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Industria: pasado reciente, presente y futuro para la España del siglo XXI.

La globalización neoliberal, el fin de la guerra fría y el cambio de siglo bajo la llamada «Pax Americana» trajo una recolocación de la producción, cadenas de suministros y de reequilibrios a nivel regional y mundial que hoy estamos viviendo en su plena magnitud, y es que los ciclos económicos tienen sus tiempos, muchas veces fuera de la inercia de los ciclos políticos marcados en los sistemas electorales parlamentarios y las modificaciones, leyes y apuestas estratégicas tomadas en cierto tiempo, no se ven fructificas hasta bastante tiempo después de la iniciativa política que las hizo poner en marcha. Esto tiene dos caras y es que no es raro que alguien que no puso en marcha según qué medidas reciba las dádivas de las mismas, tanto para lo bueno como para lo malo, con los pertinentes beneficios del ciclo electoral que per toque. Como ejemplo para comprender este asunto, podemos hablar de las leyes que afectaban al suelo, con las modificaciones realizadas por o bien el gobierno de Felipe González (PSOE) ya a finales de los años 80 o por el de José María Aznar (PP) a mediados de los 90, que provocaron la llamada burbuja inmobiliaria, cuyo estallido (en conjunto con otras cosas) tuvo que lidiar el final de la legislatura de Rodríguez Zapatero (PSOE) a finales de la primera década del presente siglo XXI.

Siguiendo con la reestructuración productiva a nivel mundial y esta ola de globalización (1980-2020), profundamente neoliberal hasta el momento, que parece haberse frenado para apuntar por otros derroteros debido a la crisis sanitaria provocada por la covid-19, para Europa y en gran medida los EE.UU. esto se ha traducido en una deslocalización industrial que venía a atajar dos problemas importantes en dichas sociedades:

Abaratar costes de producción y ayudar de paso a controlar e integrar mercados emergentes dentro de la nueva oleada de globalización que provocó y dio paso después del derrumbe de la U.R.S.S. (y en un sistema-mundo en el que China jugó y juega un papel destacado).

Con el desmantelamiento paulatino de esa industria, el modelo fordista y taylorista que la sustentaba, resultó ser la vacuna más efectiva contra un movimiento obrero con gran extensión y asentamiento en dicha estructura productiva y social.

En este artículo vamos a mirar de centrarnos en el primer punto: la deslocalización y abaratamiento de la producción y como se ha traducido eso en la evolución general del llamado sector secundario español y el de las principales Comunidades Autónomas. También comento que los datos que vamos a mostrar no incluyen lo relacionado con el sector urbanístico-construcción y nos ceñiremos a un sector industrial «stricto sensu».

Índices de Producción Industrial de España (base 2015). Entre los años 1975-2019. Fuente y elaboración: I.N.E.

Como podemos ver en esta tabla, los índices de producción industrial (I.P.I. : Un índice que no tiene en cuenta los precios de mercado de los bienes producidos, sino las cantidades de coste de producción y la calidad de los mismos) en España desde finales de la dictadura y coincidiendo con la apertura del régimen, la vuelta al constitucionalismo liberal y la entrada en el club europeo se desploman y ya para rizar el rizo, se acaba de hundir con la crisis financiera desatada a finales del año 2008. Utilizo para este artículo estos datos I.P.I. que podemos encontrar en el I.N.E. ya que no aparecen en la misma página datos consultables relativos al PIB anterior a 1980 y de división del PIB por sectores productivos anteriores al año 2000. Si alguien puede enviar información al respecto serán datos muy bienvenidos.

Dicho desplome y donde más podemos apreciarlo es en el sector de las industrias extractivas y esto coincide con dos elementos que ya hemos comentado: La puesta en práctica de la globalización neoliberal y con ella, la deslocalización de la producción española hacia otros países de la periferia europea y más concretamente hacia la República Popular China que empezaba a desempeñar el papel de «fábrica del mundo» que el ordenamiento de la «Pax Americana» buscaba en el mundo. Precisamente porque los costos de extracción eran mucho más baratos, como por ejemplo todo lo relacionado con las llamadas «Tierras Raras». Este tema de las tierras raras que traté en parte en este artículo «Paralelismos Históricos: La Guerra Comercial entre Atenas y Megara ¿Hacia una nueva fase del conflicto sino-americano?» merece bien un punto y a parte para tratarlo como es debido y es que en España precisamente y en los últimos años se han encontrado más y más depósitos de minerales y otros materiales susceptibles de explotación industrial que además en no pocos casos son clave para el desarrollo y aplicación de las nuevas tecnologías que se están implantando y desarrollando en este inicio de siglo. Y para muestra, un botón: «España tiene reservas de tierras raras, pero sin explotar» (ABC), «Las Tierras Raras, el tesoro oculto y desaprovechado de España» (La Vanguardia).

