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La geopolítica de las vacunas: algunas reflexiones

La salud es ambiental, cultural… pero también es geopolítica. Es decir, entran factores como el aire, el agua, el suelo y su calidad, así como también el ruido, la alimentación, los hábitos, cómo son las relaciones familiares de los individuos, cuestiones sociales y de desigualdad (acceso a la sanidad pública universal y de calidad, estabilidad social, acceso a vivienda digna, salubridad de las condiciones de vida de las personas de un lugar, tener una dieta en los valores óptimos…), y últimamente entra, cada vez más, la rivalidad entre los grandes poderes en el campo tecnológico aplicado a la salud, no sólo como campo económico-tecnológico y de captación de inteligencia, también en la gestión de datos de todo tipo para poder trazar investigación y tratamientos en el campo de la salud, por no hablar de la capacidad de detectar vulnerabilidades, focos potenciales y la toma de acciones efectivas para controlar la enfermedad, como cuarentenas.

En cuanto a la geopolítica de la salud, siempre ha habido una aplicación directa, y esto nos sitúa en el presente de la historia humana y en la geopolítica de la salud, donde podemos distinguir:

1/ Las pandemias: la evolución de los virus y su propagación tienen un factor determinante en los viajes y en el comercio. La guerra en la antigüedad con invasiones hechas o sufridas, los circuitos comerciales y su intensidad y extensión, o los descubrimientos con el tráfico de todo lo biológico y vírico, han llevado casos de pestilencias (como la de Atenas durante la Guerra del Peloponeso, las pestes en época de los Antoninos en Roma, la viruela, la peste negra, el cólera, gripe, etcétera).

2/ El siglo XIX-XX y el desarrollo de la enfermería, las mejoras en la sanidad, la aplicación a nivel global de soluciones organizadas a través de Estados, organismos e Instituciones, como la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, fundada a iniciativa de Henry P. Davison en 1919, o bien la Fundación Rockefeller que fue especialmente activa a la hora de internacionalizar la sanidad pública, además de conferencias médicas que adquieren un carácter global. Cuando en 1918 España alertó de la virulencia del virus de la gripe mientras otras naciones optaron por callar (razón por la que se conoce como «gripe española»), mientras el virus se extendía por el mundo, llevó a las potencias mundiales a la necesidad de dar una respuesta conjunta. La Liga de Naciones, formada en 1919, comprendió la necesidad de buscar respuestas coordinadas en la Sanidad, así que se crearon la Organización de la Higiene de la Liga de Naciones, y el Comité de Higiene, en 1920. Al «Comité de Higiene», propiamente el antepasado de la OMS, y bajo la dirección de Elvald Tománek, se le encargó fijar las pautas y directrices en las políticas sanitarias a seguir a nivel mundial, como por ejemplo sucedió con el caso del tracoma y su difusión, duración y fatales consecuencias como resultado de las condiciones de la Primera Guerra Mundial y la miseria y pobreza durante el periodo de Entreguerras.

3/ Y la situación actual que nos sitúa en el futuro próximo, donde la inteligencia artificial, el Big Data, la evolución cuántica, el 5G (y el paso hacia el 6G) que permite gestionar la información y los datos de una altísima calidad y valor como nunca en cuanto a volumen y velocidad para que se gestione por parte de la IA… esto es lo que anuncia el futuro próximo. Pero en el momento presente nos hallamos en medio de una batalla geopolítica en lo que tiene que ver con la producción y, ante todo, con la distribución de las vacunas.

Establezcamos, entonces, una serie de elementos para la aproximación.

Definiendo nuevos parámetros en el contexto de la Revolución Industrial 4.0

La pandemia de Covid-19 ha puesto de manifiesto una serie de elementos en el mundo Occidental, que en el campo de la sanidad, uno de los más evidentes ha sido la falta de producción de suministros básicos, dando lugar a una competencia entre Estados por conseguir los lotes de mascarillas o guantes, a medida que se fabricaban. En ese momento ya vimos tanteos diversos que han profundizado brechas ya existentes, como dentro de la Unión Europea, caso de Alemania o los nórdicos en marzo pasado, cuando se negaban a compartir el material médico con los países del sur de Europa más afectados, o de proyección de China en el espacio mediterráneo, por ejemplo.

Pero también en aquellos días de marzo de 2020 el periódico «Die Welt», en la edición del domingo 15 de marzo de 2020, explicaba que el presidente Donald Trump trataba de conseguir una vacuna contra la Covid-19, desarrollada por la compañía alemana CureVac de Tübingen, en Baden-Württemberg, con el propósito de distribuirlo sólo en Estados Unidos, a lo que Berlín estaba tratando de oponerse. El presidente Trump estaba buscando atraer científicos a Estados Unidos con «altas propuestas financieras», o bien, asegurar la exclusividad en la producción de la potencial vacuna, según información consultada por Die Welt obtenida de «círculos gubernamentales». Representantes del gobierno federal alemán habían iniciado negociaciones con la empresa CureVac, que trabaja en estrecha cooperación con el Instituto Paul-Ehrlich de Vacunas y Biomedicinas (Paul-Ehrlich -Institut für Impfstoffe und biomedizinische Arzneimittel), instituto dependiente del Ministerio de Salud alemán.

Según un portavoz del Ministerio de Sanidad: “El gobierno federal está muy interesado en tener vacunas y medicamentos también desarrollados en Alemania y en Europa. Por eso está en estrecho contacto con la empresa CureVac”. Siempre de acuerdo con Die Welt, Berlín haría contrapropuestas financieras para que la empresa no cediera a los avances de Donald Trump. El Partido Socialdemócrata (SPD) reaccionaba oponiéndose categóricamente a que una ofensiva estadounidense de este tipo tuviera éxito. Según el experto en salud del SPD, citado en el semanario de Hamburgo: «Debemos evitar por todos los medios la venta exclusiva de una posible vacuna en los Estados Unidos. El capitalismo tiene sus límites. «El partido, socio de la coalición gobernante, no descarta el apoyo financiero estatal para CureVac. «Esta es una cuestión ética, no económica, incluso nacional», agregaba el vicepresidente del grupo parlamentario socialdemócrata en el Bundestag: «Tan pronto como haya una vacuna, debe estar disponible para todo el mundo. Cualquier otra solución sería un escándalo. En el momento de la pandemia, se trata de [salvar] a todas las personas, no ‘América Primero’”. El gobierno de Merkel había liberado, en aquel momento, 140 millones de euros para la investigación de una vacuna contra el coronavirus, especificaba Die Zeit. Quedaba claro que se trataba de una competencia geopolítica de primer orden.

Esta noticia sirve perfectamente para ilustrar todo lo que ha venido, y vendrá, después. Es decir, la competencia geopolítica por dominar un campo clave en la Revolución Industrial 4.0 y la tecnología, algo de lo que establecimos una pincelada dentro del Dossier Tecnológico que se publicó en esta revista digital. A ello se añade la aplicación que se haga de la tecnología en la investigación y producción de las vacunas, por lo que que será preciso contar con la soberanía tecnológica, la soberanía en cuanto a investigación (no sólo contar con buenos centros de investigación, también contar con centros capaces de atraer a las mejores mentes, retener el capital humano y científico europeo y con capacidad para competir con los dos colosos, que son Estados Unidos y China). Se trata de incorporar datos de todo tipo con una Inteligencia Artificial adecuada, para detectar fallos en las cadenas de suministros, formas de optimizar, mejorar la producción y la logística, orientar la economía, optimizar la sanidad, cooperar en la gestión masiva de datos para la investigación. En todo ello Europa necesita un plan y una ejecución eficaz y eficiente del mismo: la unidad del mercado, la soberanía europea del mismo en los puntos estratégicos resultan imprescindibles para no quedar eliminado de un aspecto clave de la nueva economía que ya está entre nosotros.

El elemento clave quedó fijado, el inmunólogo Rick Bright lo resumía con una claridad meridiana ahora hace un año: no habría vacunas para todos.

