir en ciertas tecnologías. Este fue el caso, por ejemplo, de la adquisición de la empresa de robots alemana Kuka por parte de la Midea china en 2016. También, en 2019, la Unión Europea, que ha mostrado una división sobre la actitud a adoptar frente a Inversiones chinas, ha adoptado un sistema de selección de inversiones extranjeras en sectores estratégicos. Testimonio de ello sería el Reglamento (UE) 2019/452 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de marzo de 2019, por el que se establece un marco para el control de las inversiones extranjeras directas en la Unión.

Huawei ha seguido también, y merece la pena señalarse, un acercamiento al mercado europeo con una estrategia multipolar: en el sentido de que la toma de decisiones puede ejecutarse en Londres, París, Bruselas o bien en Düsseldorf pero sin que los niveles intermedios obstaculicen el desarrollo en todas direcciones. La delantera la tomaron un grupo de directivos chinos que tenían asignado la conquista de Europa, los cuales han ido pasando el testigo a europeos seleccionados con amplia experiencia en Europa en la industria, para situarse lo más cerca posible de clientes, socios y autoridades públicas, con la pretensión de influir sobre ellos de una forma determinante. El proceso experimentó un auge en los años 2010 y se siguió una fase de fuerte aculturación de estos europeos en la sede de Shenzhen en funciones de alto nivel.

Apple se está perfilando, por lo menos de momento, como beneficiario directo de la guerra contra Huawei, y esto pone en el punto de mira de varias medidas de represalia chinas, mientras que apuesta por la red 5G del mercado chino.

Por tal razón afirmó el señor Ren Zhengfei, fundador y CEO de Huawei, en una entrevista concedida a la BBC que «Estados Unidos no nos puede quebrantar de forma alguna. El mundo no nos puede dejar atrás porque vamos por delante».

Vamos a centrarnos en las cuatro primeras siglas, y en general en Silicon Valley: GAFA. En general los GAFAM cuentan con la infraestructura digital orientada al servicio público con una dimensión internacional, que en no pocos casos se nutren de programas públicos de Estados Unidos que se transfieren para que se usen en sus productos, pero se detiene el impulso público, a diferencia de la estrategia BATX. Vamos a destacar las sinergias, y especialización, que se da en (G)oogle, como proveedor de datos, en (A)mazon, que se encarga de un servicio postal y en (F)acebook, como servicio de telecomunicaciones en fase de mutación hacia “algo mucho más ambicioso”, como tuve ocasión de analizar en otro artículo en esta misma revista digital. El elemento que queda en fase de redefinición, urgente, por su falta de inversión en 5G desde la perspectiva privada (y pública), cosa que dos pone en dos posibles escenarios: o sustitución de Apple por pérdida de su posición, con lo que las Big Five pasarían a compactarse en unas Western Big Four, o bien estamos en la antesala de una concentración de fuerzas en otro tipo de modelo que, en caso de darse, China podría imitar. Al respecto, vamos a señalar una señal interesante. Google y Apple han aparcado su peleas para desarrollar una aplicación de rastreo de COVID-19, cosa que nos pone en un contexto de una cooperación, en la idea de lo que podemos empezar a comprobar, Google aporta datos y Apple captura y gestiona, y aquí tendríamos la entrada inminente de una de las patas que podría entrar en la estrategia norteamericana: entrada masiva de capital mediante una sociedad de gestión de activos globales, caso de BlackRock, por poner un ejemplo nada inocente.

Además, la definición del 5G y su aplicación a la telefonía móvil supone, en el trance de la digitalización, un elemento a tener en cuenta. Por ejemplo, la surcoreana Samsung ya ha sacado al mercado sus terminales dotados de 5G y, precisamente por ello, están configurados para servir como carteras electrónicas y darle un apoyo e impulso a la revolución monetaria basada en las divisas digitales y las criptomonedas tales como Ethereum, tal y como desde CoinDesk nos notificaban el pasado 8 de marzo de 2020, reforzando el terminal con todas las medidas de seguridad posibles basadas en cadenas de bloques, pero también mediante PIN, huella dactilar y claves de bloqueo privadas. En este sentido, ya hablábamos en esta revista digital acerca de Libra y del desafío de dotar de documentos de identidad a los aproximadamente mil millones de personas en el mundo, vetándoles el acceso a una cuenta bancaria. Estamos pues más cerca de que nuestros portátiles pasen a ser nuestros bancos, cuentas bancarias y dinero, cosa que requiere que cada uno de nosotros quede vinculado a un PIN.

Esta situación misma hace, dado el mundo que inaugura el 5G, donde todo y todos estamos conectados, todos los procesos, objetos, etcétera. Entonces, llegado ese momento, el smartphone lleva camino de una rápida y urgente transformación y a entrar en valor la identidad digital asociada a un PIN: nos acercamos al umbral del mundo «post-smartphone», como nos recuerda este buen artículo del 30 de junio de 2019. De hecho, y como prueba de ello Huawei reducía para 2020 las previsiones de entrega de dispositivos un 25% respecto a 2019, y en la misma línea se mueve Samsung, que reducía sus pedidos de piezas de repuesto en un 30%.

Las grandes firmas tecnológicas estadounidenses son una de las caras del poder de Estados Unidos: la Teoría de Juegos entre Estados Unidos, China y la Unión Europea

Al respecto, hay un par de elementos que conviene entender cuanto antes, cosa que ha hecho China y que también tiene que hacer Europa si quiere tener una soberanía que es imposible tener por parte de cualquier Estado europeo, salvo que nos unamos en todos los sentidos.

El primero es que la cuestión tecnológica y los colosos norteamericanos deben ser contemplados en una lógica propia de una Teoría de Juegos, esa parte de la economía que estudia las decisiones de un individuo o ente pero teniendo en cuenta las decisiones tomadas por el resto de agentes que influyen en la decisión del primero.

Si tenemos que pensar en las decisiones de un individuo respecto a la Teoría de Juegos lo que precisamente no debemos preguntarnos es qué va a hacer, sino qué va a decidir emprender el individuo como acción teniendo en cuenta lo que puedan hacer el resto de personas o entes, porque todos ellos van a actuar de forma interdependiente.

Nos hallamos ante un claro ejemplo de Juegos no cooperativos, ya que cada jugador toma sus decisiones de manera independiente y sin posibilidad de llegar a acuerdos previos. Estos juegos se representan de forma normal o estratégica y de forma extensiva.

Es decir, existe un jugador que tiene una posición absoluta de dominio en este sector, y que sabe que es una de las claves para vencer una partida muy complicada. Estados Unidos aplicó las mismas estrategias que a China antes a Japón y al sureste de Asia, pero particularmente a Japón. Así, entre 1960 y 1990, la economía nipona multiplicó su PIB por seis. Creció una tasa promedio del 6% anual durante tres décadas y se convirtió en la segunda potencia mundial. El crecimiento empezó como consecuencia del conflicto entre proxies propio de la Guerra Fría, en concreto, en la península de Corea. Japón se convirtió en proveedor del esfuerzo de guerra norteamericano, su industria se reactivó y a raíz de eso, Japón empezó a recibir inversiones, una suerte de «Plan Marshall» para Japón. Estados Unidos hizo uso de su influencia sobre sus aliados para fomentar las exportaciones japonesas.

A pesar de la oposición de Reino Unido, pues Japón lo desplazaba en ciertos elementos de interés, Estados Unidos consiguió que se incorporase Japón al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, predecesor de la Organización Mundial del Comercio. Washington abrió su propio mercado a las importaciones de Japón, convirtiéndolo en su área económica de influencia. Este paradigma del comercio exterior japonés aprovecharía otro elemento para reforzarse y mantener su fuerte crecimiento, mediante una nueva intervención en la región de los estadounidenses, la guerra de Vietnam.

Tras un breve episodio de crisis económica a mediados de los años ochenta, la economía de Japón empezó un período de expansión en 1986 que continuó hasta que entró nuevamente en un período de recesión en 1992. El crecimiento económico de un promedio del 5% entre 1987 y 1989 revivió industrias como el acero y la construcción, que había estado relativamente latente a mediados de los años ochenta, y contribuyó a disparar los niveles de salarios y empleo a parámetros sin precedentes. Entre 1989 y 1992 se estableció una burbuja financiera en Japón. En 1992, sin embargo, el crecimiento real del PIB de Japón se desaceleró hasta el 1,7%. Las industrias del automóvil y la electrónica, que habían marcado fuertes índices de crecimiento en la década de 1980 entraron en un período de recesión en 1992. El mercado nacional de automóviles japoneses se contrajo al mismo tiempo que la participación de Japón en el mercado de los Estados Unidos disminuyó. La demanda exterior y doméstica de electrónica japonesa también disminuyó, y Japón parecía estar en camino de perder su liderazgo en el mercado mundial de semiconductores para Estados Unidos, Corea y Taiwán. Las exportaciones dejaron de tener un papel definitivo en la expansión económica, como había sucedido en los años sesenta y setenta, pasando a ser la demanda interna el motor que tiraba de Japón, cambiando el eje económico de las actividades primarias y secundarias (agricultura, manufactura y minería) hacia la transformación, telecomunicaciones y la industria de la computación, haciendo de la información un activo determinante y clave para generar riqueza, y Tokio se transformó en un importante centro financiero, sede de algunos de los principales bancos del mundo, compañías financieras, compañías de seguros y la bolsa de valores más grande del mundo. El crecimiento que se inició en 1986 fue generado por las decisiones de las empresas para aumentar el gasto de plantas y equipos privados y de los consumidores por dirigirse hacia un modelo de fuerte consumismo. Las importaciones de Japón crecieron a un ritmo más rápido que las exportaciones. La investigación tecnológica japonesa de posguerra se llevó a cabo en aras del crecimiento económico, pero no del desarrollo militar. El crecimiento de las industrias de alta tecnología en los años ochenta se debió al aumento de la demanda interna de productos de alta tecnología, como la electrónica, la industria del videojuego vinculada también al auge del anime, y de mayores niveles de vida, vivienda y medio ambiente; mejor atención médica y más bienestar; ampliación de las instalaciones de ocio; y una optimización de los medios para afrontar los desafíos de una sociedad que envejece rápidamente, y que alcanza una de las mayores esperanzas de vida del mundo.

Cabe preguntarse, ¿qué falló? En 1985 Japón parecía que iba a convertirse en la primera economía del mundo, con un escenario propiciado por Estados Unidos, que además había generado el ascenso de los Tigres asiáticos y su ensamblaje en la maquinaria nipona. Y en ese año se reunió el G5, compuesto por Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Francia y la RFA, en concreto en el mes de septiembre de aquel año decidieron en el marco del Hotel Plaza de una Nueva York sumida en una crisis de la que Donald Trump prometía sacar a la ciudad a golpe de transformaciones urbanísticas, y acordaron una política monetaria global. Un nuevo Bretton Woods, tras el original, el que definió en los años 70 el petrodólar y ahora un nuevo acuerdo que pretendía conseguir una devaluación del dólar contra el yen y el marco alemán, y así reducir el déficit comercial estadounidense, que superaba cotas que la administración de Ronald Reagan consideraba preocupantes. ¿El resultado? El acuerdo funcionó y en dos años el yen se apreció un 100% contra el dólar, cosa que erosionó la competitividad japonesa, fue entonces cuando en 1987 se firmó en París el Acuerdo de Louvre que perseguía detener la caída del dólar, pero no se logró.

Esta apreciación del yen conducía inexorablemente a la ralentización de la economía japonesa. El Banco de Japón intentó compensar la pérdida de dinamismo y mantener la tasa de inversión, con lo que impulsó una política monetaria expansiva: tasa de interés a niveles bajos y exceso de liquidez. De este modo se pusieron los cimientos de la burbuja financiera e inmobiliaria. Cuando la autoridad monetaria nipona intentó subir la tasa de interés en 1990 para pinchar la burbuja, el mercado inmobiliario se derrumbó en 1992: en 1992, el promedio de acciones de Nikkei 225 comenzó el año con 23.000 puntos, pero cayó a 14.000 puntos a mediados de agosto antes de estabilizarse en 17.000 a finales de año. Fue el fin del largo ciclo de alto crecimiento de Japón, y la victoria de Estados Unidos sobre Japón, que además se vio reforzada por otros factores que son tan importantes como las aquí descritos: la caída del imperio soviético, siguiendo a Galtung, entre 1989–1991 se reforzaron con la lucha contra Japón y la estrategia norteamericana del nuevo Bretton Woods, como ya se ha dicho, además de la aceleración del proceso de globalización económica y cultural a través del “Consenso de Washington”, la creación de la Organización Mundial de Comercio en 1994, y la difusión de Internet. Washington comprendió que su ventaja sobre Japón se basaba en controlar a China, y usar el exceso de capital en inversión tecnológica, y al igual que había derrotado a la URSS superándola en términos tecnológicos en todos los campos, entre otros muchos factores, igualmente con Japón había que emprender una carrera que los japoneses no pudieran sostener, mientras que, incluso, quedaban vinculados a los norteamericanos por los mercados financieros globales, y por la necesidad de poder conectar su sector terciario financiero y tecnológico a la gran red global, controlada por Estados Unidos, con lo que Japón se vio en una trampa de la que no podía salir más que hacia adelante, y al hacerlo precisamente reforzaba a Estados Unidos. ¿Verdad que les suena a China y a Estados Unidos?

Andrew Marshall, director de la Oficina de Evaluación de Redes (ONA) del Departamento de Defensa (DoD) trabajó desde mediados de la década de 1970 en el planteamiento de la Segunda Estrategia de Compensación, una estrategia de «compensación» para el poder soviético a nivel convencional y nuclear, basada en particular en la automatización del campo de batalla y la guerra en red. Los esbozos de esta estrategia proporcionaron un marco para la Revolución en Asuntos Militares (RMA) a principios de la década de 1990, que incidía en la necesidad de integrar más ampliamente las tecnologías de la información, las telecomunicaciones y el espacio en el aparato de defensa: drones, imágenes por satélite, nanotecnologías, biotecnologías y robótica eran las piezas estratégicas para abrumar a los soviéticos ganando en precisión y optimizando el gasto, mientras la financiación no era problema debido al Sistema Mundo creado en los años 70 del pasado siglo y una vez los soviéticos perciben la trampa estadounidense que los había separado de los europeos occidentales, el pacto con Arabia Saudita y la caída del Telón de Bambú, con la ruptura de los acuerdos comerciales negociados por Kissinger, y que proponían el ensueño de industrializar y armonizar los diferentes polos de desarrollo económico global, y donde la URSS sólo aspiraba a proporcionar energía, minerales y materias primas, algo que desearon tanto McGovern por el partido demócrata como Nixon por el republicano, pero que condujo a la globalización, el neoliberalismo y el neoconservadurismo, cuyo último retoño es Donald Trump.

Con el ciclo de los años 1990-2000, el sector privado se convirtió en el principal «caldo de cultivo» tecnológico del Departamento de Defensa, particularmente caso del binomio compuesto por DARPA y las agencias de inteligencia. Las tecnologías avanzadas surgieron cada vez más de las empresas digitales, que a su vez beneficiaron a los militares y a la comunidad de inteligencia, mientras estas recibían transferencias de todo tipo del poder público. Esta simbiosis estructural queda plasmada en 1994 mediante la aparición del “Foro de las Tierras Altas” por iniciativa del entonces Secretario de Defensa, William Perry. Esta organización reticular sigue cumpliendo, también hoy día, la función informal de interfaz entre lo privado y lo público, lo civil y lo militar, en que respecta a las tecnologías duales. Entre las empresas que participan con frecuencia en las reuniones del foro se encuentran Booz Allen Hamilton, Leidos (antes SAIC), Cisco, eBay, PayPal, IBM, Google, Microsoft, AT&T, o General Electric

En 1999, la combinación de intereses gubernamentales y comerciales se concretó aún más mediante con la creación de In-Q-Tel, un fondo de capital privado fundado y dirigido por la CIA. Esta incubadora de empresas financió startups como Keyhole (Google Earth), Facebook y Palantir, firmas que, en la década de 2000, se convirtieron rápidamente en algo más que auxiliares de las agencias de inteligencia en el campo del contraterrorismo y el crimen: fueron claves para la guerra híbrida de la que también versa una parte de este Dossier Geopolítico Especial. 

Frente a las ambiciones de China y el regreso de Rusia en otro nivel, más geopolítico y como potencial parte de un acuerdo con Europa, algo odiado por los norteamericanos, el Pentágono lanzó en 2014 una Tercera Estrategia de Compensación (TOS), cuyo objetivo principal era, y sigue siendo y cada vez más será, explotar todavía más las tecnologías desarrolladas por el sector privado, entre otras muchas Inteligencia Artificial, robótica y computación cuántica, para trasladarlos al aparato militar, pero esta vez con la perspectiva de un conflicto simétrico. Cerca de la RMA, la TOS se diferencia de ella contextualmente: el mito de la hiperpotencia estadounidense ha caído en desuso; China es un competidor serio y que huye de las trampas estadounidenses, devolviéndoselas y explotando las contradicciones y acciones de los estadounidenses. Es decir, la preponderancia tecnológica-militar estadounidense no sólo es que no está garantizada, es que peligra seriamente y en otros casos han sido ya superados como ya en 2018 alertaba James Mattis, primer secretario de Defensa en la presidencia de Trump. Tras un largo período de fuertes inversiones en I + D pública y apoyo a las empresas tecnológicas nacionales, el Gobierno, y especialmente el Pentágono, claramente tenía otras prioridades desde que Barack Obama asumió el poder, lo que llevó estancamiento o incluso una ligera disminución del presupuesto de defensa. 

A partir de ahora, el complejo tecno-militar estadounidense está subordinado a las capacidades de innovación de los GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), que se han convertido en líderes mundiales en sus campos. El TOS destaca por tanto como un parche urgente para afrontar el refuerzo militar chino en un período de escasez de innovación militar pública y el auge del poder financiero y tecnológico de las empresas digitales.

Este es el modelo de poder y las estrategia norteamericana. Y la presencia de un jugador tan fuerte y con tantos recursos y acción ha pretendido intimidar a los competidores para aprovecharse de sus recursos. Ahora China ya ha demostrado que no es imposible construir estrategias parecidas, incluso mejorarlas. Por eso, en la primavera de 2018 el gobierno de China presentó su reforma de la protección del ciberespacio mediante la formación de la «Comisión Central de Ciberseguridad e Informatización», liderada por el mismo Xi Jinping, demostrando que China entraba ya hace tres años en una nueva fase de desarrollo en ciberseguridad que superaba la anterior, consistente en el fortalecimiento de la seguridad de la infraestructura digital del país, mientras se acelera el desarrollo de la innovación local y el fortalecimiento de la integración civil-militar con el aparato de inteligencia para construir un verdadero ciberpoder. Beijing ha entendido que la única forma de desarrollar sus cibercapacidades será a través de la autonomía nacional en innovación, y dicha autonomía no es posible sin una estrategia nacional de integración profunda de capacidades militares y civiles. Con lo que la estrategia china ofrece, por tanto, tres modelos: servir a las fuerzas armadas y dar prioridad a sus demandas; co-construir y compartir para promover la innovación; integrar I + D para desarrollar campeones nacionales que se equiparen a los globales norteamericanos.

Fuente de la gráfica.

Por otro lado, conviene recordar que China cuenta con nueve de las 20 compañías de tecnología más grandes del mundo, y tres de ellas figuran entre las diez primeras. Por si fuera poco China puede presumir de poseer el radiotelescopio de plato único más grande del mundo y varios de los superordenadores más rápidos, y planea construir el mayor acelerador de partículas. En 2016, lanzó el primer satélite de comunicaciones cuánticas del mundo. Más aún, China ha establecido la primera red de comunicación cuántica integrada del mundo con más de 700 fibras ópticas con dos enlaces del tipo tierra-satélite para poder distribuir claves cuánticas en 4.600 kilómetros, tal y como el equipo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China en Hefei, liderado por Jianwei Pan, Yuao Chen y Chengzhi Peng expresó el pasado 6 de enero de 2021 a la revista Nature, ver también el siguiente enlace, donde se explica que a diferencia del cifrado convencional, la comunicación cuántica es imposible de piratear, siendo la base para transferir información segura entre actores públicos y privados o entre ellos entre sí. Las ambiciones recogidas en sus recientes planes gubernamentales son de gran alcance: para 2020 quieren destacar en áreas como la tecnología móvil 5G, el cultivo de semillas y la robótica y convertirse en líder mundial en la inteligencia artificial (IA) en 2030, entre otros muchos logros que ya ha conseguido, va a conseguir inminentemente, o tiene planes muy sólidos para alcanzarlos. Y esto, también nos habla de la calidad de este otro jugador.

En este sentido ninguna nación de Europa por sí sola puede jugar a este juego, ni siquiera un grupo de ellas. Primero, porque un campeón como Estados Unidos ya nos pone a todos a competir con este juego, y a perder invariablemente con la actual estructura de la Unión Europea y de los Estados nacionales. Por algo insisten tanto en la soberanía y el soberanismo las estrategias del Brexit y de partidos como Vox, el RN francés o AfD y la Lega o los Fratelli d’Italia, por no hablar de fragmentar el poder deficiente y no competitivo de los Estados nación en algo todavía más pequeño mediante movimiento independentistas que comparten estrategias comunes. Todo ello beneficia a Estados Unidos en Europa, porque evita que se forme otro campeón que viendo el camino emprendido por China, convertido ya en un segundo campeón, Europa dé el paso adelante y se convierta en un tercer campeón. Si Europa no lo hace, queda entre Estados Unidos y China, y siendo objeto de devastación asegurado. Si lo hace, equilibra al resto y puede forzar un equilibrio de Nash por el que, sin parar de mejorar, se llegue a un equilibrio de poder beneficioso para todos. Pero para eso debe contemplar Europa la integración de sus mercados e industrias, la formación de una moneda con la deuda mutualizada, el federalismo que forme el ente del demos europeo, entre otros muchos factores. No hacer eso, es perder. El Brexit implica para Reino Unido sometimiento completo a Estados Unidos, salvo que desde su posición impulse y colabore muy activamente en dos cosas: la recuperación de su espacio Commonwealth, y por el otro lado, impulse la formación de Europa y se integre en ella con la posición de liderazgo que merece… porque la alternativa es repetir las consecuencias de la derrota del conflicto del Canal de Suez de 1956, el ataque a la libra esterlina subsiguiente y arrostrar una cooperación puntual pero demoledora en contra de sus intereses, de China y Estados Unidos, tal y como la Unión Soviética y Estados Unidos hicieron, de tal manera que Estados Unidos acabe por despojar de todo a Reino Unido y a la City.

Recuerdo al respecto lo oportuno de repasar estos artículos, publicados en esta misma revista digital, para ganar perspectiva: haciendo click aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

Quien pierda en esta carrera acabará de vasallo del o de los ganadores. Es así de simple.

Europa

Para mantener su dominio y abrir brecha hasta la victoria Estados Unidos tiene una sola estrategia: Europa. La necesidad de construir una nueva relación transatlántica ya es una dinámica iniciada durante la administración Trump y que se fundamenta, cómo no, en un clásico: debilita y divide a tu “enemigo”, manifestada en el Brexit, los aranceles, las sanciones a Rusia y las acciones de partidos que comparten tácticas, estratagemas y vínculos de muy diverso y notable vínculo con la esfera que impulsó a Donald Trump, hizo el Brexit, del que hablaré muy pronto. Las acciones de Trump “contra Europa” hay que leerlas en este sentido, lo mismo que una parte del Brexit: debilita al otro lado de la negociación, el eje franco-alemán, y a ser posible, divídelo también a él. Pero el objetivo está clarísimo para Estados Unidos, y también debería estar muy claro para los europeos: para mantener su dominio, Estados Unidos debe acelerar su integración de mercado y de todo tipo con Europa.

Para reconstruir su soberanía digital, y esto es algo urgentísimo, Europa tendrá que redoblar sus esfuerzos e inversiones. De lo contrario, tendrá que contentarse con alianzas estratégicas, o lo que es lo mismo, pasar a ser “ciber-vasallos” de los estadounidenses, abriendo el mercado europeo, excesivamente fragmentado y con intereses contrapuestos, para que los gigantes norteamericanos acaben lo que ya han empezado con Apple, Microsoft, Google, Netflix, HBO, Facebook, Amazon, IBM, Tesla… o sus contrapartes chinas, que pretenden exactamente lo mismo que las norteamericanas. La Unión Europea se basó en la apertura comercial y el mercado común, pero los colosos estadounidenses y chinos han destruido el sentido de estos principios de la UE. Si Europa quiere empezar por proteger sus negocios y los derechos de sus ciudadanos tiene que crear colosos que puedan ir al choque sin miedo con los norteamericanos y los chinos, mediante contramedidas, y si esto es absolutamente imperioso y cierto con los chinos, lo es aún más con los norteamericanos. A su vez, la Unión Europea debe contar con la suficiente fuerzas y autoridad, además de refrendo democrático y supervisión para asegurar la protección de sus ciudadanos y ofrecer otro modelo al mundo. En no pocos sentidos, el orden internacional basado en el equilibrio de poder entre los Estados y la ley, ese binomio creado a partir de 1945, y que permitió un crecimiento paulatino del derecho internacional y el multilateralismo ha sido minado de forma determinante tanto por Estados Unidos como por China. Estados Unidos ha usado la extraterritorialidad y China ha empezado a mostrar ya su rostro verdadero como Imperio, «o conmigo o contra mí», y al final ambos contendientes aprenden mutuamente destrozando a una Unión Europea que cuenta con un mercado demasiado fragmentado, pero que para la economía del futuro, tal y como la perciben chinos y norteamericanos, es el cadáver económico, comercial y político sobre el que crecer y arrebatar al otro la superioridad en los datos, el comercio y la economía. Es un claro ejemplo de un Juego de Suma Cero con una de las partes demasiado débil. Europa debe resistir los embates de ambos y fortalecer un modelo distinto que cuente con los medios diversos para influir, convencer y ejecutar a nivel global.

En este aspecto, la Unión Europea se erigió partiendo de un mercado común y la apertura comercial, para pasar ahora a un escenario en que tanto sus empresas como sus directivos pueden arrostrar demandas por comerciar con ciertos Estados, viéndose en la necesidad de retirarse de tales escenarios. Por otro lado, los contratos públicos en el seno de la Unión Europea están abiertos a terceros, pero la reciprocidad no se suele dar en todos los casos con los otros agentes. Este último punto, el de la reciprocidad, se ha consolidado como un elemento central de la reflexión en los círculos ejecutivos de Europa, en lo que se refiere ante todo al establecimiento de contramedidas contra la extraterritorialidad de Estados Unidos.

Si bien es cierto que se cuenta con un reglamento europeo datado de 1996 cuya finalidad es la brindar protección a las empresas europeas contra las sanciones extraterritoriales, a la hora de la verdad resulta que no se puede aplicar, así que, seamos claros, la Unión Europea habrá de tomar medidas discriminatorias que equilibren esta asimetría, y que, siendo un desafío claro, no es con mucho el peor, pero sí que resulta clave hallar una solución satisfactoria a este punto. Existen, y esto es necesario subrayarlo, ciertas propuestas encaminadas hacia una corrección de tal situación, como el informe parlamentario de Pierre Lellouche y Karine Berger, que data de 2016 y que aborda la extraterritorialidad a un nivel propositivo mediante medidas a nivel nacional, europeo y entre dos naciones. También se hace necesario subrayar la propuesta del Instituto Notre Europe-Jacques Delors de hace un par de años que propone replicar el sistema estadounidense en lo que se refiere a instrumentos legales, estructuras organizativas y control judicial.

No obstante, ¿qué otras medidas podrían adoptarse por parte de la Unión Europea en lo que respecta a la cuestión de la extraterritorialidad y a Estados Unidos? La Unión Europea en el fondo cuenta con ciertos mecanismos que deberían usarse de una manera sabia, inteligente y no por ello menos contundente: luchar contra la corrupción en cualquier nivel y escala, tanto en los Estados miembros como en el seno de la Unión Europea. El hecho de crear una suerte de «fiscalía general europea» que actúe de oficio o a instancia de parte, ya sea un Estado, una organización no gubernamental, una asociación o fundación o particulares, que ejecute un proceso judicial completo ante los órganos judiciales a la escala adecuada y hasta donde sea necesario, unido a la redacción de informes vinculantes de carácter anual que supervisen el Estado de la Unión en tales asuntos, incluidos los países miembros, y eleve en dicho informe medidas concretas que sean de obligado cumplimiento, además de la supervisión de los medidas exigidas en el pasado. El uso del «palo y la zanahoria» se antoja también necesario. Premiar a los Estados y organismos de las formas más adecuadas, además de castigar a los entes y elementos que corrompen y son corrompidos, también es fundamental. Una buena idea idea podría ser conceder distintivos de calidad a organismos, empresas, Estados e instituciones que reporten ventajas sociales y económicas, mientras que incurrir en la reiteración de prácticas destinadas a corromper o a ser corrompido debería penalizarse y señalarse en el plano social y económico.

Otros aspectos que subrayaría serían la lucha contra la evasión fiscal, sin dejar de lado el respeto medioambiental, a la biodiversidad y mantenerse en la vanguardia de la lucha contra el calentamiento global. De hecho, el factor medioambiental será un elemento crucial y al respecto el Reino Unido se mostrará sin duda muy activo y a la vanguardia, tal y como se analizó en otra entrada en esta revista digital, que recomiendo recuperar.

Otra faceta que debe usar la Unión Europea se halla en la protección de datos personales y una mayor fiscalización y penalización, cuando corresponda, en cuanto al uso y abuso que hacen de ellos las GAFAM y Netflix, entre otras compañías.