Elaboración propia.

El PIB español si bien ha crecido de una forma extraordinaria, pasando de los 159.100 millones de € en 1980 a los 1.244.757.000 millones de € como cierre aproximado del pasado 2019, no ha crecido debido a un crecimiento del sector industrial, dicho crecimiento debemos buscar en otros sectores , sobre todo en los relacionados con la construcción y el sector servicios. Señalar que entre los datos del 2010 y 2015 podemos encontrar hasta un decrecimiento del PIB de un -3,8% para el 2009 respecto al 2008, y no se empezó a recuperar hasta el 2014 de ahí que en la gráfica que mostramos los datos relativos a 2010 y 2015 estén prácticamente al mismo nivel. Con los datos que disponemos y para señalar el tropezón importante de la economía española en el marco de la crisis mundial, únicamente y tomando datos desde 1980, en 1993 hubo un descenso del PIB equivalente al -1% pero ampliamente recuperado a partir de 1994 y en adelante que entramos ya de lleno en la expansión económica impulsada por el sector inmobiliario y asociados.

¿Pero qué crecimiento si es que lo hubo tuvo el sector industrial en la economía española?

Los datos disponibles sobre división de los sectores industriales y su aporte económico que podemos encontrar en el I.N.E. nos lleva tan sólo del año 2000 hasta el año 2019 (año en el que para el momento de esta publicación se disponen de datos provisionales y como último año con datos consultables). Pero podemos señalar que el PIB industrial español se había movido de los 121.653.000 millones de € (18,77% del PIB) en el año 2000 pasando por los 160.877.000 millones de € (14,99%) en el año 2010. Para el año 2019 se estimaba en 182.296.000 millones de €, equivalente únicamente al 14,64% del PIB total nacional. A señalar a su vez, que la inmensa mayoría del PIB industrial es de la llamada «industria manufacturera» es decir, de aquella industria encargada en transformar materias primas en bienes elaborados para o bien ser consumidos o bien ser distribuidos. Dicha industria representa para el 2019 el 76,19% del total industrial. Se puede afirmar sin lugar a error, que el peso del sector industrial en la economía española en estas dos décadas iniciales del siglo XXI no ha hecho otra cosa que descender. Para hacer una comparación, el 2,65% del PIB pertenece al llamado sector primario y un 67,87% pertenece el sector terciario o también llamado de servicios. Lo que nos faltaría sería el sector de la construcción que como he comentado anteriormente lo he dejado a parte a la hora de sacar cifras del sector industrial.

Las comunidades autónomas con más presencia industrial en su aporte al PIB son: Cataluña, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía y País Vasco (a la que no hemos sumado los datos de la Comunidad Foral Navarra pero los señalamos también en el siguiente gráfico). Juntas suman más de la mitad de la producción industrial en el conjunto estatal.

Cataluña: 30.184.352 millones de € (2000); 36.867.796 millones de € (2010); 41.303.945 millones de € (2019).
Comunidad de Madrid: 16.224.482 millones de € (2000); 18.622.308 millones de € (2010); 22.912.231 millones de € (2019).
Comunidad Valenciana: 13.182.375 millones de € (2000); 15.867.093 millones de € (2010); 19.871.080 millones de € (2019).
Andalucía: 10.889.256 millones de € (2000); 15.808.321 millones de € (2010); 17.7945.366 millones de € (2019).
País Vasco: 11.597.695 millones de € (2000); 14.724.134 millones de € (2010); 16.429.136 millones de € (2019).

Elaboración propia.

La pareja de baile de un sector industrial sano: El I+D+i

Otro elemento a añadir a esta radiografía general del sector, sería hablar de la Investigación y Desarrollo e Innovación (I+D+i) en España que con datos del 2019 se sitúa en el 1,25% del PIB, unos 15.572 millones de €, siendo el 46,5% destinado al sector industrial. La relación que hay entre inversión en desarrollo tecnológico para aplicarlo más tarde al sistema productivo, llegando a provocar auténticas revoluciones e innovaciones en el mismo, es uno de los elementos fundamentales para una economía desarrollada, sin embargo también es cierto que cada vez el perfeccionamiento de tecnologías ya existentes requieren inversiones cada vez mayores. Tampoco cabe pues, olvidar la necesidad de inversión en educación que debe ir asociado a este crecimiento tecnológico impulsado por los recursos disponibles en I+D+i.