No obstante, subrayemos lo que es innegable: jamás en ciencia se ha alcanzando algo así: el desarrollo de una vacuna contra una enfermedad infecciosa en un tiempo menor a los 12 meses, desde el momento en que se secuenció el material genético de este nuevo coronavirus, y el momento en que se aprobó la primera vacuna contra la Covid-19, el 11 de diciembre de 2020 en Estados Unidos.

Una masiva inversión económica, tanto pública como privada, y un esfuerzo investigador sin precedentes que pulverizó el lapso que suele tomar fabricar una vacuna, unos diez años. Esto hace que a día de hoy, 28 de julio de 2021, y de acuerdo con el rastreador que está a disposición del público y que ofrece The New York Times, los investigadores está probando 98 vacunas en ensayos clínicos con humanos, 32 de ellas están en la fase final y se está investigando de forma activo por lo menos unas 77 vacunas preclínicas en animales.

Las primeras vacunas que arrojaron resultados fueron las de Pfizer/BioNTech y Moderna. Ambas tienen en común el uso de una tecnología hasta ahora inédita, pues se basan en ARN mensajero (ARNm), que presenta las instrucciones precisas para que las células humanas puedan fabricar las proteínas del coronavirus y puedan entrenar de esta manera el sistema inmunitario para el caso en que se produzca una infección en un futuro, una idea de la bioquímica Katalin Karikó. Las vacunas de Oxford/AstraZeneca y Janssen utilizan un vector viral, un adenovirus que se ha modificado y que se sirve de él para introducir un fragmento del coronavirus en el núcleo de una célula, y de esta manera el sistema inmunológico empieza a desarrollar una respuesta. Hay un tercer grupo de vacunas, como las de Sinovac y Sinopharm, ambas chinas, o la de la India de Bharat Biotech, que se fundamentan en la versión inactivada o atenuada del virus y con ello provocar una respuesta inmunitaria, como actúan las vacunas clásicas. Y cerraría este breve repaso las vacunas que usan una proteína del virus o bien un fragmento de esta, como sería el caso de Novarax, y así hacer que el sujeto al que se le inocula puede reconocerla como un patógeno extraño y desencadene una respuesta inmune.

Es precisamente la diversidad que presenta el mercado de las vacunas en medio de la pandemia lo que pone trabas a la petición que hacen más de cien países del Sur global para que se suspendan de forma temporal las patentes, aumentar la producción de dosis y poder aumentar el porcentaje global de vacunados, pues no podemos pensar en términos de país o continente si queremos de verdad detener las olas o combatirlas mejor que hasta ahora. Debemos entender que los países ricos suponen tan sólo el 14% de la población mundial. La propuesta la lideró Sudáfrica e India y se planteó ante la Organización Mundial del Comercio en octubre de 2020, pero ha sido persistentemente rechazada. Por ejemplo, Médicos Sin Fronteras publica esta infografía a fecha del 19 de enero de 2021 sobre países que patrocinan, apoya, rechazan o tienen una postura no definida al respecto.

La iniciativa COVAX, de la que puede ver todos los datos actualizados haciendo click aquí, ver el siguiente vídeo:

Como pueden ver, COVAX pretende cubrir al menos el 20% de la población mundial distribuyendo 2.000 millones de vacunas para los países con menos renta en este 2021. En el caso de que COVAX fuese un éxito nos encontraríamos todavía con el desafío de qué hacer con los países de renta media. A este desafío respondieron Brasil e India en una iniciativa quid pro quo, ya que se han asegurado dosis a cambio de poner a disposición de las farmacéuticas su capacidad de producción, mientras que otros países, tales como Chile o Perú, han participado en ensayos clínicos para poder disponer de vacunas para su población. Y es aquí donde también se ha desatado una competición de influencia de los productores, que abordaremos más abajo.

Los diferentes actores, las circunstancias y sus perfiles en la competencia geopolítica por el dominio del mundo

China avanza posiciones en el patio trasero de Estados Unidos, en varios factores clave, pero también en lo que respecta a las vacunas. La pugna por el control de América Latina de hecho se podría definir a gran escala entre China, Reino Unido y Suecia, mediante AstraZeneca, y Rusia con su Sputnik V. A su vez, también trata de aprovechar para intentar establecer unas nuevas relaciones con Egipto, donde la construcción de la nueva capital egipcia ha contado con un papel relevante de empresas chinas; también ha tratado China de afianzar sus intereses en la otra esfera de relevancia del Mediterráneo oriental al tratar de «atrapar» a Turquía, que se halla en dinámicas de distanciamiento respecto a Rusia y China, y de aproximación a la Unión Europea y a Estados Unidos. A su vez, China ha entrado fuerte por mantener y apuntalar su posición en Eurasia, centrando su estrategia, también con las vacunas, en Pakistán, todo el sureste asiático, además de África en su conjunto o el Oriente Medio.

En cuanto a Europa, se presenta una paradoja, que resulta particularmente sangrante en estos momentos, y que cabe englobar también en las vías de aproximación hacia el «Este» de Europa, a través de Rusia, en ciertos aspectos, y de China en otros. Para ello debemos superponer, forzosamente en esta parte del análisis, a Estados Unidos también en las variables que cuentan.

Seamos claros: la vacuna y su disponibilidad se solapa de una manera precisa y exacta con las jerarquías mundiales. Así, la superpotencia estadounidense tiene una clara ventaja en términos de producción e inoculación porque se basa con facilidad en una cadena de suministro internacional muy larga que es una consecuencia directa de su profundidad imperial y de su poder construido a partir de 1973.

Los rivales identificados por Washington, es decir los rusos y los chinos cuentan con las herramientas para dotarse de patentes autóctonas, como hemos comprobado, pero que son insuficientes para una producción a muy gran escala, al menos de momento, y particularmente en lo que respecta a China. Esto enlentece su administración en el campo interior y les obliga a utilizarlas como herramienta diplomática, con el objetivo no secundario de obtener acceso a otras industrias.

¿Cuál es el papel de Europa en el momento en que los países europeos intentan trasladar su condición estratégica al campo de la vacunación? Europa está dotada de unas capacidades que son simplemente impresionantes en los campos científico, tecnológico y de fabricación, sin las cuales las vacunas de Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson y AstraZeneca simplemente no estarían en el mercado en este momento o no a la velocidad y con las cantidades actuales. ¿A qué se debe esto? 

Al respecto, esta infografía presenta una información clave: el 76% de las vacunas del mundo, un poco más de 3 de cada 4 de ellas, se produce en Europa. Destaca la ausencia de una industria española en la vertiente de producción e investigación. La situación actual abre una ventana de oportunidad para España, para sumarse a los países productores e investigadores, además de para el conjunto de la Unión Europea. Es esencial que España y Europa vean la necesidad de coordinar esfuerzos y lanzarse en esta faceta clave de la economía que se está abriendo paso. Fuente de la infografía, haciendo click aquí. Para más información puede consultarse este enlace.

Como se ha podido comprobar, por la infografía proporcionada, ni más ni menos que el 76% del total mundial de vacunas se producen sobre suelo europeo, pero la realidad es que, por ahora, los europeos no cuentan con ninguna vacuna que sea desarrollada con bandera europea, es decir, que las que se están produciendo en el Viejo Continente son norteamericanas o británico-suecas. De modo, que no se controla la distribución ni tampoco la cadena de producción en la que participan de una forma clave y definitiva. Europa, la Comisión Europea, ha demostrado que no puede imponerse a las empresas farmacéuticas anglosajonas, particularmente las norteamericanas, a pesar de que BioNTech es una compañía alemana, con sede en Mainz, pero su socio es Pzifer Inc., una compañía norteamericana fundada en Brooklyn, Nueva York, en 1849, y es en Nueva York donde mantienen su sede corporativa. Como es normal, eso es para los sujetos semi-soberanos incluidos en la esfera de influencia de la hegemonía.