Baste como ejemplo lo sucedido en septiembre de este año. Recordemos la secuencia de acontecimientos: el 16 de julio de 2020 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitía resolución judicial por la que declaraba que Estados Unidos no da garantías suficientes para proteger la privacidad de los datos, y con ello declaraba inválido el acuerdo de ‘Escudo de la privacidad‘ de 2016 entre la Unión Europea y Estados Unidos, por el cual las empresas norteamericanas como Apple, Google, Facebook entre otras pueden llevarse los datos de usuarios europeos a Estados Unidos. Recordemos que ya está en vigor en la Unión Europea el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), basado en parte en reglas establecidas previamente en el mencionado acuerdo ‘Privacy Shield’. Sin embargo, el TJUE considera en julio que Estados Unidos no garantiza un nivel de protección adecuado. Se trata de una decisión importante, que marcará el inicio de otra nueva etapa en las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea en materia de privacidad. El 9 de septiembre de 2020 The Wall Street Journal informaba que Irlanda, mediante la Comisión de Protección de Datos, había enviado una orden judicial a Facebook mediante la cual se le pedía que cesase esta actividad, y cuyo efecto es que, al estar la sede europea de Facebook en ese país, con ello se cumple la sentencia del TJUE, y sus efectos alcanzan a todos los usuarios de la Unión Europea.

Facebook afirmaba que esta decisión en cuanto entrase en vigor tendría consecuencias graves para los usuarios, llegando a poner en duda la continuidad de su negocio en Europa, tal y como se recoge en esta declaración.

Lo que Facebook tiene que que hacer es gestionar los datos de los usuarios europeos en servidores fuera de Estados Unidos, en servidores en territorio de países de la Unión Europea, de forma presumible, y con ello duplicará sus servicios en Europa ya que los datos de los usuarios no pueden transferirse a Estados Unidos. Si Facebook no cumpliese con la normativa, Irlanda tiene el poder por parte de la Unión Europea de multar a Facebook con hasta el 4% de los ingresos anuales de la compañía. Estamos ante la punta de lanza de unas acciones que han de enfrentar para actuar de acuerdo con la legalidad las grandes tecnológicas estadounidenses.

Esto mismo respecto a los datos personales se podría aplicar para reforzar y asegurar otros mecanismos ya existentes, en servicios financieros o derecho de competencia, como elementos más urgentes.

No obstante, dos medidas, además de las aquí expuestas resultan fundamentales. Una tiene que ver con el cambio en la mentalidad europea y la comprensión del momento y del presente que ya se nos ha echado encima; y, el otro tiene que ver con el papel del euro. Es imprescindible revisar la posición del euro en el sistema financiero internacional para limitar de una vez por todas el uso del dólar en el comercio internacional y como moneda de reserva. Sobre este asunto hablaré sucintamente más abajo. El segundo aspecto vinculado con el euro y su posición viene de un elemento central, que parece que con la crisis de la pandemia de COVID-19 nos hemos olvidado, pero que no podrá mantenerse en «standby» mucho más, por mucho que le interese a Estados Unidos, y más con China que ha empezado a moverse en esa dirección, como ya tuve ocasión de tratar bajo el epígrafe «¿La réplica de China?» en este artículo. Y es que las monedas digitales de los bancos centrales de los tres grandes bloques económicos: el dólar, el euro y el yuan o renminbi, que han de venir vinculadas al avance de la tecnología disruptiva de los 5G, donde la peor parte, con diferencia la lleva Estados Unidos, estando ambos elementos vinculados, moneda digital y 5G, y anunciando con cierta seguridad el fin del sistema monetario centrado en el dólar, tal y como el Washington Times ya se ha planteado, y que trataría de salvar en cierto modo Estados Unidos por dos vías: la integración transatlántica con Europa, el lanzamiento de Libra de Facebook, de lo que ya he hablado aquí, y el vasallaje ciber de la UE a las grandes empresas estadounidenses, mientras se apropian de las tecnología europea y de Ericsson y Nokia, y tratan de frenar el paso de la UE a la siguiente revolución industrial que empieza a avanzar en estos instantes ya China, de lo que también hablaré más abajo; además de que la UE ayude a Estados Unidos a echar al 5G y el capitalismo digital de China de mercados como ASEAN, África y América Latina.

Al respecto cabe destacar que, grosso modo, la pandemia tiene dos efectos contradictorios en este desarrollo, y que ha resultado en un balón de oxígeno para Estados Unidos:

1/ Efecto de ralentización en el despliegue de 5G, Incluso en Europa este efecto de ralentización es un hecho contrastado: en Francia, parece que se está ralentizando el lanzamiento de 5G. La excepción es Australia, por ejemplo, el proveedor de Internet Telstra decidió aumentar su inversión en 5G debido a la pandemia de COVID-19. Para Europea también ha sido interesante esta cuestión, pues permite armar una estrategia que permita crear las condiciones para mantener, reforzar, ampliar y lanzar una acción conjunta con los Ericsson y Nokia, para mantener un mínimo de dos jugadores, a los que hay que dotar de recursos europeos que garanticen el control del bloque Europa, pensando en el 5G, 6G y así en adelante.

2/ Efecto acelerador, en particular sobre la urgente necesidad de salir del actual sistema monetario, tal y como Forbes alertaba.

Otro aspecto que debe tener presente Europa, el último pero no por ello menos importante, parte del hecho de que cabe percibir el éxito de China en la adaptación de los colosos norteamericanos, pero adaptados al mundo de China y sujetos por la maquinaria administrativa, además de financiados y dirigidos por ella. Es decir, si China no hubiera replicado, y mejorado las GAFAM con BATX; si China no hubiera creado un equivalente a Netflix, llamado iQIYI, el cual también ha desembarcado en España, con la intención de conquistar el mercado… es decir, si no se entiende que la clave es la economía de datos, y cómo se imbrica en la economía productiva, la Unión Europea comete un error mayúsculo, y pasa a convertirse en un enorme y nutritivo banco de peces y plancton para que la ballena norteamericana o la ballena china lo devore, bajando salarios, destruyendo derechos sociales y laborales, además de libertades civiles. Y esto, hay que entenderlo, da igual cuál de las dos «ballenas», si la china o la norteamericana, engulle a Europa, además de pagarlo el capitalismo productivo y tecnológico que queda, lo pagaremos los ciudadanos. Se trata de una partida en la que basta con que exista un jugador para que cambien las características del juego. Ahora mismo hay dos, y quizás en un futuro el proceso nacionalista y el capital humano indio con una demografía fuerte aboquen a un tercer jugador, más temible con el tiempo que China y Estados Unidos.

Es en este escenario que cabe repasar con mucho detenimiento la entrada en el blog de «Postpolítica» de Esteban Hernández, titulada: «La falacia de los precios baratos: los errores que cometemos con las grandes tecnológicas», en la que aborda, a partir de las lecturas de ‘Break ‘Em Up’, de Zephyr Teachout, ‘Liberty from All Masters’, de Barry Lynn, ‘Monopolized’, de David Dayen y ‘Goliath’, de Matt Stoller. En la reflexión que construye y prueba Esteban Hernández los consumidores tenemos muy poco que ver con la auténtica cuestión de fondo. Partiendo del hecho de que tanto los diferentes legisladores como los jueces pasan a abandonar conceptos que antaño importaban como justicia, equilibrio de poder, y pasan a asumir el de la eficiencia. Dicha cuestión, la eficiencia se construye en el plano de las tecnológicas sobre los principios de más barato y más rápido, ergo más eficiente, así que cuanta mayor tendencia a una suerte de especialización más costes se ahorran y más eficiente se es. Para justificar esta cuestión de precios y de eficiencia para el consumidor, que parten de una precarización y de un descenso de los salarios que repercute en el beneficiario, ya que o vulneran las leyes fiscales, laborales y sociales o bien mueven sus capitales directamente a paraísos fiscales. La conclusión es obvia: si tenemos un legislador que establece desde el máximo poder federal, de ahí insisto en la necesidad de construir una Unión Europea política, laboral, social y salarial, de la misma forma en que el legislador federal de Estados Unidos existe y emprende una actividad que repercuta en una serie de leyes sobre redes, cuyos efectos inmediatos sean una limitación drástica de la elusión fiscal, además de mecanismos de monitorización y penalización por incurrir en tales prácticas. Si a ello sumamos una convergencia salarial, social y laboral al alza, también por ley, tenemos un monopolio constreñido y afianzado por los poderes públicos. La inversión pública debe entonces fortalecer a estos colosos, pero como contrapartida de la obligatoria presencia con capacidad de control de dichos colosos y de garantía de un comportamiento legal. Pero insisto. Para ello es urgente un gran poder federal.

Sea como sea, Europa debe crear sus propios colosos, controlarlos con un poder supranacional, tanto por vía administrativa como judicial, capaz de imponer un modelo que proteja a los ciudadanos y cree riqueza, que contribuya al buen funcionamiento, no ya de la sociedad europea, también que sea un modelo más apropiado para otros eventuales jugadores y se cambien para mejor las reglas del juego. Es decir, la Unión Europea necesita un navegador para cualquier dispositivo electrónico, al estilo de Google Chrome, Microsoft Edge, Mozilla Firefox o Safari. Recuerdo que a pesar de no estar en la Unión Europea, Opera, el navegador de la compañía noruega, ahora mismo lo controla China. Pero sigamos, buscadores… Alemania cuenta con Ecosia, que promete plantar un árbol por cada búsqueda, pero también Francia cuenta con Qwant, que defiende una protección de datos escrupulosa, o metaGer, un motor de búsqueda privado con sede en Alemania, o el caso de SwissCows, motor de búsqueda privado de seguimiento cero situado en Suiza y alejado en infraestructura segura en ese país.. Europa debe trabajar en copiar la estrategia de China con el 5G y el 6G, así por ejemplo, hay que trabajar intensamente desde las instituciones y desde el capital privado europeo en mantener, fortalecer y ampliar la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia, de la misma manera que China tiene a Huawei o ZTE. Otro tanto cabe decir de los operadores de telecomunicaciones. Es imposible poder hacer frente ante tal cantidad de operadores, y otro tanto cabe decir de medios de comunicación, de la industria cinematográfica, de los fabricantes, pues se trataría de se trata de tener compañías insignia en el mundo para la imagen, sonido, ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, todo tipo de vehículos, moda, telecomunicaciones, etcétera. Tampoco hay que olvidar el despliegue de Galileo para sustituir al GPS como navegación por satélite en el sector civil.

Recordemos que Baidu compite contra Google, y la aspiración es global desde una región del globo; Alibaba lo hace contra Amazon; Tencent lo hace contra Facebook; Xiaomi contra Apple y también contra Samsung; Huawei y ZTE son multidimensionales; JD.com pelea en el campo del e-commerce; Weibo da la pelea a Twitter; como ya he mencionado más arriba, iQIYI planta cara a Netflix. De hecho, en China podríamos decir que existe la antítesis de GAFAM en BATX+HZ (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi + Huawei y ZTE). Es preciso señalar que ambos, tanto chinos como norteamericanos comparten la consolidación de posiciones de gran dominio, captura de mercados en ASEAN y la UE, capitalizaciones de mercado reseñables, fuerte crecimiento. Además, China presenta durante unos años un mercado interno de usuarios enorme, mayor que el de Estados Unidos y Europa juntos, pero tan solo durante unos años, los suficientes mientras va capturando otros mercados en otras partes del mundo. En ambos casos, tanto chinos como norteamericanos presentan algo en común: el asalto al continente europeo, pues saben que el mercado europeo está muy fragmentado, no hemos creado ningún coloso, hay excelente tecnología, población y una posición de centralidad en el tablero geopolítico. Acaparar a Europa para asaltar al rival en el resto de escenarios es la estrategia que ambos tienen en común, y es, obviamente, cada vez más exclusiva y excluyente del rival, mostrando ambos un rostro o unos hechos, más allá de sus sonrisas, cada vez más feroces. Otro aspecto clave para China es que el gobierno central anima a estos agentes a que participen en la llamada New Silk Roads, con un grandísimo componente digital, pues se trata de acaparar tantos datos como sea posible, e invertir la hegemonía norteamericana del 80% de los datos globales, para que China sea el nuevo hegemón. El crecimiento de estos colosos chinos se ha fundamentado en una doble estrategia, pues han sumado una característica cuantitativa en la producción, cada vez más sofisticada, y un enfoque claramente más cualitativo, visible para el gran público en los terminales de telefonía móvil chinos, muy por encima en prestaciones y relación calidad/precio, con los norteamericanos y los surcoreanos, su auténtica competencia, y sin olvidar a los japoneses.

En ciertas cuestiones, Europa ya ha empezado a dar ciertos pasos que parecen prometedores. El punto de partida de ciertos elementos viene por la aprobación del plan de recuperación y el presupuesto de la Unión Europea para 2021-2027. El equipo que lidera Thierry Breton, comisario europeo de Mercado Interior, se halla inmerso en estos momentos en los puntos de partida para acelerar los proyectos. En el sector espacial, la Comisión Europea, otro elemento en que Europa debe moverse tanto en el plano público como en el privado, aprendiendo y mejorando la experiencia de la NASA, tal y como se hizo un artículo de aproximación. Bien, la Comisión Europea, como decíamos, es patrocinadora de dos importantes infraestructuras de satélites, la constelación de navegación Galileo y la red de observación terrestre Copérnico, y se muestra más que dispuesta a proporcionar a los países europeos una nueva constelación de satélites. El propósito es garantizar a los gobiernos de la Unión Europea la seguridad de las comunicaciones gubernamentales y proporcionar a los ciudadanos europeos un buen servicio de Internet, especialmente en las zonas de difícil acceso.

El nombramiento de Thierry Breton, del que he hablado en el párrafo anterior, como comisario europeo para el Mercado Interior también resulta interesante. En esta misma revista digital se publicó un artículo de análisis y estudio a partir de la propuesta del SPD de la formación de un 28º Ejército, donde se aborda también la situación de la defensa en Europa, y donde hallamos lo de siempre: egoísmo, mercado fragmentado, en un mundo de colosos. No es casualidad el que China acelere también en el sector armamentístico y progrese en armas que son claves en la revolución militar que estamos viendo ante nuestros ojos. Sobre el particular, recomiendo repasar el mencionado artículo sobre la propuesta del SPD. Respecto a la evolución y características del ejército chino, y su sector industrial-militar, ya convertido en el segundo del mundo en cuanto a ventas y otros factores, según el SIPRI, hablaremos en un dossier geopolítico especial en esta misma revista digital. Al respecto, Thierry Breton anunció esfuerzos para la creación de un Fondo Europeo de Defensa para desarrollar proyectos conjuntos. En palabra del propio Breton, es muy importante desarrollar una«industria europea de defensa» para tener tecnologías «soberanas» . “La defensa será un tema absolutamente imprescindible durante los próximos cinco años de esta Comisión y estará bajo mi responsabilidad, con la creación por primera vez de una industria europea de defensa coordinada en parte por la Comisión Europea” .

Es oportuno que recordemos que el cargo como miembro de la Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen está dirigido hacia el mercado interior, digital, servicios, industria, defensa y espacio. «Lo importante es que tenemos tecnologías de defensa limpias y soberanas», añadió Breton, recordando la reciente creación de un Fondo Europeo de Defensa para desarrollar proyectos comunes (…) Se invertirán 13.000 millones de euros para empezar a construir una industria de defensa europea coordinada en toda Europa sin dejar a ningún miembro atrás. Todos deben, a su nivel, apropiarse de una parte de la defensa [europea]», tal y como recoge este enlace.

Desde Francia se impulsa un movimiento mucho más amplio, al respecto cabe tener muy presentes la palabras de Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, quien ha reflexionado en The Economist con gran acierto en lo que respecta a la falta de previsión, reflexión y coordinación en Europa. Además de merecer una lectura pormenorizada, pues mencionaba el 21 de octubre de 2019 lo siguiente:

Europa olvidó que era una comunidad, que poco a poco se pensaba como un mercado, con una teleología que era expansión. Este es un grave error porque redujo el alcance político de su proyecto, desde los años 90. Un mercado no es una comunidad. La comunidad es más fuerte: incluye elementos de solidaridad, convergencia, que hemos perdido, y de pensamiento político.

Entonces, básicamente, Europa se construyó como el «socio menor» de los estadounidenses. Esto es lo que está detrás del Plan Marshall desde el principio. Esto fue de la mano de un Estados Unidos benévolo, el máximo garante de un sistema y un equilibrio de valores, basado en la preservación de la paz mundial y la hegemonía de los valores occidentales. Eso tenía un precio, era la OTAN y el apoyo a la Unión Europea. Pero se ha producido un cambio en la última década, y no se trata solo de la administración Trump. Tenemos que mirar muy a fondo lo que está sucediendo en el lado estadounidense.

(…)

Emmanuel Macron, presidente de la República francesa en entrevista a The Economist

A lo que añade:

Desde el comienzo de mi mandato, impulsé mucho esta idea de una soberanía militar y tecnológica europea.

Así, en primer lugar, Europa está perdiendo gradualmente el hilo de su historia; segundo, se está produciendo un cambio en la estrategia estadounidense; en tercer lugar, el reequilibrio del mundo va de la mano del surgimiento –en los últimos 15 años– de una potencia china que crea un riesgo de bipolarización y margina claramente a Europa. Y a este riesgo del “G2” Estados Unidos / China, se suma el regreso de poderes autoritarios, en la vecindad de Europa, que también nos debilita muy profundamente. Este resurgimiento de potencias autoritarias, esencialmente Turquía y Rusia, que son los dos principales actores de nuestra política de vecindad, y las consecuencias de la Primavera Árabe están creando una forma de ebullición.

Todo ello conduce a una extraordinaria fragilidad de Europa que, si no se piensa en una potencia en este mundo, desaparecerá, porque será objeto de un golpe. Finalmente, hay una crisis interna europea: una crisis económica, social, moral y política que comenzó hace 10 años. Europa no ha revivido las guerras civiles a través de conflictos armados, pero ha vivido el egoísmo nacional. En Europa, hubo una división Norte-Sur en el tema económico y Este-Oeste en el tema de las migraciones, con la consecuencia de un fuerte aumento del populismo, en todas partes de Europa. Estas dos crisis, económica y migratoria, afectaron duramente a las clases medias. Subiendo impuestos, haciendo ajustes presupuestarios a espaldas de las clases medias, lo que en mi opinión es un error histórico. Esto es también lo que explica el aumento de los extremos en toda Europa. Una Europa que se ha vuelto mucho menos gobernable.

Teniendo en cuenta todos los retos de los que hablo, tenemos una Europa donde muchos países están gobernados por coaliciones, con mayorías frágiles o equilibrios políticos inestables. Mira Alemania, Italia, España, Bélgica, mira el Reino Unido que conoces, mira Francia. Por supuesto, tenemos instituciones sólidas, una mayoría hasta 2022. Pero también tenemos una crisis social muy dura, de la que no hemos salido, que era la forma francesa de vivir esta crisis. No hay un país en Europa que se salve. Excepto aquellos que le han dado la espalda a la democracia liberal y han decidido ser mucho más duros. Podemos decir que Hungría y Polonia son inmunes a estas crisis, incluso si tenemos señales de advertencia en Budapest.

Emmanuel Macron, presidente de la República francesa en entrevista a The Economist

En el contexto del Discurso del presidente de la República, Emmanuel Macron, sobre la estrategia de defensa y disuasión de la Academia Militar, el pasado 7 de febrero de 2020, considero relevante subrayar las siguientes ideas, las cuales destaco a continuación:

La última década ha visto los equilibrios estratégicos, políticos, económicos, tecnológicos, energéticos y militares, ampliamente cuestionados, y hoy vemos el amanecer de lo que podría socavar la paz adquirida después de tantas tragedias en nuestro continente (…) una nueva jerarquía de poderes [que] está surgiendo, a costa de una competencia estratégica global, sin inhibiciones, llevando para el futuro riesgos de incidentes y escalada militar incontrolada«.

«[Los europeos] deben darse cuenta colectivamente de que, por falta de un marco legal, podrían verse rápidamente expuestos a la reanudación de una carrera armamentista convencional, o incluso nuclear, en su suelo. No pueden limitarse a un papel de público.«

«La libertad europea de acción, defensa y seguridad de Europa no puede basarse en un enfoque puramente militar. Para construir la Europa del mañana, nuestros estándares no pueden estar bajo el control estadounidense, nuestras infraestructuras, nuestros puertos y aeropuertos bajo capital chino y nuestras redes digitales bajo presión rusa. A nivel europeo, necesitamos controlar nuestras infraestructuras marítimas, energéticas y digitales. Aquí también nos equivocamos mucho. Terminamos pensando, en los años noventa y 2000, que Europa se había convertido en un mercado grande, cómodo, teatro de influencias y depredaciones a toda costa ”, de hecho subrayó el presidente Macron, hablando de un “error fatal«.

Vivimos en el mundo de la interoperabilidad, con equipos cada vez más digitalizados. Gastando lo que gastamos para tener un equipo perfecto y entregando las infraestructuras de conexión entre nuestros equipos y nuestros países a otros, sin garantía, todavía sería una extraña ingenuidad. Me permitirán no querer participar«.

«Si esta elección pudiera parecer justificada en ese momento, en vista del tamaño de los arsenales acumulados antes de la caída del Muro de Berlín«, continuó, «el gran error fue sin duda, sólo en Europa, prolongarlo durante los últimos 20 años, o incluso se aceleró durante la crisis financiera, cuando otras potencias, importantes o regionales, mantuvieron o incluso intensificaron sus esfuerzos de defensa«.

Partes del Discurso del presidente de República Emmanuel traducidas del francés.

Y también es muy oportuno recoger las palabras de Emmanuel Macron en la entrevista concedida a Le Grand Continent, traducidas en su plenitud en el diario El Confidencial , y de la cual aconsejo su lectura detenidamente, y de las que me voy a permitir destacar las siguientes:

Creo que es indispensable que nuestra Europa vuelva a encontrar las vías y los medios para decidir por sí misma, valerse por sí misma y no depender de los demás en todos los proyectos: tecnológico, como dije, pero también sanitario y geopolítico, y poder cooperar con quien quiera. ¿Por qué? Porque creo que somos un espacio geográfico coherente en cuanto a valores, en cuanto a intereses, y que es bueno defenderlo en sí mismo. Somos una agregación de diferentes pueblos y diferentes culturas. No existe tal concentración de idiomas, culturas y diversidad en ningún otro espacio geográfico. Pero algo nos une. De hecho, sabemos que somos europeos cuando nos envían fuera de Europa. Sentimos nuestras diferencias cuando estamos entre europeos, pero sentimos nostalgia cuando nos alejamos de Europa.

Pero de una cosa estoy seguro: no somos Estados Unidos de América. Son nuestros aliados históricos, apreciamos como ellos la libertad, los derechos humanos, tenemos profundos vínculos, pero tenemos, por ejemplo, una preferencia por la igualdad que no existe en los Estados Unidos de América. Nuestros valores no son exactamente los mismos. Tenemos efectivamente un apego por la democracia social y una mayor igualdad, pero nuestras reacciones no son las mismas. También creo que la cultura es más importante, mucho más importante, aquí. Por último, nos proyectamos hacia otro imaginario que está conectado con África y el Próximo y Medio Oriente y tenemos una geografía distinta a la suya, que puede desalinear nuestros intereses. Lo que es nuestra política de vecindad con África, con el Próximo y Medio Oriente, con Rusia, no representa una política de vecindad para los Estados Unidos de América. Por lo tanto, no es sostenible que nuestra política internacional dependa de ellos o siga sus pasos.

Y lo que digo es aún más válido en relación con China. Por eso creo que el concepto de autonomía estratégica europea o soberanía europea es muy fuerte, muy fecundo, al afirmar que somos un espacio político y cultural coherente, que ante nuestros ciudadanos tenemos el deber de no depender de otros y que esta es la condición para tener peso en el concierto contemporáneo de las naciones.

Emmanuel Macron, presidente de la República francesa en entrevista a Le Grand Continent

Todo ello sitúa el eje desde Francia en impulsar la capacidad y la soberanía operativa europea, y se insiste en que ambas deben ir de la mano de la soberanía digital para que garantice a Europa la protección de los datos generados en el continente y que permita gozar de una independencia tecnológica en las telecomunicaciones, lo que incluyen los datos, y por supuesto, la nube, que son prioridades en el doble campo civil y militar.

Francia está preocupada por el monopolio estadounidense en el procesamiento y almacenamiento de datos, con las GAFAM y particularmente de las NATU (Netflix, Airbnb, Tesla y Uber) el caso de Netflix, y más con la pandemia de COVID-19, pues han disparado su potencial, al igual que el caso chino. A ello se suman las elecciones tecnológicas que se harán para el 5G, con la presencia de operadores chinos, y ante todo, Huawei. Europa se halla en una situación de fragilidad extrema, pues está atrapada entre dos gigantes que también han transformado el Viejo Continente en un terreno de juego comercial y estratégico, algo sobre lo que reflexiona Esteban Hernández en su libro «Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI», y que en esta revista digital pudimos mantener una conversación con el autor, que aconsejo repasar.

De lo inminente e inefable momento de choque en Europa de los colosos norteamericanos y chinos, momento que ya ha llegado y en el que estamos ya inmersos, varios actores del espectro de la tecnología han insistido durante bastantes años, y lo han hecho describiendo la realidad a la que Europa se enfrenta, que es el vasallaje definitivo o a Estados Unidos o a China, salvo que se tomen medidas y acciones eficaces, eficientes y sabias al respecto.

De entre todas ellas quiero señalar una de ellas en particular, pues creo que aportan claridad en sus diagnósticos y forma de enfrentar esta situación. Hablo de la Iniciativa Disruptiva Europea Conjunta, en inglés Joint European Disruptive Initiative, o JEDI

Creo oportuno citar de su propia web el siguiente extracto, que paso a traducir al español, pero que podrá leer en su versión original consultado su web:

«El propósito de la Iniciativa Disruptiva Europea Conjunta (JEDI) es llevar a Europa a una posición de liderazgo en tecnologías disruptivas. Está impulsado por 3.700 líderes del ecosistema de tecnología profunda de Europa en 23 países.

JEDI está lanzando Tech GrandChallenges para empujar las fronteras de la innovación, con un método radical basado en la excelencia, sin retorno geográfico, velocidad, altas expectativas y asunción de riesgos audaces.

Centrado en valores humanistas, un enfoque impulsado por un propósito para resolver los principales problemas sociales en medio ambiente y energía, salud, digital y nuevas fronteras (espacio y océanos) a través de la innovación.»

Como podemos comprobar, la JEDI pretende poner al paso a Europa con Estados Unidos y China en cuanto a tecnologías disruptivas, y esto es algo, de nuevo otra factor más, en lo que ningún país de Europa puede ponerse ni a la sombra de Estados Unidos o China sólo, ni siquiera una dupla de países. Conviene entender que requiere el esfuerzo de Europa como continente. Y es este un esfuerzo generoso, decidido y vigoroso. De modo que tenemos un desafío en los colosos de los datos, en la fabricación de soportes y terminales, en la revolución militar que estamos presenciando ante nuestros ojos, en el comercio, en la protección de los derechos de los europeos… y en las tecnologías disruptivas, entre muchísimos otros campos. La inspiración de JEDI se halla en los métodos de DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos, que se centran en la rapidez, en manejar y tratar de alcanzar metas y expectativas muy altas y asumir riesgos importantes para proveer de soluciones a los grandes desafíos que presenta nuestra sociedad a través de la innovación en campos tales como las energías renovables, el espacio, la salud, la inteligencia artificial o la defensa.

Solicitudes internacionales de patente por país de origen (2019)

PaísTotal
China58.990
Estados Unidos52.660
Japón19.353
República de Corea19.085
Francia7.934
Reino Unido5.786
Suiza4.610
Suecia4.185
Países Bajos4.011
UE2748.797
UE27+Reino Unido54.583
Elaboración propia, fuente.

Principales solicitantes del PCT (2019)

SolicitantePaís Total
Huawei Technologies CO., LTD.China4.411
Mitsubishi Electric CorporationJapón2.661
Samsung Electronics CO., LTD.República de Corea2.334
Qualcomm IncorporatedEstados Unidos2.127
GUANG DONG OPPO MOBILE TELECOMMUNICATIONS CORP., LTDChina1.927
BOE TECHNOLOGY GROUP CO.,LTDChina1.864
Telefonaktiebolaget LM Ericsson (Pública)Suecia1.698
PING AN TECHNOLOGY (SHENZHEN) CO., LTD.China1.691
Robert BOSCH CorporationAlemania1.687
LG Electronics INC.República de Corea1.646
Elaboración propia, fuente. Obsérvese cómo de las 10 principales 4 son de China, 7 son asiáticas, dos son europeas y sólo una es norteamericana.