Para hacer barrido rápido podemos situar a las Comunidades que más han destinado porcentualmente en sus PIB respectivos que son: País Vasco (1,97% del PIB), Comunidad de Madrid (1,71%) y Comunidad Foral de Navarra (1,67%), Cataluña quedaría en el 1,52% elevándose también sobre la media nacional. A la cola tendríamos comunidades como Islas Baleares (0,40% ), Canarias (0,47%) y Castilla-La Mancha (0,59%). Esto a su vez es reflejo del desequilibrio territorial que afecta a España, un tema que debe tenerse en cuenta y abordarse con las medidas necesarias que estas diferencias no aumenten, sino al contrario, vayan disminuyendo en este siglo XXI. Profundizar las diferencias territoriales podría llegar a tener resultados catastróficos a medio y largo plazo.

Elaboración propia.


Sin embargo podemos señalar que la inversión respecto nuestra capacidad productiva es de los que están a la cola de Europa … y no sólo eso, sino que países que históricamente han invertido menos en estos sectores como Portugal, Polonia o Grecia nos están adelantando porcentualmente. Otro problema añadido, y esto es para pararse seriamente en él, es que más allá de las promesas del ministerio actual con Pedro Duque y la intención manifestada que para este 2021 el % en PIB supere la cifra del 2% para mirar de cumplir así uno de los objetivos anunciados en el plan HORIZON 2020 de la UE ( un avance podríamos considerar casi que cualitativo, viendo la situación de partida) y acercándose pues a la media de los países de la UE que se sitúa entorno el 2,13% en 2019, es la llamada ejecución de las partidas presupuestarias para el tema. Y es que resulta ser que prácticamente la mitad de las mismas se quedan sin ejecutar según datos propios del gobierno y eso es indicativo de un estancamiento muy preocupante. No es sólo que siendo la quinta economía de la eurozona nos situemos en el puesto 18 de los 28 países de la UE (contando a los Británicos) en inversión de I+D+i respecto al PIB, es que resulta que luego no sabemos, no se quiere, o no se sabe dónde invertir ese dinero en investigación. Señalar que es un problema que también se da con partidas presupuestadas a nivel de la UE o incluso en empresas del Silicon Valley estadounidense. Siguiendo con esto también puede indicar el peso que el modelo rentista de algunas empresas tiene en el conjunto productivo total en occidente.

Otro elemento de la serie de datos que hemos podido consultar, es que se nota una bajada en inversión en el I+D+i bajo gobiernos del PP (1996-2003/2011-2018) y una recuperación y/o subida del mismo bajo gobiernos del PSOE o de coalición del centroizquierda con la izquierda parlamentaria (2003-2011/2018-actualidad) , aun siendo estos como hemos comentado hace un momento, unas inversiones que no corresponden con la capacidad y potencialidades productivas del país.

Fuente y Elaboración: I.N.E.

Es interesante el dato de crecimiento o no del PIB dedicado a I+D+i dependiendo del color político del gobierno nacional y es que en el fondo pues, estamos hablando de modelos productivos con sus marcadas diferencias, y representaciones de la clase dominante e incluso subalternas diferenciadas que se expresan en esa dicotomía. Se ve en el % del PIB nacional y luego también en el % del PIB de ciertas comunidades autónomas, a señalar en especial una que parece ser el «rara avis» como es País Vasco y Navarra (que podríamos tratar como dirigida por el mismo segmento social) y digo «rara avis», por que hay indicios que la clase dirigente en dicha zona está emprendiendo un proceso de industrialización con gran valor añadido, y mantiene o mejora condiciones de vida de la población respecto al empeoramiento que se puede constatar en otras regiones españolas, como podemos ver por ejemplo en el Programa Gauzatu Industria 2020 impulsado por el gobierno vasco, cosa que ayuda a entender la prioridad en I+D+i que han dado . Luego están los otros 2 polos principales en Madrid y Cataluña, con sus parecidos y diferencias (como dos caras de una misma moneda). Las diversas pugnas entre centro y periferia del estado han marcado de forma profunda la historia reciente del país, pero muchas veces el ruido no nos deja escuchar el goteo de fondo y es que esta confrontación se da en parte por que tanto en Cataluña como en la Comunidad de Madrid las clases dirigentes, aquello que acaba representando en la toma política de decisiones en la praxis diaria, tienen un modelo parecido entre manos. A su vez, ambas se nutren del resto del territorio peninsular ya sea en materias primeras, mano de obra barata y/o calificada y de inversiones importantes en infraestructuras (puertos, aeropuertos, autopistas, sistemas de transporte público y privado, etc…) que podemos ver que apenas se repiten como tal en otras regiones.