Esta situación perfila otro paso más que indica la necesidad estratégica de Estados Unidos de dominar el continente europeo, además de poner de manifiesto una obviedad, que por increíble que resulte, aún muchas personas no entienden: la soberanía auténtica de un país no depende de cómo se declare, depende de sus capacidades y de que sea capaz de hacerlas prevalecer en un conflicto con Estados Unidos y China en cualquiera de sus dimensiones. Esto, evidentemente, no está al alcance de ningún Estado nación europeo, tampoco de una alianza de pocos miembros de la Unión Europea. Esto sólo estaría al alcance de una Unión Europea que sea una auténtica entidad federal, con políticas comunes, inteligentes y decididas en todos los ámbitos. Mientras tanto, Europa es lo que ya se ha señalado en estas líneas y en esta publicación digital: un apetecible y nutritivo bocado para la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, por lo que ambos siguen sus propias estrategias para apoderarse de los recursos que los insignificantes Estados-nación europeos pueden proveer, de gran calidad en cualquier aspecto, y que piensan usar para enfrentarse a sus rivales al poderlos desarrollar a gran escala desde cualquier perspectiva, desde la investigación, la producción hasta los elementos políticos.

El Reino Unido es una excepción parcial y ciertamente residual, cuyo camino es extinguirse en sus particularidades en manos de Estados Unidos, como ya hablamos de su industria de defensa, de tamaño insuficiente ante la industria norteamericana y una vez aislada de la del resto de Europa, la idea que persiguen los norteamericanos es «tragársela», tal y como ya han hecho con la City. Su canto del cisne, salvo que entienda su posición, es la vacuna patentada (la de Oxford), con una empresa para producirla (la anglo-sueca AstraZeneca) y con una mayor aptitud para la competencia, para imponerse en detrimento de los demás por su propio interés. Pero los británicos no pueden ser autosuficientes, y recurren a la importación de las vacunas de otros (Pfizer) y dependen de una cadena de suministro internacional (AstraZeneca tiene plantas en India, Alemania, Bélgica, Italia, Países Bajos).

Es una solución cosmética que no trastocará la realidad, esperando una producción verdaderamente local. De modo que en las próximas semanas podamos ver avances por parte de los Estados miembros individuales, comprometidos con la adquisición de múltiples vacunas, incluidas las no occidentales.

Más bien, Estados Unidos ha hecho presión a la EMA para que no apruebe la Sputnik V, hasta ahora logrando informar sus decisiones. Con Biden prometiendo un exceso de dosis de vacunas que se entregarán a los gobiernos europeos a partir del próximo mes de junio, justo el mes en el que la EMA debería evaluar definitivamente la vacuna rusa.

El plan estadounidense era muy simple: lograr internamente la inmunidad colectiva y luego centrarse en los europeos, para que la contribución rusa (y china) sea irrelevante. Europa mientras tanto, se halla esperando vacunas autóctonas. En este sentido, los funcionarios de Bruselas están tratando de construir una cadena de producción continental para que los países miembros de la UE sean autónomos en el suministro de vacunas. Las capacidades científicas, tecnológicas y de fabricación ya existen, tal y como hemos comprobado, solo que han sido excluidas por actores como Estados Unidos y Reino Unido que son más rápidos y acostumbrados a imponerse en los mercados de todo tipo. Ahora se trata de ampliarlos y dirigirlos hacia los estados individuales de la UE.

Alemania lideró la campaña para desacreditar la vacuna británica. Impuso a la UE adquirir la autoridad para bloquear la exportación de vacunas producidas en el territorio de la Unión. Prohibió la administración de dosis de AstraZeneca a mayores de 65 años y luego suspendió su inoculación a toda la población. En estas maniobras Alemania ha actuado sola pero ha encontrado cierta aquiescencia de Francia, Italia y España, decididos en esta etapa a montar un núcleo eurodirectorio, también a potenciar la propia Berlín. Así, los cuatro países se hallaban en mayo negociando un acuerdo con Moscú para producir el Sputnik V en el seno de dichos países. ¿Los motivos? Sobre todo, el Reino Unido no es Estados Unidos. Las otras cancillerías europeas no pueden culpar a Washington, así que resulta mucho más fácil culpar a Londres, más comparable en tamaño al de las potencias continentales. En enero aparecían las primeras dudas sobre la confiabilidad de la medicina británica, los miembros de la UE se lanzaron a ello. No había dudas científicas, más bien se trataba de oportunismo político. La situación derivó hacia un equilibrio manifestado en la Declaración conjunta Reino Unido-Alemania, de junio de 2021.

Rusia, por otro lado, debe velar por los intereses de su vacuna, Sputnik V, que ha adelantado en eficacia a sus competidores chinos. Ya la han autorizado 55 países, para un total de más de mil millones de personas potencialmente vacunadas. Pero los rusos han producido cantidades mínimas hasta ahora y necesitan contratos en el exterior para expandir la producción, como lo demuestra el acuerdo firmado con India para producir 200 millones de dosis.

Esto ha abierto una vía de penetración diplomática a través de las vacunas hacia países que, a la hora de la verdad, se muestran más bien tibios hacia Rusia, como sería el caso de Alemania, Francia e Italia, que presionaban a las agencias de Bruselas para que acelerasen el papeleo para certificar plantas de fabricación (como las de AstraZeneca en India o Leiden, Países Bajos). Interesante en este contexto el guiño que se produjo hacia Sputnik V y, la evidente advertencia hacia los líderes de la UE que pueden hacerlo solos. Sin embargo, se hace vital para moldear las relaciones estructurales con los principales estados europeos, por debajo de la Unión, para ayudar a moldear, en lugar de sufrir, las decisiones cruciales del continente.

Más arriba hablábamos de Chile como ejemplo de la estrategia seguida de aliarse laboratorios y universidades, y cómo se han ido superponiendo los intereses de los diferentes actores. Así, en noviembre de 2020 Chile cerraba la compra de 4 millones de vacunas de Oxford/AstraZeneca, un mes más tarde hacía lo propio con 10 millones de dosis con Sinovac (China), y cerró también un contrato de 4 millones de viales de Johnson & Johnson y 1,8 millones de CanSino. También procedió a la compra de vacunas de laboratorios que no habían testado en Chile, caso de Pfizer/BioNTech, que a principios de diciembre de 2020 se cerró un contrato con 10 millones de dosis, de las que más de 2 millones se entregaron dentro del primer trimestre de 2021, ver el siguiente enlace.

Biden anunciaba que la mayor parte de los estadounidenses estarían vacunados para el mes de junio, indicando implícitamente en qué momento los europeos pueden esperar recibir las dosis excedentes que no necesita el que ejerce el dominio ni sus necesidades estratégicas en otras partes del mundo. En cualquier caso, Estados Unidos comienza a exportarlos no desde Europa sino de sus márgenes inmediatos, en México y Canadá . Proporcionándoles, da la casualidad, vacunas AstraZeneca, mientras agilizan los trámites para empezar a producir en los mismos Estados Unidos, con lo cual matiza la dependencia europea por parte de Estados Unidos, abarata costes, y se preparaba para asestar el golpe definitivo sobre rusos, europeos y chinos al tratar de impulsar una liberación de patentes, de lo que hablaremos más abajo.

Por otro lado, Bruselas anunció planes para abrir nuevas plantas de producción en algunos países miembros y el comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, incluso llegó a prometer que la mayor parte de los europeos se vacunarán antes del 14 de julio. Mientras que también la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen amenazaba con bloquear el suministro de vacunas producidas en el territorio de la UE a países que se niegan a compartir sus dosis, que aquel contexto era otra amenaza que se dirigía hacia Londres, ya que unos 45 días antes de las palabras de la presidenta de la Comisión Europea, el Reino Unido importaba una cuarta parte de las dosis exportadas por los países miembros de la UE, en particular las del consorcio estadounidense-alemán Pfizer/BioNTech, mientras que ninguna dosis de la vacuna anglo-sueca de Oxford/AstraZeneca llegaba desde el otro lado del Canal.