Principales solicitantes del PCT por institución docente (2019)

SolicitantePaís Total
University of CaliforniaEstados Unidos470
Tsinghua UniversityChina265
Shenzhen UniversityChina 247
Massachusetts Institute of Technology (MIT)Estados Unidos230
South China University of TechnologyChina164
Board of Regents, The University of Texas SystemEstados Unidos161
Dalian University of TechnologyChina141
Harvard UniversityEstados Unidos140
Seoul National UniversityRepública de Corea136
Leland Stanford Junior UniversityEstados Unidos132
Elaboración propia, fuente. Del Top-10, sólo una universidad no es estadounidense ni china, pero es surcoreana. El resto, estadounidenses: 5 centros son estadounidenses y 4 son chinos. No hay ninguna universidad europea hasta la británica Oxford, que ocupa el puesto número 20 con 96 solicitudes, las siguientes europeas son la también británica Imperial Innovations LTD. con el puesto 52 y 63 solicitudes; y, la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (Suiza) con el puesto 53 y 62 solicitudes

Sin embargo, creo que debe quedar muy claro algún aspecto de este documento, y ha llegado el momento de ello. Los principales esfuerzos que debe hacer Europa no están en la persecución de los competidores. Se trata de alcanzar los elementos básicos para despegar, tales como los datos, la Inteligencia Artificial, la aplicación de lo cuántico… otros elementos deben corresponder a ententes privados en asociación con subvenciones públicas. Pero no se trata de hacer un Facebook «europeo», pues Facebook está en fase de mutación hacia otro lugar distinto de lo que hemos visto ahora, tal y como ya monitoreamos en esta revista digital, pensando en ejecutar una estrategia estadounidense de «fagocitacion» de la UE por parte de Estados Unidos. Se trata de proyectarnos en la próxima generación tecnológica, que se acerca a pasos agigantados, y más por la competencia entre ambos grupos de colosos y con la ferocidad de los dos titanes, chinos y norteamericanos, también en ciertos aspectos aún acoplados, aunque tendrán tendencia a desacoplarse aún más. Pero con el ojo puesto en Europa ambos. No se trata de perseguir lo que ya ha quedado obsoleto, se trata de proyectarnos en las siguientes evoluciones y en alcanzar el liderazgo, o por lo menos mejorar nuestras capacidades y proyectarnos hacia el futuro con inteligencia y buenas decisiones en 10 años.

Se trata de que China acaba de lanzar el marketing de la oferta 5G, usando simplemente y ante todo, y sirva esto de referencia para Europa, tres agentes: China Mobile, China Unicom y China Telecom. China ya cuenta con más de 100 millones de personas y cincuenta ciudades cubiertas con 5G, incluidas, por supuesto, Beijing, Shanghai y Cantón. Y ahora entenderán a lo que me refería en el párrafo anterior: no está ni desplegada siquiera parcialmente el 5G, del que no paramos de oír hablar en los medios de Occidente, cuando en China ya se trabaja en el 6G, y se ha lanzado el primer satélite de 6G con éxito el pasado 6 de noviembre, el Tianyan5, desarrollado de forma conjunta de manera público-privada al contar con la participación de la Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China, la Chengdu Guoxing Aerospace Technology y la Beijing Weina Xingkong Technology. De lo que de verdad se es trata es de proyectarnos en el 6G y en las siguientes generaciones tecnológicas, y Beijing tiene claro que sumando capacidades y competencias, además de otros factores, realmente cuenta con tan sólo en este momento, dos competidores, Corea del Sur y Estados Unidos. Ya está constituido un grupo de trabajo integrado por 37 personas de universidades, instituciones y empresas, en ese ejemplo público-privado del que hablaba. Huawei también dijo mediante entrevista con el South China Morning Post, de la que se hacen eco en la web corporativa de Huawei, en boca de su director ejecutivo, Ren Zhengfei, que había estado trabajando en 6G durante los últimos tres a cinco años.

La ya mencionada China Unicom y ZTE cerraron un acuerdo para investigar y desarrollar la red 6G conjuntamente, en competencia con Huawei. Su plan de trabajo prevé discutir las perspectivas del 6G y sus tendencias tecnológicas, investigar las tecnologías 6G clave y cooperar en todos los estándares. ZTE también ha subrayado que la alianza con China Unicom para las tecnologías 6G claves incluirán el desarrollo de la tecnología de integración espacial, aérea y terrestre, tecnología de terahercios y de comunicación de luz visible.

Por su parte, China Unicom hacía lo propio y aportaba más detalles, pues el objetivo de la entente con ZTE es promover la fusión entre las redes 6G y satelitales, y, atención a este aspecto pues proveen los diferentes espacios de acción e integración en el contexto de la nueva revolución industrial que está empezando China como avanzadilla del mundo, y que se base en:

1/ Internet de las cosas

2/ Internet de los vehículos (todos los vehículos) y,

3/ Internet industrial

Para Ma Jihua, un reputado y veterano analista de la industria tecnológica global, le dijo al Global Times que el 6G se convertirá en el campo de batalla de la próxima década. Respecto al pacto de cooperación entre China Unicom y ZTE, el señor Ma añadió que «sólo cooperando con múltiples actores interseccionales en la industria, las empresas pueden garantizar que no serán marginadas una vez que se pongan en uso los estándares y la tecnología 6G«.

Con el 6G, ingresamos al dominio de terabytes por segundo en la descarga, es decir, que se estiman en 10 veces más rápidas que las del 5G. El objetivo también es aumentar aún más las capacidades de la Inteligencia Artificial, las comunicaciones en el espacio, por ejemplo, unificando los modos de transmisión entre satélites y redes terrestres, y cubrir los océanos. Ya es evidente el enorme potencial en las áreas de defensa y seguridad, entre otras muy destacadas.

También considero relevantes la declaraciones de Fu Liang, experto en la industria de las telecomunicaciones con base en Beijing, al Global Times en las que resaltaba que la red de comunicaciones del futuro, incluida la 6G, romperá la estructura de centralización de Internet y evitará que una empresa o empresas de un gobierno establezcan el dominio.

Investigadores de diferentes países están estudiando qué banda de frecuencia debería adoptar el 6G y si incluirá satélites para formar una red conectada entre el espacio y la Tierra.

Para el señor Ma, una cosa está muy clara, «la investigación del 6G de China es más avanzada que la del 5G debido a una base de talento grande y muy sofisticada, una sólida experiencia técnica y una fuerte demanda de aplicaciones (…) La brecha se está ensanchando, ya sea en la tecnología de banda ancha de fibra óptica o en las redes móviles … Si China usa una ‘ametralladora pesada’ mientras Estados Unidos sostiene un arco y una flecha en el campo de batalla 6G dentro de 10 años, no habrá una competencia entre los dos en el sector de las telecomunicaciones».

Debemos recordar que la economía digital representa más de un tercio del PIB de China y aporta más del 50% en una fase de implementación tan reducida del 5G, en proporción con el tamaño del país ahora, y en este contexto.

Ma dijo que los tres operadores de telecomunicaciones chinos han triplicado su inversión en 5G durante el año pasado. La epidemia de coronavirus SARS-CoV-2 ha estimulado el apoyo de las políticas de China a 5G, junto con la creciente demanda de los consumidores de una mayor velocidad en las redes para gestionar las necesidades del teletrabajo, la educación en línea y la transmisión en vivo, que son la punta de lanza de lo que vamos a experimentar de una manera más permanente.

Por su parte, la tercera apuesta de China para el 6G viene de Xiaomi, que a través de su cofundador, Lei Jun, dice que Xiaomi ya está realizando una investigación previa sobre la próxima generación de comunicaciones inalámbricas. Y no es la única noticia que ha proporcionado Xiaomi, pues ha alcanzado la marca de los 100.000 millones de dólares en su capitalización el mercado de valores de Hong Kong, en tan sólo 10 años, consolidándose como el tercer mayor vendedor de teléfonos inteligentes del mundo, sacando del podio a Apple. Xiaomi se está revelando como el auténtico vencedor de la guerra emprendida contra Huawei por Estados Unidos, con lo que en el tercer trimestre de este 2020, la surcoreana Samsung lidera el listado, seguido de Huawei y Xiaomi, en cuarta posición Apple, pero la quinta posición es de Vivo, también china. Si establecemos una comparativa con hace un año, Samsung ha aumentado un +2,9%, Huawei ha perdido un -22%, Xiaomi ha ganado un +42%, Apple ha perdido un -10,6% y Vivo ha ganado un +4,2%. El resultado es que Xiaomi ha roto el techo de cristal en el que parecía habitar a corto plazo y ha disparado su facturación un 35% en un año, y ha logrado duplicar sus ingresos operativos. Xiaomi tiene como producto estrella los teléfonos inteligentes, ante todo los de gama media, que suponen dos tercios de su facturación. Aunque ahora se prepara para asaltar otro mercado en el sector al lanzar su nuevo modelo premium y con 5G, el M11, que es el primer modelo que funciona con el Snapdragon 888, el producto top de gama de Qualcomm. La segunda fuente de ingresos, con el 25%, viene asociada al Internet de las cosas. Además, ha logrado reducir su dependencia del mercado interior chino, pasando en dos años del 70% al 46% del total de los ingresos de la compañía. Además de este anuncio, está reforzando su capacidad de aceleración de expansión y aumentar la participación de mercados clave, como el del 6G y todo lo que traerá, para ello recaudo prácticamente 4.000 millones de dólares extra en fondos. Vemos pues que la guerra iniciada contra empezada contra China da resultados, pero no los esperados, por lo menos a corto plazo, pues ha reforzado tanto a corto plazo a Xiaomi que ha quemado etapas y ahora es un agente de gran fortaleza más en manos de la estrategia de Beijing. Como tal cuestión ya se ha consolidado, Washington ha reaccionado preparando un paquete de medidas para contener también a Xiaomi, al igual que hace con Huawei, y que aborda Chong Koh Ping para The Wall Street Journal el 15 de enero de 2021.

Gráfico que muestra el estado del 5G en Estados Unidos. Arabia Saudí cuenta con infraestructura de Huawei, Corea del Sur es autóctona. Fuente OpenSingal.

¿Y en Europa? Por de pronto, se puede actuar a corto y a medio y largo plazo. A corto plazo hay una cuestión en la que apenas se entra, y es preciso que por lo menos, mencionemos aquí para tomar acción.

La acción de los GAFAM y la prensa. Es urgente una respuesta europea

Nuestras democracias se basan, entre otros, en un pilar básico, y también es necesario reflexionar al respecto a nivel europeo. Hasta ahora la prensa europea presenta una falta de visión clara que está siendo aprovechada por la competencia frontal y agresiva de Google, Amazon, Facebook, Apple, en mayor o menor medida. Nuestros medios de comunicación se enfrentan a estos colosos que tienen a los medios de comunicación y de información en clara dependencia estructural, en una relación puramente neocolonial. ¿El motivo? Que nuestros medios están fragmentados, pierden capacidades y al final calidad, ya que dependen de la accesibilidad, distribución y visibilidad digital de sus contenidos, cosa que sucede a través de unos algoritmos de los que realmente no sabemos mucho, y que acaban también por obtener datos en cantidades ingentes de los lectores, además de audiencia online, publicidad, e incluso financiación de su I + D. Un dato clave, tan sólo Google y Facebook ejercen un monopolio de más del 50% de la publicidad online a nivel global, y se calcula que ambas captan más del 80% de la publicidad que alguna vez alcanzó a los medios. La pandemia de la COVID-19 no ha hecho más que acentuar esta situación, haciendo manifiesto una paradoja: las audiencias digitales de los medios europeos se han disparado pero están perdiendo el 70% de su facturación, mientras que, obviamente, los GAFAM están gozando un periodo de crecimiento muy y muy destacado en sus ingresos sin que contribuyan en modo alguno de una forma mínimamente apropiada a las economías de los países donde se han establecido en Europa, ni tampoco a los sectores mediáticos a los que roban. Estos colosos están saqueando en cuanto a recursos y en capital humano a Europa sin ni siquiera prestar una compensación económica real.

De hecho, ciertos periódicos como The Guardian o The Independent se han decidido a implementar una estrategia para superar esta dependencia. Pero, como sucede en lo que estamos tratando, una solución individual o de un grupo pequeño de individuos no logra nada, se trata de soluciones colectivas europeas de gran eficacia. Además hay que contar con los escándalos que han afectado a GAFAM (Cambridge Analytica, diversas filtraciones, promoción de contenidos de odio o empujados por potencias extranjeras) han puesto de relieve importantes disfunciones perjudiciales para nuestro funcionamiento económico y democrático y para la convivencia. Más aún, creo que se puede comprender la estrategia de adquisición o condicionamiento del tratamiento informativo y de líneas editoriales, precisamente por no contar con periódicos de alcance verdaderamente europeo, y que puedan ser un equivalente perfecto a The New York Times, USA Today, Los Angeles Times, The Washington Post, donde ha entrado Jeff Bezos de Amazon, el New York Post, de Rupert Murdoch, el mismo dueño de la FOX y de Sky en Reino Unido. Hablamos de auténticos colosos, tanto en circulación como en conexiones con el poder de los GAFAM, de una forma u otra, y que han empezado no sólo a influir, también a controlar. ¿Cuánto falta para que La Vanguardia, Le Monde, The Guardian, The Independent, La Stampa, Die Zeit, entre muchos otros, acaben no ha influidos por los GAFAM, que esto ya hace tiempo que pasa, me refiero a que pasen a estar bajo su control directo? En Europa se debe pensar en crear periódicos transeuropeos, cabeceras compartidas en varios países, con los mejores periodistas y columnistas, traducidos en el idioma estratégico (inglés, francés, alemán, italiano, español, etcétera). Formar unas 5 cabeceras comunes europeas, que recojan la pluralidad, con secciones destinadas a cada país concreto (Bélgica, Francia, Alemania, Austria, Italia, España, Reino Unido…) además de cooperar en formar un espíritu de continuidad en Europa, propiciaría el primer paso que juzgo necesario, crear medios lo suficientemente grandes e influyentes, capaces de trasladar una visión del mundo distinta. Igualmente se trataría de hacer con semanarios al estilo de los que ya contamos en Europa, como The Economist o el Financial Times, pero con otros formatos y temáticas. Pero, obviamente, esto no sería todo.

En este sentido percibo que la Comisión de Ursula von der Leyen entiende por lo menos la urgencia de actuar desde cualquier nivel para promover medios de comunicación libres, independientes e innovadores en Europa. Más allá de la directiva sobre servicios de medios audiovisuales, la Comisión Europea adoptó el 3 de diciembre de 2020 por primera vez un plan de acción para los medios de comunicación en Europa, bajo la acción decidida del ya mencionado Comisario de Mercado Interior, Thierry Breton. El plan propone de una manera concreta poner en marcha una verdadera estrategia industrial para los medios de comunicación, para movilizar una financiación considerable en el marco del plan europeo de recuperación para apoyar a los medios en la crisis, pero sobre todo para acelerar su transformación digital, para fortalecer su capacidad de I + D y fomentar de su cooperación, en particular para crear nuevas plataformas de agregación de contenidos de calidad como alternativas a las grandes plataformas globales, y este último punto sí que resulta fundamental.

Precisamente se destaca en la dinámica de este plan para los medios, complementado con un plan a favor de la democracia, que promueva la cooperación periodística transnacional garantizando la libertad editorial, que la legislación de servicios digitales (Ley de Servicios Digitales) y el de los mercados digitales (Ley de Mercados Digitales). Hay que señalar que estos últimos cuentan con el objetivo de no solo garantizar los derechos de la ciudadanía en lo que a términos de transparencia algorítmica y acceso a sus datos se refiere, pero más aún, también para controlar mejor y ante todo poder poner freno al monopolio de ciertos elementos de los GAFAM, que con sus acciones destruyen sectores industriales enteros, empezando por los medios, con la intención de liquidarlos y adquirir los que les convengan a precio de saldo mientras los saquean.

Por consiguiente resulta imperativo que se perciba de una vez la urgencia para que los medios de comunicación se organicen a escala continental, formándose plataformas de lectores a nivel continental. Se trata tanto de la realidad de nuestra soberanía como del futuro de nuestras democracias liberales.

Digitalización y ciertos desafíos de inteligencia

Ericsson y Nokia también están comenzando a trabajar en la próxima generación y han firmado asociaciones con las avanzadas surcoreanas Samsung y SK Telecom. A nivel estratégico, el objetivo es ofrecer soluciones tecnológicas, pero también estándares y no seguir el ejemplo del pelotón. Cabe destacar que mientras que el 4G y el 5G son generaciones de telefonía estandarizadas para todo el mundo, con el 6G creo que nos acercamos al surgimiento de un mundo de telecomunicaciones por lo menos bipolar, con China de un lado y Estados Unidos del otro. Al igual que en los campos político, económico, diplomático y militar, Europa podría constituir entonces una tercera vía. Pero para eso, debe actuar con rapidez, inteligencia y con una mente estratégica común, proyectándose como bloque y cambiando el mercado, las tácticas, las estrategias y un amplio etcétera. Y ya no sólo es el 6G, es la Inteligencia Artificial, la computación cuántica y cuantos elementos disruptivos se conocen ahora y se planteen en una competición frenética entre ambos bloques: estadounidenses y chinos.

«Hubo un momento de Galileo, y ahora estamos en una encrucijada en conectividad, comunicaciones cifradas, cuántica, y no hay duda de que nos quedamos atrás de los estadounidenses y los chinos», explicó en Bruselas, destacando que ya existen dos programas europeos, Govsatcom y Quantum Communication Infrastructure, que pueden combinarse para formar la base de un gran proyecto europeo de conectividad y comunicación, reflexionaba con gran acierto el Comisario Thierry Breton. Aunque sobre la cuestión de cómo Europa trata de contrarrestar a SpaceX y Amazon se tratará en un Dossier Geopolítico Especial sobre la cuestión espacial en la Unión Europea, con lo que no profundizaremos más en este caso.

También es preciso señalar ahora que el Comisario Europeo de Mercado Interior ha trabajado desde su responsabilidad en el impulso con éxito para la regulación del espacio digital mediante la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley del Mercado Digital (DMA), que fueron presentadas el 15 de diciembre de 2020, actualizando, al fin, la directiva relativa a Internet y comercio electrónico de 2020. Y que entrarán en vigor en los próximos 18 meses tras la votación en sede del Parlamento Europeo y el acuerdo de los 27 Estados miembros. No obstante, cabe esperar la ofensiva de los GAFAM para tratar de retrasar lo máximo posible su aplicación mediante la labor de lobby en todas partes que les sea posible, ya que las plataformas pasarán a estar obligadas a someterse a lo estipulado en el texto legal, de acuerdo con los parámetros allí fijados, con el objetivo también de respetar la libertad de expresión, permitiendo, si fuera necesario, intervenciones rápidas a posteriori, con el principio de exención de responsabilidad que se mantiene, pero aplicable a los proveedores de hosting exclusivamente; además, por el hecho de prestar servicios, quedarán sujetas dichas plataformas a obligaciones adicionales. Cada plataforma contará con un representante legal en Europa, y cada Estado miembro tendrá un regulador responsable de hacer cumplir la normativa y hacer auditorías, también sobre algoritmos que hagan más virales ciertos contenidos. Además, cualquier autoridad pública nacional podrá cursar órdenes de retirada directamente a las plataformas en cuestión; se contará adicionalmente con una serie de elementos de confianza, terceros, como pueden ser oenegés o titulares de derechos para que las plataformas reaccionen de una forma inmediata. Los reguladores nacionales formarán parte de una suerte de junta europea que funcionará bajo la coordinación de la propia Comisión, junto con todas las contrapartes. Se impondrán sanciones, varias de ellas de forma sucesiva, que representarán un porcentaje de la facturación de la empresa que incurra en las mismas, pudiendo catalogarse las infracciones de graves y reiteradas y llegar a la prohibición para operar en territorio europeo

Hemos tenido ocasión de apreciar la gran guerra de Estados Unidos contra Huawei para bloquear el despliegue de este gran paso en la realización de la fallida economía digital, reforzando el principio de que debe sustentarse en un componente firme y sólido de economía real o productiva.

La Administración Trump no solo ha frenado la entrada de Huawei en su territorio para el 5G —donde, a diferencia de otros países, los móviles 4G de esa marca están prácticamente ausentes—, sino que ha presionado a sus aliados europeos y del Pacífico para que siguieran esa línea preventiva. Además, ha forzado a una empresa como Google para que dejara de suministrar componentes esenciales de su popular sistema operativo Android para móviles, a Huawei y alguna otra empresa china, lo que les puede dañar gravemente. Japón ha rechazado adquirir Huawei para su red 5G, como Australia y Nueva Zelanda, y algunos aliados europeos (Dinamarca no lo ha prohibido, pero la empresa TDC la ha apartado, como está haciendo Noruega). Pero no, significativamente, el Reino Unido —que forma parte de la alianza de inteligencia anglosajona Five Eyes (Cinco Ojos)— que decidió seguir adelante con Huawei, salvo para funciones de núcleo (core) de la red 5G. Hasta el punto de que la BBC se preguntaba el 20 de febrero de 2020 si Huawei sería una amenaza para los Five Eyes. El Reino Unido acordaba el 14 de julio de 2020 expulsar a Huawei para 2027 lo más tardar, bajo los argumentos dados en este artículo.

La Comisión Europea, en esta línea, ha recomendado a los Estados miembros de la UE que excluyan a proveedores de “alto riesgo” de sus redes, si bien sin mencionar a Huawei ni a China. Europa, como ya se ha señalado, cuenta con dos empresas la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia, capaces de fabricar equipamiento para redes 5G, y competir con Huawei, aunque a precios más caros. La surcoreana Samsung es también un rival en esta competición. De no reaccionar, la Unión Europea como tal está nuevamente perdiendo una carrera tecnológica, no de redes instaladas. Ahora la Comisión Europea pretende centrarse y no perder la siguiente, la de la 6G. Sea como sea, Europa debe invertir fuertemente en Nokia y en Ericsson.

De hecho, existe un debate interesante con Huawei, ¿por qué les compramos relés para 5G cuando podríamos hacerlo de un fabricante europeo o bien mediante un consorcio de varios países europeos? La pregunta es pertinente pues es el líder mundial en este sector. Y aplicando la cuestión a España urge abandonar estrategia desplegada mediante la cual en diez años se ha reducido en un 25% el coste unitario de la mano de obra en la industria, el resultado de esta política ha sido el abandono de Nissan y otros elementos que sitúan a España en la banda equivocada, también en lo industrial. Así, también urge que España plantee un plan agresivo donde se tenga en consideración la potencial riqueza minera y ponerla en explotación, pero no para extraerla simplemente. Debe desarrollarse una industria que transforme y diseñe para tratar de acercarnos a un ciclo lo más completo posible, que incluya el reciclado, pero también el diseño, con la finalidad de reducir el precio de la unidad y hacerla competitiva por la vía de la tecnología, la eficiencia y el diseño.

La transición energética hoy representa tanto una oportunidad como una amenaza, ya que se importan los materiales necesarios. Debes saber que una batería eléctrica constituye entre el 30 y el 40% del valor de un coche eléctrico. Sin embargo, por el momento no fabricamos ninguna batería eléctrica, que es un monopolio asiático, ni células solares ni turbinas eólicas, mientras que Dinamarca y Alemania producen energía eólica. En las condiciones actuales, la aceleración de la transición energética conducirá a una aceleración de nuestras importaciones de materiales. Hay varios proyectos europeos, incluido uno franco-alemán en torno a Total y PSA, que implica la repatriación de parte de la producción. Esto llevará tiempo y seguirá estando fuera de sintonía con las capacidades de los coreanos, chinos y japoneses en esta área. El interés de los europeos es pensar en el coche eléctrico del mañana. Hay etapas intermedias en las que podemos desarrollarnos, pero estamos muy por detrás de Asia. Si importamos del 30 al 40% del valor añadido para nuestra industria del automóvil, habrá repercusiones en el empleo en Europa.

La economía japonesa va bastante bien. El crecimiento per cápita es mayor que el de Europa. Japón está experimentando una explosión en la oferta monetaria paralela a la ampliación del déficit público. Esta política se ha aplicado durante veinte años. Aparte de los aumentos del IVA, la inflación es casi nula allí y realmente no hay burbujas en los precios de los activos. El punto es que existe un consenso en Japón sobre mantener una mayor cantidad de dinero creado por el estado en depósitos bancarios, sin reaccionar, sin comprar activos. Tener dinero, que es más nacional, cuando la inflación es cero no es una penalización. Además, hay muy poca diversificación de divisas. Su nacionalismo financiero les ha permitido mantener tipos de interés cero durante veinte años sin que ocurra nada, mientras que en Europa hemos experimentado en el pasado una hemorragia de capitales con destino a Estados Unidos.

Cuando eres una moneda de reserva, gravas un impuesto al resto del mundo. Si el euro se convierte en una importante moneda de reserva internacional, se aplica su derecho de señoreaje; el resto del mundo invertirá en deuda en euros a tipos de interés bajos. Esta transferencia se está produciendo en detrimento de los países emergentes. Un emergente que pone sus reservas de divisas en dólares tiene una baja remuneración y está sujeto a impuestos. Por otro lado, el sistema monetario internacional produce una creciente volatilidad de los movimientos de capitales principalmente entre la OCDE y los países emergentes, en el origen de la volatilidad de los tipos de cambio de estos últimos que les resulta muy perjudicial. Desde hace treinta años nos alarmamos por un capital excesivamente cíclico en los países emergentes. Cuando les va bien, se inundan de capital (con burbujas y mayor liquidez), y tan pronto como se paralizan, el capital se va y hay crisis en cascada. Amplificamos enormemente las debilidades económicas de los países emergentes y no podemos gestionar las fluctuaciones del tipo de cambio. El ejemplo del real brasileño, que se vendió a 2 reales por dólar en 2014 frente a 6, luego 5, 30, 5,40 con la crisis de COVID-19, muestra que ningún país puede resistir cambios en el tipo de cambio. La única solución para superar el problema de la volatilidad en los movimientos de capitales consiste en establecer mecanismos de control sobre las entradas de capitales de corto plazo. Por tanto, una acción comprada durante tres días se gravará mucho más que una acción comprada durante diez años.

La mayoría de las empresas consideran que los costes de organizar traslados a larga distancia superan los beneficios de los costes de producción. El factor de riesgo juega un papel predominante aquí. Por razones principalmente de seguridad, existe un movimiento espontáneo para re-regionalizar ciertas cadenas de valor, iniciado por las empresas en 2014, mucho antes de la crisis de la pandemia de COVID-19. A esto se suma el aumento de los costos de producción en los países emergentes. La cadena de valor de la región europea incluye países donde el costo de producción puede ser más barato que en China. Una hora de trabajo en la industria en Rumania se factura a 9 euros, en Francia es 38 y en China 12. Desde 2013/2014, el comercio mundial ha aumentado menos rápidamente que el PIB mundial, lo que es relativamente sintomático. Si la pandemia confirma que es peligroso tener un solo productor en la distancia, esta tendencia hacia la regionalización ya estaba en marcha. También deben tenerse en cuenta las cuestiones de flexibilidad. Si este movimiento es favorable para Europa del Este y el Norte de África, lo es mucho menos para Francia y Europa Occidental. Por otro lado, si reemplazamos a China con Rumania, no revertimos la globalización. Por su parte, la globalización financiera continúa y se expande. Los montos de deuda y activos externos continúan creciendo, los flujos internacionales de capital son gigantes. Estamos ante una tendencia a la regionalización productiva, no otra cosa.

Hay una renta real a extraer emitiendo la moneda de reserva dominante, se ve muy bien en el caso norteamericano. Europa debe beneficiarse de esta anualidad. Ser moneda de reserva supone que atraes ahorros de otros países pagándolos a bajo precio. Esto es lo que los estadounidenses han estado haciendo desde la década de 1960 para financiar gran parte de su crecimiento. Esto permite tener una deuda externa creciente que financia inversiones con tasas de interés muy bajas. El euro, que constituye sólo el 21% del total de monedas de reserva de los bancos centrales del mundo, frente al 26% en 2008, no está en condiciones de hacerlo. El dólar se mantiene en 62-63%, mientras que el yen y la libra esterlina han subido significativamente (5%). Europa tiene un superávit externo. Podría decidir adoptar una estrategia de desarrollo de una moneda importante de reserva internacional como alternativa al dólar. El momento parece adecuado. Pero para extraer esta renta, se necesita un activo de reserva. La gente no adquiere dólares, está comprando letras del Tesoro de Estados Unidos. Por tanto, urge una deuda del tesoro europeo, de la deuda federal. Mientras tenga deudas de 19 euros con diferentes calificaciones, no podrá hacerlo. Los grandes inversores compran principalmente deuda francesa, alemana u holandesa. Es insuficiente. Si tuviéramos una gran deuda federal en euros, generaría una demanda internacional colosal que nos permitiría extraer esta renta de la moneda de reserva y tener más crecimiento y más inversión en la zona euro. Esto es lo que han estado haciendo los estadounidenses durante sesenta años. Lograr este objetivo requiere «la unificación de los mercados de capitales».

Conclusión del apartado para Europa

Muchos proyectos europeos se bloquean o ralentizan, porque los grandes Estados miembros, empezando por Francia y Alemania, hablan de Europa pero actúan a nivel nacional. Estrategias de Inteligencia Artificial fragmentadas, políticas industriales descoordinadas, agencias de innovación dispersas, cada uno por sí mismo en licencias 5G, diferentes actitudes hacia China…

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tiene la intención de hacer de su ‘acuerdo verde’ la piedra angular de la política Unión Europea durante los próximos años. Y esto tan solo puede funcionar si la UE, la Comisión, el Consejo y el Parlamento, cambia radicalmente su forma de trabajar en cuatro puntos:

1/ Velocidad

2/ Prioridades

3/ Obtención de resultados

4/ Medios financieros

Estamos olvidando que si el mundo se había acelerado antes de la pandemia, ahora es muchísimo más rápido aún en todos los términos de evolución geopolítica y avances tecnológicos.

La Unión debe eliminar de una vez por todas las convocatorias de propuestas de seis o doce meses de duración, las consultas públicas que se prolongan durante más de un año, y probablemente reformar por completo el marco financiero plurianual de siete años: un verdadero Gosplan que obstaculiza agilidad política y falta de visión estratégica. Europa debe ser atrevida, experimentar mucho más, correr riesgos. No estamos haciendo nada de eso hoy.