Esto viene entorno un elemento que he comentado y comentaré en puntos posteriores de este artículo conforme hay que tener en cuenta: la llamada «España Vaciada», la situación de la inmensa mayoría territorial del país que apenas comparte el crecimiento extraordinario de estos «3 polos» del desarrollo español. Sin querer entretenerme mucho más en esto, las grandes manifestaciones pre-pandemia del sector agrícola a lo ancho y largo del estado que quedaron paradas en seco por la proclamación del estado de alarma y la urgente situación sanitaria, como síntoma (más allá de otras cosas que obviamente también se dan) de este fallo catastrófico en la estructuración del Estado más allá de sus centros neurálgicos importantes. Y precisamente una propuesta de relanzamiento industrial exitosa para el conjunto nacional debe de tener este elemento en el centro del análisis y de las propuestas a desarrollar. Y en este punto se debe insistir lo que haga falta: la falta de articulación y desarrollo desigual llevado a los límites en los que estamos es el gran problema de nuestro tiempo, que luego explota de formas diversas.

¿Propuestas para un relanzamiento industrial para el conjunto español?

La situación de pandemia y la crisis derivada del Covid-19 que ha venido a sumarse a una esperada y cíclica crisis de superproducción y una mala resolución de la pasada de 2008, ha evidenciado la debilidad de la economía española, y del resto de europeas con preeminencia del sector servicios y unos cada vez más raquíticos sectores industriales y precisamente en Europa donde vemos que el estado correspondiente ha podido capear de mejor forma el temporal ha sido en aquellos en los que todavía se mantiene cierto músculo industrial. Esta dependencia del «exterior» se acaba traduciendo también y no en pocas ocasiones en bajadas salariales, inestabilidad laboral, desmantelamiento del Estado del Bienestar y la emergencia de opciones políticas amparadas en la nueva ola de extrema derecha (a nivel internacional y nacional) que caracteriza este momento histórico. Es por ello que se hace imperativo una reordenación de la orientación económica del país sin olvidar tampoco para ello el nivel autonómico (donde podemos encontrar debilidades y fortalezas) y mucho menos macrorregional, esto es , la Unión Europea e incluso más allá, que por otra parte hemos podido ver como se han modificado pilares y doctrinas económicas que hasta ahora parecían inamovibles , no sin reticencias, resistencias e incluso sabotajes desde dentro y fuera de la unión. Todo esto lo hemos podido comprobar en el caso de los llamados «eurobonos» que han estado a un paso de iniciar la primera iniciativa del club europeo en la línea de una posible «unión fiscal». Luego, dichas ideas entorno la construcción de un nuevo tejido industrial deberían pivotar bajo 3 ejes principales: tecnológico, económico y logístico, partiendo del estado actual de las cosas.

Eje Tecnológico:
Mejorar y ampliar el alcance de los actuales centros o parques tecnológicos, sean estos de titularidad pública, privada, o fomentando de titularidad mixta. Atención importante requieren los centros universitarios dedicados a esta labor, por eso sería interesante que en cada provincia con su respectiva universidad se dedicaran esfuerzos en tejer esta red, que actualmente existe a retales y mal comunicada entre ella. La comunicación entre estos centros debe incluir la dimensión energética y logística, por lo que iría acompañado de una mejora de las infraestructuras y medios de transporte/comunicación públicas, como las energéticas relacionadas. La ampliación y comunicación de dichos centros, haciendo que primero haya más centros dedicados a la investigación con recursos, es que si bien ahora funcionan demasiadas veces como una neurona aislada, podamos tejer de forma efectiva un «cerebro» con extensión territorial de abarco estatal, aplicado a la I+D+i que aproveche mejor el trabajo e investigaciones realizadas. A su vez, ayudaría a solventar este problema de la falta de ejecución de presupuestos dedicados a la temática que hemos comentado con anterioridad en este mismo artículo.

El objetivo a medio-largo plazo debe ser meridianamente claro: La aportación tecnológica del conjunto español debe ser de los puntales europeos, no sólo para ser los mejores en el viejo continente, sino con la mirada puesta en alcanzar y romper la dependencia tecnológica con los EE.UU. y China. Sólo en el caso de una igualdad relativa, puedes negociar en condiciones de socio y no como mero comprador tecnológico.