Uno de los elementos clave para los europeos continentales es que carecemos de una patente autóctona y de la capacidad de imponernos a las empresas farmacéuticas angloamericana. Es por ello por lo que en enero, con impulso alemán, la UE se arrogó la autoridad para prohibir la exportación de vacunas, y haciendo uso de dicha posibilidad, Italia hizo uso de forma simbólica, en un pedido de 250.000 dosis producidas en el país transalpino por Anagni de AstraZeneca a Australia. El contexto, no obstante, favorecía esta ofensiva, pues la hostilidad que manifestaba Washington hacia Londres por Irlanda del Norte favorecía ese juego, mientras valoraban la posibilidad de que Washington utilizase uno de sus recursos, la vacuna controlada por la estadounidense Pfizer aunque creada en Alemania, para que se pusiese al servicio de un objetivo perseguido por entonces por los europeos continentales, particularmente los alemanes, para debilitar a los británicos en el proceso de negociación del acuerdo de junio de 2021 ya mencionado entre Reino Unido y Alemania, pero que también cuenta la cuestión de la frontera

El bloqueo de AstraZeneca es un golpe al Reino Unido, el propietario de la patente. Además, en las mismas horas en las que la UE abrió el proceso judicial contra Londres en Irlanda del Norte. No es una coincidencia que el primer ministro Johnson publique una sincera defensa de la vacuna, descrita sin ambages como una herramienta de influencia para el Reino Unido global, como sería, por ejemplo, el caso de Kenya, mientras apuntala una inversión en este mismo país, y se prepara para ser el principal inversor del G7 en África para el 2022.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, publicaba una sentida defensa del trabajo de la Unión Europea sobre vacunas, atacada por retrasos en los suministros y donde hacía una exposición en la que destacaba los déficits estructurales y estratégicos de la UE tanto de forma sincera como inconsciente.

En primer lugar, sin la contribución financiera y de investigación europea no habría sido posible tener vacunas en menos de un año, y producir una vacuna es algo que requiere algo más que una patente, como se puede comprobar en este buen artículo. Tanto es así que a finales de 2021 el continente se convertirá en el principal exportador del mundo. Sin embargo, la Unión Europea no tiene control sobre la producción debido a la falta de una patente autóctona.

En segundo lugar, y esto es una lógica consecuencia, Michel acusa a Washington y Londres de prohibir a sus empresas exportar la vacuna o más bien, como rectificó más tarde, de obligarlos en contratos a venderles principalmente. Mientras que Bruselas solo se ha dotado del poder de bloquear las exportaciones, sin activarlo, con la excepción de Italia con AstraZeneca que ya hemos mencionado. Manifestación flagrante de la falta de peso de la UE, incluso ante el poder, para tomar decisiones autónomas. Como es normal en un espacio semisoberano, sujeto a la influencia de Estados Unidos, y cuya única vía pasa por una soberanía estratégica, una unión impulsada por la cultura, de la misma manera en que se hizo la unión de Italia y Alemania, y la construcción federal. Sin todo ello, no pasaremos del «deeply concerned» de turno.

En tercer lugar, sin una negociación encomendada a la burocracia de la UE, muchos países miembros hubieran visto su acceso a la vacuna muy demorado y, desde luego, no a un precio justo. Como consecuencia, se obligó a los negociadores de Bruselas a dar prioridad al precio, cediendo inevitablemente en otros lugares, por ejemplo en la velocidad de los suministros. Ejemplo claro de cuánto pueden restringir los cálculos económicos el margen de maniobra de un actor.

Finalmente, Michel invita a desconfiar de las vacunas de Rusia y China porque dichos países las suministran al exterior antes de haberlas administrado al grueso de su población, incluso a la mitad del ritmo establecido en la UE. Esta evidencia, según Michel, persigue una clara intención propagandística que esperan orientar hacia su beneficio. Sin embargo, Michel afirma, no sin cierto orgullo, que la UE está exportando vacunas y financiando la campaña de vacunación de la ONU en los países pobres. Incluso antes de tener dosis suficientes para tranquilizar a los pueblos de la Unión.

Y es que, la disponibilidad de las vacunas, siendo como un tema estratégico de primera magnitud pero como cualquier otro de estas características, también está relacionada de una forma muy intensa con la potencia del agente geopolítico, a lo que hay que sumar una patente interna que pueda producirse en un laboratorio «con bandera». A mayor peso geopolítico, tecnológico y financiero más dosis. La relación es lógica. Los europeos debemos entrar en competencia con China, Estados Unidos e India. Evidentemente, no todos ellos parten de la misma situación, pero hay que contar con la gran potencia de la Inteligencia Artificial de China, lo avanzado de sus pasos hacia la Revolución Industrial 4.0 y lo que han aprendido y puedan aprender de lo que se ha hecho bien en Occidente, además de sus propias conclusiones. Es evidente que China no hará más que esforzarse en mejorar hasta arrasar este pilar fundamental de la nueva economía, lo mismo que Estados Unidos hace sobre Europa. Al igual que con las tecnologías disruptivas, los pilares económicos necesarios para asentarse con éxito en la Revolución Industrial 4.0, o en los semiconductores… Europa está atrapada entre Estados Unidos y China, con pequeños agentes de tamaño insuficiente ante esos colosos, o sin los medios soberanos para garantizar una competencia básica contra ellos. Es como hacer maquetas de submarinos, en Europa hay algunos países que hacen una bellas maquetas, con soluciones originales… pero los grandes constructores de submarinos son otros, que copian a escala las soluciones imaginativas que proponemos en nuestras maquetas. El problema viene cuando combatimos con maquetas a escala ridícula contra auténticos colosos y en las condiciones descritas. Sirva esta ilustración para entender lo ineficiente y peligroso que es para Europa esta situación: o crecemos en tamaño y capacidades de forma exponencial… o ya pueden concluir ustedes mismos qué futuro inminente, por lo llamarlo ya presente cercano, estamos encarando. Así no podemos continuar.

Bien, sigamos. Israel, Austria y Dinamarca planean unir fuerzas  para comenzar a producir vacunas de segunda generación para hacer frente a las mutaciones del virus. Este movimiento de Viena y Copenhague, fuera de la iniciativa de la Unión Europea, y con la finalidad de adquirir vacunas de nueva generación y distribuirla entre los distintos países miembros. Se trata de dos países que no cuentan con grandes centros de producción en su tierra natal, pero que tomaron tal decisión para prevenir la lentitud de los suministros que maneja Bruselas. Eslovaquia ha encargado dos millones de dosis de Sputnik V, y el primer ministro húngaro Viktor Orbán recibía la vacuna por parte de los chinos, el gobierno polaco también se movía para marcar perfil llamando a Beijing con la intención de comprar la vacuna de Sinovac. Por cierto, Viktor Orbán va tejiendo su telaraña en los Balcanes: subvenciona a los “partidos hermanos”, hace que hombres de confianza compren los medios de comunicación, sin olvidar movilizar a las minorías húngaras en Serbia y Rumanía, donde las transferencias de dinero público húngaro se dirigen hacia Transilvania. Desde el esloveno Janez Janša hasta el VMRO-DPMNE de Macedonia del Norte, pasando por la Bulgaria de Boïko Borissov, el elemento chino impulsa las ambiciones y la financiación del poder construido por Orbán y que se ha manifestado con las vacunas y con el desembarco de la Universidad Fudan, con sede en China que prevé empezar sus actividades en 2024, para lo que se está construyendo más infraestructura con capital chino, en este caso un campus nuevo, que «engrasa los goznes» de la maquinaria de poder de Orbán. No duden de que el uso de la cuestión LGTBI persigue en verdad distraer de la gestión de la pandemia, de la baja eficacia de las vacunas chinas y de las maniobras detrás del establecimiento del campus de la Universidad de Fudan en Budapest.

Estos movimientos llevaron a una estrategia de explotar la brecha de oportunidad por parte de la República Checa, uno de los espacios que sirven a los intereses de la industria alemana, y que quiso recurrir a rusos y chinos sin esperar las aprobaciones de la Agencia Europea de Medicamentos, cosa que les permitió lograr 100.000 dosis de vacuna de Francia (no como regalo sino en forma de préstamo a devolver en el futuro) y 15.000 de los Länder alemanes de Baviera, Sajonia y Turingia. En la República Checa el gobierno presentaba una dicotomía con dos bandos, mientras el presidente de la República y primer ministro pedían comprar la Sputnik V, el ministro de Sanidad que insistía en esperar la aprobación de la Agencia Europea de Medicamentos.