Resulta imposible avanzar con presupuestos que están repartidos en miles de proyectos individuales, principalmente para tratar de satisfacer a todas las partes interesadas en los 27 países de la Unión Europea. Esto, además, supone que los recursos, que son dinero de los contribuyentes de todos y cada uno de los países de la Unión Europea se derrochen, pues se alcanzan muy pocos resultados decisivos. Hay que tomar decisiones firmes y enfocadas, y estar preparado para adaptarse a las necesidades geopolíticas y estratégicas cuando eso no funcione. Y para ello todos, sector público y sector privado, sea que hablemos de automóvil, Inteligencia Artificial, 6G, navegación por satélite, industria militar, I + D, robótica, Universidades, fabricación de terminales, medios de comunicación y prensa escrita, agricultura y ganadería, el textil, la faceta ciber, el espacio y los satélites de la órbita baja terrestre, la Luna, las infraestructuras, la cuántica, los semiconductores, los procesadores, el almacenamiento, el acero, las energías verdes, la cuestión salarial, la educación básica y un largo etcétera no se halla todo ello compartido como un interés y una gestión en común.

Y quisiera señalar aquí el campo de la cuántica, pues tiene unas consecuencias económicas y geoestratégicas tan y tan importantes, absolutamente inmensas, sin descuidar por supuesto otras, que resulta difícil estimar en un patrón de tiempo. De nuevo, estamos rodeados de una competencia a muerte entre colosos, empezando por Google, IBM que lo considera clave para su regreso y afianzamiento global, y Microsoft por parte de Estados Unidos, compiten con ferocidad con sus rivales, los colosos chinos, que presentan avances excepcionales fruto de sus esfuerzos. Es evidente, que estamos ante una tecnología que va a ser disruptiva y cuyas aplicaciones son impresionantes. En ello Europa no está, y lo que está en juego es precisamente la autonomía estratégica europea.

Europa, que parecería haber comprendido la medida del desafío con el lanzamiento del Quantum Flagship a finales de 2017, dotando el programa con mil millones de euros. Pero encontramos las persistentes debilidades típicamente europeas también aquí: los programas se dividen en docenas (o incluso cientos) de subprogramas, cada uno de ellos con unos pocos millones, sistemáticamente en forma de consorcios, haciendo totalmente inviable el trabajo para los investigadores, que tendrán la mayor dificultad imaginable para encontrar el claves para su aplicación en un gran industrial, el cual tampoco existe, pues está fragmentado sin aprovechar recursos técnicos, humanos y financieros a plenitud como consecuencia de lo fragmentado y enconado de las posiciones, haciendo tan difícil poder distinguir una estrategia clara y vencedor, con ello poder sacar a relucir el liderazgo y la industrialización de Europa. A esto se suma un enfoque probablemente excesivo en la parte hardware, mientras que Google y Microsoft muestran claramente que también está en la capacidad de desarrollar algoritmos adaptados al funcionamiento tan singular de lo cuántico.

En este sentido no puedo más que sumarme a las palabras de Jean-Marie Guéhenno, ex Secretario General Adjunto de Naciones Unidas, y de André Loesekrug-Pietri, director de la ya mencionada JEDI, cuando señalan la necesidad de crear un grupo de trabajo europeo de manera urgente para poder dar respuesta a cuestiones cuya escala y naturaleza exceden a las capacidades de cualquier nación europea por sí misma. Se trata de alcanzar campos como la cibernética, Inteligencia Artificial, espacio, 6G, semiconductores, almacenamiento de energía, biología sintética, genética y que,

«tendrá que enfocarse en los desafíos que afectan de inmediato nuestra soberanía y que podría, si no los controlamos, debilitar nuestras sociedades democráticas. Un «grupo de trabajo» muy ágil que no estará sujeto a limitaciones administrativas, y cuyo criterio debe ser la rapidez de implementación, nuestros valores y excelencia tecnológica, no el retorno geográfico. Un «grupo de trabajo» para convencer a cada país de que ya no vea a Europa como una extensión de su propio poder, sino como un verdadero proyecto común.»

Jean-Marie Guéhenno y André Loesekrug-Pietri en artículo conjunto para Les Echos.

En este sentido merecen muchísimo respeto y admiración los esfuerzos de Francia, con la creación de lo que Emmanuel Macron definió como un «MIT à la française», y que le ha valido al país europeo para situar la Universidad de Paris-Saclay como la decimocuarta del mundo y la tercera de Europa en un año, tras Cambridge y Oxford, ocupando el primer puesto en matemáticas, logrando con ello lograr tres cosas: visibilidad, atraer fondos y captar profesores, investigadores y alumnos… y tal y como reflexionaba Ellen Hazelkorn, del Instituto de Tecnología de Dublín, a Livemint, «Se trata de prestigio nacional. Los ranking son menos sobre estudiantes y más sobre geopolítica». El lugar destaca porque desde hacía 10 años que allí hay algunos laboratorios de las principales agences de investigación francesas, caso de la École Polytechnique o el sincrotón SOLEIL, además de instalaciones de multinacionales como Danone, Areva o Thalès dedicadas al estudio. Además, dos años antes ya se había creado alrededor de esta concentración de talento e inversiones, un clúster tecnológico, como se recoge en este artículo que explicaba el motivo por el que se construía ahí la Universidad de Paris-Saclay. Además, se reflexionaba sobre qué modelo tomar como referencia, si el Silicon Valley, es decir gran polo de innovación pero sin un fuerte gobierno común, o mejor el modelo MIT, por ser justo lo opuesto, tal y como se preguntaba Jacques Biot en 2017, como presidente de la Polytechnique… Al final optaron por un modelo que ha supuesto una mezcla entre un MIT y un Silicon Valley, como puede seguirse en este artículo, que recoge todo el ciclo de planificación y creación.

Insisto en que esto es muy meritorio para Francia, como su programa de Inteligencia Artificial, por mencionar tan sólo un par de elementos. Pero sucede lo mismo. ¿Es suficiente a corto o medio plazo para Europa? ¿Y para la misma Francia? Debemos ser conscientes del potencial que al respecto tienen los numerosos y especializados centros norteamericanos o bien chinos, sin olvidar la fábrica de talento de India, que algún momento puede decidir mejorar para sus propios fines. Es muy meritorio, insisto, lo logrado por Francia, pero insuficiente si no se crean más Silicon Valley y MIT en toda Europa, con una planificación conjunta y especializada, y para ello, la coordinación debe ejercerla la Unión Europea, al igual que la financiación, y la sincronización entre los sectores público y privado a escala europea. Lo contrario es terrible para Europa. Así que tomar el modelo francés como modelo está muy bien, pero debe ser a gran escala europea.

Lo mismo digo sobre las tasas que se han implantado en España siguiendo a Francia sobre las plataformas de vídeo de pago, caso de, tal y como recoge en esta noticia El Confidencial,

HBO, Disney TV, Amazon Prime, Rakuten, Filmin y Sky—y el resto de nuevos operadores contribuyan como hacen Mediaset (Telecinco y Cuatro), Atresmedia (Antena 3 y La Sexta), Movistar, Vodafone y Orange a la financiación de la televisión pública y el desarrollo del cine y la cultura europeos. Un objetivo que pasa por que destinen una parte de sus ingresos a este cometido, como acaba de aprobar recientemente Francia.

El Gobierno galo ya ha puesto en marcha la maquinaria para imponer una tasa por la que Netflix, Amazon Prime o Disney TV destinen entre el 20 y el 25% de su facturación en el país a la creación de series y películas francesas. El decreto que prepara Macron consiste en implantar una tarifa variable en función del tiempo que los estrenos se emiten posteriormente en las plataformas. Así, para tener derecho a programar obras a menos de un año de su estreno en el cine, Amazon o Netflix deberán invertir el 25% de sus ingresos. Para un periodo menos favorable, entre 13 y 24 meses, la tasa será del 22,5%. Finalmente, al 20% de su facturación, deberán esperar al menos 25 meses.

De nuevo, una gran medida… pero, ya hemos visto cómo se preparan los gigantes norteamericanos de este sector, y cómo son replicados por China. ¿De verdad es inteligente hacer pagar el cánon a Filmin? Si Estados Unidos y China están compitiendo por crear grandes plataformas con este servicio, que van camino de ser grandes colosos, y que son fundamentales en la captación de datos, y por ende de dinero, además del poder blando o, mejor dicho, de Smart Power, siguiendo a Nye, ¿no nos estaremos equivocando de nuevo? Además que surge la cuestión de cómo competir con un mercado y empresas tan fragmentado, y hablo de los audiovisuales en general, ya sea en la creación como en la distribución. Y recuerdo que la pandemia está acabando con todas las salas de proyección que son europeas, mientras que las norteamericanas, gozarán de un monopolio insultante. ¿Cuánto tardarán en aparecer las salas de distribución de China del mismo tamaño? O creamos una efectiva plataforma que aúne a las salas europeas, tanto para un cine más comercial, como para otro de más calidad, a escala europea, o vamos muy mal. Lo mismo digo de series y películas, hay que crear una industria unificada europea. Y en el caso de las plataformas de vídeo de pago, como decía, siendo como son tan claves, y que pelean por ellas tanto Estados Unidos como China, ¿de verdad tiene sentido que paguen un canon, que acabarán por pagar gustosas, mientras Europa no tenga sus propias plataformas de gran importancia, como las chinas y las norteamericanas? Yo creo que lo prefieren, sinceramente. De modo que Europa debe impulsar urgentemente también la formación de estas plataformas europeas. Y recuerdo que Sky es británica, y por ende europea, lo mismo que Filmin, FlixOlé u otras. Pero de nuevo, ha de ser un plan europeo público y privado quien lo diseñe y lo ejecute creando un mercado directo europeo y exportable a todo el mundo, con un producto diferenciado y de calidad, y donde también deberían entrar compañías como Movistar, Vodafone u Orange, entre otras, y las televisiones públicas y privadas europeas de mayor calidad y prestigio.

Respecto al 5G, el problema no es que Europa se esté quedando atrás en esta tecnología, no así en en sus posibilidades de aplicación, donde Huawei goza de una posición de preeminencia. De hecho, en palabras de Thierry Breton, durante el discurso pronunciado en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2020, en el que rogó que Europa conquiste y preserve su soberanía tecnológica. De hecho, en entrevista con Lea Salamé en France Inter, en aquel momento, manifestaba que Europa tenía entonces más del 50% de las patentes sobre el 5G, el 30% son chinas y el 16% son estadounidenses. La cuestión estriba en su mercado fragmentado, su incapacidad de oponer gigantes con las capacidades de Huawei o Apple, a pesar de que esta última no dio en el blanco con el 5G y que Motorola al hundirse su hueco dejado en el 5G no lo cubrió nadie. Además hay que señalar los conceptos Europa y su desconexión en la capacidad industrial y un largo etcétera que incluye el hecho de que el Internet industrial no puede generar los datos suficientes, con el gran volumen de impacto económico positivo que va asociado, porque a día de hoy está concentrado en China.

Tampoco podemos olvidar las declaraciones de 6 de febrero de 2020 del Fiscal General William Barr, que promovió la adquisición de Nokia y/o Ericsson, ya que son las que están más cerca de competir con Huawei en infraestructura. Es cierto que luego Pence rechazó la hipótesis, y que Margrethe Vestager, Comisaria de Competencia no cerraba la puerta a esta opción, demostración de la atomización de las posturas europeas y de no tener una posición estratégica común, cosa que la Comisión Europea con Ursula von der Leyen quiere corregir. Resulta relevante, cómo Estados Unidos sí que «ofrece» esa colaboración, mediante adquirir Nokia y Ericsson (digamos «que nos hace el favor» de convertirnos en vasallos»), pero no ofrece ni siquiera cooperación y compartir en áreas tales como por ejemplo el almacenamiento en la nube, donde cuenta con una posición muy ventajosa. De modo que aquí queda retratada, como siempre, la oferta norteamericana y lo que entiende por «colaboración europea». En este sentido, Francia a través del Presidente de la República Emmanuel Macron, zanjaba el 28 de agosto de 2020 que Europa tiene dos proveedores europeos para el 5G que ofrecen a Europa una genuina solución industrial y totalmente segura y que son Nokia y Ericsson. No es de extrañar, por lo visto simplemente en este Dossier Geopolítico Especial que desde Estados Unidos llamen a través de POLITICO al Presidente de la República francesa think-tanker-in-chief o bien authoritarian, caso de The New York Times. Simplemente, una Europa que cumpla las condiciones temidas por Brzezinski, autónoma políticamente, y formada también en un sentido político resulta algo profundamente desagradable para Estados Unidos, pues nuestro lugar para el Tío Sam es el de vasallos, no el de iguales.

En el mismo sentido cabe entender las teorías de la conspiración las cuales desde hace años vienen en la dirección de demonizar el 5G, y que vienen de Estados Unidos, también impulsadas por QAnon, siendo asumidas en Europa por grupos colonizados culturalmente y que son dirigidos para encaminar a un electorado hacia unas posiciones que, casualmente, benefician los intereses de Estados Unidos y sus necesidades geopolíticas alrededor de la contención de Europa, sostenimiento del dólar y el apuntalamiento del petróleo, desde según qué posiciones de determinada izquierda, y también desde otras posiciones desde la derecha, y desde esta última tratando de conseguir una deriva en los partidos mainstream para conseguir sus objetivos como puede ser el submundo alrededor del Tea Party y su conquista de la hegemonía en el Partido Republicano, las ideas pro-Brexit y la asunción de partes de esa agenda por parte de los conservadores británicos (también en cuanto al 5G como recogen The Guardian y The Verge), la deriva del centro derecha italiano, tratando de destruir las posiciones del partido de Berlusconi para crear un mainstream nuevo con la Lega y los Fratelli d’Italia (en este caso, dada las responsabilidad de Gobierno en regiones o a aspirar a nivel nacional a sentarse en el Palazzo Chigi, tanto la Lega como Fratelli d’Italia desean retrasar la implantación del 5G, por ejemplo aquí, o bien aquí , etcétera… y que, como es natural, contaría también con el apoyo de un gran productor de petróleo como la rusa Lukoil, la cual podría estar moviendo a su «pope», Alexander Dugin, tal y como se recoge en esta entrevista de El Confidencial, donde se aporta evidencias; mientras Estados Unidos acosa con sanciones al sector gasista ruso, encabezado por Gazprom, y sus intentos de conectar con la Unión Europea a través del Nord Stream 2 y el Turkish Stream. El mismo caso se da en Alemania.

En definitiva, me gustaría que recuerden lo siguiente: ¿por qué fracasó la Unión Soviética en ciertos aspectos clave de la carrera atómica y espacial con Estados Unidos? Fundamentalmente Europa está cometiendo exactamente los mismos errores estratégicos en todos los sectores que llevaron al fracaso a la Unión Soviética que competía con Estados Unidos, mientras que nosotros, Europa, competimos con Estados Unidos y China. ¿Cuáles fueron? Falta de financiación adecuada, las famosas peleas entre las oficinas de diseño, la dispersión de proyectos y la falta de un liderazgo civil independiente que dirigiese el programa.

Sólo cabe una solución: Europa tiene que abandonar inmediatamente esta adaptación nefasta del modelo soviético, aplicable no sólo a estas cuestiones, también a la dispersión entre las diferentes repúblicas, etcétera. No podemos olvidar que Leónidas Breznev y su gestión habían convertido al PCUS y al mismo Estado en una suma desarticulada de feudos territoriales, en la que el poder se ganaba y se conservaba si se contaba con el suficiente apoyo de esos nichos locales. Además, Gorbachov concedió todavía más poder a los barones territoriales, ya que era la única manera de que le aprobasen sus políticas. Es decir, que se acababa dejando a las diferentes repúblicas que hiciesen los ajustes necesarios, y en cada uno de ellos, la nomenklatura era de un sentido u otro, y tomaba las directrices de acuerdo con su hegemonía, fuese esta del Ejército, los servicios de inteligencia, la energía, el sector armamentístico u otros. Esto se parece demasiado a la forma descentralizada de tomar las decisiones con el caso del déficit, pues sin una estructura económica saneada y productiva, coordinada y transeuropea, resulta que los ajustes en determinados países conducen a mayores problemas, que tampoco resuelven nada, más al contrario, los empeoran y seguimos metidos en una espiral negativa. Puse como ejemplo en esta misma revista digital el caso de España, y que recomiendo repasar para poder hallar soluciones reales que nos beneficien a todos.

Europa tiene, no obstante, una gran cantidad de activos además de un verdadero potencial en varias tecnologías estratégicas claves, como puede ser una actividad de investigación y desarrollo muy fuerte en los sectores tecnológicos de energía cuántica y verde, es el hogar de líderes mundiales de la industria 5G y el continente más avanzado en el ámbito de la robótica, razón por la que China y Estados Unidos van a presionar también en estas líneas, además de ser una potencia mundial espacial. Pero a pesar de estas ventajas, sigue dependiendo significativamente de Estados Unidos y cada vez más de China para la mayoría de sus infraestructuras digitales críticas, ya sean centros de datos, computación en la nube, plataformas de información y comunicación, pero también para supercomputadoras, Inteligencia Artificial, y esto es sumamente importante, al igual que el campo de la cuántica, además de hacerlo en sistemas autónomos, biología sintética o cables submarinos, que ya tratamos en un artículo en esta revista digital.

Por otro lado, lo que Estados Unidos quiere de Europa por parte de la nueva administración estadounidense es que la UE actúe como socio capitalista y que «no haga preguntas», simplemente que pague, y que ponga su economía y población en lo que a datos se refiere, y no es algo exclusivo de economía y datos. Quiere el vasallaje cibernético y estratégico de Europa y que no actúe como competidor en cuestiones de tecnología y política económica y comercial. Es muy probable que haya fricciones en la industria de la aviación, la inteligencia artificial, el 5G y la tecnología en general. Además, pretende usar varios mecanismos para endosar deuda e inflación hacia Europa. No obstante, hay que tener clara una cosa: Europa tiene, lo crean o no, ciertas ventajas, de hecho considerables. Recuerden el acuerdo con China. Eso sólo ha sido posible con Estados Unidos en unas horas muy bajas, aunque es seguro que traten de revertirlo, entorpecerlo, además de reventar el proceso de unidad política europea. Recuerden a Brzezinski, en «El Gran Tablero Global» (2016, 81-84), donde nos explica que una Europa convertida en duro competidor económico-tecnológico de Estados Unidos cuyos intereses geopolíticos en Oriente Medio y otras zonas del mundo pudieran divergir de los norteamericanos, además de que también señalaba que para eso Europa debía conseguir una normalización de las relaciones con Rusia, y yo sumaría Turquía y Ucrania, dadas las riquezas y bazas estratégicas para proyectarse en la región por parte de Europa. En definitiva, a pesar de los equilibrios de intereses y poder, el enfrentamiento entre la Unión Europea y Estados Unidos es inminente y supera al de Trump, que tan sólo pretendía asustar y atemorizar, cuando Estados Unidos presenta claros síntomas de colapso en su poder, y el eje de gravedad de la relación trasatlántica gira hacia Europa, a la par que el global en término de comercio lo hace entre esta última y Asia, cada vez más. La única manera de evitar esto es que Europa se plegue a los deseos de Estados Unidos y abandone toda capacidad autónoma de actuación. No olviden una cosa: el soberanismo en Europa significa para cualquier nación, incluidas Alemania, Francia, Reino Unido y Rusia, la derrota como jugadores ante Estados Unidos y China. ¿Quieren sobrevivir? Actúen de una manera conjunta, estable, confiable, decidida e inteligente.

Y dentro de esta dirección, considero que conviene tener presentes las palabras del exgobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King en entrevista al diario El País, pues aporta las siguientes ideas que creo que deben considerarse con urgencia:

«Pero con la covid quizá pase una cosa buena: que los recursos pasen de sectores y empresas inviables a sectores y empresas con futuro”.

“La economía moderna pone el acento en la eficiencia. El sistema financiero es un buen ejemplo: antes de la crisis la banca era muy eficiente y ganaba montones de dinero, pero luego vimos lo frágil que era, y se hizo un esfuerzo (con un éxito solo parcial) por aumentar su resiliencia (…) Yo no luché en ninguna guerra. No pagué por mi educación. En nuestros países tenemos Seguridad Social, prestaciones, sanidad pública. Pero el coronavirus ha puesto de manifiesto lo frágiles que son nuestras sociedades, incluso las más avanzadas: los políticos deben centrarse en eso, en aumentar la resiliencia del sistema«

«Lo que hace falta es que los Gobiernos apoyen a empresas y trabajadores: no son los bancos centrales quienes tienen que hacer eso, y no tienen mandato para hacerlo«

«El euro se creó pretendiendo que una unión monetaria es viable sin unión fiscal. Eso provoca constantes tensiones, como ya vimos en 2010 en el Sur: en ausencia de transferencias fiscales del Norte al Sur es muy difícil mantener unida la zona euro. Con la covid, Europa no ha optado esta vez por la austeridad sino por los fondos europeos: por las transferencias fiscales. Pero de momento es algo temporal, para una sola vez, y en cambio ese es un reto permanente para la eurozona«

«El ministro alemán Wolfgang Schäuble vino una vez a mi despacho en Threadneedle para pedirme consejo sobre cómo solucionar los problemas del euro. Y yo le di tres opciones: desempleo permanente en el Sur, más inflación en el Norte o unión fiscal. ‘No me gusta ninguna de las tres’, dijo. Y ese es el problema, porque lo único seguro es que llegará otra crisis y entonces será tarde para arreglar el avión en pleno vuelo. Argumentar como hizo Schäuble en su día que el superávit alemán es útil para el conjunto del euro porque genera déficits en otros países es no haber entendido las consecuencias de una unión monetaria.«

«Con la pasada crisis descubrimos que hay un límite al dolor económico que puede imponerse en la búsqueda de una Europa federal sin una respuesta política. Y en la próxima crisis pueden resurgir las divisiones en esa batalla entre la voluntad política y la realidad económica«

«El síntoma más evidente del gran desequilibrio que tiene la economía mundial son los bajísimos tipos de interés. La otra cifra preocupante es el nivel de deuda. Tarde o temprano veremos quiebras de empresas, reestructuraciones de deuda privada, y crisis de deuda soberana en los emergentes. También necesitamos una reforma de la gobernanza monetaria global, que corre el peligro de fragmentarse. Ojalá seamos suficientemente audaces«

Mervyn King, exgobernador del Banco de Inglaterra en entrevista a El País.

¿Qué pretendo con estas citas? Que entendamos que Europa se construye con pilares que trascienden lo económico y van hacia términos culturales, aquello que compartimos como europeos. Que la forma de construirla es desde una moneda unida, con la deuda mutualizada. Que la unidad política se tiene que construir desde el federalismo. Que la sostenibilidad del sistema se basa en la industrialización y digitalización de toda la Unión Europea, de tal manera que converjamos y nos necesitemos unos a otros, como efectivamente es así (por ejemplo, la riqueza minera de España, que es muy interesante en términos estratégicos, necesita de la tecnología sueca y finlandesa, y viceversa; o de la industria nuclear y automotora francesa, o de la alemana, y viceversa. Que las pantallas de Phillips deben ser las pantallas que provean todos los terminales que necesitamos en Europa, o que Olivetti debería crear junto a otros socios europeos los ordenadores de todo tipo que Europa necesita, mediante consorcios industriales europeos. Que la estabilidad social de Europa se hace por la vía salarial, y la forma de lograrla es con políticas sociales, industriales, etcétera. Son unas simples pinceladas. Así se hace Europa. Pongamos punto y final y usemos la razón.

China

El 28 de enero de 2020 decía el presidente de China, Xi Jinping: «Este virus es un demonio. No podemos permitir que el diablo se esconda«. Dentro del contexto de la visita del director de la Organización Mundial de la Salud a Beijing hizo el presidente chino estas declaraciones para enfatizar el valor y la eficacia de las medidas tomadas por su gobierno emprendidas con la finalidad de contener este coronavirus. Aunque tales palabras iban, más bien, dirigidas hacia el pueblo chino, pues es una tradición china bien arraigada el comparar cualquier tipo de desastre natural, incluidas las epidemias, con demonios, espíritus o dioses. En la mente de los chinos está el referente más próximo vivido en el siglo XXI, por supuesto, pero la expresión empleada por Xi Jinping los conecta con la epidemia de peste que azotó Manchuria entre 1910 y 1911, y que costó alrededor de 60.000 muertos antes de que el dios de la peste pasara de largo, parafraseando a Mao. El contexto que quiere fijar Xi Jinping en la mente de los chinos es el de la dinastía Qing haciendo todos los esfuerzos posibles para evitar una debilidad más en China que pudieran aprovechar las potencias extranjeras para interferir más aún en los asuntos locales de China, o incluso, arrebatarles más territorio, como bien pudieran haber hecho en aquel momento del siglo XX Japón y Rusia. Además, la dinastía Qing resultó derrocada en la revolución emprendida en 1911, llamada Revolución de Xinhai (10 de octubre de 1911 a 12 de febrero de 1912) con la abdicación del Emperador Xuantong o Puyi, aunque luego fue impuesto por los japoneses como el Emperador de Manchukuo (1934-1945). Con la Revolución de Xinhai dio paso a la República de China y a la aparición del Kuomintang o Partido Nacionalista Chino y, en 1921 al Partido Comunista de China. La República de China abarcó hasta 1949, momento en que sigue en la isla de Formosa o Taiwán, mientras la China continental pasó a ser la República Popular de China, bajo el control del Partido Comunista de China.

La estrategia de comunicación del gobierno chino ha sido cambiante y con una clara línea de evolución desde el inicio de la epidemia. El eje de inflexión viene determinado por la comparecencia del presidente Xi Jinping hacia mediados de febrero. Tras varias semanas ausente, y la circulación de rumores acerca de la legitimidad del «timonel» al frente de la nave de la República Popular de China, sobre todo fuera de las fronteras del gigante asiático. Y entonces es cuando vimos a Xi Jinping en el centro mediático del relato, y lo hizo haciendo algo desacostumbrado: en la calles de Beijing reuniéndose con ciudadanos, pretendiendo transmitir una imagen de control de la situación, eficacia y eficiencia, replicando en el mundo real a las duras críticas que se vertieron sobre él en las redes sociales chinas. Tomó la decisión de despedir a importantes funcionarios políticos, como a Jing Chaoliang, máxima autoridad del Partido Comunista en la provincia de Hubei, y a Ma Guoqiang, su homólogo para la ciudad de Wuhan, señalados, en definitiva como responsables de los errores que han llevado a tomar acción con retraso ante los acontecimientos, con ello se refuerza la línea meritocrática del régimen ante los ojos de la población, y de paso refuerza al conjunto del sistema. También a destacar el nombramiento de sustitutos destacados, como el caso del antiguo alcalde de Shanghai, Ying Yong. La clave fue la muerte en Wuhan del médico Li Wenliang.

Al poner el foco y cambiar la estrategia de comunicación, de la negación del mes de enero, a la máxima concentración mediática: se ha declarado al Covid-19 como la más importante emergencia sanitaria de China desde 1949 (por delante de las grandes hambrunas que siguieron al Gran Salto Adelante, demostración de idoneidad del sistema y de sus líderes, que purga a los deficientes y controla los más grandes riesgos). Y esto coincide cuando las medidas tomadas empiezan a dar resultados y se empiezan a arrojar paulatinamente mejores resultados: una estrategia de comunicación muy inteligente hacia el interior y, en parte, también hacia el exterior donde el presidente Donald Trump aplaudía por esos días la actuación de China en la crisis. Pero también la Organización Mundial de la Salud felicitaba a China y la ponía como ejemplo a través de Bruce Aylward, jefe de la misión de expertos de la OMS y China, que ha tenido ocasión de ver in situ la labor del gigante asiático. Por otro lado, la focalización de la tensión mediática en Italia, Japón y Corea del Sur, y paulatinamente el resto del globo hizo perder precisamente la centralidad de China en este aspecto en las noticias, que se quiso recuperar por parte de Bannon. Además, China ha hecho una acción propagandística de gran entidad cuando desvelaba de qué está hecha la cara oculta de la Luna, gracias a las imágenes que ha proporcionado el pequeño rover Yutu-2, que ha obtenido las imágenes de radar más precisas del interior de nuestro satélite hasta el momento, «un logro más de la tecnología y el sistema chino, también en el espacio». Ese es el mensaje, además de la captura de rocas lunares por la sonda Chang’e 5 y el despliegue global del sistema de satélites Beidou son, entre otras muchas señales, elementos todos que confirman que la República Popular de China quiere cerrar la brecha con Estados Unidos también en el espacio.

Esta crisis ha demostrado, antes del control de las redes sociales chinas por parte del aparato del poder, que la población se muestra cada vez más exigente con las autoridades locales, y esto es fundamental para la legitimidad. En China la legitimidad es la clave de la estabilidad. No hay una sin la otra. Y se ha de dar en toda la estructura del poder y de la mentalidad colectiva. De manera que cuestionar, con posibles argumentos, la legitimidad del poder local implica cuestionar al sistema entero. 