Eje Económico:
Se ha señalado la desigualdad territorial en el conjunto del Estado como un elemento que frena y pone en peligro cualquier opción de progreso mínimamente coherente. En esta línea, sería interesante reforzar los enlaces entre el campo y la ciudad actualmente existentes (aquello que genera la llamada «España Vacía») y uno de estos elementos sería en el refuerzo de la llamada industria agrícola. El refuerzo permitiría no sólo un mero aumento de la producción si no que en la línea de Italia, por ejemplo, los stocks alimentarios de los mercados se rellenen primero con productos producidos en el conjunto nacional, ayudando y estimulando dicha producción pero provocando también a que los precios sean más competitivos por el consumo interno y luego aprovechar dicha ventaja para la exportación.

Enlazando con el eje anterior, fomentar una nueva industria que permita impulsar un liderazgo del sector, a tener muy en cuenta las aplicaciones en lo relativo a la energía. Como los franceses, deberíamos ser capaces de adaptar sus estrategias en lo relativo a la «soberanía energética» para nuestro país, elemento importantísimo si no queremos depender en exceso de otras potencias al estilo chino o norteamericano. Se hace prioritaria también concretar iniciativas como el llamado «corredor mediterráneo» que ayuda a vertebrar gran parte del territorio, poniendo las necesidades del conjunto sobre un plan de beneficio colectivo que ayude a romper algunas tendencias actuales derivadas del desequilibrio territorial existente. A su vez, esto es una pieza fundamental del tejido industrial y logístico europeo, ya que si sirve para equilibrar situaciones internas españolas, puede servir exactamente para lo mismo a nivel continental y de la unión, ayudándola en la armonización y haciendo que para que la máquina europea funcione, permitidme la expresión, «a todo vapor», todas las partes contratantes tengan su importancia. Esto a su vez, nos conectaría mejor, con todos los beneficios conllevados, con las zonas externas a la propia UE (Rusia, Turquía, Magreb, Oriente Próximo, etc…).

La propuesta para revitalizar todo este sector tecnológico no puede estar basada en el modelo actual donde priorizan los intereses petrolíferos y de dichas industrias, por ello y por las posibilidades enormes no sólo de avances, sino de obtención de energía mucho más limpia y en mayores cantidades, cabría enfocarse en el uso del gas y del hidrógeno. Hay que pensar de nuevo en la industria que debe aparecer alrededor de las mismas en no mucho tiempo, si se indican como substitutivos del modelo energético actual. Esto no es desdeñar la industria petrolera, ya que debe tener un papel a desarrollar, pero se imponen cambios y prioridades llegados a esta fase de desarrollo y con las posibilidades que nos ofrece la industria 4.0 y nuestra situación geoestratégica, peninsular y europea. Urge pues, la creación de un centro logístico y de investigación en lo relativo a la «transición energética», y las bases de la actual industria del automóvil ofrece un buen sitio por donde empezar.

También la necesidad de reactivar el sector de la industria extractiva, en relación a los componentes para la construcción de elementos tecnológicos de última generación. No es sólo las materias primeras, sino toda la industria, servicios y infraestructuras asociadas que de nuevo, puede ayudar a un reequilibrio territorial en la línea de la vertebración comentada.

Eje Logístico con énfasis en la promoción de elementos macro e interregionales:
La necesaria revisión y fomento de las líneas de transporte público, sobre todo aquellas que funcionan en base a la energía eléctrica, y si no, impulsar más la «electrificación» del sector tanto como sea posible. Por ello, un buen punto para empezar serían aquellas empresas de transporte de titularidad pública o de capital mixto, para marcar la senda de desarrollo propuesta.

Todo esto requiere mejores mecanismos para el trabajo intercomunitario que ofrece el modelo autonómico actual. Un modelo que por otra parte, y ya reflexionaremos más profundamente, ha demostrado unas carencias bastante notables y nada desdeñables en esta pandemia sanitaria relativa al Covid-19. Habría entonces que empezar a pensar en cómo utilizamos los elementos positivos del sistema autonómico actual, para no desecharlo, pero articular otra forma de estructuración institucional territorial (y político, social y cultural). Y la propuesta para ello, reside en el llamado federalismo.


Bibliografía:

Imagen de Portada: «Industria y España». Autor: Ediciones Páralo.

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