Esta situación chocaba en esta época, y esto es digno de resaltarse, con la que seguía Italia, que se decía por adherirse a la iniciativa de la UE, pensando en situarse entre Francia y Alemania, aunque girando hacia Francia con ciertos equilibrios, así que debía demostrar su confianza; pero también el gobierno italiano se centraba en acelerar la distribución interna, una cuestión de logística, un punto este de gran complejidad como lo demostraba Alemania, que por aquel momento, tal y como se puede comprobar en el enlace presentaba la paradoja de tener millones de dosis sin usar con una población vacunada que entonces no llegaba al 10% y todo por la falta de coordinación rápida y eficiente entre los distintos Länder, señalando una tendencia hacia la necesidad de racionalizar y optimizar mejor los recursos, no ya sólo dentro. de la Unión Europea, también dentro de los países que cuentan con una descentralización.

La diplomacia de las vacunas respecto a Rusia en Europa ha presentado varios elementos interesantes. Así, la República Srpska, entidad serbia de Bosnia-Herzegovina, recibía 20.000 dosis de Sputnik V, como parte de un total de la entrega del pedido que alcanzaba los 400.000 viales. En la zona ocupada por parte de los rebeldes a Kiev del Donbass, varios convoyes humanitarios hacían entrega de 145.000 dosis prometidas a las repúblicas separatistas de Donetsk y Luhansk.

El despliegue de la vacuna Sputnik V en el Donbass es del todo evidente su motivación, en Bosnia también, pues pretende con ello Rusia marcar su reputación de referencia de los serbios, estén en Bosnia o en Serbia, y con ello desafiar el inestable statu quo del país y reclamar la influencia en la región, donde también Orbán quiere ejercer influencia sobre los húngaros presentes en Serbia apoyándose en los chinos, que desplazan con ello potencialmente a los rusos de los Balcanes Occidentales, pues tampoco debemos olvidar que Orbán es uno de los más destacados defensores de la entrada de Serbia en la Unión Europea. El factor velocidad sacrificando el frente interno, al igual que hace China, daba a la propaganda rusa la supuesta eficiencia de la que carecía la Unión Europea, pero sobre la no protección de su respectivas poblaciones. Esta maniobra iba encaminada a atraer países, como podrían ser Croacia y Eslovaquia.

Los movimientos de Rusia y China se han dado también en la zona MENA, donde Egipto acordaba con la firma china Sinovac producir entre 20 y 60 millones de dosis de su vacuna. Sin embargo, Argelia anunciaba que en septiembre de 2021 la empresa local Saidal comenzará a producir una vacuna en colaboración con el laboratorio ruso Gamaleya, que es el propietario de Sputnik V.

En definitiva éxitos diplomáticos interesantes y que anunciaban un interesante juego, pero que contaba con un contorno sombreado y que ponía de manifiesto errores estratégicos que debían corregir en estos meses, pues ponían de manifiesto las deficientes capacidades productivas de Rusia y de China para avanzar sobre el tablero y ganar amigos, desde India con Rusia, Oriente Medio, América Latina, la misma Europa o África. Como ejemplo, Rusia se comprometía con Argelia para enviar al país del Magreb 920.000 dosis de Sputnik V pero dejó el envío en algo más de 80.000 viales. El mismo caso con Egipto y la vacuna de China, Sinovac, donde se acabó entregando bastante menos de lo esperado

Para paliar este efecto, tanto rusos como chinos, con la doble finalidad de ganar tiempo y aumentar su red de producción internacional, muy estrecha, firman acuerdos con estos mismos países para la fabricación de la vacuna in situ

Una de las deficiencias que hemos pagado tanto británicos como europeos continentales y que también ha pagado África de forma subsidiaria ha sido la competencia entre ambos por AstraZeneca.

La vacuna de Oxford/AstraZeneca, que era muy prometedora y con alcance global está en riesgo de convertirse en una vacuna de segundo nivel. Se suponía que era fácil de usar, sin la necesidad de congeladores especiales, y barato porque sus desarrolladores insistían en que se vendiera a precio de coste.

Pero después de su luz verde temprana en el Reino Unido y la UE, Estados Unidos nunca lo aprobó. Muchos países europeos, así como Canadá y Australia, dejaron de usarlo en personas más jóvenes debido a problemas de coágulos de sangre. Solo el Reino Unido está dispuesto a firmar un contrato por más, aunque se trata de una versión renovada. En definitiva, las tensiones y la pugna entre los europeos sólo ha servido para el juego de Estados Unidos y para perder una oportunidad de oro para los países del Sur global y de implementar una política exterior inteligente por parte de Europa. Debería servirnos a todos de lección a ambos lados del Canal.

¿Cómo ha reaccionado África a esta situación y con India arrostrando la variante Delta y con todos sus esfuerzos en el frente interior? Pues llevando al continente de la dependencia de las importaciones a la producción autosuficiente de vacunas que salvan vidas para el coronavirus, la tuberculosis y tal vez incluso un día para el VIH. 

Como ya se ha comentado, para abordar esta escasez de vacunas dio comienzo en octubre de 2020 una propuesta liderada por Sudáfrica e India, que propusieron una exención de propiedad intelectual en la Organización Mundial del Comercio. La medida permitiría a los países de bajos ingresos producir vacunas contra el coronavirus sin temor a infringir las patentes, tal y como ya se comentó. La propuesta ha permanecido estancada, siendo la UE, el Reino Unido y Estados Unidos los principales obstáculos y achacándose la culpa unos a otros en un juego que nada tiene de moral y todo de geopolítico para eliminar competidores, castigarlos o tratar de mantenerse como líder del mundo bajo la típica apariencia de moralidad. Por ejemplo, Macron pedía a Reino Unido y a Estados Unidos que dejaran de bloquear las vacunas en el pasado mes de mayo de 2021 en el contexto de la Cumbre Social de la UE en Oporto, señalando la necesidad de compartir vacunas los países ricos con los que se hallan. en peor situación. Pero incluso si la propuesta fuera aceptada, no abordaría un problema importante, el que es la clave de todo: cómo producir realmente las vacunas, tal y como subraya el virólogo Adolfo Garcia-Sastre, del Hospital Monte Sinai de Nueva York, cuyo equipo persigue una nueva vacuna que puede ser la primera que permita que casi cualquier país pueda fabricar sus propias inyecciones sin tener que pagar patentes a nadie. Se trata de la vacuna HexaPro, una vacuna que por un lado lleva la secuencia de ARN, y por consiguiente, las instrucciones para fabricar, la proteína S del coronavirus, la que el patógeno usa para entrar en nuestras células y comenzar el proceso de multiplicación que puede hacernos enfermar y morir. Esa proteína S está mejorada respecto a las vacunas actuales, porque es más estable y por tanto debería generar una respuesta inmune más potente. Pero lo más importante es el vehículo que lleva la proteína hasta su destino: una vacuna para pollos contra la enfermedad de Newcastle, que puede causar terribles epidemias en granjas. Tailandia acaba de comenzar la primera fase de pruebas en humanos con esta vacuna y se espera que pronto se unan México, Brasil y Vietnam. 

Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud lanzó la propuesta de un centro de transferencia de tecnología de ARNm que permitiría a varias empresas compartir el conocimiento sobre cómo producir vacunas de principio a fin. En la guerra por el relato, de la que luego abordaremos otros ejemplos, el presidente francés, Emmanuel Macron, dio su aprobación.

Es así como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de Patentes de Medicamentos (MPP), Afrigen Biologics Limited (PTY), el Instituto de Biológicos y Vacunas de África Meridional (Biovac), el Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica (SAMRC) y los Centros de África para el Control de Enfermedades y Prevención (Africa CDC) han firmado una carta de intención para establecer el centro de transferencia de tecnología en Sudáfrica, tal y como se puede ampliar haciendo click aquí.