También hemos tenido ocasión de contemplar el control de la información y de las redes sociales desde el poder de Beijing. Una de las cosas que la República Popular de China tiene muy clara es que debe aprender del colapso y caída de la Unión Soviética en temas como la glásnost, el funcionamiento de la economía en todos los aspectos o cómo las instituciones pudieron contribuir al colapso del gigante soviético en el siglo XX. Es, precisamente en este sentido de lo desarrollado en este epígrafe cómo hay que entender la desaparición del profesor Xu Zhangrun, profesor de Jurisprudencia y Derecho Constitucional en la Universidad de Tsinghua, y miembro investigador del Instituto de Economía Unirule, un think tank con sede en Beijing cerrado en agosto de 2019 ante presiones del gobierno chino. La investigación del profesor Xu se focaliza en jurisprudencia, filosofía jurídica occidental, teoría constitucional y la relación entre el confucianismo y el derecho. En julio de 2018, el profesor Xu publicaba un ensayo, «Temores inminentes, esperanzas inmediatas», en el que analiza y critica los cambios de política del secretario general del Partido Comunista, Xi Jinping, entonces introducidos, como la abolición de los límites de mandato, y lo que el profesor Xu considera una suerte de restauración del culto a la personalidad. Ese trabajo del profesor Xu Zhangrun se tradujo al inglés por Geremie Barmé, y como consecuencia fue suspendido y puesto bajo investigación.

Por otro lado, Beijing evitó que crecieran en exceso las fricciones en el frente interior y su perfil geopolítico y que presentan un perfil que abarca cuestiones geográficas, sociales, económicas, culturales y étnicas. Me refiero al frente bienestar de la costa, del que hablaremos más abajo en contraste con la situación social del interior, con predominio rural; otra barrera está en la línea geográfica y económica que se puede trazar con el río Yangtsé respecto al norte (carbón, tierras raras y trigo), del sur (arroz, té, algodón y madera), el mismo río además de conectar el interior con la costa, es un cinturón económico que es la punta de lanza para cerrar la brecha de pobreza del interior, de lo que hablaremos más abajo, a lo largo del curso del Yangtsé se ubican toda una serie de centros urbanos diseñados primorosamente de antemano, y que están siendo objeto de un estudiado plan estratégico y de infraestructura para conectarlas entre sí y proyectarse a la par que vertebrar el interior; también cabe señalar el papel que se atribuye desde el poder central al núcleo Han, grupo étnico mayoritario, a la zona amortiguación en la que China trabaja con un exhaustivo programa para que adopten la cultura china, que ha sido objeto de críticas por, entre otros, la Fundación Jamestown formada por Tíbet, Mongolia Interior, Xinjiang (y los uigures), Manchuria, lo que incluye Jilin, Heilongjiang y Liaoning; la cuestión de la separación identitaria entre la China continental y la región administrativa de Hong Kong, y la búsqueda de una convergencia; la cuestión de Taiwán y su incorporación paulatina al núcleo chino continental, elemento clave para el renacer chino en la mente estratégica de Xi Jinping, es la idea de «una China» (yige Zhongguo), y la consolidación final de China como gran Superpower en 2049. No obstante, en este frente, Taiwán trabaja en construir un acercamiento doble a Estados Unidos, impulsado por la reelección de la presidenta Tsai Ing-wen, mediante las relaciones económicas y las militares. Se afirman los taiwaneses manifestando sentirse cada vez menos vinculados culturalmente a la China continental o al menos, muy apáticos al respecto, y el gobierno de Taipei, contando con el apoyo estadounidense, ha rechazado de forma explícita la reunificación pacífica propuesta por Xi Jinping. Tanto Beijing como Washington tratan de realizar un mayor número de operaciones navales alrededor de Taiwán y los estrategas chinos como el general del Ejército Popular de Liberación, Qiao Liang y el profesor Deng Tao se preguntan sobre sí mismos, cómo y cuándo tomarlo por la fuerza. Al respecto, cabe mencionar ciertos cambios en la retórica de Beijing, como durantel el informe anual ilustrado durante la apertura de trabajos de la Asamblea Popular Nacional, del pasado 22 de mayo de 2020, donde el primer ministro Li Keqiang volvía a incidir en la importancia de que Taiwán se integre en la esfera de Beijing, pero esta vez omitió el adjetivo «pacífico», que era tradicional en este tipo de documentos. La posible intervención militar estadounidense, la situación en Hong Kong y la oposición local desalientan esa decisión por ahora. Sobre la cuestión de Taiwán trabajaremos algún artículo en esta revista digital.

Es interesante subrayar cómo, tal y como decíamos unos párrafos más arriba, Trump pasó de alabar a China a acusarla de todos los males. Esto subraya también la capacidad del sector del Partido Comunista Chino que se agrupa alrededor de Xi Jinping, el llamado «Ejército de Zhejiang». No olvidemos la relación claramente ambigua que mantiene el presidente de China con el número dos, Li Keqiang, puesta de manifiesto a propósito como estrategia de potencial asedio y derribo de Li hacia Xi Jinping cuando el primer ministro Li Keqiang visitaba Wuhan al finalizar el mes de enero de 2020. Estar en el epicentro de la epidemia y presentándose en el hospital erigido en 10 días, con ello Li demostraba su candidatura con firmeza, mientras el presidente de China estaba en Beijing. Trump podría haber tratado de explotar la brecha y haber mandando el mensaje que apoyaba las acciones de Li Keqiang, y cuestionaba a Xi Jinping. Evidentemente, Xi Jinping y sus leales le dieron la vuelta a la situación, y ante la evidencia de no poder poner una cuña efectiva en el poder de Beijing y la caída potencial de Xi Jinping, la estrategia de comunicación de Trump y de Estados Unidos fue la de cargar contra China, pues Li Keqiang desaparecía del centro mediático.

El «Ejército de Zhejiang» es como se llama a los funcionarios con los que el presidente Xi Jinping se relacionó y estrechó vínculos en su juventud o mientras desarrollaba su carrera dentro del Partido Comunista de China entre 1982 y 2007. En ese tiempo Xi jinping ejerció el liderazgo en Hebei (1982-1985), hasta 2002 en Fujian, hasta 2007 en Zhejiang y tras ello en Shanghai. Sus leales supervisan a los distinto líderes del Partido, el Estado, Fuerzas Armadas y los más destacados órganos del país, y lo cierto es que ocasión que tienen para ganar posiciones, la aprovechan. Cabe mencionar a Cai Qi, Chen Min’er y Li Qiang, que controlan los ejes geopolíticos marcados por Beijing, el eje estratégico y el eje político; Shanghai, que es la plataforma financiera y económica más destacada de la China continental; además de Chongqing, clave como centro impulsor y receptor en la iniciativa One Belt One Road, además de ser un escenario de las luchas de poder, como la protagonizada por Zhou Yongkang dentro de los servicios secretos chinos, donde la «seguridad política» (zhengzhi anquan) se considera ahora la rama más importante de la seguridad nacional. La pandemia, como hemos visto, les ha permitido controlar Wuhan y Hubei. El círculo de calidad y de seguridad del presidente supervisa el núcleo geopolítico del país, que pivota alrededor de tres agrupaciones: la megalópolis Jing-Jing-Ji formada por Beijing, Tianjin y Hebei; el delta del ya mencionado estratégico río Yangtsé, cuya cabeza es la impresionante Shanghai; y, el delta del río Pearl, en el que se encuentran Guangdong, Macao y Hong Kong.

Por otro lado, las estrictas medidas de control y prevención adoptadas por las autoridades chinas la primavera pasada dieron como resultado una disminución drástica de las infecciones por coronavirus en la República Popular de China. Esto permitió la recuperación a gran escala de su economía, la única entre las de las grandes potencias que crecerá en 2020, con unos datos dignos de resaltarse en el interesante análisis que le dedica The Wall Street Journal.

Tal y como se puede comprobar, las importaciones a China aumentaron un 13,2% en un año, o 202,8 millones de dólares en septiembre de 2020, de los cuales +17,6% fue el petróleo. Los principales socios son Estados Unidos con +24,7%, Taiwán: 35,8%, ASEAN: 13,2%, Corea del Sur: 7,2% y Japón: 13,4% – FuenteTrading Economics

Elementos a tener en cuenta de China

China enfrenta un colapso demográfico de unas proporciones considerables, estamos hablando que en menos de 80 años China contará con unos 500 millones de habitantes, mientras que Estados Unidos, simplemente, superará esa cifra. Por algo se ha definido la región como Indo-Pacífico, pues en corto es contención de China ahí, pero a medio-largo el objetivo pasa a ser India, que por esas fechas rondará los 2.000 millones de habitantes. ¿Cuál es la estrategia de China ante esta circunstancia? Alta tecnología. China está ahora ya altamente conectando a más de la mitad de su población online desde 2017. Estamos hablando, por dar una cifra, que unos 400 millones de chinos juegan regularmente a juegos online; de hecho, la empresa china Tencent, creadora de la aplicación WeChat, la alternativa a WhatsApp, ha adquirido la mayorí­a de las acciones de SuperCell, el estudio creador del videojuego Clash of Clans, por unos 7.000 millones de euros. A lo que se suma SuperCell, el estudio japonés detrás de Clash of Clans es propiedad de SoftBank, y que ya poseía una parte Alibaba, que venderá su participación a Tencent por otra cifra que rondará los 7.000 millones de euros.

En el dominio de Internet China persigue librarse de ICANN, las siglas detrás de Internet Corporation for Assigned Names and Numbers, que tiene sede en Marina del Rey, California, y que funciona como una suerte de autoridad reguladora de espíritu global, eso sí, bajo la ley del Estado de California, y sigue una política de sillas vacías en reuniones multilaterales. Lo que quiere China es crear una diferenciación entre el “Internet chino” y el “Internet global”. El PCCh trabaja con intensidad en practicar una “purificación” de Internet, que oculta el deseo de contrarrestar su debilidad percibida ante Occidente mediante un fortalecimiento de su control sobre lo que llama el PCCh “la contaminación de la información y el opio electrónico”. Los usuarios chinos de Internet presentan una media de unas tres horas al día en conexión, de la que más del 50% de dicho tiempo es en dispositivos móviles. Se dedican a navegar y ver vídeos online, abandonando la pantalla de la tele a favor de la del móvil.

China está avanzando a pasos agigantados en la Inteligencia Artificial, que alimenta la necesidad china de gestionar una masificación de datos. Es esta avalancha de datos lo que le permite pensar en superar a los estadounidenses. A ello se suma el sistema de “crédito social” de China, que asigna puntos a cada ciudadano y que arranca en 2020, que contribuye a aumentar la extracción de datos.

Ante tal cuestión, tenemos a GAFAM que a nivel global extrae el 80% de los datos, hasta el momento. Tenemos a los chinos que hacen lo propio con sus ciudadanos, con un sector público trabajando a marchas forzadas para lograr saltos cuantitativos y cualitativos. Los chinos han tenido los datos de sus ciudadanos, cada vez a mayor escala, y los norteamericanos tienen los algoritmos. ¿En qué ha consistido la estrategia con Xi Jinping? En saquear los algoritmos de los norteamericanos, algunos pocos de los europeos, o bien en atraer a su país a los mejores ingenieros para que les den “los algoritmos”, unirlos con los “datos”, y lanzarlo a una escala sin precedentes a partir de la tecnología 5G/6G en adelante.

De momento, India queda relegada a una posición de proveedora, mediante el desarrollo de los programas que se pueden encontrar. Pero haríamos bien en fijarnos en que India empieza a moverse hacia posiciones de constituirse como una suerte de Superpower en la esfera de los media, superando el archiconocido Bollywood y con un programa espacial. Pero es que, como menciono, India es capaz de construir alternativas digitales a Hollywood… como ha hecho China, y también a Harvard y al The New York Times. De hecho, los mejores cerebros que se hallan en esas instituciones y otras como los GAFAM provienen de aquí. Y no tardarán en dar pasos hacia la Inteligencia Artificial, etcétera. Cuidado no nos vaya a pasar lo mismo que con China, e India «nos sorprenda», cuando ya tiene todos los elementos para ir consolidando cada vez más sectores y avanzando posiciones hasta convertirse en otro Superpower, sin discusión.

La independencia digital de China se mantiene por el control de la exportación y el consumo de tierras raras que se usan para la fabricación de teléfonos móviles, entre otros componentes que se fabricarán a escala ingente. En este sentido, podemos percibir una guerra por las tierras raras y minerales tecnológicos que está detrás de la llamada “transición digital”, con puntos de fricción en los territorios que están afectados por la cibercolonización. ¿Dónde se produce tal pugna? En África, y en Oriente Medio, que presenta una característica de islas digitales y territorios saqueables.

Con la intensificación de la guerra comercial chino-estadounidense y el hecho de que China ya no acumula reservas de divisas, parece que el duopolio chino-estadounidense, otro “Bretton Woods”, no ha funcionado desde 2014. El motivo es que China es un país que envejece y pronto tendrá déficits externos. Entrará en un período de envejecimiento demográfico acelerado, experimentará una desaceleración muy pronunciada en su crecimiento y ahorro. Está llegando al final de su período de fuerte crecimiento. Quizás dentro de 5 años tengamos tasas de crecimiento del 2%, salvo que entremos en otra fase, la nueva Revolución Industrial, en la que China está muy bien situada y está preparándose para lanzarla.

Hay que añadir otros mercados en los que Huawei ya está muy presente en 4G, y lo estará en 5G, como África, Asia y América Latina, donde se está produciendo el mayor crecimiento demográfico y económico. Y esto es lo que le interesa a Beijing y a Huawei a largo plazo.

El renminbi tiene ahora complicado convertirse en una alternativa al dólar como moneda internacional y reserva de divisas, porque cuando compras una moneda lo que estás buscando son los activos líquidos y seguros de la misma. El problema con China es que no tienen nada que ofrecer. La deuda pública china consiste esencialmente en créditos otorgados por bancos chinos a las comunidades locales. La deuda pública de China pesa el 40% de su PIB, y es propiedad total de los bancos del país, por lo que no hay nada que un no residente pueda comprar. Para ser una moneda de reserva, necesita confianza en la moneda y un activo de reserva. Sin embargo, la deuda estatal china no está disponible para los no residentes por el momento. No obstante, sobre la guerra al dólar le dedicaremos un número especial de nuestros Dossieres Geopolíticos.

Las proyecciones de Naciones Unidas y otras instituciones apuntan a que la población mundial pasará de 7.700 millones de habitantes en la actualidad a 9.700 millones en 2050 y que la mitad de este crecimiento se registrará en nueve países: India, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo, Etiopía, Tanzania, Indonesia, Egipto y Estados Unidos (que contará con menos de 500 millones de habitantes), mientras la población europea se reducirá. Traducir esto en puntos de conexión, en conectividad, indica algunas prioridades para estas visiones.

En Asia, Huawei está penetrando fuertemente en los inicios del 5G (salvo en Japón). En India, el segundo mercado de Internet del mundo (el primero es la propia China), y en principio país rival geopolítico de Pekín, Huawei ha recibido la luz verde para proceder a pruebas de 5G.

África empieza a avanzar en este terreno, pero, el África subsahariana, no está aún preparada. En Suráfrica una red 5G anunciada por Rain y Huawei ha empezado a comercializarse, pero de forma muy limitada. En Nigeria, la empresa MTN ha iniciado pruebas, y espera que esté funcionando en algunas ciudades este mismo año. Un informe de GSMA cree que solo siete países africanos dispondrán de 5G para 2025, destacándose Kenia, Nigeria y Suráfrica, dado que hay poca prisa pues las actuales redes sirven para cubrir sus actuales necesidades. De hecho, ya hay una sobrecapacidad de 4G en relación con el precio.

En la región de Oriente Medio y Norte de África, Huawei está muy presente. Los que van más avanzados, no sorprendentemente dados sus recursos energéticos —a los que China acude crecientemente—, son los países del Golfo. De hecho, el año pasado, Arabia Saudí, aliado de Estados Unidos, firmó un “Proyecto Aspiracional” con Huawei para la modernización de sus actuales sistemas y la construcción de una red 5G.

En América Latina, el impulso para el 5G de cara a 2021 y 2022 está encabezado por México y Brasil, seguidos de Colombia, Chile y Argentina. Pero la región, donde 380 millones de personas no usan Internet, va algo retrasada a este respecto; no obstante, allí Huawei está muy presente, algo a lo que Estados Unidos parece prestar atención. Si en España, de cara al 5G, una gran compañía como Telefónica está reduciendo su dependencia en equipo de Huawei, en América Latina esta misma compañía va a hacer un uso más intenso de ellos, dados los compromisos adquiridos y la diferencia de costes.

En lo que respecta a la Inteligencia Artificial, Huawei cuenta con una hoja de ruta que destaca especialmente en este campo, y que demuestra que la empresa del señor Ren Zhengfei avanza a mayor velocidad que cualquier otra del mundo en esta, pero también en otras tecnologías. Pero lo que realmente le dará una potencia incomparable a Huawei y a China, en la estrategia compartida por el Gobierno y el sector privado chino de crear compañías que compitan y tomen la delantera en cualquier campo de la tecnología, es la estrategia de Inteligencia Artificial, además de plantear nuevos desafíos y respuestas, incluso nuevas temáticas dentro de la cuestión de la seguridad.

Así, el señor Xu asegura que Huawei planea aumentar sus inversiones en Inteligencia Artificial además de integrarla en toda la compañía para poder ofrecer productos de Inteligencia Artificial que cubran todo el espectro. Es difícil de hacer un cálculo preciso de las inversiones en I+D que hace Huawei, pero entre 2018 y 2019 la compañía duplicó el esfuerzo, situándose entre los 13.000 y los 17.000 millones de euros, cosa que la sitúa entre el quinto y el segundo lugar en gasto mundial de I + D.

Fuente de la gráfica

El alcance de Huawei se sitúa desde los chips de IA para centros de datos y dispositivos móviles hasta el software de Deep Learning y los servicios en la nube, que ofrecen una alternativa a los de Amazon, Microsoft y Google. La compañía está investigando los principales desafíos técnicos: hacer que los modelos de aprendizaje automático sean más eficientes en cuanto los datos y la energía, y también que sean más fáciles de actualizar, explicó Xu, y añadió que,

«Muchas empresas de esta industria, como Huawei, están creando sus principios en torno a la inteligencia artificial. Por ahora, sabemos al menos tres cosas con certeza: la tecnología debe ser segura y transparente; la privacidad y los derechos del usuario deben ser protegidos; y la IA debería facilitar el desarrollo de la igualdad social y del bienestar«.

William Xu. Huawei

A principios de 2019 la Asociación China para la Inteligencia Artificial, una organización estatal, creó un comité para la redacción de un código nacional ético de Inteligencia Artificial. Y al respecto, varias de las compañías insignia del sector tecnológico chino tienen iniciativas que se dirigen a la comprensión del impacto de la Inteligencia Artificial, como por ejemplo Baidu, Alibaba y Tencent.

China y la Cuarta Revolución Industrial

Era el día 2 de enero de 2019 y China anunciaba un recorte en sus cuotas de pedidos de petróleo refinado del 20%. De modo que antes de la pandemia de coronavirus SARS-CoV-2, China ya estaba dando pasos hacia otra cosa. Simplemente, dados sus desafíos geopolíticos, demográficos, etcétera, China empieza a abandonar la era de la industria pesada (y muy contaminante) para iniciar su, de momento por lo menos, liderazgo en la industria digital ligera, impulsada por el 5G. Ahora mismo las naciones de Asia son las únicas capaces de ello, y en concreto dos: China y Corea del Sur.

Europa está dando pasos también para corregir su desindustrialización saltando en cuanto sea posible, de eso se trata el plan de la Comisión von der Leyen, mediante la reconstrucción de su capacidad productiva asumiendo directamente este principio, en un reparto entre Europa occidental, con economía 4.0, Europa oriental con capacidad de proveer de todo lo necesario en cuanto a piezas, algo así como el taller, a la primera. Alemania enfrenta el desafío de adaptar su importante industria a la nueva tecnología, con el ser humano en el centro del sistema, y todo conectado para, a su vez, todo quede conectado al ser humano, y este se conecte con otros. Creando una tupida red de datos en tres órdenes distintos, como ya se ha mencionado: Internet industrial, Internet de los vehículos (todos los vehículos) e Internet de las cosas. Una producción de ambos sistemas: lo virtual con lo productivo, es la clave de la fortaleza industrial (y social) que se avecina, reduciendo las tensiones dentro de los mismos bloques económicos, como el de la Unión Europea o bloque Europa.

Esta nueva industria y nuevo modelo económico se aplicará a través de los elementos esenciales que ha subrayado la pandemia, a nivel productivo y de consumo/asistencial: salud, educación, agua, electricidad, vivienda, telecomunicaciones, suministros. Todo ello ha de ser retomado, pues de lo contrario es no entender el modelo de éxito de China que ya está aplicando, por los grandes Estados o los Supraestados compartiendo con los Estados adheridos pues podrán hacerlo al controlar parte de la creación de riqueza que el sistema descrito anteriormente generará para financiar las infraestructuras económicas y sociales. En definitiva, se trata que los recursos pasen de sectores y empresas inviables a sectores y empresas con futuro. Como menciona sabiamente Mervyn King en entrevista a El País:

«(…) el coronavirus ha puesto de manifiesto lo frágiles que son nuestras sociedades, incluso las más avanzadas: los políticos deben centrarse en eso, en aumentar la resiliencia del sistema».

Mervyn King, exgobernador del Banco de Inglaterra

Por consiguiente, hay que mantener un esfuerzo constante en la dirección y creciente en los esfuerzos para que este nuevo sistema monetario global y digital esté hecho para recaudar impuestos, evitar la evasión de impuestos y limitar la corrupción.

Si nos fijamos en China, esta ha adoptado «la doble circulación», consistente en que China seguirá aceptando inversiones extranjeras, como las pactadas con la Unión Europea, y no renunciará a trabajar su capacidad exportadora, aunque se trata cada vez más de tecnología y de capturar mercados demográficos, por decirlo así, donde el Internet de tres patas ya mencionado: de las cosas, de los vehículos e industrial, esté gestionado por China, además de poder usar su capacidad de primera nación en economía 4.0. Eso implica no sólo reducir la dependencia china de la tecnología foránea y de los mercados financieros, los cuales se aproximan a una situación harto complicada y más reforzada por la transición hacia vías de sustitución de tales mecanismos de financiación que ponen al dólar en una situación muy delicada, mientras que liberan así al yuan o al euro. Es decir, China deja de ser la fábrica del mundo. Ese es su plan, de acuerdo con los planteamientos que ha ido adoptando en materia económica y monetaria, al igual que la zona euro por cierto. Además, el 13 de octubre China aprobaba una ley de control de exportaciones que autoriza al gobierno a tomar contramedidas contra cualquier país que abuse de las medidas de control de las exportaciones, configurando de algún modo, una amenaza para la seguridad nacional e intereses de China, con lo que se podría prohibir la venta de elementos estratégicos, como las tierras raras, y otra tecnología a empresas extranjeras. No es casualidad, tal y como informa Business Insider, que Zuckerberg esté copiando las tácticas de las empresas tecnológicas chinas en los sectores hacia donde se dirige Facebook estratégicamente en el futuro, porque simplemente, los chinos van por delante.

Por otro lado, China aprobó en el contexto del XIX Pleno del Comité Central del Partido Comunista Chino, celebrado entre el 26 y el 29 de octubre de 2020, el XIV Plan Quinquenal, que abarca los años 2021 a 2025, y que será formalmente adoptado en el próximo mes de marzo de 2021 por parte de la AsambleAsamblea Popular Nacional, que se destaca por presentar una combinación flexible de capital público y capital privado, pero hay un elemento del que también Europa debe aprender, más allá de planificar en 5 años (por ende, ¿no tendría más sentido que las legislaturas fuesen de 5 años?), y es que es el Estado [en nuestro caso, como europeos, lo único parecido en capacidades de todo tipo es un «Superestado» de la Unión Europea adaptado para tales desafíos y coordinado a la perfección con todos los gobiernos de los Estados miembros en una reforma federal urgente para la próxima legislatura para el Parlamento europeo], el único sujeto principal de la economía y quien establece las condiciones económicas. Es decir, el interés de las empresas privadas está supeditado al Estado, tal y como ha quedado patente a la hora de gestionar la pandemia y que ha llevado al éxito a China. Y quiero que lo comparen con otro elemento, otro más, de la necesidad imperiosa del Estado o del «Superestado» como suma de Estados mediocres ante las capacidades estratégicas de China, Estados Unidos o India, con la campaña de vacunación de la Unión Europea. Hablamos de que por ejemplo, Francia, ha tenido que detener la vacunación por falta de dosis, mientras otros países de la Unión Europea bajan la velocidad de vacunación porque, evidentemente, no quieren dar este titular a la prensa. Mientras tanto, Turquía en dos días llega a poner sobre las 600.000 vacunas, en noticia de Reuters, Reino Unido esperan acabar de vacunar a los mayores de 18 años sobre el mes de junio de este año. La Unión Europea se expone a unos 12 o 18 meses. Creo que el ejemplo habla por sí mismo. Esto, simplemente, es otro signo más que requiere un trabajo y una reforma de calado. Si pensamos que China tiene capacidad para producir miles de millones de vacunas para 2021, de acuerdo con el grupo farmacéutico chino China National Biotec Group, tan sólo ellos pueden producir a finales de este año alrededor de mil millones de dosis. Es por ello, y no por otro motivo, por lo que pueden anunciar la intención de hacer sus vacunas «bienes comunes» accesibles a todos a la vez, incluida África. Un puñetazo sobre la mesa de la gobernanza mundial: China fija las nuevas normas para ser un Superpower, y si Europa y Estados Unidos quieren serlo, tienen que competir en un sentido «humanitario» con China en varios frentes, incluido el doméstico, por cierto.

China opta abiertamente por convertirse ‎en la economía más grande del mundo (que ya lo es) y, sobre todo, en «una sociedad de altos ‎ingresos» en los próximos 5 años. Es decir, apunta a llegar, o a superar, la cifra de 10 700 euros ‎de renta per cápita que el Banco Mundial o el FMI (Fondo Monetario Internacional) sostienen que ‎supone la categoría de país de altos ingresos. En la actualidad, China está un poco por encima de ‎los 8 500 euros.‎ Pero debemos tener presente que, según los datos oficiales de China, el país cuenta con 1.400 millones de los que unos 600 millones de chinos, que viene a ser el porcentaje de población rural, gana 120 euros al mes; pues bien, hacia ellos se dirige este XIV Plan Quinquenal, que ‎aplicará una política expansiva, con aumento del gasto público para garantizar salud, ‎educación y pensiones, entre otras cosas. Por tales motivos, podemos afirmar que prácticamente va a ‎desaparecer el permiso de residencia que restringe el movimiento de los trabajadores que ‎emigran a las ciudades, pues se trata de dirigir las actividades hacia las ciudades, incluidas las de nueva planta, para provocar una serie de cambios que impliquen un incremento sustancial de los salarios.‎ Cabe pensar que el acuerdo con la Unión Europea, el acuerdo RCEP y la influencia china en África mediante AfCFTA (el mayor Acuerdo de libre comercio, con todos los países de África menos Eritrea), además de una redefinición de los equilibrios de poder entre China y Estados Unidos, han de servir para cumplir esos objetivos. Cabe pensar también, que quizás en mi opinión China esté pensando también en una especialización de la industria por zonas, como hablaba para Europa, con una zona de «taller» y otra de «ensamblaje», además de otra de suministros e insumos, en general.

Este XIV Plan Quinquenal prepara el objetivo de que en 2035 ‎China sea el líder tecnológico mundial, además de principal potencia ‎económica, hundiendo el poder hegemónico de Estados Unidos, pero que se podría acelerar enormemente.

De hecho, aplicando el indicador de Paridad de Poder Adquisitivo, el PNB de China en octubre de 2020 era de 24.200 millones de dólares frente a los 20.800 de Estados Unidos. Pero las capacidades de China impresionan, pues ha activado el primer reactor de fusión nuclear del mundo. Y esto no es baladí, ni muchísimo menos: la fusión nuclear copia la forma de funcionar del sol y es capaz de proporcionar energía a un precio incomparable, es una tecnología segura y es clave para reducir la contaminación: estamos hablando que China avanza en la tríada fusión nuclear, hidrógeno, energías limpias, y apoyándose en el gas natural para apuntalar su despliegue de la economía 4.0 a una velocidad y con una seguridad que simplemente impresiona. Francia, a través de la Unión Europea, calcula que estará encendido en más de 5 años. En este caso, Europa también tiene que entender que debe competir con la ventaja china en más de 5 años en esta tecnología, además de las energías verdes y el hidrógeno, y asegurar cuanto antes el suministro de gas para apuntalar la transición energética que el nuevo modelo industrial, económico y social requiere.

Insisto en ello, y hay que tenerlo meridianamente claro: Europa no puede perder esta capacidad estratégica, que elimina a medio plazo, algo menos para los chinos, toda la dependencia de lo verde, pues la fusión, que no fisión nuclear, implica que no hay residuos radiactivos, un combustible abundantemente disponible y accesible (deuterio y litio), no hay emisiones de CO2, … Desde luego no tiene nada que ver con la fusión del núcleo de un reactor nuclear.

Respecto a los coches eléctricos producidos en China hay que señalar el cambio producido pues desde que en los años 80 del pasado siglo llegaron los acuerdos para que los gigantes de la automoción se instalasen en China asociándose con un productor local, China empezó a llenar el mercado en su mayoría con imitaciones baratas, pues los motores no eran tan buenos como los que fabricaban las firmas norteamericanas y europeas y el paradigma para alcanzarlos por parte de China se antojaba demasiado lejano. La única posibilidad era apostar por un cambio tecnológico. Y este llegó con los vehículos eléctricos.