Pfizer y BioNTech firmaban un acuerdo con Biovac para fabricar y distribuir su vacuna en África, pues esperan que las instalaciones de Ciudad del Cabo de Biovac se sumen a la cadena de suministros para finales de 2021 y la fabricación de dosis dé lugar en 2022. Cuando opere a pleno rendimiento cada año la producción superará los 100 millones de unidades por año para ser distribuidas en exclusividad por los 55 Estados que forman la Unión Africana. BioNTech adicionalmente anuncia que prepara una vacuna para la malaria que se espera que esté lista a finales del próximo año.

China e India, frente a frente también en la pandemia

Una pugna interesante, y que China pretende resolver a su favor con la ayuda de la Inteligencia Artificial, la computación cuántica, el 5G y la Revolución Industrial 4.0, es la que mantiene con India. India provee el 20% de los medicamentos genéricos del mundo, cubre aproximadamente la demanda de componentes para la fabricación del 50% de diversas vacunas, el 40% de la demanda de medicamentos genéricos para Estados Unidos, el 25% del total de los medicamentos que se consumen en Reino Unido, y más del 80% de los antirretrovirales que se usan en todo el mundo para combatir el SIDA los suministras las farmacéuticas de India. Respecto a ciertas vacunas la posición de India es mayoritaria como podría ser el caso de la vacuna del sarampión de la Organización Mundial de la Salud con un 90%, y el 65% de dosis de DTP y TB. La India cuenta con un industria farmacéutica muy sólida, con una red de 3.000 empresas del sector.

India es el eslabón central entre China y las grandes farmacéuticas en las cadenas de suministro global. Los fabricantes de India adquieren la mayor parte de las materias primas o ingredientes farmacéuticos activas a empresas químicas chinas para convertirlos en medicamentos consumibles, algunos de ellos bajo licencia de los colosos occidentales como Roche, Pfizer y GlaxoSmithKline. Esto hace que la industria farmacéutica de la India tenga una debilidad crítica por la dependencia excesiva de las importaciones de materias primas o API, particularmente en lo que se refiere a la producción de medicamentos contra el cáncer, la epilepsia, la malaria y el VIH, pero depende al 100% para la producción de paracetamol, sobre el 90% para la producción de antibióticos y el 85% si hablamos de las materias primas clave para que India pueda fabricar sus propias API. Esto hace que China también se plantee ganar músculo para competir en el mercado global de la salud con la Revolución Industrial 4.0 al contar precisamente con las materias primas en el país, lo que apunta hacia una reorganización de los medios globales, obligando tanto a India como a China a una competencia muy poderosa en la que Estados Unidos y laboratorios occidentales también tratan de posicionarse.

No podemos olvidar un detalle, todos hemos estado subsidiando el futuro asalto chino a uno de los pilares del Revolución Industrial 4.0 como es la salud. Las empresas chinas han dominado la industria durante 20 años, beneficiándose de enormes economías de escala, generosos fondos gubernamentales e incentivos fiscales, capital barato y servicios públicos subsidiados. Como resultado, las API chinas son un 20-30% más baratas que las API indias. Nueva Delhi responde con un fondo de US $ 1.3 mil millones para gastar en incentivos a la producción y la construcción de tres grandes parques de medicamentos.

En el pasado reciente y presente inmediato India ha tratado de luchar contra China en el vecindario y más allá con la iniciativa «Vaccine Maitri (Maitri significa «amistad»)», con dosis de las vacunas Covishield y Covaxin, fabricadas en India. Covishield está desarrollada por la Universidad de Oxford y el grupo Vaccitech, mientras que Covaxina se desarrolló por el laboratorio Bharat Biotech en asociación con el Indian Council of Medical Research y el National Institute of Virology.

El Serum Institute of India fue seleccionado como proveedor clave de vacunas Covid-19 para la iniciativa COVAX. Así, la India suministró 19,8 millones de dosis de vacunas Covishield a varios países a través de la iniciativa. 

Hacia finales de mayo de 2021, cuando COVAX ya tenía 140 millones de dosis, el Serum Institute of India anunció que esperaba mantener la suspensión de las entregas de vacunas a COVAX hasta finales de 2021 debido a la segunda ola de Covid-19 en India impulsada por la variante Delta y por la prohibición estadounidense de exportar materias primas clave. Hasta ese momento India había exportado 66,4 millones de dosis, en las que hay que contar 10,7 millones de vacunas suministradas como subvención a más de 95 países, como su puede comprobar en el enlace que he añadido.

El objetivo era contrarrestar la influencia de China en la región, y hasta más allá como sería el caso de Brasil por ejemplo, construida sobre los esfuerzos geoestratégicos del Collar de perlas, y geoeconómicos, mediante la iniciativa Belt and Silk Roads en el Indo-Pacífico. Resulta interesante cómo Brasil y Camboya, entre otros países, han recurrido a la India para la vacuna de AstraZeneca, uno de cuyos centros productores está precisamente en India, mientras que se cuestionaba la eficacia de algunas vacunas chinas, que en el mejor de los casos tienen resultados mucho más discretos. Esta situación también ha llevado a Pakistán, precisamente Pakistán, a obtener 17 millones de dosis de vacuna fabricada en India como parte del COVAX.

La pugna por la narrativa: Rusia y China y el impacto en otras partes del globo

Que este mundo nuestro se mueve, o se ha movido, por narrativas y no tanto por hechos sólidos es algo evidente. Al respecto, cabe señalar una pugna en narrativas entre China y Estados Unidos, desde el principio mismo de la pandemia.

Así, en China el 28 de enero de 2020 decía el presidente de China, Xi Jinping: «Este virus es un demonio. No podemos permitir que el diablo se esconda«. Dentro del contexto de la visita del director de la Organización Mundial de la Salud a Beijing hizo el presidente chino estas declaraciones para enfatizar el valor y la eficacia de las medidas tomadas por su gobierno emprendidas con la finalidad de contener este coronavirus. Aunque tales palabras iban, más bien, dirigidas hacia el pueblo chino, pues es una tradición china bien arraigada el comparar cualquier tipo de desastre natural, incluidas las epidemias, con demonios, espíritus o dioses. En la mente de los chinos está el referente más próximo vivido en el siglo XXI, por supuesto, pero la expresión empleada por Xi Jinping los conecta con la epidemia de peste que azotó Manchuria entre 1910 y 1911, y que costó alrededor de 60.000 muertos antes de que el dios de la peste pasara de largo, parafraseando a Mao. El contexto que quiere fijar Xi Jinping en la mente de los chinos es el de la dinastía Qing haciendo todos los esfuerzos posibles para evitar una debilidad más en China que pudieran aprovechar las potencias extranjeras para interferir más aún en los asuntos locales de China, o incluso, arrebatarles más territorio, como bien pudieran haber hecho en aquel momento del siglo XX Japón y Rusia. Además, la dinastía Qing resultó derrocada en la revolución emprendida en 1911, llamada Revolución de Xinhai (10 de octubre de 1911 a 12 de febrero de 1912) con la abdicación del Emperador Xuantong o Puyi, aunque luego fue impuesto por los japoneses como el Emperador de Manchukuo (1934-1945). Con la Revolución de Xinhai dio paso a la República de China y a la aparición del Kuomintang o Partido Nacionalista Chino y, en 1921 al Partido Comunista de China. La República de China abarcó hasta 1949, momento en que sigue en la isla de Formosa o Taiwán, mientras la China continental pasó a ser la República Popular de China, bajo el control del Partido Comunista de China.

El contexto actual de China sitúa la referencia del presidente Xi Jinping en clave de la política fronteriza de proximidad, con Taiwán y con Hong Kong. Lo que Xi Jinping le dice al pueblo chino es que China tiene el poder y la capacidad como para vencer al coronavirus sin precisar de nadie más. De ahí su capacidad para establecer cuarentenas que abarcan unos números absolutamente impresionantes (ciudades enteras de gran tamaño, como por ejemplo la cuarentena de una población como la de la provincia de Hubei, 56 millones de habitantes), construir un hospital en Wuhan en diez días, rechazar la ayuda de la Organización Mundial de la Salud…

China con claridad no ha dominado completamente los elementos necesarios para el desarrollo de vacunas, y más con la creciente evidencia de que las inmunizaciones de Sinopharm y Sinovac no funcionan tan bien como la mayoría de las contrapartes occidentales han ido mostrando pocos signos de afectar los esfuerzos de diplomacia de vacunas de Beijing, que ha contado con la participación activa de Hungría, Turquía y Serbia… aunque en el caso de Turquía ya vemos que quizás no ha sido una buena solución atendiendo a las últimas medidas sanitarias que se han tenido que tomar, que suponen el primer confinamiento total del país euroasiático. No es el caso de Hungría y Serbia, que combinan tanto las vacunas chinas como la Sputnik V. Particularmente Sinopharm publicaba sus resultados para sus dos vacunas, que previnieron infecciones sintomáticas en un 72,8% y un 78,1% (para más información leer este artículo).

Ya es evidente, incluso cuando un alto funcionario chino reconoció que las vacunas chinas no están a la altura, aunque superan, en teoría, el 50% exigido por la OMS. De hecho, fue el director de los Centros para el Control de Enfermedades de China el que afirmaba que se debería considerar ajustes para «resolver el problema de que la eficacia de las vacunas existentes no es alta». Es cierto que rápidamente se desdijo, tal y como el Global Times, periódico en la órbita directa del Partido Comunista de China recogía, aunque basta recordar que la primera reacción de las autoridades chinas ante la Covid-19, con la muerte del médico oftalmólogo de 34 años Li Wenliang, que había alertado a las autoridades, uno de un grupo de ocho facultativos, acerca del Covid-19 y que llevó a la prensa oficial a tratarlo con distancia, causando cierta irritación en la población del país. Li Wenliang fue obligado por la policía el 3 de enero de 2020 a firmar una declaración, cuyo contenido era una admisión por parte del doctor Li Wenliang de haber extendido rumores o información falsa en un grupo de WeChat el día 30 de diciembre de 2019 sobre siete casos confirmados de SARS, todos ellos provenientes del mercado mayorista de mariscos del sur de China de Wuhan.

Así, en las redes sociales chinas la campaña para burlarse de las vacunas occidentales sigue su curso habitual, igual que los rusos siguen su propia campaña al respecto. Pero lo cierto es que las bajas tasas de eficacia de las vacunas chinas han acabado por causar mella en las relaciones entre China y los países del Golfo, que han sido cuidadas en competencia con las chinas, por parte de los anglosajones, donde Estados Unidos vende grandes cantidades de armamento a Israel, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, tal y como se puede apreciar en la siguiente infografía.

Infografía procedente del SIPRI.

Pero no se trataba de eso para China. Tal y como hemos visto, se trataba de cerrar acuerdos y buscar nuevos socios, nuevas vías de penetración, aunque para ello se han centrado en vender sus vacunas, incluso antes de la aprobación regulatoria y sin priorizar su propia población, pero el objetivo era que China fuera el país al que acudir para suministros urgentes, y eso lo logró, como lo fue con los suministros de material sanitario que se adjudicaban al mejor postor… aunque, sinceramente, tampoco nadie esperaba que fuera el mejor.

En el mismo sentido, pero con unos resultados de calidad muchísimo mejores, se movió la narrativa rusa con la Sputnik V, aunque también se ha priorizado el exterior del país relegando a la población local, como el caso chino.

De acuerdo con el informe publicado el 28 de abril por Economist Intelligence Unit (EIU), y que aconsejo consultar en caso de que les sea posible, muestra el claro hueco, o mejor dicho fondo, pues es la manera que juzgo más adecuada de definir el vacío que se produce a la hora de desarrollar una campaña de vacunación a la altura de las occidentales en los países más pobres, y en esto hay que tener muy claro una idea: salimos adelante si salimos todos, no hay una salida rápida para todos los que vivimos en este planeta. El informa que refiero de EIU hace la estimación de que el gobierno ruso tiene la intención de enviar dosis a alrededor de 70 países, principalmente en Asia, Europa del Este y América Latina. Para el 22 de abril, China había distribuido o planeado exportar vacunas a alrededor de 90 países. 

Tanto Estados Unidos como la UE están proporcionando poco a ese fondo, y COVAX, una iniciativa mundial de intercambio de vacunas, se ve obstaculizada por las recientes restricciones de la India a las exportaciones de vacunas dado el desastre que está arrostrando el país.

Se trata de lugares donde la influencia occidental está disminuyendo, pero que resultan fundamentales en el mundo que se nos está abriendo ante nuestros ojos ahora mismo, y en él tanto China como Rusia están estableciendo instalaciones de producción de vacunas y capacitando a trabajadores locales, con lo que ambos mejoran su prestigio mundial y su presencia actual tratando de cortar el paso a la ofensiva de Estados Unidos y de la Unión Europea. De hecho utilizan las vacunas para recompensar a amigos leales o asegurarse favores. Siempre de acuerdo con el exhaustivo informe de EIU se señala que los funcionarios rusos iniciaron conversaciones con el gobierno boliviano sobre el acceso a minas que producen minerales de tierras raras, además de asegurar proyectos nucleares… poco después de que Rusia entregara un lote de su vacuna Sputnik V.  Los esfuerzos de China hacia Camboya y Laos son un claro signo de gratitud por su respaldo a la posición de China en el Mar de China Meridional.

Como ya he mencionado antes, la vacuna Sinovac arrojó una tasa de eficacia de solo 50,7% en ensayos de fase tres realizados en Brasil. Detrás de estos resultados, modestos, se halla el potencial fracaso de la candidatura del gobernador del estado de São Paulo, João Doria (PSDB) para arrebatarle la presidencia a Bolsonaro. Doria representa una derecha más moderada y que hizo de la inclusión de la vacuna china, que se produce en el estado presidido por Doria, uno de los caballos de batalla. Doria fue el gran artífice del desembarco de CoronaVac en el país: la vacuna se produce bajo licencia en el laboratorio Butantã en São Paulo y se distribuye por todo el territorio nacional. Sin embargo, muchos brasileños parecen no apreciar la vacuna china: muchos la rechazan abiertamente y prefieren a los competidores occidentales Pfizer/BioNTech, Oxford/AstraZeneca o Moderna. El propio Doria empieza a percibir la tensión y es desafiado en todas las apariciones públicas viéndose obligado a vivir atrincherado en el edificio de la gobernación por los manifestantes que asedian su casa día y noche. Ésta situación hace que asciendan con fuerza las opciones de Lula o bien de alguna candidatura apoyada por él.

Mientras tanto, la campaña de vacunación de Rusia ha sido lenta debido a la vacilación de la vacuna y los problemas de producción en el país. Hasta ahora, ambos países han administrado solo 0,2 inyecciones por cada 100 personas por día, en comparación con casi tres veces más en Gran Bretaña y Francia y cinco veces más en Estados Unidos. La EIU estima que Rusia logrará la vacunación generalizada sólo a mediados de 2022, y China no hasta fines de ese año.

Unas posibles conclusiones

Una de las conclusiones más evidentes es que ante las enfermedades y su lucha, además de la obviedad de la industria farmacéutica, estamos en el umbral de una nueva época, en el contexto de la Revolución Industrial 4.0. A partir de esta pandemia las cosas van a ser de otra manera, tal y como he intentado resaltar con la competición entre China e India, con una China que cuenta con los medios necesarios, desde API pasando por computación cuántica, 5G y 6G, Inteligencia Artificial y otros elementos para lanzarse al asalto a escala global. Haríamos muy mal en pensar que China continuará ofreciendo recursos discretos en comparación con Occidente, y particularmente con Europa. Encontrarán los medios para utilizar con éxito la técnica del ARNm, es cuestión de tiempo, y cuando lo hagan… es evidente lo que sucederá.