Los vehículos eléctricos exigen una menor complejidad mecánica y dependen más de la habilidad electrónica. Por ejemplo, un motor eléctrico de un Chevrolet Bolt tiene solo 24 segmentos móviles, mientras que el motor de combustión de un Volkswagen Golf tiene 149 piezas. Además, China contaba con una destacada y experimentada cadena de suministro de fabricación electrónica gracias a su producción de baterías, teléfonos y dispositivos para todo el mundo, con unos elevados estándares.

El Gobierno chino cambió los motores de combustión por versiones eléctricas a un ritmo y con una determinación que ningún otro país ha podido alcanzar, de tal manera que ha hecho de los vehículos eléctricos uno de los 10 pilares de Made in China 2025, el plan estatal para convertir el país en un líder mundial en industrias de alta tecnología, a lo que ha añadido algunas medidas para generar demanda, entre otras la matriculación de un coche eléctrico en Shanghai a 0 euros y de forma instantánea, mientras que matricular un coche de combustión cuesta más de 12.000 euros y los trámites se dilatan bastante en el tiempo. A partir de 2013 se han establecido desde cero unas 500 empresas de vehículos eléctricos (VE) en China para cumplir con el mandato del Gobierno y aprovechar los subsidios diseñados para generar suministro.

Además, se ha juntado el hecho de hacer esta apuesta en el momento en que nos acercábamos a la implantación de la nueva revolución industrial. En este sentido, cabe destacar que alrededor de unos noventa fabricantes y varias gigafactories en construcción tienen lugar en China, de tal manera que está perfectamente posicionada para consolidar su supremacía en la producción de vehículos eléctricos.

El agente estratégico que ha permitido este crecimiento en el campo de la fabricación de baterías en China ha sido los subsidios ofrecidos por el gobierno chino únicamente a los proveedores nacionales, cosa que le ha permitido a China mantener la propiedad y el control de la industria de las baterías, además del uso de los procedimientos de concesión de licencias en el país ha impedido que los proveedores extranjeros de baterías asuman el control de este sector, que es sin duda estratégico. La expansión planificada de la capacidad de fabricación de baterías en China, para todas las aplicaciones de baterías y tipos de productos químicos, crezca más de 2,5 veces para 2026.

Aunque hay proyecciones que apuntan hacia la fabricación de baterías en Europa y que ésta se acelerará en los próximos años, con todo y con ello será una auténtica sorpresa si alcanza al nivel del mercado asiático. Para el 2026 se estima que la región la región de Europa y MENA representará prácticamente 228 gigavatios-hora de capacidad de fabricación de células de ion-litio por año, en comparación con la región de Asia y el Pacífico, con casi 345 gigavatios-hora de capacidad de fabricación de células por año. Este aumento es impulsado en gran parte por el crecimiento esperado en el mercado mundial de vehículos eléctricos. Según Bloomberg New Energy Finance, la demanda anual de baterías de ion-litio de las nuevas ventas de EV podría alcanzar casi 1.400 gigavatios / hora para 2030. Los fabricantes chinos tienen la mira puesta en satisfacer la mayor parte de las necesidades del mercado.

Los principales productores de baterías de EV en China, BYD Co. y Contemporary Amperex Technology Co. (CATL), ya tienen planes muy bien construidos para aumentar exponencialmente su capacidad de producción de baterías en este 2021 en el que acabamos de entrar. Con nuevas gigafactorías en obras, BYD y CATL están listos para superar los niveles de producción de Tesla / Panasonic. Y a medida que mejora la calidad del producto, estas y otras empresas chinas se convertirán en proveedores líderes de baterías de EV en todo el mundo, no solo a nivel nacional.

Algunos datos para reflexionar:

51 %: participación de China en las ventas de vehículos eléctricos
54 %: participación de China en la capacidad de ensamblaje de turbinas eólicas
75 %: participación de China en la fabricación mundial de celdas de iones de litio

Fuente: MIT Technology Review

China es el mayor mercado de energía solar del mundo. Así, en el año 2015, el coloso asiático superó a Alemania como el país con mayor capacidad solar (43 GW). El líder mundial en energía solar fotovoltaica es también una fuerza impulsora en la industria. Con 53 GW de nueva capacidad solar instalada y 86,5 mil millones de dólares invertidos en 2017, China representó un poco más de la mitad de esa nueva capacidad solar global y el 45% de los $279.8 mil millones invertidos en todo el mundo para todas las energías renovables (Global Trends in Renewable Energy Investment). Se han fijado como objetivo de 1.300 GW de capacidad solar para el 2050.

China es también el mayor fabricante y exportador mundial de tecnología de paneles solares del mundo. Además, el costo de la tecnología fotovoltaica continúa cayendo en China y la industria solar no está limitada por la cuota del gobierno.

Estos datos cabe entenderlos dentro del contexto para el fomento del desarrollo de las energías renovables (2016-2020), con un enfoque particular en la energía solar, que la National Energy Administration adoptó el XIII Plan quinquenal. Han trabajado en aumentar la proporción de energía no fósil en el consumo total de energía primaria al 15% para 2020, y han fijado la cifra del 20% para 2030, además de aumentar la capacidad de energía renovable instalada a 680 GW para 2020 y, finalmente, reducir la dependencia de las compañías extranjeras del sector. 

En cuanto al caso europeo de la industria de baterías para satisfacer la fuerte demanda de vehículos eléctricos, a diferencia del modelo expuesto para el caso asiático en general, y en particular el brillante ejemplo de China, en el caso europeo nos encontramos exactamente con los mismos problemas que siempre nos hemos encontrado al hablar de Europa: demasiado fragmentado, demasiados competidores, demasiado disperso… muy apetecible para devorar por los colosos norteamericanos o chinos, caigan unos antes y otros quizás más tarde: pero al final con este modelo, caen todos los jugadores europeos por los defectos archiconocidos ya.

En octubre de 2017, varias empresas y estados europeos lanzaron la European Battery Alliance (EBA), que perseguía el loable objetivo de romper la dependencia tan cercana al vasallaje que implica el control del mercado por parte de las potencias asiáticas en el sector, caso de Japón, Corea del Sur y por encima de todo, China. Bien, algo más de tres años más tarde, ¿dónde está esta industria, a la que se bautizó como un “Airbus de baterías”? A medida que la cuota de mercado de los vehículos eléctricos comienza a dispararse, casi el 90% de las baterías todavía se producen en China, Japón y Corea del Sur, en comparación con alrededor del 1% en Europa.

Las ventas de coches híbridos eléctricos y enchufables se triplicaron en la Unión Europea en 2020, alcanzando el 10% de cuota de mercado, según un estudio de Transport and Environment. ¿Cómo ha reaccionado Estados Unidos a estos datos que dejan en muy mal lugar a su industria del Vehículo Eléctrico y anuncian un potencial peligro en los, insisto, desorganizados, fragmentados y dispersos fabricantes europeos?

Pues fundamentalmente de dos maneras:

1/ Tesla se dispara en su valoración un 400% en cuatro meses. ¿Propósito? Atraer la financiación hacia Tesla y no hacia los fabricantes europeos, que podrían juntar ventas y financiación extra del mercado financiero y bursátil.

2/ Tesla pretendería adquirir Daimler, aunque desde Business Insider sí que señalaban otras opciones como las norteamericanas Ford o General Motors, la china NIO o nuevamente otro grupo alemán, Volkswagen. Sobre la cuestión de la fusión de NIO con Tesla, hay un artículo interesante desde una perspectiva norteamericana aquí. Esto nos lleva a la cuestión de si China estaría dispuesta a permitir algo así, teniendo la posición de Tesla en China, y su posición dominante en el mercado chino desde varias perspectivas. Las circunstancias opino que no son las mejores, tal y como reflexionaban en Bloomberg a finales de 2020, y se plantean dignas de seguirse de cerca este 2021; por otro lado, tampoco le beneficia a Elon Musk los lazos tan sólidos que está creando con el Pentágono, como se puede ver en este artículo de Business Insider. Sea como sea, la maniobra de inflar de esta manera Tesla es una jugada que además de descapitalizar a los europeos, en un proceso de formación, también podría perseguir «salvar a Tesla«. De todos modos, la fusión en el caso europeo al único que beneficia realmente es a Tesla y no a Volkswagen ni a Daimler, que se hallan algo expuestos en esta fase de transición en los modelos de producción, pero peor situación tiene Tesla. Otra cuestión es si sería estratégico para Estados Unidos, y la respuesta es que sí. Es una manera de profundizar el proceso de vasallaje de Europa y adquirir mercados, tecnología, formas de producción, experiencia, etcétera. Alemania debería ser inteligente y favorecer una fusión entre Daimler y cualquier fabricante europeo, con apoyo en investigación y adaptación. La opción Ford o General Motors podría por acabar por ser la opción tomada, teniendo en cuenta que Apple le ha solicitado a Hyundai, la firma coreana, iniciar conversaciones para fabricar el iCar de Apple, conversaciones que se hallan en fase inicial.

En 2030, esta participación de mercado alcanzaría entre el 35 y el 45%. Ese mismo año se prohibirán las ventas de vehículos de combustión en Reino Unido, Irlanda, Suecia, Dinamarca y Países Bajos y se reducirán los umbrales de emisión de CO 2 de los vehículos nuevos a 59 g/km contra 95 g/km en 2021.

Para poder hallar una cuota en este mercado la Unión Europea acaba por sacar la baza de las ayudas públicas, fruto de la clasificación de la European Battery Alliance como proyecto importante de interés común europeo (PIIEC) en el mes de diciembre de 2019, momento en que la Comisión Europea dio su autorización a siete Estados miembros para que liberasen 3.200 millones de euros en forma de subvenciones, de los que 1.250 millones de euros eran de Alemania, 960 millones de Francia, el resto de dinero público provenía del resto de socios, Bélgica, Finlandia, Italia, Polonia y Suecia. A través de esos fondos, se movilizan otros 5.000 millones de euros en inversión privada. El proyecto pretende contar con diecisiete participantes directos, en su mayoría actores industriales, incluyendo pequeñas y medianas empresas, que cooperarán con otras 70 compañías y centros de investigación de toda Europa.

La European Battery Alliance tiene como objetivo desarrollar una cadena de valor de baterías innovadora, competitiva y sostenible en Europa. Fuente de la infografía.

De momento, tan sólo un gran proyecto se ha beneficiado de esta ayuda pública directa, por valor de 1.300 millones de euros, que tiene como parte más destacada el eje París-Berlín. Se trata del consorcio ACC (Automotive Cells Company), formado en particular por Saft (grupo Total) y PSA. Inauguró una planta piloto en Nersac en Nueva Aquitania a principios de 2020, y planea abrir a partir de 2023 dos «gigafábricas» en Douvrin en Hauts-de-France y Kaiserslautern en Alemania, que pretende lograr suministrar entre el 10% al 15% del mercado europeo en 2030.

Gigafábrica parte del nombre que se dio a las megafábricas de baterías de Tesla, el nuevo gigante eléctrico estadounidense que, por cierto, planea abrir una tercera cerca de Berlín en 2021. En Francia, se construirá una segunda gigafábrica para 2023 por la empresa emergente de Grenoble Verkor, con el apoyo ante todo de Schneider Electric. La ubicación todavía no ha sido designada, pero el proyecto se beneficia de una inversión anunciada de 1.600 millones de euros y que mereció el apoyo del gobierno francés.

Para entonces, un consorcio privado en torno a la empresa sueca Northvolt, fundada por Peter Carlsson y Paolo Cerruti, ambos ex ejecutivos de Tesla, debe inaugurar una primera gigafábrica en la Laponia sueca. Financiada entre otros por Volkswagen por una suma de mil millones de euros, la compañía recibió un préstamo de 350 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y una garantía del Estado alemán de unos 450 millones de euros.

Pero estos nuevos actores europeos no son pioneros en Europa, pues los líderes del mercado asiático tienen las mayores fábricas hasta el momento que hay en Europa, caso de las surcoreanas LG (en Polonia) y de SK Innovation (en Hungría), este segundo además planea abrir dos gigafactorías más en Hungría en esta década. Por su parte los grupos chinos CATL y SVolt se instalarán en Alemania, y la japonesa Panasonic anunció en noviembre de 2020 su intención de instalarse en Noruega.

Cuando los fabricantes europeos iniciaron la fabricación de sus modelos de vehículo eléctrico optaron por utilizar las baterías de fabricantes asiáticos, que dominaron la tecnología de iones de litio desde la década de 1990, e invirtieron muy pronto en grandes fábricas que permitieron ahorrar costes a escala, como se detalla en un informe del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).

Como muestra de su avance tecnológico, un estudio de la Oficina Europea de Patentes (EPO) y la Agencia Internacional de Energía (IEA) pone de relieve que entre 2000 y 2018, nueve de los diez mayores solicitantes de patentes en tecnología de las baterías eran japonesas o coreanas.

Así, lo lógico por parte de los fabricantes europeos en un principio era traer a sus socios asiáticos a Europa, acercarlos a sus centros de toma de decisiones y reducir de este modo los costes de transporte de las baterías. Pero todavía representan un problema cada vez mayor, que es de soberanía, porque estas células “made in Europe” están hechas por actores no comunitarios, cosa que supone un evidente riesgo estratégico para Europa, porque estos actores extranjeros pueden buscar ascender en la industria construyendo sus propios vehículos, o favorecer a otros actores extranjeros en detrimento de los europeos. Por no mencionar que mantienen el control de las patentes, las decisiones de inversión y los beneficios generados por sus fábricas europeas. Beneficios que prometen ser enormes, porque incluso si el costo de las baterías ha caído alrededor del 90% en diez años, todavía representa el 40% del valor de un vehículo eléctrico.

También mantienen el control de las patentes, las decisiones de inversión y los beneficios generados por sus fábricas europeas. Beneficios que prometen ser enormes … porque incluso si el costo de las baterías ha caído alrededor del 90% en diez años, todavía representa el 40% del valor de un vehículo eléctrico. A partir de ahora, la estrategia europea consiste en querer crear, con capital europeo, actores de baterías que controlen ellos mismos los procesos industriales. Esto supone, por ejemplo que el ministro de Economía francés Bruno Le Maire obligó a Renault a participar en el consorcio PSA y Saft, para poder recibir un préstamo de 5 mil millones de euros para paliar sus dificultades financieras, de acuerdo con Europe 1, o bien Volkswagen quienes al firmar una asociación con Northvolt para construir una planta de baterías en Alemania, quiso contener a los chinos anunciando una inversión de 2.0 millones de euros, lo mismo que hizo BMW, ya que ambos dependen de la empresa china CATL. Esto es el resultado de querer producir coches eléctricos antes de asegurar una producción de baterías más que suficiente, que por cierto, es lo que ha hecho por ejemplo China o los gigantes asiáticos. Otro motivo más para meditar por parte de los europeos, no se puede continuar trabajando sin un plan europeo estratégico, no importa el sector económico, que asegure dos cosas: más y mejores beneficios, más estabilidad y fortaleza, pues se evitan fugas de tecnología y fortalecer a rivales que pueden derrotar, y garantizar los puestos de trabajo y estabilidad de los mismos de los europeos.

La UE también está tratando de actuar sobre los primeros eslabones de la cadena de las baterías: la extracción y refinación de materias primas, litio, níquel y cobalto en el plomo. Su producción ahora está dominada por China, pero Finlandia está relanzando su explotación en su territorio, incluso si eso significa ofender a los ambientalistas locales, y se están estudiando proyectos mineros en la República Checa y Serbia. Por cierto, me pregunto qué estamos pensando en España y en el conjunto de la Unión Europea, para ordenar un estudio minero pormenorizado de Europa y gestionar la ubicación de las factorías en puntos cercanos a los mismos. España, debido a su formación geológica es un diamante en este sentido, a lo que se suma su posición estratégica. ¿A qué espera el capital español y el de la Unión Europea para aprovecharlo?

En fin, al establecer una nueva dinámica de poder geopolítico, las energías renovables están cambiando el panorama energético y los patrones de comercio, que permite aplicarlas como palancas de apoyo para mejorar y optimizar la electrificación, la reducción de la dependencia del petróleo, el descenso de las emisiones contaminantes, y se han dotado de tecnología que ahora aplicarán a más y mayor escala en los procesos industriales en el contexto de esta Revolución Industrial que moldea ya la economía 4.0.

Como podemos comprobar, los últimos años, podemos apreciar un crecimiento de energía renovable, especialmente del sol y el viento, a un ritmo sin precedentes. La transición a las energías renovables requiere un cambio radical en el sistema energético global con varias implicaciones en las esferas social, económica y política. De hecho, las fuentes de energía renovable están ampliamente disponibles en todo el mundo. Esto significa que cada país podría alcanzar su propia independencia energética, mejorando la balanza comercial y reduciendo su vulnerabilidad a los precios volátiles, e iniciando así la electrificación de sus economías y factores productivos.

¿Cómo es una Industria 4.0? Para empezar está dotada de 5G. A continuación voy a citar una serie de párrafos del MIT Technology Review donde abordan esta cuestión para tratar de alcanzar una idea más completa:

El CEO de Zvei, Klaus Mittelbach, del influyente grupo comercial de fabricantes de productos electrónicos y eléctricos, explica que las compañías alemanas ven esta tecnología como una forma de mantener su liderazgo en la fabricación avanzada, una iniciativa nacional a menudo denominada como Industria 4.0. «Las redes privadas 5G mantendrán a Alemania competitiva en tiempos de digitalización [al habilitar] la fábrica del futuro, que será altamente flexible y admitirá un elevado grado de personalización», escribió Mittelbach en una entrevista por correo electrónico.

En esta visión de una fábrica súper moderna, el 5G proporcionaría conectividad inalámbrica ubicua para tener sensores en todas partes. Los trabajadores podrían consultar vídeos de realidad aumentada para ver las instrucciones, y la maquinaria podría moverse fácilmente para ayudar a los gerentes a experimentar con diferentes métodos de producción y adaptar las operaciones a la demanda. Como lo describe Mittelbach: «Las paredes, el techo y el suelo de la fábrica probablemente serán los únicos componentes fijos que quedarán».

Audi es un buen ejemplo. Actualmente, el fabricante de coches depende del wifi en sus instalaciones de producción y conecta sus robots principalmente a través de Ethernet. Löser señala que Audi quiere desenchufar a sus robots y hacer que su producción sea «más ágil y flexible», pero su wifi tiene dificultades cuando los robots necesitan moverse rápidamente o transmitir datos en tiempo real. Así que, en agosto, Audi comenzó con las pruebas 5G para controlar algunos de sus robots que pegan partes de vehículos. Aunque la prueba sigue en curso, Löser afirma que los resultados hasta ahora han sido «muy satisfactorios». Audi planea utilizar 5G dentro de pocos años en sus instalaciones de producción en su sede alemana y luego lo expandirá a otras fábricas del Grupo Audi; la compañía puede incluso usarlo para reemplazar su wifi, explica él.

Extracto del MIT Technology Review

Y, ¿respecto al equipamento requerido?

Por supuesto, las empresas como Audi no pueden hacer todo esto por sí solas. Necesitan equipos de red, software y, lo más importante, acceso al espectro radioeléctrico, las frecuencias de radio que transmiten las señales inalámbricas. Audi consiguió su equipo de 5G a través de un acuerdo con Ericsson y cuenta con el regulador de telecomunicaciones alemán, el Bundesnetzagentur, para vender su espectro. En mayo, la agencia dijo que distribuiría el espectro a empresas industriales y fábricas para su uso local y regional, aunque aún no ha publicado detalles exactos. Una vez que Audi obtenga el espectro, decidirá si contrata a una empresa para ayudarle con la red.

En otros países, es probable que las empresas tomen una ruta similar hacia las redes privadas 5G. El coste puede limitar la demanda a las compañías más grandes. El vicepresidente de Harbor Research, Alex Glaser, estima que una empresa tendría que invertir cerca de 90.000 euros por el hardware necesario, que se parece a un equipo wifi, porque es un conjunto de cajas de plástico con antenas. Debido a que las señales móviles viajan más lejos que el wifi, las compañías no necesitarán tantas «celdas pequeñas» como routers, pero las celdas costarán más. Al menos al principio.

También está el gasto de operar la red y adquirir el espectro. Algunas compañías supervisarán sus propias redes, ya sea por cuestiones de responsabilidad y seguridad o porque tienen grandes equipos de tecnología internos. Eso significa que tendrán que asumir todas las responsabilidades de las que AT&T, o Deutsche Telekom, normalmente se harían cargo, como es diseñar, implementar y mantener la red. Algunas empresas subcontratarán la gestión a especialistas. Otras pueden usar redes privadas para operar partes sensibles de su negocio y quedarse con las redes móviles públicas para las áreas menos sensibles.

Cuando las compañías obtengan el espectro y el equipamiento, podrán construir redes, incluso si los operadores móviles aún no han activado el 5G en su región.  El CEO de Zvei confirma: «Tan pronto como [ambas cosas] estén disponibles, nuestras compañías comenzarán a utilizar redes privadas».

MIT Technology Review

Lo que debemos hacernos a la idea es la de un internet industrial, donde todo está conectado, la Inteligencia Artificial trabajando en varios aspectos, una eficiencia absoluta en todo el proceso productivo. Algoritmos optimizados que llevan los recursos a un rendimiento cada vez mejor, y que aprende a mejorar constantemente. Todo electrificado, con una energía tremendamente barata, seguramente en un espacio de tiempo será la fusión nuclear, que es Grial de la energía. Ciudades, infraestructuras de todo tipo, todo conectado con medios de transporte y logística de alta eficiencia que van a optimizar los recursos de tiempo. El hidrógeno también va a jugar un papel destacado, y de nuevo China goza de una posición inteligente y avanzada, tales como que los científicos chinos logran producirlo in situ y en tiempo real, avanza en el tren de hidrógeno, ha construido la planta de hidrógeno verde más grande del mundo, también apuesta por el hidrógeno para el transporte pesado y los autobuses, y es, en definitiva, el eje central del proyecto de transición energética de China. Otra lección más para Europa y los planes que debería llevar a cabo.

Control a las tecnológicas: el caso chino

La tensión entre Beijing y el sector digital sufrió una intensificación manifiesta en octubre de 2020. Durante la Cumbre del Bund celebrada en Shanghai, Jack Ma criticó abiertamente al sistema financiero chino. Y esto es noticia, máxime cuando en 2013 afirmaba categóricamente: “Si el Gobierno necesita Alipay [servicio de pagos electrónicos de Ant Group], se lo daré”.  Esto contrastaba con las declaraciones a las que me refiero, que las autoridades recibieron como un desafío, hechas durante un foro cuando criticó la legislación del país en materia financiera y su mentalidad de “tiendas de empeño”, añadiendo que, “Debemos sustituir esa mentalidad por un sistema de crédito basado en big data, empleando las posibilidades tecnológicas actuales”.

El 2 de noviembre de 2020, la Agencia de Noticias Xinhua publicó un artículo titulado «No hables sin pensar, no hagas lo que quieras, no actúes según tus deseos». El texto, que como se puede comprobar por el enlace, en ningún momento se refiere a Ma, contiene una pintura del artista japonés Kaii Higashiyama de un caballo en las nubes. En chino, los temas de la pintura que ilustraba el artículo se indican con las palabras ma y yun, que corresponden respectivamente con el apellido y nombre del empresario, en chino. Al día siguiente, las autoridades chinas impidieron el lanzamiento de la oferta pública de Ant Group, potencialmente la más grande de la historia, como veremos a continuación.

A lo largo de los meses de noviembre y diciembre de 2020 China ejecutó una serie de nuevas medidas con la finalidad de evitar que los gigantes tecnológicos chinos ganen demasiado poder, tal y como lo hacen sus pares norteamericanos, con los que podrían compartir ciertos intereses, y que les llevaran a asaltar el poder político o a influir demasiado en él. Recuerdo que a un presidente en funciones, y no voy a entrar a juzgar otros acontecimientos, se le ha suspendido una cuenta, sin recurrir a una orden judicial, en Estados Unidos. De momento la artillería se centra en el primera que ha avanzado muy en firme hacia uno de los elementos que le puede dar un poder enorme en la nueva economía 4.0 y que se articula alrededor de Alibaba, hoy la novena empresa del mundo atendiendo a su capitalización bursátil. 

La primera acción de Beijing consistió en impedir que Ant Group, el brazo financiero adaptado a la nueva economía, de la compañía fundada por Jack Ma, hiciera su debut en las bolsas de valores de Shanghai y Hong Kong; y, se redactaron nuevas leyes antimonopolio en el sector digital. Estas medidas llevaron rápidamente a la alta dirección de Ant Groupprometer una mayor transparencia y responsabilidad. Es oportuno señalar ahora que en sus seis años de historia, Ant Group ya ha proporcionado liquidez a 500 millones de personas. Como el propio empresario ilustró, “pide prestado 100.000 y tendrás miedo del banco; pide prestado 1.000 millones y el banco te tendrá miedo a ti”.

Unos días más tarde, Xi Jinping visitaba Jiangsu para realizar una inspección de gran relevancia y calado. Se trata de una provincia ubicada en la margen norte del delta del Yangtsé. En Nantong, el presidente chino invitaba a los empresarios a seguir el ejemplo de Zhang Jian, un pionero «patriótico» de la industrialización china a principios del siglo XX.

Ya lo he mencionado más arriba, pero lo recuerdo ahora: el Yangtsé tiene un papel esencial en la geopolítica de China, porque una la costa, rica, con el interior, más pobre y, a su vez, ejerce de separación entre el norte y el sur del país. El delta del Yangtsé, donde se ubica Shanghai, y el delta del río Pearl y Guangdong en Hong Kong representan los dos centros de gravedad de la economía china. La sede de Alibaba está ubicada en Zhejiang, que precisamente es el bastión de Xi Jinping. Tencent, en cambio, tiene su sede en la megalópolis cantonesa de Shenzhen.

Lo que pretende el centro de gravedad en el poder de Beijing es utilizar la capacidad de innovación de ambos polos de poder para alimentar el bienestar del interior y construir así los medios con los que ejecutar sus planes y alcanzar su agenda hacia el dominio mundial. En este sentido también se expresa el siguiente artículo publicado a mediados de diciembre por el Diario del Pueblo, donde abunda en la cuestión del gran crecimiento de venta de productos alimenticios a través de plataformas digitales, ya que el diario afirma explícitamente que los gigantes de Internet deben utilizar sus capacidades y medios para resolver «problemas tecnológicos y científicos», y no sólo para maximizar las ganancias. Especialmente ahora que la competencia con los Estados Unidos obliga a la República Popular a depender cada vez menos de los conocimientos técnicos estadounidenses .

A continuación, se multó a Alibaba además de otras empresas, por realizar adquisiciones sin permiso. Finalmente, inició una investigación en su contra por sospechas de prácticas monopólicas, porque en 2017 aumentó su participación en la cadena de tiendas Intime sin permiso, como consecuencia, Alibaba ha perdido casi un tercio de su cotización bursátil desde finales de octubre, equivalente a la evaporación de 280.000 millones de euros. Pero también China Literature, una subsidiaria de Tencent en el campo de los libros electrónicos era sancionada por la adquisición de la firma cinematográfica New Classics Media

Adicionalmente se informaba de la revisión de la fusión de las empresas Douyu y Huya. Esto permitiría a Tencent, que posee acciones de ambos, controlar gran parte de la industria de transmisión de videojuegos en la República Popular de China.

El mensaje que envía Beijing y el aparato de poder es muy claro: los gigantes tecnológicos tiene que poner sus capacidades de todo tipo al servicio de los objetivos geopolíticos del Partido, o lo que es lo mismo, el Estado. Especialmente ahora que la competencia con Estados Unidos se está estrechando y la búsqueda de la autosuficiencia tecnológica es una prioridad nacional. 

Es bueno tener presente que, aunque China lo está haciendo muy bien, y cuenta con muy buenas bazas, no deja de existir por ello, cierto riesgo de crisis que se difumina con el paso del tiempo y sus aciertos, además de los avances en la guerra contra Estados Unidos por el globo que mantiene China. Pero el riesgo existe, en el sentido de la paulatina desaceleración del crecimiento económico por el modelo de transición hacia uno más basado en la inversión y la nueva economía 4.0.

En todo ello Jack Ma era una pieza que desafiaba el orden de una manera más subversiva de lo que pudiera parecer. Verán: como consecuencia de lo anterior, en 2017, la estabilidad financiera se incluyó como una prioridad de seguridad nacional. A continuación, el ejecutivo preparó una reestructuración del aparato regulador y comenzó un control más exhaustivo del trabajo de las compañías de seguros, de la actividad administrativa de las provincias y de los bancos locales, con la finalidad de detener la proliferación de la corrupción y el sistema bancario «en la sombra», que podría preparar un segundo foco de «legitimidad» que optimizase más los recursos en beneficio de más gente, y con ello hallase medios de profundizar en el cuestionamiento de una sociedad que, la verdad, empieza a cambiar algo, quizás más de lo que cabría esperar, y aunque se busque redirigir sus pensamientos mediante la tecnología y el uso de la misma.

Pero, este modelo económico, en exceso centralizado, acaba por limitar los esfuerzos. Entonces, los bancos buscan financiar con mayor facilidad empresas y proyectos de propiedad estatal que, además, el Partido Comunista de China apoya de una manera clara y manifiesta. Existe, a su vez, una creencia, bastante extendida, de que Beijing no permite que las grandes empresas fracasen para no alimentar con ello la inestabilidad social, y esto hace que estas empresas se sientan especialmente tentadas de arriesgarse e ir más allá, con la sensación de que si fracasan el Estado cubrirá esa parte, hasta que acierten. El trabajo de las empresas estatales se convierte así en un peón en la relación entre el poder central y las autoridades locales, que utilizan las mismas empresas para dar fe de los objetivos de crecimiento marcados, con lo que exponer estas entidades a la volatilidad del mercado corre el riesgo de desestabilizar el sistema.