Otro aspecto que se debe señalar es que la tecnología innovadora de las vacunas que utilizan el ARN mensajero ha permitido la introducción de un enfoque revolucionario que podría conducir a tratamientos efectivos para muchas otras enfermedades.

Para Europa se traza un horizonte que sinceramente, es sombrío si no sabemos reaccionar y tomar las decisiones adecuadas. Es decir, podemos engañarnos respecto a una serie de cosas que son absolutamente fundamentales, o podemos afrontar los hechos en su correcta medida y ponernos manos a la obra de una manera urgente, planificada y orientada. El primer aspecto que cabe señalar es la nulidad que es Europa ante los competidores de China y Estados Unidos en los pilares que son los que constituyen el andamiaje sobre el que erigir la Revolución Industrial 4.0. No estamos a la altura en computación cuántica, Inteligencia Artificial, etcétera. La lección que podemos sacar todos los europeos es que la mientras la materia gris la hemos puesto nosotros, ya sea Oxford ya sea BioNTech, la materia verde que impulsa la geopolítica, el poder y la potencia se ha contabilizado en dólares estadounidenses, o bien las peleas entre el Reino Unido y la Unión Europea han favorecido los intereses norteamericanos. Otra lección es que la pugna entre China e India atraerá grandes masas de capital por la rentabilidad, pero también para debilitar la posición europea, y sí: europea también es británica, en cuanto a la fortaleza con la que hemos contado con las vacunas, fortaleza que tiene más de ilusión que de realidad, pues se fundamenta en las inversiones estadounidenses o anglosajonas, pero donde el que se come cada vez más pastel es Estados Unidos. Así que la deriva de plantear soberanía estratégica, las diatribas de Londres, Berlín, París, Madrid o Roma hacia posiciones que no satisfagan a Estados Unidos, por no hablar del hecho de debilitar a tus enemigos y aún más «a tus primos», es decir los europeos, en un elemento central de la nueva economía y su salto exponencial que se avecina hace que podamos considerar que Estados Unidos verá la posibilidad, y la usará, para ampliar la ventaja con la que ha contado hasta ahora, por no hablar de frenar según qué impulsos apostando por India, y de paso, repitiendo el error chino, pues ¿qué sucederá con India a medida que tenga cada vez más recursos y más medios? ¿Acaso no puede sacar buenas conclusiones de China? Yo creo que sí.

Otro elemento clave que cabe destacar es lo fragmentado, disperso, ineficaz e ineficiente de las posiciones europeas en una «liga mayor», donde lo único que podemos aportar es ideas interesantes en nuestras maquetas de submarinos, como ponía de ejemplo en el texto, cuando los demás pueden copiarlas o comprar la maqueta y hacerlas a gran escala. El problema es que todos combatimos con ellas a mar abierto… y no creo que sea difícil de entender que con maquetas o con uno o dos submarinos grandes no se puede ganar a quienes despliegan flotas grandes, bien pertrechadas y con más tecnología de ruptura que nosotros. Es lógico, ¿no?

En Europa debe producirse una concentración horizontal de capital, emprender una construcción política real en clave federal para equilibrar los colosos industriales, y favorecer incluso nuevas compañías y cadenas de valor en sectores como la salud, la digitalización o la energía. En palabras de Philippe Aghion, uno de los autores de «El poder de la destrucción creativa», junto a Simon Bunel y Céline Antonin, entrevistado por Esteban Hernández, «Necesitamos una política industrial (…) Por ejemplo, la DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency), que se creó en los años 50 en EEUU, y después la ARPA-E Energy, y después la BARDA (Biomedical Advanced Research and Development), a la que debemos las vacunas contra el covid, son maneras muy inteligentes de hacer política industrial compatible con la competencia. Su funcionamiento es clave, porque el dinero viene del Estado, pero son los líderes de los equipos los que deciden qué proyectos empezar, y pueden iniciar tantos como quieran. Unos fracasan y otros triunfan, pero esto permite impulsar una gran innovación. Ha de tenerse en cuenta que esto funciona bien en economías con varios niveles de innovación suficientemente financiados. En EEUU, sin las universidades, sin el ecosistema para financiar la investigación básica, iniciativas como la DARPA no serían útiles. En Europa tenemos el Consejo de Investigación Europeo, que presidió Andreu Mas-Collell, al que, por cierto, tenemos que ayudar. Él contribuyó mucho a la excelencia académica en Europa y también en España. Cierro el paréntesis. Tenemos que hacer mucho en Europa, en investigación básica, en el sector médico y en el de los medicamentos. En EEUU tienen muchos institutos que financian investigación, tienen venture capital muy desarrollado y tienen la BARDA. En Europa tenemos que impulsar todos estos elementos de la cadena de innovación.»

Respecto al empleo, señala Aghion algo que juzgo interesante, «Hicimos un estudio sobre empresas francesas y lo que descubrimos es que las empresas que automatizan crean más empleo. Se vuelven más productivas, exportan más, crece su cuota de mercado y la consecuencia es que el empleo crece. El efecto de productividad es más relevante que el efecto de sustitución de mano de obra». Y añade que: «Europa no ha sido hasta ahora una Europa de proyectos, ya que tenía la obsesión del déficit y de la competencia. Ahora tenemos que reinventar la política industrial y la política de competencia para que no dejemos toda la economía a EEUU y China. Europa tiene que invertir. Cuando se discute sobre Maastricht, está claro que la UE no puede seguir tratando la inversión en crecimiento de la misma manera que si fueran meras transferencias.»

Y cierro las citas del señor Aghion con una lección muy clara para España y cómo se ha organizado las últimas décadas: «Salud va a ser un campo en el que habrá descubrimientos muy importantes. Estoy seguro de que haremos grandes progresos en enfermedades como el cáncer u otras, y creo que Europa puede jugar un papel muy importante. En energía, en transporte, que lo estamos hacemos muy bien con Airbus y en el sector digital, Europa podrá hacer cosas importantes. Pero no creo que el futuro de Europa sean los restaurantes y servicios, también en los sectores industriales tenemos que invertir e innovar, porque tenemos una población con mucha formación. Podemos mejorar la educación, pero también tenemos que ser importantes en sectores industriales (…)». Es decir, que en España debemos abrirnos a la posibilidad de que estamos en el más absoluto de los fracasos ante una economía que va en otra dirección. Compete a los poderes públicos, empezando por el Gobierno del Estado y los respectivos Gobiernos de las Comunidades Autónomas, incluso entes municipales, aparatos legislativos y por ende, partidos políticos de todos los signos, además de los agentes sociales como sindicatos y patronal, hacer los esfuerzos adecuados para situar a España en Europa, en el mundo y en el tiempo presente, porque parece evidente que no estamos ahí de ninguna forma, y de paso solventar la cuestión del desempleo, los contratos laborales inestables y que dan risa, las cotizaciones (igual lo que hace falta es más gente trabajando todo el año, con salarios más dignos y con una contratación adecuada que cotice como han cotizado nuestros mayores, entre otras medidas, porque está sucediendo lo obvio: hace muchos años que vamos mal, y no hacemos más que ir a peor, y como vamos a peor es obvio que con las pensiones, la pobreza, la violencia, la inseguridad y un amplio etcétera iremos cada vez a peor. Es una cuestión de simple lógica. Vayan al Rust Belt o a Ohio, vean el RoboCop de Verhoeven e igual lo entienden. Es pura lógica y una evidencia insoslayable para nuestras élites).

En definitiva, estamos ante un sector prometedor, pero no contamos con los medios que necesitamos para poder entrar de pleno y sin poner la materia gris nosotros mientras otros acumulan «la materia verde del dólar», ya que, como hemos visto, el descubrimiento y desarrollo de medicamentos o vacunas mediante nuevas tecnologías han permitido a los investigadores mejorar muchísimo el diseño de nuevos fármacos, algo que irá a más, y también les ha permitido cosas tan extraordinarias como predecir las estructuras 3D de las proteínas

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