Todo ello limita la cantidad a la que pueden disponer las pequeñas y medianas empresas que no cuenten con el apoyo del Estado de alguna manera o bien que posean un historial financiero que merezca confiable. Para estas empresas que quedan fuera les podría seducir la idea de recurrir a un sistema bancario fuera de los circuitos tradicionales, para ver más sobre esta situación recomiendo visitar este enlace. Sobre este sector Beijing aplica esfuerzos para controlarlo, tal y como Sun Yu explicaba en un excelente artículo en el Financial Times el pasado 6 de agosto 2020. Los ciudadanos, mientras tanto empiezan a hacer uso de plataformas de préstamos digitales entre particulares, y es precisamente en este sector donde opera Ant Group, que cuenta con la aplicación de pagos móviles Alipay, y desarrolla una creciente labor en el sector de los servicios de microcrédito, algo que precisamente Facebook podría estar preparando como evolución de la red social, copiando a Jack Ma, tal y como describíamos en esta revista digital la apuesta estratégica de Facebook y Estados Unidos en una maniobra geopolítica de más integración trasatlántica, por un lado, además de crear una copia de este sistema de microcrédito y aplicarlo a escala global, por no mencionar el hecho de asimilar a Libra a una suerte de Bancor, tal y como en su día propuso Keynes, del que hablaremos en esta revista digital. De modo que creo que cabría reflexionar en la cuestión de que el Gobierno desee dominar este sector tan prometedor ahora que aún puede, y antes de que Jack Ma se convierta en un auténtico gigante, incluso con aspiraciones políticas sustentadas potencialmente. Sobre la cuestión de la FinTech china, y su percepción como Caballo de Troya por parte Nadia Schadlow y Richard Kang, en un interesante artículo con un sesgo concreto norteamericano, recomiendo este artículo en la revista Foreign Affairs.

Para abundar más en el enfrentamiento Jack Ma vs Xi Jinping, recomiendo encarecidamente la lectura del reportaje de Tom Mitchell, Yuan Yang y Ryan McMorrow del 12 de enero de 2021 publicado en el Financial Times. Enfrentamiento que ya le ha costado, tal y como apunta Bloomberg ver cómo en los últimos meses su patrimonio ha menguado de 51.000 millones de euros a 40.000. 

No obstante, las prioridades en esta materia por parte de Xi Jinping y sus círculos de poder leales no son otras que las de mantener firmemente controlado el Estado profundo, evitar las posibles alianzas, tanto locales como internacionales en su contra con diferentes sectores, y preparar para que sea un éxito un, creo que delicado Congreso Nacional del Partido de 2022, que nombrará a los nuevos líderes, y que en teoría ha de confirmar a Xi Jinping como su «núcleo» rector. Lo que intenta Xi Jinping es evitar verse en la misma situación que Mao cuando se vio desplazado y cuestionado y tuvo que controla la situación reconduciéndola mediante la «Revolución Cultural», cuando en 1966 peleó contra el aparato político y altos oficiales hostiles estableciendo el Grupo Central de la Revolución Cultural con sus leales, con las consignas de acabar con los «revisionistas» y aquellos que «viajeros del camino capitalista», y que habrían de hallar una salida en la caída del Telón de Bambú y la entrada de China en la maquinaria imperial norteamericana, hasta que inicio la desvinculación del dólar del yuan en 2005, cosa que llevó a una desvalorización del yuan que China con sus increíbles capacidades y sus ordenados planos quinquenales ha podido aprovechar (y otra lección para Europa, que debe ajustar de una vez el euro, y más si desea que todos los países miembros lo adopten); Xi Jinping tiene los medios para evitar llegar a esta situación, pero en caso de que se diese, ya ha tomado la bandera de la anticorrupción y del nacionalismo, como forma de identificar a los «nuevos enemigos»; de hecho, no dejo de contemplar como una posibilidad bastante elevada que este año 2021 veamos una continuación y/o una reedición de la campaña anticorrupción de Xi Jinping, y que busque el enfrentamiento con el emprendimiento privado, en la línea que hemos visto recientemente, como aviso, que incluye la desaparición de Jack Ma, pero que avivará el descontento interno, en su Estado profundo y en otros agentes dentro y fuera de la República Popular China hacia el liderazgo de Xi Jinping.

Impacto del Smart Power chino: el caso de la Unión Europea

Washington ha sabido conjugar los intereses de Ericsson y Nokia con la necesidad de contener a China en Europa, particularmente con Huawei, que ha logrado que se reduzca la colaboración con Huawei y ZTE en el campo de las red 5G. Sobre el futuro de dicha estrategia cabe decir que ya es más limitado a mi juicio. Ericsson y Nokia son también la apuesta europea, no norteamericana. Y aunque Ericsson y Nokia han sacado partido de esta situación, con una redes de 5G que son realmente buenas, no van a seguir colaborando en estos términos, ya que la integración del 5G en el coche eléctrico hace que Europa, que sí que está experimentando un crecimiento interesante y que, como ya hemos visto, Estados Unidos desea contener tratando de apartar financiación de la industria. Pero, como decimos, el vehículo eléctrico europeo, cualquiera que sea, ha de contar con las redes 5G de los nórdicos, así que no van a tirarse piedras a su propio tejado, teniendo en cuenta también cuál es la situación industrial de Estados Unidos, como veremos a continuación, y cuál la de Europa, a pesar de su fragmentación.

Cabe señalar que a pesar del envío masivo de suministros sanitarios al extranjero, la imagen de China en Occidente se ha deteriorado, como se puede comprobar por las encuestas y la acogida algo distante que las cancillerías europeas dieron al canciller Wangi Yi en septiembre. Merece subrayarse que la colaboración chino-italiana ha experimentado un enfriamiento notable. Las presiones de Washington han empujado a Roma a distanciarse de Beijing en el campo de las telecomunicaciones y los puertos, y como ejemplo el puerto marítimo de Trieste aceptó la inversión del operador de Hamburgo para la ampliación del muelle VIII, un expediente en el que China Merchants tenía la posición de absoluta ventaja. El gobierno de Conte vetó un acuerdo entre Fastweb y Huawei en el campo del 5G

También merece señalarse aquí que a pesar de la firme oposición estadounidense,la diplomacia del Vaticano ha alcanzado sus objetivos y ha conseguido ampliar el acuerdo secreto con el que cuenta con China para el nombramiento de obispos. La Santa Sede quiere de esta manera reforzar la actividad pastoral en China y en Extremo Oriente. A cambio, Beijing razona que el acuerdo sirve para mejorar su imagen en el exterior, pero para algo muy importante también como es comprender mejor a Occidente, y pensar en contrarrestar el cristianismo de exportación norteamericano que ha colonizado también a ciertos elementos del catolicismo español mayoritarios, con el católico romano impulsado por el papa Francisco I.

Beijing buscará el consenso italiano para ganar poder blando dentro de la UE. De hecho, el 2021 será decisivo para la finalización del Acuerdo global sobre inversión (Acuerdo global sobre inversión, Cai) sino-europeo. El hecho de que Alemania quisiera llegar a un acuerdo tres semanas antes de la inauguración de Biden destaca la importancia del mercado chino para la economía alemana y de la creciente tensión entre, por un lado Berlín y la Unión Europea además de Londres, y por el otro lado Washington. La administración Biden hubiera preferido acordar con los socios europeos cómo gestionar la relación con la potencia rival, y hay signos de que perciben los movimientos de Europa con cierto recelo.

Pekín podría aprovechar esos desacuerdos para penetrar más en la esfera de influencia estadounidense en el Viejo Continente, buscando apoyarse mutuamente con Europa.

Elementos para calibrar la situación de Estados Unidos respecto a China

También hay que sumar la liberalización progresiva del mercado de bonos chinos, que ofrecen un rendimiento del 3,188% hoy día 17 de enero de 2021, como se puede consultar al momento haciendo click aquí. Son competencia directa de los T-Bonds norteamericanos, y que los inversores prefieren los bonos chinos a los T-Bonds, de acuerdo con lo que el portal británico de referencia OMFIF explica. La estrategia china se completa con un proyecto muy interesante llamado Bond Connect, pues como su nombre indica, conecta los bonos de Hong Kong con los de China, estamos simplemente, ante un producto financiero de primera magnitud y capaz de cambiar el equilibrio, sin olvidar la tradicional presencia de la City en la región ampliada.

El contraste con Estados Unidos es terrible para los norteamericanos, sin paliativos. Los T-Bonds mencionados en el párrafo superior se anuncian como negativos en 2021, después de que estuvieran a un +0,7%, y el Bund alemán ya ha estados este año en rendimiento negativo (-0,5%), tal y como explicaba John Dizard el pasado 11 de diciembre de 2020 en el Financial Times, y esto tras más de 3 billones de dólares votados por el Congreso desde que empezó la pandemia, en un contexto que ya anunciaba el desastre antes de la misma pandemia, contrario a lo que dice la propaganda pro-Trump, tal y como recogimos en esta misma revista digital. De hecho, el último paquete ha presentado serias dificultades para acordar las condiciones para ampliar en casi 1 billón de dólares solicitado con la máxima urgencia por la Reserva Federal. La deuda de Estados Unidos ha alcanzado la cifra de 27 billones, arrojando un saldo positivo en un año de unos 5 billones adicionales, y les aconsejo consultar las infografías de Visual Capitalist para comprueben la magnitud; el Congreso, por su parte, no hace más que votar para elevar el techo de la deuda para evitar la quiebra del Estado y ampliar la fecha de vencimiento a una semana más. El modelo político y democrático estadounidense está totalmente desacreditado a la vista de todo el mundo, y no voy ni a citar ni una sola referencia, pues basta ver lo sucedido desde las elecciones del 3 de noviembre para aquí y lo que revelan de la sociedad norteamericano, su enconamiento en dos posiciones, etcétera. Seguramente usted no lo pensará, pero a los datos que ya dábamos hace unos meses sobre Estados Unidos y la situación social, cabe sumar la hambruna está afectando a millones de niños. Por otro lado, la demanda de subsidios de desempleo se está disparando, 14 millones de trabajadores perderán sus subsidios de desempleo a finales de año, más de 3,3 millones de propietarios de EE.UU. estarán en el punto de mira por pagos atrasados cuando la indulgencia hipotecaria termine; también se reporta que los hogares están aprovechando los bajos tipos de interés para tratar de refinanciar sus viviendas y los bancos han dado prioridad para los préstamos a los más endeudados, lo que sugiere una próxima oleada de ejecuciones hipotecarias, de acuerdo con Bloomberg, la inflación prevista en los Estados Unidos es demasiado alta, de acuerdo con The Wall Street Journal (y de hecho, podría batir las propias expectativas para peor).

En este sentido cabe reflexionar que ante la situación tan delicada que va a empezar a vivir el dólar, y que rompe el cinturón de seguridad de Estados Unidos, cabe preguntarse cuál es la deuda, ahora sí que es muy pertinente, que tiene China de Estados Unidos en dólares. Sin duda una baza en la negociación de un nuevo Bretton Woods global, cada vez más imperante y urgente.

La presidencia de Biden y China, ¿cambio de dirección?

Deberíamos empezar por recordar que una de las grandes promesas de la campaña electoral del entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos en 2016, Donald Trump, era la de acabar con las prácticas comerciales chinas, consideradas injustas y responsables del déficit comercial de Estados Unidos. El otro eje estaba en Europa, la Unión Europea, es decir Alemania, y donde ya empezaba la ofensiva anteriormente mediante Cambridge Analytica y Facebook, la Alt Right, y que se manifestó en el Brexit y todo lo que recogían del Fuck the European Union de la administración Obama. Tanto en el caso chino como en el europeo la solución era imponer aranceles elevados que obligasen a europeos y chinos a negociar… aunque al final hemos acabado negociando entre nosotros, chino y europeos y cerrando un acuerdo.

Para Donald Trump, la Unión Europea es un medio para el dominio de Alemania, y en esa dirección se pronunciaba y señalaba, mientras Bannon lideraba a toda una serie de partidos, como los aznaristas Vox y Partido Popular en España, Lega en Italia, FN (ahora RN) en Francia, AfD en Alemania, UKIP en Reino Unido, el Partij voor de Vrijheid en Países Bajos, o Fidesz – Magyar Polgári Szövetség en Hungría, entre otros, para que lo fuésemos de Estados Unidos, y así debilitar a Alemania en la negociación para que Estados Unidos se tragase a toda Europa, eso sí, incluida Alemania, como vasallos en todos los aspectos, ante los desafíos que se aventuraban en el final de su primer mandato y el paso al segundo mandato, y que podrían conducir a la formación de un «Bloque Europa».

En este sentido, creo oportuno señalar las palabras del exgobernador del Banco de Inglaterra en entrevista al diario El País, Mervyn King, donde dice textualmente:

«Trump ha convencido a los estadounidenses de que Estados Unidos han sido los perdedores de la Guerra Fría y de la globalización; los alemanes están convencidos de que son los paganinis de Europa. Tremendo error”

Mervyn King, exgobernador del Banco de Inglaterra en entrevista a El País

Por otro lado, también tienen que centrarse en acelerar el desarrollo tecnológico y militar para hacer frente a Estados Unidos, con un presidente entrante, como Joe Biden. Quizás percibamos ciertos cambios narrativos, pero la estrategia estadounidense hacia China permanecerá intacta. Es decir, la elección de Biden como nuevo presidente de Estados Unidos no cambiará la estrategia de Washington contra Beijing, y a la inversa, aunque podríamos introducir algún intento, depende de los acontecimientos.

Por de pronto el Congreso de Estados Unidos parece relativizar más con Hong Kong y pasar al ataque con las GAFAM, ya desde octubre de 2020. Es más fácil centrar a la gente en eso que en las ventajas que está tomando China, sinceramente. Sobre esta cuestión, recomiendo el artículo de Michael Mcloughlin del pasado 26 de octubre de 2020, EEUU, contra los monopolios de Silicon Valley: el pulso que va a cambiarlo todo, para el lector que desee acercarse más a esta cuestión. Además, las GAFAM se quedan manifiestamente atrás que las BATXH, y como muestra este artículo sobre Apple. Por otro lado, es justo recordar que el sector tecnológico norteamericano es tremendamente fuerte para reunir capital, ahora China está creando medios para hacer lo mismo… pero los fondos de capital riesgo cuyo eje rector está en la cultura hegemónica y estratégica de Wall Street están muy integrados con las tecnológicas. Ya hemos visto algunos ejemplos en este Dossier Geopolítico especial que demuestran las vinculación con el Estado profundo norteamericano, basado en el Pentágono e Inteligencia. No deberíamos dejarnos engañar por cantos de cisne. Lo que estamos viendo podría ser perfectamente el abandono de un modelo obsoleto y la preparación de un modelo en el que en no pocos aspectos China lleva la delantera, con lo que ya desde hace algún año en Estados Unidos se habla de FAANG, y no tanto de NATU, aunque algo más de GAFAM. FAANG es precisamente Facebook, en fase de transformación radical, Amazon, Apple, Netflix y Google. Tesla sigue otro camino, fundamental también, con lo que se quita el acento de Airbnb y de Uber, porque quizás muten también hacia otro tipo de estrategia o de alianzas. Haríamos bien en recordar que con Barack Obama la industria digital se convirtió en el eje clave de un nuevo desarrollo económico que giraba alrededor de los gigantes de la tecnología «californianos». Ahora ese modelo está cambiando: estamos presenciando lo que se ha llamado ya como el «Tech Exodus» o «Techsodus» en dirección hacia Texas, por parte de varias empresas, como las de Musk. Les recomiendo que lean este artículo del Business Standard sobre este fenómeno con fecha de 17 de enero de 2021.

A partir del estudio del  documento titulado «Elementos del desafío chino», elaborado por el Departamento de Estado de Estados Unidos unos días antes de que la administración encabezada por Donald Trump aceptara la transición con la de su sucesor Joe Biden, se percibe un nuevo foco puesto en el papel de las organizaciones multilaterales y otro dirigido hacia la pedagogía nacional, con lo que la complejidad de la batalla de contención de Estados Unidos contra la República Popular irá en un marcado aumento. El sistema federal y la evolución de Estados Unidos hace que el cambio de presidencia o de mayorías en el Congreso tenga un peso, evidente, pero muy relativo, pues son muchísimas las agencias, los muchísimos los departamentos, además de lobbies, etcétera los que construyen y difunden la doctrina exterior estadounidense. Ya sea para Europa como China, que somos más «enemigos» que nunca, por usar la expresión que utilizó el presidente Trump. En este sentido la apreciación de Beijing, que cree que Washington y el Estado profundo de Estados Unidos no detendrán el asedio multifacético contra él que comenzó durante la administración Trump, es no sólo acertada: es precisa.

La maquinaria de poder norteamericana se está preparando para una sincronización muchísimo mejor entre los líderes del Departamento de Estado, Seguridad Nacional e Inteligencia Nacional, que no sólo irá dirigido contra China, también contra Europa. Así que hay que señalar pues que lo que veremos de multilateralismo será estrictamente para perjudicar a China y a Europa, que es objetivo, pero nada más. Cabe señalar el valor de una terna de la administración Biden, como digo, compuesta por Antony Blinken, como secretario de Estado; Jake Sullivan, como asesor de seguridad nacional; y, Avril Haines, que dirigirá la inteligencia nacional. 

Sullivan está perfectamente familiarizado con el Estado profundo de Estados Unidos, conformado ante todo por Inteligencia y Pentágono, y la necesidad estratégica de contener a China. Entre 2013 y 2014 ejerció como asesor de seguridad nacional del entonces vicepresidente con Obama, ahora ya presidente, Joe Biden. Como ejemplo, aconsejo la lectura del artículo escrito por Sullivan con el profesor Hal Brands, profesor distinguido por Henry A. Kissinger de asuntos globales en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, que se publicó en el medio tradicional para estos casos: la Foreign Policy. El artículo titulado China Has Two Paths to Global Domination. El artículo versa sobre las opciones con las que cuenta China para alcanzar el rango de Superpower y sobre los contraataque que se deberían impulsar desde Washington, y que se publicó en la relevante fecha de 22 de mayo de 2020.

Una evidencia, es que el artículo menosprecia la posición de Rusia, para centrarse en el auténtico rival: China. Beijing ha de trabajar la relación con Moscú, de la misma manera que Washington también lo intenta. Recordemos la propuesta de un G-11 con Rusia por parte de Trump, además de India, Corea del Sur y Australia (de nuevo, no es una ocurrencia de Trump, es una apuesta estratégica del establishment norteamericano, todo él, incluidos demócratas y republicanos), y proyectado contra China, pues se trata de hurgar en las debilidades rusas y en los elementos asimétricos y perjudiciales para Rusia de las relaciones con Beijing, que cada vez son más, para dirigirlos hacia un acuerdo Washington-Moscú, que evite el acuerdo Unión Europea-Moscú. Mientras el primero ya hace algún tiempo que existe, basado en los ciertos puntos en común que el petróleo y sus intereses les lleva a compartir, además de contener la ofensiva contra el petróleo lanzada por las energías verdes y el mismo gas como elementos inmediatos, para ganar tiempo y plantear una ofensiva que sea ganadora; el segundo elemento, el de la sincronización Unión Europea-Moscú se traza evidentemente a través del gas natural y la industria. Las fricciones entre Moscú y China se repiten a lo largo de los puntos donde hasta hace un tiempo han colaborado, con lo que Moscú busca desengancharse cada vez más de la esfera de Beijing, y el camino es Europa, pues es donde «conectar» el gas y los minerales, pues la industria norteamericana está desaparecida y necesita rehacerse, mientras que la europea necesita orden y coordinación, en un escenario bien proyectado… si esto se da, tiene condiciones para ganar.

Desde su exclusión, tanto del G7 como del G8, Rusia siempre ha manifestado que no estaba interesada en ese formato de reuniones, y que como tal evento, no estaba interesada en volver. A continuación siempre afirmaba que un formato G20 le parecía más interesante. Esta propuesta «informal» de Trump presenta varias virtudes que hacemos mal en no valorarlas en su justa medida, vamos a destacar que es exactamente el punto intermedio entre el caduco modelo G7/G8 y G20. La otra perspectiva que no deberíamos obviar es que este G11 se construye para oponerse a China… y a ello Rusia podría decir que sí, pues su extremo oriente, Siberia, Asia Central se hallan bajo presión china bajo diferentes factores: desde los económicos, productivos, tecnológicos, de recursos hídricos y tierras cultivables además de demográficos. No olvidemos que dentro del «Hagamos grande a China de nuevo», más allá de la asimilación definitiva de Hong Kong, la absorción de Taiwán, también debemos contar con la tierra que el entonces Imperio ruso ocupó en la Manchuria, y que ya ocasionó problemas entre ambas naciones en el pasado, calentándose dicho conflicto hasta el enfrentamiento casi nuclear. Rusia se sabe potencial objetivo de ampliación e influencia directa de una China milenaria que vuelve. Por no hablar de las estructuras en el Caspio, ideadas por Rusia y explotadas por China, al igual que la Gran Ruta del Norte a través de Ártico, donde se repite el guión, quien lo explota y gana es China.

Al respecto, desde Europa Occidental llegaban señales, muy oportunas, que se venían repitiendo desde hacía ya un tiempo, y que provenían de Francia. No es casualidad que el «desfile de la Victoria» pospuesto hasta el 24 de junio cuente con la asistencia confirmada tras su invitación formal del Señor Presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron. Tampoco cabe descartarse la intervención por separado en Italia de Rusia y China con motivo del SARS-CoV-2, donde ambos perseguirían objetivos geopolíticos distintos, pero ambos en clave «Europa», al igual que chinos y rusos compiten de una manera que empieza a manifestar síntomas de ser en ocasiones mútuamente excluyente en África, y cuyos resultados podríamos empezar a ver ahora.

No obstante, en este sentido hay que mencionar que se produjo una ruptura a principios de julio, y el eje fue, cómo no, Libia, cuando Francia abandonaba al mariscal de campo Haftar, por un lado, y el otro elemento, relacionado iba vinculado a una acción de Wagner, la compañía de seguridad rusa. En aquellos días de primeros de julio de 2020, durante una conferencia de prensa conjunta con la canciller alemana, Angela Merkel, Macron claramente negó su apoyo al mariscal de campo Haftar y condenaba el ataque de este último a la capital, Trípoli, el 4 de abril de 2019.

También Macron criticó a Rusia por primera vez, cerrando su etapa de alianza y colaboración para apoyar a Haftar. El presidente de la República francesa ha dicho que habló con el presidente ruso sobre la cuestión. No hacía entonces ni un año, que París reconocía que los misiles FGM-148 Javelin, misil antitanque y portátil desarrollado en Estados Unidos, descubiertos por el ejército libio después de la liberación de Gharyan (100 kilómetros al sur de Trípoli) pertenecían al ejército francés. ¿Qué ha desencadenado este viraje de Francia?

1/ La derrota de Haftar, que le llevaba a retirarse del este y el sur de un círculo de más de 400 kilómetros de diámetro. Francia se alejaba de Haftar, al igual que Sudán y Grecia, y antes que ellos Italia.

2/ La acción de los «mercenarios» de Wagner de controlar el campo petrolero Sharara, en el extremo suroeste de Libia, a finales de junio de 2020, justo una semana antes, después de que las unidades aliadas con el gobierno libio casi lo recuperan. Este es el campo petrolero más grande de Libia. Su producción puede alcanzar por encima de los 300.000 barriles o alrededor de los 400.000 barriles por día durante los períodos pico, además de contar con elevadas reservas de barriles. La compañía petrolera francesa Total tiene en ese momento acciones en el proyecto de campo Sharara, que es administrado por la Libyan National Oil Corporation, en asociación con las compañías Repsol (España), el OMV (Austria) y Norwegian Equinor. Macron llamó el viernes 3 de julio a Putin para trasladar la ira de Total, y subsidiariamente, de Repsol, OMV y Norwegian Equinor, Putin le contestó que Wagner y sus contratistas de seguridad no representan a la Federación de Rusia. Macron le replicó que Putin se desenvuelve en el filo de la navaja con esa afirmación y que es en el fondo una contradicción. Se trataba, fundamentalmente, de una apuesta estratégica por separar el acercamiento con Rusia, y es evidente que los Wagner actuaron en un sentido afín a los intereses del petróleo ruso y de sus sinergias con el sector petrolero norteamericano, perjudicando a los intereses del acercamiento de la Unión Europea-Moscú a través del gas.

La cuestión del envenenamiento de Navalni presenta el interés de que sus consecuencias implicaban el fin del Nord Stream 2, y el posicionamiento de Annegret Kramp-Karrenbauer, ministra de defensa de Alemania, a finales de octubre de 2020, en el preludio de las elecciones presidenciales estadounidenses, que sugería una «alianza comercial occidental recién fortalecida» invitaban a pensar en un fin de la posibilidad del acuerdo Unión Europea-Moscú. Pero la reactivación del Nord Stream 2, y el hecho de encarar su parte final (6%), hace pensar que no se ha dicho la última palabra.

Washington tiene en Europa tres líneas que seguir, que consisten en detener la integración política europea y la formación del polo Europa en varios frentes. Para ello está siguiendo las siguientes direcciones:

1/ Detener la conexión de gas Unión Europea-Moscú-Ankara, a través de sanciones al Nord Stream 2 y al Turkish Stream

2/ Impulsar la estrategia Trimarium y mantenerla en la órbita de Washington, con distribución del gas natural licuado o LNG, que cuenta con varias terminales de transformación como la de Swinoujscie (Polonia) y otra en Krk Croacia. Esta estrategia de los Tres Mares se gestó en la administración Obama, y la aplicó la administración Trump, e incluye un cuña entre Rusia (y posteriormente Turquía), a través de los siguientes países: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, República Eslovaca, Austria, Hungría, Eslovenia, Croacia, Rumanía y Bulgaria. El centro de gravedad corresponde a Polonia, que a su vez se ve reforzada por los Visegrado (además de Polonia, Eslovaquia, Hungría y República Checa). Pero también proporciona una forma de sujeción a Europa Central, particularmente Alemania, que es dependiente de esta región para varios elementos claves para su industria, con la idea de quebrar la soberanía de la Unión Europea, como hemos visto por ejemplo con los vetos de Polonia y Hungría para bloquear los fondos anticrisis de la Unión Europea, en medio de cuya crisis en la negociación vimos al afán de detener cualquier avance de la integración europea, por ejemplo con el manido argumento por parte de la Alt Right de cuño norteamericano de «opónganse a Soros, que es muy malo, y él quiere hacer la Unión Europea, como se ve en este artículo de Viktor Orbán«, publicado el 27 de noviembre de 2020.

3/ Gestionar las tensiones en el Mediterráneo oriental. Recomiendo repasar el Dossier Geopolítico especial sobre Mavi Vatan o la Patria Azul. Las tensiones derivadas son muy útiles para Washington en varios aspectos, pues retrasarían la conexión por gas y el suministro de hidrógeno de Arabia Saudita, que se plantea una transformación energética clave, al pivotar hacia el hidrógeno, pues pretende ser el mayor exportador del mundo. Pero también las tensiones entre las partes generan un rédito interesante en el campo de la venta de armas a diferentes actores, propiciando una suerte de carrera armamentística entre Grecia y Turquía, por ejemplo. Esta estrategia también la ha venido siguiendo por ejemplo Rusia, que tiene en la venta de armas una de las formas mediante la cual ha podido esquivar las sanciones, además de mantener alejado el conflicto de sus fronteras, hasta el conflicto de Nagorno-Karabaj más reciente.

Se trata pues de reducir de este modo las aspiraciones globales de China, peor también de la Unión Europea, y crear una mayor vulnerabilidad estratégica en ellos. Claro, que la otra solución posible es un acuerdo a tres: Unión Europea-Rusia-China, que ganaría unos años, hasta provocar la caída definitiva de Estados Unidos, y a partir de ahí, si Europa es verdaderamente fuerte, llevar a un equilibrio global, al estilo de la Pax Romana, o bien a otra dimensión de conflicto. Dependerá siempre de Europa y de lo que haga, en todo caso.

Al respecto cabe contar con Blinken, que juega como una suerte de comodín, y esto nos debería dar una idea de cómo se va a desarrollar la estrategia norteamericana, pues habla perfectamente francés, y por tanto, trabajará el frente abierto en el primer escalón geopolítico de Europa y a nivel global desde el prisma occidental: Estados Unidos, Reino Unido y Francia, de modo que la maquinaria estadounidense considera que se debe centrar en el desafío europeo, y más por la deriva que puede tomar de conformarse como un poder aparte. El siguiente escalón de atención lo constituyen Alemania, Italia, España, Polonia; el siguiente Países Bajos, etcétera. Se trata de países que se enfrentan a escenarios electorales, crisis de gobiernos, o que pueden cambiar en su alineación.

El otro lado del perfil de Blinken, tiene que ver con su posición más bien agresivo con Beijng, como aborda este interesante artículo de Newsweek, a pesar de que los medios chinos recuerdan positivamente su viaje a la República Popular en 2015, en el que se tomó la foto de perfil de su cuenta de Twitter.

La conjunción de estos elementos dotan de especial relevancia al documento ya mencionado «Elementos del desafío chino», elaborado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que no solo analiza las fortalezas y debilidades de China. A mi juicio destacaría que detalla de una forma breve y concisa las soluciones para abordarlo. Y confirma que el cambio de presidencia no detendrá el rumbo de la colisión entre los dos poderes.

Adicionalmente, el texto conserva varios elementos que son sin duda comunes a los discursos pronunciados recientemente por el secretario de Estado saliente, Mike Pompeo, y también al documento difundido por la Casa Blanca el pasado mes de mayo bajo el título «Enfoque estratégico para la República Popular China». Washington acusa explícitamente al Partido Comunista de querer derrocar el actual orden internacional formado por Estados Unidos y otros países occidentales. Por eso, y siempre de acuerdo con el documento, es necesario que la superpotencia se levante en defensa de la libertad y el statu quo. El objetivo es cuestionar la legitimidad del Partido a los ojos de la población china y los países extranjeros, elemento clave para levantar al pueblo contra Xi Jinping. Y esto no es baladí, porque se podría haber cuestionado la legitimidad por la gestión de la pandemia, para atacar la parte y tomar el todo, de acuerdo con la mentalidad cultural china. No obstante, de momento, para el conjunto de la sociedad Beijing tiene toda la legitimidad. Actuó con seriedad cuando estuvo al corriente, fue eficaz y eficiente. Purgó las piezas que fallaron en el engranaje. Y esa es la idea principal. Para los sectores que exigen una reforma en un sentido democrático, buscarán mantener la indignación y la línea de responsabilidad ascendente para apuntar a Beijing y al Partido Comunista de «falta de legitimidad», en este sentido, no olvidemos los esfuerzos de Bannon con un informe financiado por él mismo para afirmar mediante la viróloga Li-Meng Yan que el coronavirus se creó en un laboratorio. Es interesante observar como, en el fondo, lo sucedido no podría ser en verdad más que otra vuelta de tuerca a la política iniciada por Xi Jinping en 2010 de lucha contra la corrupción, como herramienta para mantener movilizada a la sociedad civil contra los organismos intermediarios entre Beijing y el pueblo, precisamente donde Xi Jinping podría ser cuestionado. En esta línea también cabría comprender lo sucedido en febrero de 2020, cuando el profesor Xu Zhangrun, profesor de Jurisprudencia y Derecho Constitucional en la Universidad de Tsinghua, publicó un texto que se puede traducir como «Alarma viral: Cuando la furia vence el miedo«, donde denuncia lo que el profesor Zhangrun llama «cultura de la mentira» del Partido Comunista de China, y aprovecha para señalar lo que a su juicio es una deficiente respuesta por parte del gobierno de Beijing a lo sucedido. Xu expone y denuncia en nueve puntos cómo el gobierno prohibió la divulgación de información objetiva durante el brote y conecta este problema con un problema mayor de libertad de expresión en China, y plantea unas reflexiones que desea elevar al conjunto de la ciudadanía china. El aparato del Partido Comunista Chino ha reaccionado como era de esperar: su cuenta de WeChat ha sido suspendida, su perfil en Weibo ha sido borrado y el texto, simplemente, ha desaparecido.

Recordemos que uno de los elementos en los que más a trabajado de forma estratégica la administración Trump ha sido en el intento abierto de separar al Partido Comunista de China del pueblo de la República Popular, que se ha reiterado en forma de discurso, como es el pronunciado por el secretario de Estado, titulado  La promesa de América tras la derrota de Donald Trump, con lo que cabe entenderlo como un mensaje, un anuncio de acción. La administración Biden puede adoptar una narrativa más suave, pero tratará de desestabilizar a Beijing criticando su gestión nacional, aunque lo hará de forma quizás más oblicua y con el eje puesto en Xinjiang y Hong Kong.

Ya, antes de las elecciones, el personal de Biden había dicho que el entonces candidato demócrata se oponía al «genocidio» contra los uigures. El Departamento de Estado de Pompeo también eliminó el Movimiento de Independencia de Turquestán Oriental de su lista de organizaciones terroristas, cosa que constituía una provocación en toda regla contra Beijing, porque considera al Movimiento de Independencia de Turquestán Oriental el principal culpable de los atentados ocurridos en la República Popular China durante los últimos diez años. Precisamente a causa de ello, Xi Jinping lanzó una dura campaña antiterrorista en la región y luego incrementó la campaña de asimilación de la cultura china.

De hecho, el asesor de seguridad nacional de Trump, Robert O’Brien, prometió nuevas sanciones contra los políticos implicados en la reducción de la autonomía de Hong Kong, a lo que se sumó que 15 miembros de la facción prodemocrática dimitieron después de que el gobierno local expulsó a cuatro miembros del Consejo Legislativo. Una nueva medida aprobada por Pekín permite al ejecutivo de Hong Kong tomar esta decisión sin someter el caso a tribunales regionales si los sujetos apoyan la independencia o el separatismo de Hong Kong. Este principio está en armonía con la Ley de Seguridad Nacional, que se dio en julio de 2020 orientada hacia la reducción de la autonomía de Hong Kong. Beijing continúa absorbiendo a Hong Kong en el sistema político chino, incluso cuando esto alimenta nuevas protestas y críticas locales de la superpotencia.

La posición del Departamento de Estado respecto a la República Popular de China es considerarla, citando textualmente, «autoritaria, colectivista e imperial», que se achaca a la combinación de teorías maoístas con el nacionalismo chino. La réplica desde los medios de Beijing fue obviamente negativa. Para el gobierno china se debe producir una identificación en el crecimiento económico como el eje del gran desarrollo tecnológico y militar de China, así como la herramienta con la que Beijing ha fortalecido su influencia en el exterior. El ejemplo más llamativo de este proceso es la promoción de la Iniciativa One Belt One Road, un proyecto geopolítico centrado en inversiones en infraestructura en el exterior.

El documento del Departamento de Estado aborda la cuestión de las vulnerabilidades conocidas de la República Popular de China, que ya hemos resaltado en este Dossier Geopolítico especial, consistentes en la brecha de riqueza entre la costa y el interior, a lo que se suma una demanda potencial de mayores derechos y demandas por parte de la floreciente clase media china. Ambos elementos representan una amenaza para la estabilidad del país y por tanto para la soberanía del Partido Comunista, que deberá recurrir a elementos morales y/o ideológicos, además de impuestos, para contener esta cuestión. Pero, lo cierto es que de alguna manera, sí que hay una cierta penetración en capas de la sociedad china de ciertas ideas «occidentalizantes», y esto se ha puesto de manifiesto en las propias redes sociales chinas. Esta crisis de la pandemia de COVID-19 ha demostrado, antes del control de las redes sociales chinas por parte del aparato del poder, ciertas críticas que se han deslizado, con peso, en las redes sociales.

El elemento cardinal del texto se centra en las diez propuestas del Departamento de Estado sobre cómo tratar con la República Popular de China. En la parte superior de la lista está la «protección de la libertad» en el país, mediante la preservación de la gobernanza constitucional, la promoción de la prosperidad y una sociedad civil sólida. De hecho, Washington considera que la «conducta» china es un desafío a los valores y superestructuras estadounidenses.

A continuación, el documento aborda la segunda propuesta, que es es mantener el liderazgo militar. Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos deberán seguir siendo las más poderosas, ágiles y tecnológicamente avanzadas. De ahí la necesidad de obstaculizar el avance del Ejército Popular de Liberación, por ejemplo quizás metiéndolo en el nuevo tratado START, no obstante aún le falta experiencia en combate y calidad tecnológica. Para el lector interesado, recomiendo este artículo sobre un análisis hecho desde Estados Unidos sobre el Libro Blanco de Defensa de China de 2019. De modo que esta táctica incluye actualmente sanciones contra las compañías chinas que contribuyen a la mejora del Ejército Popular de Liberación de China y las operaciones navales en los mares chinos en disputa, que Beijing reclama casi en su totalidad.

Abordaremos aquí sucintamente el tercer y cuarto objetivos, pues están especialmente vinculados entre sí: “fortalecer el orden internacional libre, abierto y basado en reglas”, y sobre el que Estados Unidos lideró el proceso de construcción; además de, “Reevaluar el sistema de alianzas y la panoplia de organizaciones internacionales”.

Y resulta que estamos ante uno de los argumentos más importantes del documento. Durante la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos criticó a varias entidades multilaterales. En primer lugar, se retiraron del tratado de libre comercio denominado Asociación Transpacífica, favoreciendo el establecimiento de la Asociación Económica Integral Regional, que era objeto de vivo deseo e interés tanto por parte de China como por parte de los países del Sudeste Asiático. Más tarde los norteamericanos abandonaban el tratado sobre fuerzas nucleares de alcance intermedio, firmado con Rusia, una medida que permitiría el posicionamiento de portaaviones balísticos y nucleares a pocos kilómetros de la costa china. Debemos tener en cuenta simplemente que China ha podido desarrollar un arsenal de misiles que en gran medida no estaría permitido por este tratado. Por ejemplo, el portaaviones antibuque Dongfeng-21, apodado en Estados Unidos «asesino de portaaviones» (alcance 1.450 kilómetros), el Dongfeng-26 (entre 3.000 y 4.000 kilómetros) y el intercontinental Dongfeng-41 (entre 12.000 y 4.000 kilómetros). 15 mil kilómetros). China ha adquirido de este modo una ventaja en el contexto de la estrategia de interdicción espacial (cortar acceso / negación área o a2 / ad), cuyo objetivo es prevenir ataques de países rivales, ante todo Estados Unidos en el sur y el este de China. En esta cuenca, se ha incrementado el número de ejercicios y patrullas navales y aéreas y ha intensificado la construcción de islas artificiales para uso militar y civil en los archipiélagos Paracel y Spratly.

Finalmente, durante la primera ola de la epidemia de coronavirus, Washington abandonó la Organización Mundial de la Salud acusándola de ser demasiado «sinocéntrica». El Estado profundo de Estados Unidos reconoce que este enfoque ha favorecido el surgimiento del poder blando chino en los foros internacionales. Los primeros intentos de interacción entre Biden y los países europeos podrían ser la razón por la que Beijing ha animado a estos últimos a seguir una «estrategia autónoma», de la que saldríamos ganando los dos.

Todo ello nos lleva a la fuerza hacia el quinto propósito, que no es otro que el «fortalecimiento del sistema de alianzas a través de una división efectiva de responsabilidades» y la formación de «grupos y coaliciones» para abordar «amenazas específicas a la libertad». El ejemplo más llamativo de esta intención es el fortalecimiento continuo del diálogo cuadrilátero de seguridad (Quad), integrado por Estados Unidos, Japón, Australia e India. No se excluye que en el futuro la OTAN también contribuirá a esta táctica. Washington ha pedido a sus aliados europeos que naveguen por el disputado Mar de China Meridional, aunque las líneas que persigan allí Reino Unido y Francia no tendrían que ser realmente coincidentes con las estadounidenses.

A continuación el documento pasa a proponer una promoción de los intereses estadounidenses con la República Popular de China, contenerlo si es necesario y apoyar a quienes «buscan la libertad» allí. En resumen, Estados Unidos continuará utilizando los expedientes de Hong Kong, Tibet y Xinjiang para desestabilizar a Beijing, que notoriamente no permite la interferencia extranjera en asuntos internos.

Llegando a la parte final del texto, el Departamento de Estado enfatiza tres tareas: 

1/ Inculcar a los ciudadanos estadounidenses un mayor conocimiento de las implicaciones del desafío chino; 

2/ Reformar el sistema educativo escolar para que los estudiantes “se hagan cargo” de vivir en una sociedad libre y democrática; 

3/ Capacitar a una nueva generación de funcionarios para que conozcan no solo el idioma y la cultura china, sino también a otros amigos y rivales.

Para Washington es absolutamente prioritario fortalecer en las generaciones futuras los valores sobre los que se fundamenta la sociedad estadounidense frente a los de China. Y, tras ello, tal y como dice el último punto, «defender los principios de la libertad» públicamente, incluso a través de iniciativas diplomáticas.

Es decir, que Estados Unidos podría prestar más atención a la formación pedagógica , una herramienta que las grandes potencias utilizan para consolidar la identidad nacional y alimentar ambiciones futuras. Beijing está comprometida exactamente con el mismo plan: inculcar en los jóvenes chinos la memoria de las glorias de la era imperial, de las invasiones extranjeras y, finalmente, del «resurgimiento» de la República Popular de China bajo la dirección del Partido Comunista de China liderado por Xi Jinping y los círculos que le son leales.

Cabe que meditemos en un par de ideas, la primera es que Washington y Beijing van a librar un batalla del poder blando, cosa que obliga a la Unión Europea a convertirse también en un coloso cultural (y es bien fácil hacerlo), además de impulsar una reforma moral que sea un modelo a imitar al mundo. India avanza exactamente en el mismo camino.

El siguiente aspecto que quiero que tengan muy presente es que si hay un Imperio, una nación-imperialista, que tiene una firme y arraigada impronta geopolítica esta es Estados Unidos. Haríamos muy bien en recordarlo, tanto China como la Unión Europea. Esto quiere decir exactamente que se debe generar una escuela de pensamiento estratégico y geopolítico de gran nivel y ser tenida muy en cuenta, tanto China como la Unión Europea. Insisto en ello, y por más que insista no es suficiente: Si decíamos que Reino Unido reinaba sobre los mares, Estados Unidos reina sobre los tableros geopolíticos. Si los estadounidenses desmembraron el Imperio británico fue aprendiendo, entre otros, de él, y mejorándolo. Sirva esto de lección.

China podría intentar ponerse en sintonía con Estados Unidos acerca de la cuestión del cambio climático, tema al que Biden le ha asignado prioridad junto con la lucha contra el coronavirus. En 2019, las dos potencias produjeron el 27% y el 13% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, respectivamente. Sin embargo, dejaron de enfrentarlo después de que la administración Trump retiró a Estados Unidos  del acuerdo climático, aunque de forma no vinculante, de París. Una medida que Biden ha anunciado que quiere revocar como se recoge en este artículo del Financial Times. Este 2021 viene de la mano del Festival de Primavera en febrero, el centenario del Partido Comunista Chino (PCCh) en julio y las elecciones de Hong Kong en septiembre; además, hay que contar con seguir de cerca la posibilidad de una segunda ola del virus en China y qué impacto tendrá en la legitimidad del sistema encabezado por Xi Jinping. 

En mi opinión creo que parece muy probable que las tensiones entre China y Estados Unidos por cuestiones comerciales, pero también tecnológicas, militares e incluso del campo de la salud, entre muchas otras tengan una clara tendencia a intensificarse durante la presidencia de Joe Biden, e incluso más allá. La presidencia de Biden tratará de «tragarse» a los Estados Europeos y la misma Unión Europea para compartir la hiperinflación y el gran volumen de deuda, a la vez que se obliga a los europeos a ejercer de vasallos en cualquier aspecto. Esto no es un problema sólo con Biden. Con Trump se iba a dar exactamente igual, porque es una cuestión estratégica y vital para Estados Unidos, que además ve perder el ancla y salvavidas que era el dólar, tal y como lo conocíamos hasta ahora. Los métodos utilizados por Estados Unidos y China en esta competencia serán, sin embargo, decisivos, tanto para el futuro del sistema multilateral de comercio como para los aliados y socios comerciales de estas dos potencias, buscando ambas superpotencias crear una polaridad máxima para atrapar o capturar mercados, industrias, poblaciones, recursos, datos, países, cerebros, etcétera. ¿Hasta dónde llegarán si no hay un «fiel de balanza» capaz de cambiar las condiciones del Juego en este Dilema del Prisionero? Con el tiempo, hasta el mismo conflicto, eso es evidente. Estados Unidos necesita ganar tiempo, capturar recursos, convertir a Europa en vasalla y lanzarse sobre China, China también sabe que la partida se juega en Europa, pues es la zona perfecta para establecer un control tricontinental, dominar los estrechos marcados por el Canal de Suez y el estrecho de Gibraltar, y porque Europa tiene unas capacidades extraordinarias. Es como si fuesen dos ballenas enormes. Una de ellas ahora más desgastada, pero poderosa. Quien coma más plancton enriquecido y más bancos de peces abundantes, y eso es lo que es Europa, más posibilidades tiene de vencer en el futuro conflicto, entre vasallos de los dos grandes por el centro del tablero geopolítico: el Mediterráneo ampliado. La única solución posible para Europa es crecer aprovechando nuestros recursos y ser «el tercero» en el centro.

China podría intentar renegociar la fase 1 del acuerdo comercial con Estados Unidos con la administración Biden .

IPAC: Inter-Parliamentary Alliance on China. ¿Hacia otra fase del conflicto?

El pasado 4 de junio de 2020 los senadores estadounidenses por el Partido Republicano, Marco Rubio (Florida) y el demócrata Bob Menéndez (Nueva Jersey), ambos con origen cubano, daban lugar a una alianza llamada Alianza Interparlamentaria sobre China (IPAC). Dicha alianza se presenta con los siguientes objetivos, y cito textualmente:

«La misión del IPAC es fomentar una colaboración más profunda entre legisladores con ideas afines. Su trabajo principal es monitorear los desarrollos relevantes, ayudar a los legisladores a construir respuestas apropiadas y coordinadas, y ayudar a elaborar un enfoque proactivo y estratégico sobre temas relacionados con la República Popular de China. Sus actividades se dividen en cinco grandes áreas:

Salvaguardar el orden basado en normas internacionales
La República Popular de China (RPC) debe estar sujeta a los estándares del orden jurídico internacional, que a su vez debe estar protegido de la distorsión.

Defender los derechos humanos
Las relaciones entre los estados y la RPC deben dar la debida importancia a los derechos humanos universales.

Promoción de la equidad comercial
La RPC debe estar sujeta a los estándares del orden basado en reglas, especialmente aquellos establecidos por la Organización Mundial del Comercio.

Fortalecimiento de la seguridad.
Las democracias deben desarrollar estrategias de seguridad complementarias para abordar los desafíos presentados por la RPC.

Protegiendo la integridad nacional
No se debe permitir que la RPC comprometa la soberanía o las instituciones de ningún mercado desarrollado o emergente a través de préstamos, inversiones o por cualquier otro medio.»

Dicha alianza reúne a más de 100 representantes de 12 países (Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón, Reino Unido, Alemania, Italia, Suecia, Noruega, Países Bajos, República Checa y Lituania), además de diputados en activo en el Parlamento Europeo.

Esta alianza cabe entenderla como parte de las acciones tomadas a cabo a partir de la última Conferencia de Seguridad de Múnich. En el comité de consulta resulta interesante observar la presencia de varias personas vinculadas a Hong Kong, como Shaomin Li, Joey Siu (una estudiante activista en Hong Kong), Zhang Wei o la disidente china Vicky Xiuzhong Xu. Destaca también Robert L. Suettinger, oficial de inteligencia retirado, actualmente trabaja en un estudio biográfico de Hu Yaobang y el fracaso de la reforma en la República Popular de China. De 1975 a 1999, fue analista político y gerente de la Agencia Central de Inteligencia, Director de la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, Subdirector de Inteligencia Nacional para Asia Oriental, Director de Asuntos de Asia (China) en el Consejo de Seguridad Nacional y NIO para Asia oriental. Su libro, Beyond Tiananmen: The Politics of US-China Relations, 1989-2000, fue publicado por la Brookings Institution en 2003.

Dentro del comité de consulta destacan las secciones: Legal, Economía, Medicina, Sinología, Derechos Humanos, Hong Kong, Libertad Religiosa, Políticas de Minorías Étnicas y Tecnología y Vigilancia.

Esta acción no sería la única que se estaría desarrollando, pues ya comenté que la propuesta de un G11 está hecho en una clara sintonía de contención a China, incluiría a Rusia… y la propuesta no causaría, ni mucho menos, ningún rechazo en Rusia. También hablé de la respuesta al 5G de Huawei, la OpenRan Policy Coalition y de su atractivo, además de las empresas que se han sumado que anuncian una reacción de Washington bastante interesante, y que se dirige, como ya hemos señalado desde hace meses, hacia la búsqueda de la integración transatlántica con Europa.

Las tierras raras son uno de los elementos clave, dentro de los 35 minerales estratégicos del informe Wilbur Ross, para orientar el desarrollo económico… pero se trata de algo más. Se trata hardware y de software. Se trata de construir una economía digital, pero también del llamado «capitalismo de vigilancia» (y esto no es patrimonio de los chinos). También el objetivo es construir un Imperio digital y/o ciber, la carrera espacial relanzada… y en definitiva la construcción del Imperio global, como ya tuve ocasión analizar en esta misma revista digital.

El pulso con los metales entre China y Estados Unidos: una pincelada

Hoy día, China destaca en los dos principales grupos de materias primas: los metales tecnológicos y los metales básicos.

Los metales básicos quedan definidos por el siguiente grupo:

– Hierro (Fe)

– Cobre (Cu)

– Aluminio (Al)

– Magnesio (Mg)

– Zinc (Zn)

(También se añaden a este grupo destacado: el plomo, Pb, y el estaño, Sn).

Hay que recordar que la riqueza mineral de un país no tiene porque venir dada por su condición, hay que sumar la facilidad para acceder a las vetas del mineral y la viabilidad para su explotación. Caso de China, suma ambos factores en lo que tiene que ver con magnesio, ya que supone el 79% de las extracciones globales. Mismo caso para estaño (43%) y zinc (31%).

Abordando la cuestión de los minerales estratégicos hay que contar con la siguiente subdivisión:

Minerales (por ejemplo, las tierras raras, que son el escandio, el itrio, y 15 elementos del grupo de los lantánidos: lantano, neodimio, cerio, praseodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. En total, 17 elementos)

– Metales preciosos

Semiconductores

La cantidad que se requiere de los minerales tecnológicos es cuantitativamente baja, pero resultan imprescindibles para la producción de tecnología en cualquier orden. Vamos a enumerar algunos de ellos, para que nos hagamos una idea: litio, paladio, cerio, neodimio, itrio. Estos elementos se hallan desde medicamentos, imanes, catalizadores hasta las baterías.

China, además de la hegemonía de tierras raras (recordemos: facilidad de acceder al mineral y viabilidad para explotarlo), cuenta con los mayores yacimientos en varios elementos, y vamos a destacar, además de las tierras raras, el tungsteno (83% del global) y el molibdeno (38% del global). Además gran parte de la producción mundial de antimonio, espato flúor, galio, germanio, grafito, indio y volframio proviene de China. Las aplicaciones pasan desde los microcondensadores (antimonio), los circuitos integrados y los diodos emisores de luz blanca (galio), el cable de fibra óptica y las tecnologías ópticas infrarrojas (germanio), las pantallas (indio).

De todo ello se infieren una cuantas conclusiones:

– China es receptor de las inversiones directas de empresas tecnológicas de Occidente y de sus aliados en cuanto a tecnología. También cuenta con inversiones de aquellos países que antes de los 90 eran los receptores de la inversión norteamericana tecnológica, cuyo caso paradigmático sería Taiwán, que ha trasladado sus líneas de producción a la China continental. Apple, Tesla, Microsoft, Nintendo, Sony… pero también Nike y otras.

– China es también el lógico principal exportador mundial de estos yacimientos a nivel global.

– China no sólo extrae, también refina y fabrica componentes como aluminio, cobre, tierras raras… y empieza y finaliza toda la línea de producción de componentes y productos más complejos de alta tecnología.

Vamos a poner unos ejemplos, para que reflexionemos: las fábricas chinas producen iPhones, iPads, consolas de videojuegos, videojuegos, componentes de la industria de la automoción además de haber apostado con inteligencia respecto a los coches eléctricos y más allá, además de imanes industriales, plásticos, químicos que se utilizan en la industria manufacturera y una cantidad que abruma de insumos básicos que mantienen los engranajes económicos del mundo en movimiento. Se puede decir que a diferencia de Birmingham, la ciudad de West Midlands, que era conocida como «the workshop of the world», China verdaderamente lo es, de una manera como nunca antes vista. China ya fabrica una cuarta parte de los bienes manufacturados del mundo. No es posible sustituir toda esa labor en el futuro próximo, por no hablar de la tecnología.

China es el lugar más eficiente para producir una gran variedad de productos; ha construido inmensas redes de fábricas pequeñas que proveen componentes básicos a fábricas más grandes de todo tipo: tanto tecnológicas como de otro tipo. Cuenta con cientos de millones de personas que saben cómo trabajar de una manera muy eficiente en las diferentes líneas de producción y de ensamblaje. Tiene trenes de alta velocidad muy eficientes, una red de autopistas veloces y puertos eficientes que movilizan productos de manera eficiente de las fábricas a todo el mundo.

Más aún, su mercado de consumidores está en claro crecimiento. Según algunos cálculos, hay más consumidores de clase media en China que gente en Estados Unidos, que ha creado y está desarrollando a una creciente clase de consumidores en China que representan una enorme proporción de las ventas mundiales de iPhones, teléfonos inteligentes de otros fabricantes que operan con Android, además de calzado y componentes deportivos de, por ejemplo, Nike, pero también son consumidores de los cafés de Starbucks, son consumidores de automóviles de Chevrolet y Ford, aunque la mayor parte de estos están hechos íntegramente en China. Sus turistas están más presentes en el mundo y dentro de la propia China creando una demanda de aviones para Boeing, entre otros fabricantes de aviones. Por no hablar de la cantidad de comida que consumen de las diferentes multinacionales norteamericanas de comida rápida.

Lo cierto es que cuando Apple quiso construir un número muy limitado de ordenadores o computadoras, con una calidad mayor de lo normal, en Austin (Texas), que cuenta con una experiencia en cuanto a tecnología, se encontró con unos problemas terribles para hallar un proveedor relativamente cercano que pudiera fabricar un tipo muy concreto de tornillo para su ensamblaje. Al final lo encontró, una empresa muy pequeña que para poderle entregar unos 28.000 tornillos empleó veintidós viajes. Y eso tan sólo fue uno de los problemas que le generó tal decisión , puede leer el siguiente artículo de The New York Times para profundizar al respecto.

A todo ello, Donald Trump ya mencionó que China estaba consiguiendo un rédito importante de Afganistán, mientras que para Estados Unidos la guerra le costaba una fortuna. Y es que el descubrimiento de un inmenso yacimiento que contiene oro, cobre, hierro, y un alto número de minerales estratégicos del tipo tecnológico, entre otros de litio, donde el yacimiento al sur del país, en la provincia de Ghazni es mayor que toda Bolivia.

El tanteo entre Estados Unidos y China se mueve a lo largo del mundo en este tipo de minerales. Por ejemplo, la República Sudafricana cuenta con la principal cantera de circonio, paladio, platino, rodio, cromo, manganeso; Brasil cuenta con la principal mina de niobio del mundo y China se adelantó a Estados Unidos cuando se encontró un segundo yacimiento que acaparan el 98% de la producción global, cuando en 2011 compró el 15% de las acciones de la empresa que lleva la explotación de la mina principal, y en 2016 China se hizo con el 100% del otro yacimiento del país suramericano. ¿Cómo replicó Estados Unidos? La conexión entre Bolsonaro y Trump es evidente, pero sin embargo, Bolsonaro debe navegar entre dos agua con respecto a China y sus intereses.

El juego sigue en el cono sur de América, vamos a citar como ejemplo Argentina, donde se ha empezado a sustituir a Brasil por China como principal socio comercial de Argentina. Así, en abril China importó alrededor de 705.000 toneladas de carne, y con ello equilibraba las acciones de Australia en contra de sus intereses geopolíticos, por no hablar del consumo de soja argentina y otros productos derivados que sustituyen a las compras chinas de soja estadounidense y que está afectando a los productores norteamericanos, concentrados en el sur, que ahora ven pérdidas, a sumar a los precios que hacen ir al desastre a los productores de esquisto o shale también concentrados en los Estados del sur… y todo ello entre dos colectivos que podrían no apoyar esta vez en su reelección al presidente Donald Trump. Pero si bien la disputa geopolítica por los minerales estratégicos de Groenlandia se vive entre Estados Unidos y China, y bien podemos afirmar que esa zona sería de influencia norteamericana, y la lógica indica que más allá de infraestructuras China no debería alcanzar la hegemonía de esos minerales en Groenlandia, no se puede decir lo mismo en el caso de Argentina. Argentina es una de las puertas de entrada a la Antártida, y al respecto, China y Argentina han firmado un acuerdo de cooperación militar bilateral además de preparar la instalación de un centro operativo en la puerta de entrada a la Antártida, Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego. Esto permitirá la exploración y explotación de recursos naturales de la Antártida y de sus aguas por debajo de los 60 grados latitud sur. A ello hay que sumar que la Antártida es una de las mayores reservas de agua dulce además de los glaciares andinos y la cuenca del río de la Plata, que tiene una superficie de unos 3.100.000 kilómetros cuadrados y agrupa a los principales centros urbanos e industriales de Argentina, además de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay. Pero es que también hay presencia ya confirmada en la Península Antártica de cobalto, cobre, cromo, hierro, molibdeno, níquel, plata, plomo y zinc. Desde esta participación argentino-china se pueden buscar yacimientos polimetálicos y de hidrocarburos.

No obstante, China prevalece en el procesamiento de tierras raras útiles para el procesamiento de microchips, pero las patentes de estos últimos están principalmente en manos de Estados Unidos y Corea del Sur.

Sobre las primeras consecuencias geopolíticas de la pandemia de COVID-19, escribí este dossier que se divide en dos partes, la primera médica y con la evolución de la enfermedad en China hasta finales de febrero de 2020, la otra geopolítica. Considero que es de interés para formarse una idea más clara al respecto, y que puede leer aquí.

En cuanto a la voluntad de pelear un conflicto global entre grandes poderes en estos momentos, hice un breve comentario en diciembre de 2019, por si fuera de su interés el leerlo: https://quixoteglobe.com/es/un-conflicto-global-voluntad-de-pelear-una-guerra-entre-grandes-poderes/


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